Con una pata colgando, despojo de una pedrada, pasó el perro por mi lado, un perro de pobre casta. Uno de esos callejeros, pobres de sangre y estampa. Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas, destinados a comer basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia, baloncitos de peluche, tibios borlones de lana, los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan. Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.
Qué tristes ojos que tienen, que recóndita mirada como si en ella pusieran su dolor a media asta. Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia, si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo le llamo: psss, psss, psss. Todo orejas asustadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia,<
Archivos de audio con el poema completo, recitado por Manuel Dicenta: *Audio I
Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se passa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el plazer, cómo después, de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parescer, cualquiera tiempo passado fue mejor.
Y pues vemos lo presente cómo en un punto s’es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por passado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio, porque todo ha de passar por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, all&iacut
Anoche de madrugada, ya después de medio día, vi venir en romería una nube muy cargada; y un broquel con una espada en figura de ermitaño, caballero en un escaño con una ropa nesgada, toda sana y muy resgada.
No después de mucho rato vi venir un urinal puesto de pontifical, como tres en un zapato; tras él vi venir un gato cargado de verdolagas, y parce mihi sin bragas, caballero en un gran pato por hacer más aparato.
Y asomó por un cantón el bueno de fray Mochuelo tañendo con un mazuelo, diciendo: muera Sansón y vino kirie eleison apretados bien los lomos, con su ropeta de momos, y una pega y un ratón, danzando en un cangilón.
Ahora que los ladros perran, ahora que los cantos gallan, ahora que albando la toca las altas suenas campanan; y que los rebuznos burran, y que los gorjeos pájaran y que los silbos serenan y que los gruños marranan y que la aurorada rosa los extensos doros campa, perlando líquidas viertas cual yo lágrimo derramas y friando de tirito si bien el abrasa almada, vengo a suspirar mis lanzos ventano de tus debajas. Tú en tanto duerma tranquiles en tu rega camalada ingratándote así burla de las amas del que te ansia ¡Oh, ventánate a tu asoma! ¡Persiane un poco la abra y suspire los recibos que esta pobra exhale alma! Ven, endecha las escuchas en que mi exhala se alma que un milicio de musicas me flau
J’ai bien assez vécu, puisque dans mes douleurs Je marche, sans trouver de bras qui me secourent, Puisque je ris à peine aux enfants qui m’entourent, Puisque je ne suis plus réjoui par les fleurs ;
Puisqu’au printemps, quand Dieu met la nature en fête, J’assiste, esprit sans joie, à ce splendide amour ; Puisque je suis à l’heure où l’homme fuit le jour, Hélas ! et sent de tout la tristesse secrète ;
Puisque l’espoir serein dans mon âme est vaincu ; Puisqu’en cette saison des parfums et des roses, Ô ma fille ! j’aspire à l’ombre où tu reposes, Puisque mon coeur est mort, j’ai bien assez vécu.
Je n’ai pas refusé ma tâche sur la terre. Mon sillon ? Le voilà. Ma gerbe ? La voici. J’ai vécu
Comiença vna obra de Rodrigo Cota a manera de diálogo entrel Amor y un Viejo que, escarmentado dél, muy retraýdo, se figura en vna huerta seca y destruyda, do la casa del Plazer derribada se muestra, cerrada la puerta, en una pobrezilla choça metido. Al qual súbitamente paresció el Amor con sus ministros y, aquél humilmente procediendo y el Viejo en áspera manera replicando, van discurriendo por su habla fasta quel Viejo del Amor fue vencido. Y començó a hablar el Viejo en la manera siguiente:
Cerrada estaua mi puerta. ¿A qué vienes? ¿Por do entraste? Di, ladrón, ¿por qué saltaste las paredes de mi huerta? La hedad y la razón ya de ti man libertado. Dexa el pobre coraçón, retraýdo en su rincón, contemplar quál las parado. Quanto más queste vergel no produze locas flores ni los frutos y dulçores que solíes hallar en él. Sus verduras y hollajes y delicados frutales hechos son todos saluajes, conuertidos en linajes de natío
Yo vivo como quien busca un galeón hundido en alta mar, día tras día, sin brújula y sin norte, con un viejo mapa desgarrado como única certeza, que reproduce a escala el último fraude y la atroz belleza del primer fracaso. Yo escribo concelebrando la inicua naturaleza de lo inane, sin fe y sin liturgia, cuando todo es silencio alrededor y nada significa alinear las palabras: la única ascesis a mi alcance, a falta de algún viaje a ningún sitio o de un apasionado amor, que olvidaré enseguida, como siempre, porque no se parece a Pío Baroja ni a don César de Echagüe.
Señora, pues que no puedo abrevar el mi carajo en este vuestro lavajo, por demás es mi denuedo: he perdido, segunt cuedo, mi afán e mi trabajo, si tras el vuestro destajo non vos arregaço el ruedo. Señora fermosa e rica, yo querría recalcar en ese vuestro alvañar mi pixa qu’es grande o chica; como el asno a la borrica vos querría enamorar, non vos ver, mas apalpar yo deseo vuestra crica. Señora, flor de madroño, yo querría sin sospecho tener mi carajo arrecho, bien metido en vuestro coño. Por ser señor de Logroño, non deseo otro provecho sinon foder coño estrecho en estío o en otoño. Señora, por fijo o fija en vos que
Quiero abreviar la predicaçión, que siempre me pagué de pequeño sermón, e de dueña pequeña et de breve rasón, ca poco et bien dicho afincase el corazón. Del que mucho fabla ríen, quien mucho ríe, es loco es en la dueña chica amor et non poco, dueñas hay muy grandes, que por chicas non troco, mas las chicas e las grandes, se repienten del troco. De las chicas, que bien diga, el amor me fiso ruego, que diga de sus noblesas, yo quiero las desir luego, desirvos he de dueñas chicas, que lo avredes por juego. Son frías como la nieve, e arden como el fuego. Son frías de fuera, con el amor ardientes, en la calle solás, trevejo, plasenteras, rientes, en casa cuerdas, donosas, sosegadas, bien fasientes, mucho ál y fallaredes a do bien paredes mientes. En pequeña gergença yase grand resplandor, en aç&
Brilla como oro purísimo el mal, y se proclama sin bostezos. Con billetes de exótico valor inhalan en polvo la euforia del triunfo. Mientras sirvo el café y los licores, con mi uniforme almidonado, un cargamento de armas pagará mi sueldo y sus excesos. Y alguien pisará una mina en Zambia buscando hierbas comestibles.
No siempre es poderosa, Carrero, la maldad, ni siempre atina la envidia ponzoñosa, y la fuerza sin ley que más se empina al fin la frente inclina; que quien se opone al cielo, cuando más alto sube, viene al suelo.
Testigo es manifiesto el parto de la Tierra mal osado, que, cuando tuvo puesto un monte encima de otro, y levantado, al hondo derrocado, sin esperanza gime debajo su edificio que le oprime.
