
Quedamos a tomar café en Florian, y le dije cómo reconocerme. Le recordé la descripción, de la que tantas veces me he servido, completamente opuesta a mí. Era una curiosidad absolutamente idiota, pero quería saber cómo era Tautina Vaiamalla en persona.
Me senté de espaldas a la puerta para mirar a través del espejo a los que entrasen. He llegado con media hora de antelación para poder ocupar mi sitio habitual. Hojeo el periódico con la atención puesta en el espejo, y ocurre el desastre: mi editora viene hacia mí con uno de esos modelos que tan bien le sientan, caminando como una bailarina, tan pulcra, tan absolutamente joven, y más deseable de lo que se puede describir sin caer en la pornografía. Se acerca a mi mesa, y nos saludamos con esa cortesía un poco arcaica que tanto nos gusta mantener. Me pregunta si no me molesta que se siente conmigo. Le digo cuánto le agradezco su compañía, y le he dicho la verdad, porque entre frases previsibles, sin mucho interés, podré observar a Tautina cuando llegue y, mientras ella espere un encuentro que no se producirá. Me dijo que me traería una orquidea. Afirmó que me reconocería sin dificultad, que me imaginaba perfectamente.
-¿Suele venir al Florian? - me pregunta mi editora.
- He quedado aquí con una desconocida que escribe en internet, pero he llegado antes de tiempo.
-¿Se van a conocer hoy?
-No, sólo quiero ver cómo es: he dado un retrato de mí completamente diferente...
-Y ella ¿por qué le interesa?
-Escribe bien, tiene imaginación, tiene talento, y si tiene un físico agradable, si sabe comportarse con naturalidad, y puede dar bien en entrevistas, se la recomendaré a usted para que la contrate.
-¿Cómo comprobará eso si no piensa hablar con ella?
-Una mujer que espera es mucho más elocuente que una mujer que se sabe escuchada, evaluada, observada...
-Sí, es verdad, es un arte dificil saber esperar.
-¿Lo dice porque mi libro lleva tres meses de retraso?
Sonríe y responde:
-Le aconsejo que no se preocupe por los plazos de los contratos: es una cláusula que hay que poner, pero no es necesario respetar.
-Es usted la editora más comprensiva que existe.
-Son las cuatro y media, me tengo que marchar...
-No, por favor, espere un poco: mi desconocida estará a punto de llegar, y me podrá decir su opinión ...
-¿Mi opinión?
-Le aseguro que es una escritora de talento. Y usted sabe que suelo hacer críticas despiadadas...
- ¿Entonces, es una propuesta en firme? ¿La recomienda como escritora?
- Sí.
- Y, no obstante, no se va a presentar usted
- No.
- ¿Puedo saber la razón?
- Mi cupo de amigos y afectos está cubierto. Me da pereza conocer gente nueva, que pudiera ser indiscreta y ...
- Comprendo.
A través del espejo observé que se abría la puerta, y entraba una mujer con el aspecto típico de esposa y madre, con el aire cansado de una mujer que lee en vez de dormir. Miraba alrededor, un poco perdida.
- Mire, creo que es Tautina ...
Mi editora acercó su rostro y me dijo en susurros:
- Le agradezco su opinión sobre mí como escritora- Y me tendió una orquídea cattleya- es una pena no poder corresponder a su amabilidad: sus libros de texto son una pesadilla para cualquier estudiante.
Por sus intervenciones subversivas en los comentarios y su endiablada forma de jugar con los lectores, tendría que haber sospechado que Tautina no era una mujer, sino una editora.
Gatopardo
Foto de Cartier-Bresson

(Publicado el 28 de junio de 2006)