
Oh, perverso Jean Nicot,
divulgador del tabaco,
me hiciste un servicio flaco
al hacerme fumador.
Yo que en la trampa caí
de encender un cigarrillo
por dejar de ser chiquillo
en el vicio me metí.
Dependencia repugnante
el tabaco me produjo,
y en ese grave influjo
me debato a cada instante.
Más el vicio me persigue
como un fantasma cruel,
ya no sé vivir sin él,
ni él mi embrujo resiste.
A mí me creó el dilema
de una tos que me atraganta,
a mi salud, que le espanta
el posible enfisema.
Y aunque parezca mentira
este impotente vicioso
se resigna silencioso
a contener su gran ira,
de vencer a quien le vence,
de escapar de quien le atrapa,
mas su voluntad no llega
a actitudes más sensatas.
Si yo un toro viera venir
en tono desafiante
no dudaría un instante:
vería la forma de huir.
Y a sabiendas, el tabaco,
es algo que yo no ignoro,
sé que me coge el toro
y sin embargo, no escapo.
Andrés Clavería
(Publicado el 30/03/2005)