Si ya la niebla fría al rayo que amanece odiosa ofende y contra el claro día las alas oscurísimas extiende, no alcanza lo que emprende, al fin y desparece, y el sol puro en el cielo resplandece.
No pudo ser vencida, ni lo será jamás, ni la llaneza ni la inocente vida ni la fe sin error ni la pureza, por más que la fiereza del tigre ciña un lado, y el otro el basilisco emponzoñado;
Del cielo en el portón llama un cuitado -¿Quién va?- dice San Pedro Uno que viene ¿De dónde? De Madrid ¿Qué oficio tiene? Soy un cesante liberal y honrado ¿Vivió en el mundo bien? Viví casado ¿Murió en la fé católica? es de ene ¿Y qué pide? Que Dios no me condene, pues siempre fui de gratitud dechado.
Aún estaba el Señor medio dormido. La relación oyó con disimulo y, de Pedro acercándose al oído, dijo:- La Ley es Ley, cúmplela chulo; ¿Español, liberal y agradecido?... Dale, si no le han dado ya, por culo.
De Santo Domingo trajo dos loros una señora: la isla es mitad francesa, y otra mitad española. Así cada animalito hablaba distinto idioma. Pusiéronlos al balcón, y aquello era Babilonia; de francés y castellano hicieron tal pepitoria, que al cabo ya no sabían hablar ni una lengua ni otra. El francés del español tomó voces, aunque pocas, el español al francés casi se las tomó todas. Manda el ama separarlos, y el francés luego reforma las palabras que aprendió de lengua que no es de moda el español, al contrario, no olvida la jerigonza, y aun discurre que con ella ilustra su lengua propia. Llegó a pedir en francés los garbanzos de la olla, y desde el balcón de enfrente una erudita cotorra la carcajada soltó, haciendo del loro mofa. Él respondió solamente, como por tacha afrentosa: Vos que sois una purista; y ella dijo: A mucha honra. ¡Vaya, que los loros son lo mismo que las personas!<
Señol jues, pasi usté más alanti y que entrin tos esos, no le dé a usté ansia no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
¡Embargal, embargal los avíos, que aquí no hay dinero: lo he gastao en comías pa ella y en boticas que no le sirvieron; y eso que me quea, porque no me dio tiempo a vendello, ya me está sobrando, ya me está gediendo!
Embargal esi sacho de pico, y esas jocis clavás en el techo, y esa segureja y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una! ¿Ya pa qué las quiero? Si tuviá que ganalo pa ella, ¡cualisquiá me quitaba a mí eso! Pero ya no quio vel esi sacho, ni esas jocis clavás en el techo,
Osos, osos misteriosos, yo os diré la canción de vuestra misteriosa evocación.
Osos negros y velludos del riñón de las montañas, Silenciosos viejos monjes de una iglesia inmemorial, Vuestros ritos solitarios, vuestras prácticas extrañas. Las humanas alimañas Neronizan y ensangrientan la selvosa catedral.
Osos tristes y danzantes que los zíngaros de cobre Martirizan, oso esclavo, oso fúnebre, oso pobre, Arrancado a las entrañas de los montes del Tirol; Sé leer en vuestros ojos y podemos hablar sobre Atta Trolí.
Osos blancos de los polos, bellos osos diamantinos, Nadie sabe que venís Sobre el hielo, de un imperio de hombres blancos y divinos Que coronan con castillos argentinos Su país
...tampoco sabihonda, ¡Dios me guarde! Asco da la mujer sobre un in-folio. La que a Plauto comenta y hace alarde de ilustrar a Terencio en un escolio; la que cita a Nasón mañana y tarde, apostillando a Grevio y a Nizolio, vaya, si gusta, con Ovidio al Ponto y busque entre los getas algún tonto. ¿Dómine por mujer?¿Purista?¡Cuerno! ¿Qué tilde escapa de sus uñas horro? ¡Armar un zipizape sempiterno porque en lugar de gorra dije gorro! ¡O bien porque escribí sin h ivierno verme tratar de bárbaro y de porro, y dar la casa y la quietud al diablo! ¿Por qué?¡Crimen atroz!¡Por un vocablo!
Quien te me enojó, Isabel, que con lágrimas lo pene; hágote voto solene que pueden doblar por él. Vuelve, Isabel, esos ojos; que no soy yo por lo menos quien a tus ojos serenos quitó luz y puso enojos. ¿Quién tan bárbaro y crüel, a tu hermosura atrevido, causa de tu enojo ha sido? ¿Quién te me enojó, Isabel? No es posible que tuviese noticia de mi rigor, sin que luego de temor súbitamente muriese. Quien te enojó, ¿vida tiene? ¿Que donde estoy vivo esté? Dime quién es; que yo haré que con lágrimas lo pene. Dime cómo y de qué suerte que le mate se te antoja, porque en sacando la hoja soy guadaña de la muerte. Si el Cid a su lado viene, gigote de hombres haré, y de que lo cumpliré hágote voto solene.
El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga de luz los petos y espaldares y flamea en las puntas de las lanzas. El ciego sol, la sed y la fatiga Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga. Cerrado está el mesón a piedra y lodo. Nadie responde... Al pomo de la espada y al cuento de las picas el postigo va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa! A los terribles golpes de eco ronco, una voz pura, de plata y de cristal, responde... Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral. Es toda ojos azules, y en los ojos. lágrimas. Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada. "Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte, arruinará la casa y s
Tres cosas me tienen preso de amores el corazón, la bella Inés, el jamón, y berenjenas con queso.
Esta Inés, amantes, es quien tuvo en mí tal poder, que me hizo aborrecer todo lo que no era Inés. Trájome un año sin seso, hasta que en una ocasión me dio a merendar jamón y berenjenas con queso.
Fue de Inés la primer palma; pero ya juzgarse ha mal entre todos ellos cuál tiene más parte en mi alma. En gusto, medida y peso no le hallo distinción: ya quiero Inés, ya jamón, ya berenjenas con queso.
Alega Inés su bondad, el jamón que es de Aracena, el queso y la berenjena la española antigüidad. Y está tan en fiel el peso que, juzgado sin pasión, todo es uno, Inés, jamón, y berenjenas con queso.
A lo menos este trato destos mis nuevos amores hará que Inés sus favores nos los venda más barato. Pues tendrá por contrapeso si no hiciere razón, una lonja de jam&oa
Perdido ando, señora, entre la gente, sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida: sin vos, porque no sois de mí servida; sin mí, porque no estoy con vos presente;
sin ser, porque de vos estando ausente no hay cosa que del ser no me despida; sin Dios, porque mi alma a Dios olvida por contemplar en vos continuamente;
sin vida, porque ya que haya vivido, cien mil veces mejor morir me fuera que no un dolor tan grave y tan extraño.
