GENTE QUE VIVE EN UNA CASA BAJO LA AUTORIDAD DEL SEÑOR DE ELLA :Definición en el Diccionario de la RAE. de D. Julio Casares de "Familia" )
La familia tradicional, que definía don Julio Casares en el Diccionario, no tiene las características árabes que se le han atribuido teniendo en cuenta nuestro arquetípico machismo y la sumisión de la mujer a la autoridad del varón, sino que coincide con la familia semita en la estructuración del poder y su perpetuación a través de los roles del hombre y la mujer: el hombre "representa" la autoridad formal y la mujer transmite la ideología dominante. Este tipo de matrimonio se basa en la compulsiva necesidad de fornicar con un máximo de garantías de llegar a arrepentirse, propia de los judeo-cristianos, y la fidelidad, como condición sine qua non, sólo es contumacia sexual. El varón sabe, desde que usa orejas, que de él se deriva todo el mal que pueda recibir una mujer, empezando porque hizo añicos a su madre en el parto, siguiendo por el sufrimiento moral inenarrable que le produjo con sus enfermedades infantiles, y terminando con sus veleidades caracteriales, sus amistades y sus horarios, fuente inagotable de disgustos para sus sucesivas santas. La imagen de sí mismo, se adereza con la aversión expresa o tácita que toda mujer decente demuestra hacia el sexo, con veladas o clarísimas alusiones a ese Getsemaní qué imponen los hombres, y habremos de reconocer que sería raro que nuestros varones no se sintieran culpables, abrumados y privilegiados a partes iguales cuando una mujer afirma amarlos. Es curioso, no obstante, observar que a menor presión culpabilizadora de una mujer se da mayor suspicacia en el hombre. Quizás porque necesita una cierta carga autopunitiva en sus devaneos sexuales y no puede dar su pláceme a quien no se la proporcione. Como padre es el depositario de la autoridad formal, tanto más férrea cuanto menor sea su función ejecutiva en el hogar y menos abunde en sus prerrogativas, porque entonces será, todo lo más, un tirano de tres al cuarto con una plebe a punto de sublevarse en cualquier momento. Dice Colin Wilson que "el hombre es literalmente un dios, un dios aquejado de pereza, amnesia y pesadillas", y habría que añadir a estos males la eyaculación, que suele coincidir con un estado de amencia transitoria, y la testosterona, que es inhibitoria del raciocinio. La mujer es juzgada desde niña por su carácter y no por su actuación. Si es dulce, obediente y sumisa tiene muchas más posibilidades de ser amada, aun siendo tonta y poco mañosa, que siendo rebelde y poco ternurista, aunque decidida y habilidosa. Se le valora por cómo es y sobre todo, por lo que no hace. Al hombre-como-Dios-manda (eminentemente latino) lo que más le sulfura en este mundo es una sabihonda, y por lo tanto no se casa nunca con una lumbrera, sino con una mujer-como-Dios-manda, espécimen que solicita y espera que resuelvan por ella con la misma naturalidad que respira. Como madre, nuestra heroína transmitirá la ideología dominante por pasiva y por activa, y a cambio se beneficia de su imagen de excepción,filón inagotable de complejos edipicos patológicos en nuestros conciudadanos. No es por timidez por lo que la mujer silencia sus preferencias sexuales o finge orgasmos, sino por oportunismo , ya que la sexualidad del hombre es un terreno donde se cotiza al alza y es una inversora astuta, que nada pierde puesto que en nada se implica, siempre y cuando tenga buen cuidado de crear expectativas y fallar su resolución, con lo que crea una demanda siempre superior a la posibilidad de satisfacerla. En el terreno íntimo no le importa fingir orgasmos y convencer al hombre de su infalible habilidad, porque en su fuero interno la mujer necesita sentirse sabedora de un secreto que no comparte con él para despreciarlo por su ceguera. Las mujeres convencionales, que fijan su mirada glauca en el hombre de la casa y jamás le harían frente, ni le comunicarán claramente su desacuerdo en ningún asunto, cuando hablan entre mujeres, son capaces de detallar con una mueca sardónica las atrocidades que opinan sobre sus prepotentes maridos. Eso no quiere decir que en una confrontación dialéctica vayan a admitir ni un sólo argumento liberador o clarificador que pretenda plantearles otro modo de actuación y llegado el caso, opondrán una escandalizada protesta contra el feminismo, trasunto de una realidad que les subleva y les desagrada profundamente, porque lucha por la "igualdad" y les parece desventajosa. Toda mujer que se pretenda feminista en activo, pasa la mayor parte de su tiempo curando las abolladuras que reciben las tontas, taradas, sumisas y anodinas congéneres, quizás como derivativo de aquella vocación de misioneras con los negros, que resumió en la niñez, como ninguna otra, la épica reservada al género femenino y, sin embargo, la solidaridad con la rebeldía y con las capacidad y potencialidades de las