Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.
Osos negros y velludos del riñón de las montañas,
Silenciosos viejos monjes de una iglesia inmemorial,
Vuestros ritos solitarios, vuestras prácticas extrañas.
Las humanas alimañas
Neronizan y ensangrientan la selvosa catedral.
Osos tristes y danzantes que los zíngaros de cobre
Martirizan, oso esclavo, oso fúnebre, oso pobre,
Arrancado a las entrañas de los montes del Tirol;
Sé leer en vuestros ojos y podemos hablar sobre
Atta Trolí.
Osos blancos de los polos, bellos osos diamantinos,
Nadie sabe que venís
Sobre el hielo, de un imperio de hombres blancos y divinos
Que coronan con castillos argentinos
Su país
Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.
¡Arcas! ¡Víctima sangrienta! Plantas, flores, ecos, líras;
-Malhadado y cruento crimen del infausto Lycaón;
En Arcadía los amores y los cánticos que inspiras,
Y en el cielo, con Calixto, la inmortal constelación.-
Los dos osos son asombro para el Toro y el León.
¡Va Criniso! Muchas ansias lleva el mozo y vida mucha;
Si cual toro lucha fiero, como oso mejor lucha
Quien de Egesta será esposo;
Cruje el monstruo entre sus brazos en la lucha que se escucha:
¡Lucha oso! ¡Lucha oso! ¡Lucha oso! ¡Lucha oso!
Bellos osos de oro rojo que ya estáis en el regazo
Del azul donde zodiaco sublimiza su visión;
De la lira hacedme oír el son;
Dad saludos a la Virgen en mi nombre, y un zarpazo,
Si podéis, al Escorpión.
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Danzad suave y cuerdamente;
Que la peluda alpargata
Cubra la prudente pata
Cuyo paso no se siente.
Y bajo la huyente frente
Mirad con ojo mañero
Al gitano,
Que canta con voz de Oriente
Un raro canto lejano
Y hace sonar el pandero
Con la mano
Con que remienda el caldero.
A los sueldos de los pobres
Encomienda alrededor vuestra persona,
Y en el parche del pandero caen los cobres
Por los osos, por el perro y por la mona.
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
A vuestro lado va la gitanilla.
Brilla
Su mirada de negros diamantes,
Y su boca roja es fresca;
Gitanilla pintoresca,
Gitanilla de Cervantes,
O Esmeralda huguesca.
Ya vosotros bien sabéis de quién os hablo,
Pues cien veces junto a ella contemplasteis cola y cuernos
Del señor don Diablo.
Protector de las lujurias en la tierra y los infiernos.
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Danzad, osos, oh cofrades, oh poetas;
Id, chafad en las campiñas los tomillos y violetas,
Y tornad entre las flores del sendero,
Y danzad en el suburbio para el niño y el obrero,
Para el hosco vagabundo de las escabrosas rutas,
Para el pálido bandido que regó sangre y espanto,
Y para las prostitutas
Que mastican pan de crimen y llanto
Para vuestra filosofía
No señala diferencia ni de halago ni reproche
A la Mística azucena que adornó el pecho del día,
O a la lúgubre mandrágora de la entraña de la noche.
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Osos ermitaños
Que ponéis pavores
En pastores
y rebaños;
El agudo cazador advierte
Que os ponéis en cruz ante la muerte,
O para dar el formidable abrazo
Que ha de exprimir la vida
Contra vuestro regazo;
Vais en dos patas como el adanida,
Es así que he admirado
Vuestro andar de canónigo, o bien de magistrado.
Con la argolla al hocico sacudís vuestra panza.
¡Osos sabios, osos fuertes y cautivos, a la danza!
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Y al pasar un entierro
Os he visto en la senda con la mona y el perro,
Entre el círculo formado por hombres zarrapastrosos.
Grotescos enterradores
Iban conduciendo el carro de podredumbre y de flores;
Como signo de respeto
Descubríanse un mendigo y un soldado.
El gitano se acordó de su amuleto.
Y tú, oso danzarín domesticado,
Se diría que reías como estando en el secreto
Del Finado
De la losa, de la cruz y el esqueleto
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Mas no el réquiem, ni el oremus, ni el responso del gangoso
Chantre llegue a vuestro oído,
Sabio y suave oso;
Mas el canto de las zíngaras, o la música del nido,
O la estrofa del poeta,
O el ruido de los besos, o el ruido
Del amor errante ardiente en la carreta.
Bien sabéis: la vida es corta,
Y teniendo en vuestras fauces una torta,
O un panal,
Profesáis vuestros principios más allá del Bien y el Mal.
Osos,
Osos misteriosos,
Yo os diré la canción
De vuestra misteriosa evocación.
Rubén Darío
Ni los más transgresores poetas modernos se atreven con esta absoluta libertad métrica: hay versos de dieciséis sílabas con hemistiquios octosílabos, dodecasílabos, endecasílabos y decasílabos, que alternan con los octosílabos y tetrasílabos. En el estribillo hay un bisílabo, un hexasílabo, un heptasílabo y un endecasílabo.
Dibujo de Robert Savannah