¡Que preso yo por vos, por vos herido, y muerto yo por vos de esta manera, estéis tan descuidada de mi daño!
Dicen que va en retroceso la enseñanza de la E. S. O. Comprobarlo un padre quiso y asaltó, sin previo aviso, a su hija de quince años, que, con modales huraños, con evidente impaciencia, con tono de displicencia y prostibulario atuendo, así le fue respondiendo: -¿Cuándo vivió Alfonso Sexto? -No está en mi libro de texto. -¿Y está Felipe Segundo? -A ese siempre lo confundo. -¿Y doña Juana la Loca? -En este curso no toca. -Dí algún monarca absoluto. -No se da eso en mi instituto. -¿Y cuándo se perdió Cuba? -Esta... ¡tiene mala uva! -Pues dí un pintor español. -Eso no entra en el control. -¿No sabes quién fue Picasso? -No. De esas cosas, yo paso. -&iques
Addio Lugano bella o dolce terra pia cacciati senza colpa gli anarchici van via e partono cantando con la speranza in cuor. E partono cantando con la speranza in cuor.
Ed è per voi sfruttati per voi lavoratori che siamo incatenati al par dei malfattori eppur la nostra idea è solo idea d'amor. Eppur la nostra idea è solo idea d'amor.
Anonimi compagni, amici che restate le verità sociali da forti pro
Qué hilo tan fino, qué delgado junco -de acero fiel- nos une y nos separa con España presente en el recuerdo, con México presente en la esperanza. Repite el mar sus cóncavos azules, repite el cielo sus tranquilas aguas y entre el cielo y el mar ensayan vuelos de análoga ambición nuestras miradas. España que perdimos, no nos pierdas; guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta. Y tú, México libre, pueblo abierto al ágil viento y a la luz del alba, indios de clara estirpe, campesinos con tierras, con simientes y con máquinas; proletarios gigantes de anchas manos que forjan el destino de la patria; pueblo libre de México como otro tiempo por la m
Señores: Un servidor, Pedro Pérez Paticola, cual la Academia Española "Limpia, Fija y da Esplendor". Y no por ganas de hablar, pues les voy a demostrar que es preciso meter mano al idioma castellano, donde hay mucho que arreglar.
¿Me quieren decir por qué, en tamaño y en esencia, hay esa gran diferencia entre un buque y un buqué?, ¿por el acento?. Pues yo, por esa insignificancia, no concibo la distancia de presidio y presidió, ni de tomas a Tomás ni de topo al que topó.
Más dejemos el acento, que convierte, como ves, las ingles en un inglés, y pasemos a otro cuento.
¿A ustedes no les asombra que diciendo rico y rica, majo y maja, chico y chica, no digamos hombre y hombra? por eso no encuentro mal si alguno me dice cuala, como decimos Pascuala, femenino de Pascual.
¿Por qué llamamos tortero al que elabora una torta y al sastre, que trajes corta, no lo llamamos trajero?.
"Toute une catégorie de sentiments est surannée." Jules Renard
Un día cualquiera uno se muere, modifica el censo y resulta la noticia del día si, entre tanto, no se descubre un fraude o dimite el Ministro de Transportes. Uno ha sido un niño, inscrito en un Libro de Familia, y consigue hacerse un hueco. Uno es bueno y listo -él cree a solas ser mejor- a veces sonríe por compromiso y otras veces vocea sin razón. Uno tiene veleidades de poeta y ansias de viajero insatisfechas. Uno vive así, bordeando el stress y el infarto, con una idea desmesurada de sí mismo y la sospecha atroz -sintiendo ese vacío, instalado en su alma como un peso- de estar perdiendo el tiempo. Aunque no eternamente.
¡Estudia lo elemental! Para aquellos cuya hora ha llegado no es nunca demasiado tarde. ¡Aprende el "abc"! No basta, pero estúdialo. ¡No te desanimes! ¡Empieza! ¡Tienes que aprenderlo todo! Estás llamado a ser un dirigente.
¡Estudia, hombre en el asilo! ¡Estudia, hombre en la cárcel! ¡Estudia, mujer en la cocina! ¡Estudia, sexagenario! Estás llamado a ser un dirigente.
¡Aun sin techo, asiste a la escuela! ¡Persigue el saber, muerto de frío! ¡Empuña el libro, hambriento! ¡Es un arma! Estás llamado a ser un dirigente.
¡No temas preguntar, compañero! ¡No te dejes convencer! ¡Compruébalo tú mismo! Lo que no aprendas por ti, no lo sabrás.
Comprueba la cuenta: tú tienes que pagarla. Apunta con tu dedo a cada cosa y pregunta: "Y ésto, ¿de qué?" Estás llamado a ser un dirigente.
Rosafrita, Rosafrita, la de la fermosa cara, la del airoso corpiño que de tan colmado estalla; la que las caderas mueve de tal guisa, que al miralla perdieron la su chaveta los Doce Pares de Francia. Rosafrita, si quisiérades, abriríasme tu estancia, guardada por once dueñas con cucuruchos de rafia. Si quisiérades, podrías dexar la puerta entornada, y yo pasaría dentro, non para cosa malsana, nin puerca, nin indecente, que proponerlo no osara, sino para que los dos nos metamos en la cama."
Oyendo aquestas razones tan corteses y tan castas, ansí dixo Rosafrita, bien oiréis lo que fablaba:
"Ven esta noche, Bardolfo, que abriréte una ventana por la que podrás pasar si antes non te descalabras. Mas non olvides, doncel, que yo estoy ya maridada con don Lope Gil y Puertas, que aunque fuése a Tierra Santa, puede volverse de pronto, y figúrate q
¡Qué enojos recorrieran tu figura! Enojos en tus pechos, tu cintura… Enojos cuanto en ti paran mis ojos.
Si fueran para amar tus labios rojos, que no para el reproche y la amargura, no hubiera en boca alguna más dulzura que en esa en que se hielan mis antojos.
Hija del tedio, hermana de la cuita, garganta de zarzales y de gayas donde el viento más dulce se marchita.
No habiendo paz por lejos que te vayas, - perdóneme Neruda por la cita - me gusta cuando duermes… Porque callas.
No hables jamás desde la cima helada de los años. Aprende a blasfemar a carcajadas. Empápate de lucidez hasta que te salten los sesos en el cráneo. Asume insomnio con más sueños que vergüenza, y ese cansancio total, ya sempiterno, que te acompaña. Vive como se llora, a borbotones, sin ira y sin esquinas, sin plazos ni mañana. Mira, escucha, usa los sentidos como herramientas -son auroras boreales de la vida- no los condenes a infiernos tibios y noches como mortajas. Y ama cuanto sepas, de una vez por todas cada día, porque la virtud afea el cutis y estropea la vesícula biliar.