mujeres que se afirman, la profundizacion y discusión de las tácticas y objetivos para desarrollarse, quedan relegadas a un segundo término. Se comprende el impacto que sobre cualquier sensibilidad no abotargada, tiene el espectáculo de las mujeres humilladas, golpeadas, victimas de su debilidad caracterial, de su incapacidad para mantener una opinión, embarazadas sin desearlo, aterrorizadas. Pero en algún momento tendremos que decidir si debemos seguir encubriendo esa patología social con nuestra filantropía. Porque lo más probable y lo más lógico es que el matrimonio monogámico y coercitivo produzca inmensas magulladuras morales, cuando no físicas, y no parece que venga al caso dedicarnos a la asistencia de quien sufre las consecuencias: no parecería lógico que un grupo pacifista testimoniase su oposición a la guerra cuidando amorosamente a los heridos en combate y adoctrinándolos sobre defensa personal y métodos de combate cuerpo a cuerpo para que sigan guerreando. Mujeres que no chantajean con su fertilidad, dedican la mayor parte de su ocio a tareas informativas de planificación familiar para una recua que actúa según un sistema de compensaciones donde quedarse embarazadas es una manera de conseguir status en la familia o simplemente por no haber llevado la contraria a su marido en el descanso de la pildora. Una feminista, por muy poca perspicacia que tenga, recurre a los anticonceptivos o a la sexualidad polimorfa-perversa, porque la penetración no es una condición sine qua non, y no obstante, batalla por la legalización de todos los supuestos del aborto que seguramente no necesitará nunca, se arriesga a practicarlo e ir a la cárcel por una ingente masa amorfa de mujeres que jamás la aceptaría en su círculo de relaciones, que condenan en su fuero interno todo intento de emancipación y nunca se encontrarán en la misma barricada. ¿Esto es feminismo o beneficencia?
¿Por qué renegar de Sicilia, si ciñéndose al papel que le corresponde cada uno alcanza su coto de poder? Así, no interesa tener autonomía, independizarse. Mejor parasitar.
Pues yo agradezco que haya mujeres imbéciles, sumisas y amorfas para que tengan recogidos en sus casas a varones locuaces y majaderos. A cada uno lo suyo. Además ese tipo de mujer, sin hombre cerca, se dedican a buscar una mujer lo más parecida posible a su ex. Lo que natura no da, Salamanca no presta
Heterosexual, católico, profesor de Religión y... monógamo casado. Vamos, "hijoputa" integral. ¿Has pensado en dárselo a ZP para su próximo discurso?. Pocas veces he visto un artículo tan políticamente correcto, y tan de "puto padre" escrito... jejeje. Un beso.
Gatopardo: Muy bueno el relato, desde el punto de vista formal y sociológico. Pero, siguiendo tus indicaciones de cultura interactiva, ¿no te parece que el párrafo que empieza por "Toda mujer que se pretenda feminista en activo..." es un poquito farragoso y carece de puntuación, lo que conlleva a que el lector se atragante al leerlo?.- ¿No quedaría mejor de la siguiente manera?: "Toda mujer que se pretenda feminista en activo, pasa la mayor parte de su tiempo curando las abolladuras que reciben las tontas, taradas sumisas y anodinas congéneres, quizás como derivativo de aquella vocación de misioneras con los negros, que resumió en la niñez la épica reservada al género femenino. Y, sin embargo...."
No, Oz, no hay que ser gordo, basta con ser de Albacete o algún sitio así para tener una vocación de destino en lo universal: y además te aseguro que no conozco a nadie gordo que no se encuentre profundamente de acuerdo con la humanidad. Yo pertenezco a la raza manchega amojamada por generaciones de hambrientos en sus genes, y te aseguro que me da por el cosmopolitismo misántropo precisamente por eso. Si yo estuviera lustrosa y enardeciera a los albañiles con mis tetas, ¿de qué iba yo a quejarme? Aguila peixetera: de acuerdo, ¡qué bien, las oraciones compuestas con una subordinada adversativa eliminadas de la Gramática!¡Qué alivio!
Gatopardo, me voy a dormir, pero queda pendiente que me expliques lo de las subordinadas adversativas...¿Tiene algo que ver con la picazón de las ladillas?... No, si es es por el pareado, y además como gato que eres te vas por la noche y...
Es norma de Gatopardo, si alguien se pone a tiro, sea plebe, sea duunviro, que no se escape sin dardo. Si la víctima en cuestión es melifluo y sin humor, y persiste en el error, va derecho al paredón. Si es honesto ciudadano, observador de la ley y santurrón como buey, le colgamos un campano. Si mujer y sufridora, y nos cuenta su diario, que alegre su antifonario y se haga acosadora. Si tiene cierto interés por mostrar carné y nombre, que luego no se asombre si recibe algún revés. Bienvenidos los goliardos, golfos, rebeldes y bordes, mentes inmisericordes, por apellido: Bastardos Y que no nos den la lata ni meapilas ni legales: somos los Irregulares, somos gente de Zapata.