Los gatos, en efeto, son del Amor un índice perfeto, que a los demás prefiere; y, quien no lo creyere, asómese a un tejado con frías noches de un invierno helado, cuando miren las Hélices noturnas las estrelladas urnas del frígido Acüario, verá de gatos el concurso vario por los melindres de la amada gata, que sobre tejas de escarchada plata su estrado tiene puesto, y con mirlado gesto responde a los maúllos amorosos de los competidores, no de otra suerte, oyendo sus amores, que Angélica la bella de Ferragut y Orlando, amantes belicosos, cuando andaban por ella, sin comer ni dormir, acuchillando franceses y españoles, de que no se le dio dos caracoles.
¿Qué cosa puede haber con que se iguale la pacienca de un gato enamorado, en la canal metido de un tejado hasta que el alba sale, que, en vez de rayos, coronó el oriente de carámbanos frígidos la frente? Pues sin gabán, abrigo ni sombrero, Febo oriental le mirará primero que él deje de obligar, con tristes quejas,
Un mudo a nativitate, y más sordo que una tapia, vino a tratar con un ciego cosas de poca importancia. Hablaba el ciego por señas, que para el mudo eran claras: mas hízole otras el mudo, y él a oscuras se quedaba. En este apuro trajeron para que los ayudara a un camarada de entrambos que era manco, por desgracia. Éste las señas del mudo trasladaba con palabras, y por aquel medio el ciego del negocio se enteraba. Por último, resultó de conferencia tan rara que era preciso escribir sobre el asunto una carta. «Compañeros, saltó el manco, mi auxilio a tanto no alcanza; pero a escribirla vendrá el dómine si le llaman.» «¿Qué ha de venir, dijo el ciego, si es cojo, que apenas anda? Vamos: será menester ir a buscarlo a su casa.» Así lo hicieron y al fin el cojo escribe la
Grabación sonora del poema "Le condamné à mort" de Jean Genet (1952)
Obra radiofónica, encargada por el GRM (groupe de recherche musicale), realizada y compuesta por André Almuro, fundador del movimiento "sentationniste", colaborador de Breton, Cocteau, Casares, Clementi, etc... Texto recitado por Mouloudji. mp3, 25 minutes. Siento tener que confesar que se ha perpetrado alguna que otra traducción de este poema emocionante, y lo destrozaron, por lo que, si no saben francés, es mejor privarse que leerlo traducido al español, porque el francés de Jean Genet no se aprende en l'Alliance Française ni en la Sorbonne, sino en Belleville, en la Goutte d'Or, o en los antros de la Porte de Clichy... y el español para traducirlo no se aprende en los claustros de la universidad ni saqueando bi
Es hermoso saber que sobrevives, y ensalzas el ciego impulso que nos une más allá de la piel y las palabras, más allá de la duda razonable. Somos, mi amigo imaginario, mi leal cooperante, tan tibios, tan inermes, tan desnudos, tan frágiles, tan poco reverentes como todos los que han sobrevivido y han sido vencidos muchas veces. Y, en la grisalla atroz, sobre el hedor a vómito, restalla esta alianza. como una acre blasfemia sonriente más allá del silencio.
Ello es que hay animales muy científicos en curarse con varios específicos, y en conservar su construcción orgánica, como hábiles que son en la botánica, pues conocen las hierbas diuréticas, catárticas, narcóticas, eméticas, febrífugas, estípticas, prolíficas, cefálicas también y sudoríficas. En esto era gran práctico y teórico un gato, pedantísimo retórico, que hablaba en un estilo tan enfático como el más estirado catedrático. Yendo a caza de plantas salutíferas, dijo a un lagarto: "¡Qué ansias tan mortíferas! Quiero por mis turgencias semihidrópicas chupar el zumo de hojas heliotrópicas." Atónito el lagarto con lo exótico de todo aquel preámbulo estrambótico, no entendió más la frase macarrónica que si le hablasen lengua babilónica; pero notó que el charlatán ridículo, de hojas de girasol llenó el ventrículo, y le dijo: "Ya, en fin, señor hidrópico, he entendi
Cuando sonríes, los goces furtivos, las noches de insomnio, los leves silencios y la risa loca, se adhieren al labio como un beso que huye. Desde tus ojos resbala tu infancia como un día de lluvia, y esa impertinente voluntad de ser, que no parpadea. Luego, muerdes la tristeza como una manzana, y apenas la acabas, te llenas la boca con una sonrisa, que es todo un tratado de melancolía.
Clotilde Tambroni
P.S. Siguiendo la racha de plagios, con fecha 26-03-2008, el titular del boboblog http://www.fotolog.com/blacketernity se adjudica la autoría de este poema de Clotilde Tambroni.
Una mujer antigua como la noche, en la noche dijo: "Nadie te ha de salvar, nadie escuchará tu grito. El viento dispersará el rebaño de nubes y palabras, la frágil fortaleza que con esfuerzo alzaste en estos treinta años de tu vida. Todavía no sabes lo que es quedarse solo, definitivamente solo, quebrados los espejos, olvidados los nombres con que llenaste el mundo. La cárcel feliz de la costumbre, tardes de lluvia en la ciudad ausente, el muchacho imprevisto que recoge el cetro que otro, anónimo, le entrega, la música cautiva entre las páginas de algunos raros libros, las calles maternales... Qué poco le pediste a la vida. Y ese poco te ha de faltar un día. No lo has tenido nunca. Sigues en una celda de castigo donde no llega el sol, con los ojos cerrados, perro que busca terco una rendija entre los lisos muros, ave que deja el arca y que no encuentra árbol en que posarse, solitaria mañana de diciembre... Tú eres la celda, e
Ahora que sonrío enternecida y no hay dolor que os conmemore, confieso que os amé por naderías: un rizo en la nuca, el gesto sorprendido, la risa, la tristeza, la voz, una palabra, una mirada esquiva o un temblor. Y no sé quienes fuisteis ni me importa. De todo lo vivido recuerdo la tibieza de un abrazo, un gesto adormilado, un perfil a contraluz en la ventana, y esa inmensa grisalla emocional, de hombres satisfechos. Sólo recuerdo un amante de paso, que nada me ofreció que no fuera cierto y no fuera hermoso. Y aquella alegría iconoclasta de su adiós sin promesas, fue un canto a la vida que aún resuena.
Si amo a la bella y sírvola ¿os asusto? ¿me juzgáis vil y tonto y mentecato? Tiene ella bienes para todo gusto. Por su amor ciño daga, escudo y mato. Cuando alguien viene tomo pronto un vaso y de la pieza escúrrome callando. Después le traigo queso y pan, lo abrazo, si paga bien le digo: "¿Vuelve? ¿Cuándo? Cuando esté en celo, amigo, lo esperamos en el burdel en donde el pan ganamos".
Mas si amanece y no aportó dinero ¡ay de Margot! entonces enfurezco, no puedo verla, degollarla quiero. Tomo sus atavíos, salgo al fresco y con que iré a venderlos la amenazo. Ella se planta como el Anticristo y de matarla ahí mismo sería el caso pues por la muerte júrame de Cristo que no lo haré. Y así peleamos en el burdel en donde el pan ganamos.
I Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados: buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan.
No se ve, que se escucha la pena de metal, el sollozo del hierro que atropellan y escupen: el llanto de la espada puesta sobre los jueces de cemento fangoso.
Allí, bajo, la cárcel, la fábrica del llanto, el telar de la lágrima que no ha de ser estéril, el casco de los odios y de las esperanzas, fabrican, tejen, hunden.
Cuando están las perdices más roncas y acopladas, y el azul amoroso de fuerzas expansivas, un hombre hace memoria de la luz, de la tierra, húmedamente negro.
Se da contra las piedras la libertad, el día, el paso galopante de un hombre, la cabeza, la boca con espuma, con decisión de espuma, la libertad, un hombre.
Un hombre que cosecha y arroja todo el viento desde su corazón donde crece un plumaje: un hombre que es el mismo dentro de cada frío, de cada calabozo.
Un hombre que ha soñado con las aguas del mar, y destroza
Qué pensaría el obstinado suicida, el angelical dipsómano, cuando se embriagó por última vez con anhídrido carbónico. Cómo conseguiría aquella lucidez, en qué calendarios alumbró ese día color de plata sucia, como la víspera de los vendavales y de los desastres que nos aniquilan y nos sobreviven. Qué calló para siempre sobre esta infame pretensión de hacer poemas cuando al fin se hizo sabio, unos segundos antes de morir. Cuál fue el testamento que se llevó consigo en una bolsa hermética, el sensual precursor de sus cenizas, el solemne iniciado en el culto al desgaste, el dulce precavido... Quién sabe si es el mismo que descifro en secreto, sonriendo al plenilunio de enero, mientras escribo para las polillas que nada opinan del pleonasmo ni del suicidio y no valoran mis ironías.
A estas alturas del mes de abril suelo recordarlo. Alguien que yo admiraba hasta dolerme el pecho decidió suicidarse antes de que llegara el mes de mayo de 1972, antes de cumplir los cincuenta años, y suelo conmemorarlo con la ternura hirsuta que nuestro odio al patetismo instauró. Un debil atisbo de arrepentimiento le hubiera permitido rasgar la capucha de plástico que se ajustó cuidadosamente en la cabeza, y no lo hizo. Se llamaba Gabriel Ferrater, y era una especie de genio iconoclasta, apasionado por el álgebra y las matemáticas, por la literatura, hablaba checo, alto-alemán y ya no recuerdo qué otras lenguas, aparte del catalán y del castellano, y era divertido, imprevisible, delirante, seductor... y un gran poeta que se olvida injustamente entre tanta grisalla como se encumbra. Alguien, quizá, quiera traducirnos al castellano este poema de los tiempos en los que la policía llegaba de madrugada, como ahora, y bastaban sus sospechas, como ahora, para hundir a un ser humano en la desesperación, entre la indiferencia de todos, como ahora...
Guardián de la nada, un arpegio asciende, busca la armonía, resbala como una lágrima, suena como un aullido, una plegaria, un susurro, lluvia sincopada, y jamás será igual otra vez, porque es jazz...
Mi gato comparte con los reyes destronados el orgullo de no ser conocido por gente que desprecia, y cierta propensión a la molicie que le hace jugar a ser su estatua. Mi gato es intransigente, mide sus halagos y toma los que acepta como ofrenda, que obliga a quien la entrega y lo enaltece, pero no modifica su conducta ni su audaz insolencia y sólo obedece a sus orígenes, a su remota estirpe perseguida, bello como el pecado, altivo como un dios de suave pelambrera.
A veces, las únicas miradas teñidas de ternura fueron las suyas. Acecharon mis caricias, y mi risa, como si buscasen el infinito y lo hallasen en mí. Cuando la congoja atenazaba mi voz, respondían en el lenguaje mudo de los que aman sin miedo, sin dudas, sin remedio. De todas las palabras que aprendí, las únicas que digo como una oración, hablan de aquellos animales que pagaron rescate y tributo por lo único humano de mí, que merece existir.
Nadie nos precedió. Quién te acompañó cuando, desposeída, te acurrucaste en el dintel del abismo y cruzó el vacío tu mirada terrible. Quién te susurró aquella noche consuelos que acunaran tu tristeza estriada. Quién pudo evitarte el frío en las rodillas y las grietas del interior, umbral de la locura. Quién supo de qué país venías, con qué ausencias, de qué exilio inefable. Ay, hermana, nadie nos precedió, nadie nos dijo sino palabras. Pero desde esta única isla, que también los nuestros deshabitan, a veces - ocurre a veces - encontramos la risa, la lucidez y la belleza, porque todos los náufragos tienen su Viernes.
No hablemos del hambre, estridente reclamo del vacío intransferible, y qué decir del frío, excrecencia o punzada en los nudillos, hasta la médula y la nuca desolladas, si no escribo de la pesarosa penumbra de zapatos ni del tacón que falta en la esperanza, con ropas desflecadas, ya sin marca de fábrica. Una esmerada educación todo lo salva, y me solidarizo con la anorexia del gourmet, disiento de la conveniencia del visón con los vaqueros, y prosigo la eterna discusión sobre el fondo y la forma, con esta protocolar impertinencia de duquesa arruinada, que gasto a manos llenas, sin crédito ni avales. Secretamente conjuro a Jean Genet: en su honor degüello a un rentista ahorrativo, descuartizo a los inapetentes comensales de un festín, y ahorco con hilos de lamé trenzados a ociosas benefactoras de la alta costura, en insomnios beatíficos después de no cenar.
Ahora que quizás, en un año de calma, piense: la poesía me sirvió para esto: no pude ser feliz, ello me fue negado, pero escribí.
Escribí: fui la víctima de la mendicidad y el orgullo mezclados y ajusticié también a unos pocos lectores; tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto; una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza, la ilusión de tener el mundo entre las manos —¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco con toda su crueldad innecesaria— Escribí, mi escritura fue como la maleza de flores ácimas pero flores en fin, el pan de cada día de las tierras eriazas: una caparazón de espinas y raíces
De la vida tomé todas estas palabras como un niño oropel, guijarros junto al río: las cosas de una magia, perfectamente inútiles pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
Pasada ya la cumbre de la vida, justo del otro lado, yo contemplo un paisaje no exento de belleza en los días de sol, pero en invierno inhóspito. Aquí sería dulce levantar la casa que en otros climas no necesité, aprendiendo a ser casto y a estar solo. Un orden de vivir, es la sabiduría. Y qué estremecimiento, purificado, me recorrería mientras que atiendo al mundo de otro modo mejor, menos intenso, y medito a las horas tranquilas de la noche, cuando el tiempo convida a los estudios nobles, el severo discurso de las ideologías -o la advertencia de las constelaciones en la bóveda azul... Aunque el placer del pensamiento abstracto es lo mismo que todos los placeres: reino de juventud.
Abro la puerta, sombras comienzan a moverse en la quietud amplísima del vacío. Al sonido tangente del metal, todas se han congregado. Tras el zaguán, el patio exhala un blanco níveo que no borra las lianas ausentes de los potos ni el ágil griterío de los niños que trepaba, sin alas, las paredes.
Todo está fijo, entro en la antigua cocina y en la mesa unos cirios azules parecen consumirse en la llama imposible de tanta soledad. No abriré la despensa donde guardaba loza por no ver esos vasos que rozaron, igual que mis mejillas, cada labio, no comprobar el sueño, ya de muerte, de cucharas y platos ateridos, más fríos todavía que el metal y la piedra, entre tanto mutismo, el de esta casa enorme.
En el salón de al lado, el viejo arcón de madera, cruzando tiempo y duelo a la vez, tiempo y más tiempo de guardar en su vie
Mis voluntades que antes discordavan, por sola vos, señora, he concordado: por vos están en paz, si en guerra estavan, por vos conozco el yerro en lo passado; conozco el bien que de antes me quitavan. Mis pensamientos cierto se han holgado de ver concordes tantos enemigos, que pueden ya escrevillo a sus amigos.
No es menester bivir imaginando, juntando confusión al pensamiento; de gran firmeza va de hoy más usando, de dos affanes sólo el uno siento. No es menester de hoy más andar buscando, pues ha hallado el alma su contento, y un arma tiene ya con que defiende de qualquier daño al cuerpo, si le offende.
Y si dispensa acaso la Fortuna que pierda el alma mía esta batalla, la vida serme triste e importuna es cosa cierta, y no hay poder negalla. No acierta el cuerpo en tomar arma alguna, tiene temor si piensa executalla; y assí las offensivas ha dexado, las defensivas solas le han quedado.
Del todo no he perdido mi esperança, con ella (en fin) espirará mi vida; qualquier peligro ... (... para continuar leyendo)
Tenerse la urina se llama stranguria, y esto es quando sale goteando y poquita; si no sale nada, lIamámosla suria, y si sale a ratos, se llama disuria; y es una la cura en todas escrita: aquesto procede de alguna frialdad, o llaga o calor, o de algún apostema questá en la vexiga, o en su vezindad, o está en la virtud , esta enfermedad, o es por humores mayormente flema. Autor: Francisco López de Villalobos (... (... para continuar leyendo)
Si es posible no me regales un caudal de emoción, tu fe y tus convicciones, ni una sima de pasión inmarcesible… Regálame tu silencio, tu risa ya cansada, tu pudor olvidado y tus nostalgias. Ofréceme tu mano sin anillos, tu abrazo destinado a un amigo y este amor que comparto con tu gato. Si es posible cuéntame sin prisas una historia y dime qué ocurrió cuando no estaba, qué lejano país reconociste y qué amaste en mi ausencia que te hizo ser tú.
¿Tu conoces al ”Piyayo” un viejecillo renegro, reseco y chicuelo; la mirada de gallo pendenciero y hocico de raposo tiñoso... que pide limosna por "tangos" y maldice cantando "fandangos" gangosos?
¡A chufla lo toma la gente y a mi me da pena y me causa un respeto imponente!
Ata a su cuerpo una guitarra, Que chilla como una corneja Y zumba como una chicharra Y tiene arrumacos de vieja Pelleja. Yo le he visto cantando, Babeando De rabia y de vino, Bailando Con saltos felinos Tocando a zarpazos,. Los acordes de un viejo"tangazo" Y, a sus contorsiones de ardilla, Hace son con la sucia calderilla.
¡ a chufla lo toma la gente y a mi me da pena y me causa un respeto imponente!
Es su extraño arte su cepo y su cruz, su vida y su luz, su tabaco y su aguardientillo... y su pan y el de sus nietecillos: "churumbeles" con greñas de alambre y panzas de sapos. Que aullan de hambre Tiritando bajo los harapos; Sin madre que lave su roña; Sin padre que "afane" Porque pena una muerte en santoña; S
Tristes nuevas, tristes nuevas que se cuentan por España: que ese príncipe don Juan está malo en Salamanca, que cayó de su caballo a las puertas de su amada por cortar un ramo verde y ponerlo a su ventana. Siete doctores lo cuidan de los mejores de España; miran unos para otros, dicen que su mal no es nada. Sólo falta por venir aquel doctor De la Parra. Estando en estas razones cuando a la puerta llegaba cabalgando en mula prieta, collar de oro en la garganta. Hincó la rodilla en tierra y la lengua le mirara; trae solimán en el dedo y en la lengua se lo planta. Luego que le toma el pulso de esta manera le habla: -Confiésese Vuestra Alteza, mande ordenar bien su alma. Tres horas tenéis de vida, la una ya va pasada. Estas palabras diciendo el Rey su padre llegaba: -¿cómo te va, hijo mío, regalo de la mi alma? -Bien me va, mi padre, bien, porque Dios así lo manda; no lo siento por mi muerte que de morir nadie escapa. Pésame de mi esposita, es niña y queda preñada. Ella s
La rabia contenida no es azul. A nadie le embellece madrugar y decir “si señor” mientras todo se astilla. Pudiera ser que las palabras sean un universo inasequible con su sueldo, y siempre calla. Su risa es un graznido breve y hace muchos años que no canta. Sin embargo, acaricia con ternura a su perro, un cruce de miseria y listeza que parece venir de cualquier sitio de camino a la nada, donde habitan los seres de las fotos que adornan las paredes, al fin reconciliados con el mundo.
Tengo el caballo a la puerta, ¿te quieres venir conmigo?. Yo no te obligo. Sólo te brindo ocasión de darte en mi soledad una casa, un corazón y un cariño de verdad.
¿Qué no quieres...? Allá penas. Mientras yo tenga en mis venas sangre de piropo y ronda; mientras, por mas que se esconda, no haya mujer que resista este pase de conquista de los vuelos de mi capa; mientras la flor que se tapa con clavel y celosía se asome a verme pasar pensando en la Vicaría; y mientras de par en par se abran a mi reclamo el corazón donde llamo y la boca donde toco... a mi se me importa poco que quieras o que no quieras ser dueña de mi fortuna. Hay mucha espiga en las eras para pensar sólo en una
Y mira lo que te digo: un día deje la luna porque no quiso venir conmigo.
Y no me costó ninguna fatiga romper cadenas. Con esto quiero decir que a ti, que no eres la luna, me costará menos pena dejarte, si lo prefieres. Me sobran a mí mujeres.
Largo se le hace el día a quien no ama y él lo sabe. Y él oye ese tañido corto y duro del cuerpo, su cascada canción, siempre sonando a lejanía. Cierra su puerta y queda bien cerrada; sale y, por un momento, sus rodillas se le van hacia el suelo. Pero el alba con peligrosa generosidad, le refresca y le yergue. Está muy clara su calle, y la pasea con pie oscuro y cojea en seguida porque anda sólo con su fatiga. Y dice aire: palabras muertas en su boca viva. Prisionero por no querer, abraza su propia soledad. Y está seguro, más seguro que nadie porque nada poseerá; y él bien sabe que nunca vivirá aquí en la tierra. A quien no ama, ¿cómo podemos conocer o cómo perdonar? Día largo y aun más larga la noche. Mentirá al sacar la llave. Entrará. Y nunca habitará su casa.
Águeda saltó la tapia del colegio, se bebió el vino de misa, vio al cura sin sotana, no confesó en Cuaresma y se fumó la misa del domingo. Se le nota en la cara.
Águeda se enamoró del profesor, dibujó corazones en el mapa, lloró de noche a escondidas, quiso ser misionera con los negros y tomó la determinación de ser mejor. Se le nota en las manos.
Águeda aprendió sin recovecos, amó como un seísmo intransitivo, asustó la tristeza a carcajadas, deambuló en la noche de las águedas y danzó desnuda y sola hasta las tantas. Se le nota en los ojos.
Toda la naturaleza no es sino arte desconocido para ti, todo azar tiene un sentido que no puedes ver; toda discordia, armonía incomprendida; todo mal parcial esconde un bien universal; y, a pesar del orgullo, y a pesar de la errada razón, una sola verdad es clara: todo lo que es está bien.
Diréis que estuve equivocada y aquel sobresalto de emoción, el mundo asomado a su abismo, la ternura -la irritante ternura- aquella mano estrechada in extremis, la risa, las miradas, las preguntas, la voz enronquecida -bendita sea la palabra- y mi decisión, siempre obcecada, de amar una vez más sin dramatismo fue desatino, tonto interregno, turismo emocional, frivolidad... Y en verdad la noche es solemne, y el sarcasmo, ungido de suicidio, revolotea cubriendo las estrellas, la insomne transparencia de los sueños, su rigor y su hueco, y ya es imposible llorar de madrugada en el asilo tibio del abrazo donde acojo a mi gato.
En sancta Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí le toma la jura el Cid al rey castellano. Las juras eran tan fuertes, que al buen rey ponen espanto; sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo: Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos; mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas, no de contray, ni frisado; con camisones de estopa, no de holanda, ni labrados; caballeros vengan en burras, que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados. Mátente por las aradas, que no en villas ni en poblado, sáquente el corazon por el siniestro costado, si no dijeres la verdad de lo que te fuere preguntado, si fuiste, ni consentiste en la muerte de tu hermano. Jurado había el rey, que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey malamente y enojado: Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado; mas hoy me tomas la jura, mañana, me besarás la mano. Por besar mano de rey no me te... (... para continuar leyendo)
No acato lo sentencia. Pudiera ser que su justicia errara, que el Juez, enardecido, se confunda de reo porque vio culpa en mis ojos, y que el Fiscal, que actúa de oficio, haya visto en mi risa contumacia. Juro que la Causa tuvo un vicio de forma, y en la Instrucción quedó contaminado hasta el ujier, porque se olvidó la presunción de inocencia de vivir sin coartadas y ningún dramatismo.
No siempre te extrañas. A veces conoces el exacto sentido, la fórmula aquella escondida, que obtuvo Cagliostro, robó Paracelso y cinceló Cellini. No siempre preguntas. Miras, perfilas y grabas, fija la mirada en ese mismo centro -donde convergemos- y yergues enigmas resueltos, caducas incógnitas, misterios sin clave. Todo transparece, nada queda oculto. La ternura es un universo que se sobrentiende.
A usted le he visto mirarla arrasado en llanto y carcajadas, solemne y frágil como un hombre vencido y asustado porque ella era hermosa... Y en algún rincón de mi cerebro le he visto escupir las palabras, llorar de rabia y desamor, sin aprenderse el texto ni saber el guión, cegado por los focos de un teatro vacío... Yo estaba ahí cuando usted sobrevivió a duras penas al hueco de su cuerpo y su almohada, insomne, acre de ausencia porque ella pensaba en otro actor ... Mientras usted buscaba su rastro y su mirada borracho en algún bar de otro país, yo he sido, para siempre, todas las mujeres que usted no quiso amar.
Cae la tarde envuelta en terciopelo y susurran los álamos, se diría que el mundo se ha parado mientras juegas mil veces a lo mismo, y él contigo. Le miras con los ojos más bellos que haya visto y finges ser feroz, finge creerte, pero buscas su mano y su sonrisa como el único amigo que existiera. Dejas a sus pies la piedra que ha lanzado como un niño y su mano acaricia tu cabeza, humanizado, como un hombre que juega con su perro.
Trachedia desarrollata en el ruinoso castelo del barón de Chente Mata. ¡Si no é vera e veritata que m'arranquen un capelo! Tras morisca ventaneta, con le semblante contenti, a primorosa Julieta murmura una cansoneta que marcha en alas del vienti. Es sua voche melodiosa cual la campane de Huesca; es chentile, candorosa, e más fresca que una rosa, ¡quichás demasiado fresca! Digo fresca, y es verdate, perque lichera de rope é a la fenestra asomate, y está pelando patate con un sable de la trope. A bordo d'una barqueta llega un mancebi elegante, vestidato de etiqueta, con gorra de sportman, guanti, e gabani con faldeta. Fumando brevas a pasti fragua algún plane siniestri, perque a la paloma casti le hace con el ojo diestri la seña del as de basti. La joven enamorata le arroja una escalinata fabricata con cordeli, e per ella le donceli como un felini, esquilata. Le patre, qu'era un Nerone, observó l'operachone desde un huerti exuberanti, donde tene plantachone de pementone picanti. Aparte del pementone cultivaba: le melone, la fabi, le remolachi, la chufi, le macarrone e le turrón de guirlache. Presto le gran cabalieri, de su honore se ricorda, e tre... (... para continuar leyendo)
Dices «Iré a otra tierra, hacia otro mar y una ciudad mejor con certeza hallaré. Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado, y muere mi corazón lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez. Donde vuelvo mis ojos sólo veo las oscuras ruinas de mi vida y los muchos años que aquí pasé o destruí». No hallarás otra tierra ni otra mar. La ciudad irá en ti siempre. Volverás a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez; en la misma casa encanecerás. Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques -no hay-, ni caminos ni barco para ti. La vida que aquí perdiste la has destruido en toda la tierra.
Constantino Kavafis (Traducción de José María Álvarez)
Desisto porque es mayo y apenas me predisponga a amar, vendrá el estío, lleno de sol y pesadillas, y me quedaré con los brazos vacíos y mi sonrisa aviesa, recorriendo la soledad de punta a punta. En la distancia no hubo exilio, nadie colmó aquel viejo estante ni sustituyó a su sombra otro perfil que aquél que fue. En mi código se reiteró lo tácito, el silencio, con ese pudor inoperante que tenemos los nómadas, las putas y los muy sabios para decir adiós y jamás olvidar.
Recogida por Ramón Menéndez Pidal en "Flor Nueva de Romances Viejos"
Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisión; que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son, sino por una avecilla que me cantaba al albor. Matómela un ballestero; déle Dios mal galardón.
quam magnus numerus Libyssae arenae ... aut quam sidera multa, cum tacet nox, furtiuos hominum uident amores. Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo muy tarde ya en la noche hablemos hombre a hombre, finalmente. Imagínatelo, en una de esas noches memorables de rara comunión, con la botella medio vacía, los ceniceros sucios, y después de agotado el tema de la vida. Que te voy a enseñar un corazón, un corazón infiel, desnudo de cintura para abajo, hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo quien me tira del cuerpo a otros cuerpos a ser posiblemente jóvenes: yo persigo también el dulce amor, el tierno amor para dormir al lado y que alegre mi cama al despertarse, cercano como un pájaro. ¡Si yo no puedo desnudarme nunca, si jamás he podido entrar en unos brazos sin sentir -aunque sea nada más que un momento- igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle, haber estado solo es necesario. Y es necesario en cuatrocientas noches -con cuatrocientos cuerpos diferentes- haber hecho el amor. Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, ... (... para continuar leyendo)
Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado; que lo único que hace es componerse de días; que es lóbrego mamífero y se peina...
Considerando que el hombre procede suavemente del trabajo y repercute jefe, suena subordinado; que el diagrama del tiempo es constante diorama en sus medallas y, a medio abrir, sus ojos estudiaron, desde lejanos tiempos, su fórmula famélica de masa...
Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar, y, sujeto a tenderse como objeto, se hace buen carpintero, suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona...
Considerando también que el hombre es en verdad un animal y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...
Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo que él sabe que le quiero, que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Considerando sus documentos generales y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito...
¿Quién habla de una fácil travesía? Las noches se poblaban de sirenas, de cuartos donde ardía la revuelta, de exilios que a tu cuerpo devastaron. Mi amor fuerte, mi amor loco y profético con vestidos que el puro azar cosía y que eran desflecados por la bruma entre las carcajadas reprimidas de una Europa siniestra y satisfecha. Son muchos los agravios, risueña. Pero algo desatado y veloz, a mí te trajo a flote, indemne, victoriosa, con el floral tesoro de tu ternura oceánica, de tus ojos de miel. Y en la tranquila tarde de este día de mayo cruzas serenamente por tu sueño y yo velo, mientras pasan los lentos veleros de la música, tu tos de fumadora y tu jersey grandón.
Mi amor fue un gato de tejado, errático, sensual, insomne y descreído, pero amé París y cuando tuve frío amé también los cuerpos tibios. Aún recuerdo sus huecos en mi cama, su inefable impudicia, la euforia de los atardeceres, víspera de fiesta, mas confundo sus rostros y su historia como en un palimpsesto enmohecido. Ahora, el Sena es un grabado antiguo, en Göteborg, mediando el mes de junio, con alguien que me habló en su idioma del sol de medianoche. Al cabo de los años Les Marais es un barrio, una extraña novela, Québec, y un canadiense rubio, solemne y desairado, que me enseñó a llorar en la ensalada. En los Campos Elíseos rememoro a Swann, de paseo con Odette y una sombrilla malva, con los pies doloridos y la risa mojada, porque mi amor ideó aquella noche no sé qué muy bucólico y perdimos el metro... La única p
Soy salvaguardia de la sociedad, soy policia de seguridad, un polizonte con este poder y por aquí ya lo ve usted. Con esta mano sostengo el bastón, con ésta el sable que no es de latón y si me encuentro cualquier criminal, yo nunca sé qué mano echar. Todo se halla en paz en la población y si alguien se queja no tiene razón, porque debe haber gran tranquilidad, con la policia de seguridad. Si hoy se me escapa un pillastre ladrón o si no doy con un tocho gandul es porque no tengo a mano un cañón como el que tuvo el señor Barba Azul. Mas si algún día lo llego a tener y es un proyecto del cual voy en pos en cuanto yo empiece a cañonazos, Apaga y vámonos.
"Vals de la Seguridad" de "La Gran Vía", de Federico Chueca y Joaquín Valverde. Este Vals, junto con "El Pasodoble de los Sargentos" se añadió a la partitura a partir de las representaciónes de 1887. Se les omitió en las representaciones posteriores a la guerra civil, y no se recuperan hasta 1996.El Vals era considerado irreverente con la autoridad y el pasodoble estuvo prohibido porque reflejaba el malestar del ejército ante su posible reconversión en funcionarios civiles.Amén.
¡Pobre chica, la que tiene que servir! Más valiera que se llegase a morir; porque si es que no sabe por las mañanas brujulear, aunque mil años viva, su paradero es el hospital. Cuando yo vine aquí lo primero que al pelo aprendí, fue a fregar, a barrer, a guisar, a planchar y a coser; pero viendo que estas cosas no me hacían prosperar, consulté con mi conciencia y al punto me dijo "Aprende a sisar." "Aprende a sisar, aprende a sisar." Salí tan mañosa, que al cabo de un año tenía seis traies de seda y satén. A nada que ustedes discurran un poco, ya saben o al menos, ya se han figurao de dónde saldría para ello el parné. Yo iba sola por la mañana a comprar y me daban seis duros para pagar: y de sesenta reales gastaba treinta, o un poco más, y lo que me sobraba me lo guardaba un melitar. Yo no sé como fue que un domingo después de comer. Yo no sé que pasó, que mi ama a la calle me echó; pero al darme el señorito la cartilla y el parné me decía por lo ... (... para continuar leyendo)
Amigos, ¡enlutaos! Que la campana Pregone por París mis desazones: Y tú, prensa europea, dí a las naciones, Cuán cruda es para mí la suerte insana.
¿Por qué no se llevó a mi esposa ufana? ¿Para no angustiarme habría razones? Mas no, tras de maduras reflexiones, vino a dar con mi flaco, la inhumana.
Hirió la prenda amada, el dulce anhelo, Que vívida miré y hoy miro inerte, Mi sólo bien, mi único consuelo.
No hay suerte más amarga que mi suerte; No hay duelo más profundo que mi duelo: ¡Rota mi pipa está!...¡Venga la muerte!
El arte de fumar (Tabacología universal) por García Ramón, miembro honorario de la Academia Universal del Humo.