A menudo he escuchado historias sobre plagios en Internet. Hay incluso verdaderas leyendas urbanas que hablan de cómo reputados escritores encuentran su inspiración (párrafos enteros de calco inspirador, letra a letra) en las obras de autores desconocidos que pululan por la red. Mis amigos insisten en que debería proteger lo que escribo y no hacerlo público alegremente para consumo de cualquier pícaro copiador, pero a mí nunca me ha importado. No soy tan importante como para que lo remedado pueda tener algún valor. Hace unas semanas, mirando mis estadísticas, me sonreí al descubrir que alguien había llegado a mi blog buscando la frase “el mar en cien palabras” que es exactamente lo que se solicita en las bases de un pequeño concurso de microrrelatos de la red. Huelga decir que el anónimo visitante encontró sin problemas lo que buscaba en mi breve “el hombre que tiraba
Tautina Vaiamalla, con el seudónimo de Julia R. Robles ha escrito "Las guapas deberían morir...", editado en Tres Fronteras. Los que atendemos el correo de Gatopardo, estamos hartos de recibir mensajes del género verduriento para Tautina, a la que consideramos de la casa, aunque no se mate a colaborar aquí. Para ellos, que la persiguen campo a través de sus sucesivas bitácoras, cambios de nombre y otras tácticas para excitar a sus lectores, nuestra pretensión de corregirle es un sindiós de cuatro gatos con ínfulas; pero es que nosotros conocemos a Tautina: tiene la belleza más pecaminosa que ha pisado la tierra desde que Lilith puso a mil a los habitantes del Antiguo Testamento; tiene más peligro para la virtud que una caja de bombas; tiene la lúbrica osadía de una contrabandista del lenguaje, y todo eso adobado
Sé, gata querida y callada, que tú me descubriste a Tautina y creo que esa es una deuda que jamás podré pagarte. Para mí Tautina fue, desde entonces, la escritora a quien quería impresionar. La bloguera que quería que me visitara y que me leyera, la mujer que me habría encantado tener. Es difícil, muy difícil, encontrar escritores realmente sobresalientes en los blogs. Hay muchos buenos, algunos muy buenos, pero yo sólo he conocido, como figura descollante, a Tautina. Porque une a un instinto natural para la escritura, una dulzura y una magia inclasificlable, indefinible que la hacía especial a mis ojos. Sus escritos me hacen reír, soñar, llorar, pensar y, muchas veces, lo siento, empalmarme, porque no he leído jamás una escritora más decididamente sexual. No sólo en sus escritos eróticos; Tautina tenía un fondo sensual que me llamó la atención desde el momento en que la leí por vez primera.Tautina escribe técnicamente con gran precisión y, espiritualmente, con la esencia de la poesía en la punta del lápi
Yo empecé a fumar a la edad de trece años. Si pienso en la causa, fue tan burda como que una prima mayor que yo y más borde también, se burlara ante mis amigos de lo cándida e inocente que era. En aquella época (como en ésta) fumar a esas edades trasgredía todas las reglas. Por eso, hasta que no conseguí tragarme el entonces asqueroso humo, no forme parte de la panda de los tíos geniales, y desde entonces, el hábito me acompañaría el resto de mi vida. Durante la adolescencia, recibí mil broncas y castigos de mis padres por “fumar tan joven”, lo que me convertía en una perfecta rebelde. Poco tiempo después, hacía junto con mis buenos amigos, tertulias interminables envueltos en la insana neblina del humo que inundaba el garito de turno, y fumábamos sin descanso para que, el café en una mano y el cigarrillo en la otra, nos diese un aspecto más interesante durante la conversación. Aquella era una edad en la que tu imagen tenía destacada importancia, y si no eras un tipo atlético y/o rico, más te valía ir de trasgresor con la colilla colgando
Aún hay gente que pregunta por Tautina, porque la única manera de olvidar cuánta magia e imaginación nos regaló, cuánto nos sobrecogió, sería un traumatismo craneo-encefálico grave. Y bajo cualquier nombre que se esconda Tautina siempre será reconocible porque tiene la sabiduría literaria de las escritoras innatas: se puede aprender a escribir mejor y a perfeccionar un texto; no se puede aprender a escribir como ella lo hace, dejando su huella inimitable en lo que escribe. Si queréis saber qué fue de Tautina, aquella mujer que escribía en El rincón de Tau, os aconsejo que leáis "El secreto" en EntreTlíneas ¡Con lo cotilla que soy, me encantan los secretos!
PD. Enero 2008: En la actualidad , Tautina escribe en El espejo opalino No le digáis que la hemos descubierto o volverá a huir. De nada,
Dice el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Sin embargo, la red de redes ha resultado ser mala conductora para la libertad de expresión, pues aquí las libertades desembocan a menudo en la lubricidad, el liberticidio o el divertimento malsano. Como reza la canción, sangro, lucho, pervivo, para la libertad y, con esto, podríamos quitar la razón al sabio que afirmó: “tal es la naturaleza del hombre, que si pones ante él un mundo sin normas, sin leyes y sin castigo, lo destrozará para luego destrozarse a sí mismo”. Durante el tiempo que paseé por aquí, mis oídos se extenuaron de tanto escuchar a aquellos que, por juventud y buen vivir, nunca conocieron la censura y, sin embargo, a
Desde que abrí Gatopardo ha estado en mis enlaces de portada "La ventana de Tau". Sin que sea muy ortodoxo, porque no conozco a la autora, escribí el 31 de marzo de 2005: Si quieren saber lo que sienten los buscadores de oro cuando encuentran una mina, después de cerner toneladas de tierra y estar a punto de perecer de hastío, lean a Tautina, en su bitácora "La ventana de Tau". Día a día ha creado un universo propio donde explora y sorprende a quienes amamos la obra bien hecha, sin trampa ni cartón. Después de soportar el acoso constante de un psicópata que le dejaba comentarios injuriosos en su bitácora, Tautina ha dado de baja su página. Quien la acosó, injurió e insultó,tiene la IP: 62.174.64.110. Blogia.com tiene los originales donde quedó reflejada la IP remitente. Espero que miréis en el correo de vuestros blogs, y si identificáis esa IP sabed que es la de alguien tan despreciable que es capaz de acosar, amenazar e insultar amparándose en la impunidad y el anonimato que creía tener. Aunque el acosador tire a la basura el ordenador, está registrado. Y se trata de un delito grave, que tiene pena de cárcel e indemnización a la víctima. ¡Ojalá le dé un dolor que cuanto más corra más le duela y cuando pare, reviente! Y que sepa q... (... para continuar leyendo)
Si quieren saber lo que sienten los buscadores de oro cuando encuentran una mina, después de cerner toneladas de tierra y estar a punto de perecer de hastío, lean a Tautina, en su bitácora La ventana de Tau. Día a día ha creado un universo propio donde explora y sorprende a quienes amamos la obra bien hecha, sin trampa ni cartón. De nada. Ya saben que me gusta ser útil.
Es norma de Gatopardo, si alguien se pone a tiro, sea plebe, sea duunviro, que no se escape sin dardo. Si la víctima en cuestión es melifluo y sin humor, y persiste en el error, va derecho al paredón. Si es honesto ciudadano, observador de la ley y santurrón como buey, le colgamos un campano. Si mujer y sufridora, y nos cuenta su diario, que alegre su antifonario y se haga acosadora. Si tiene cierto interés por mostrar carné y nombre, que luego no se asombre si recibe algún revés. Bienvenidos los goliardos, golfos, rebeldes y bordes, mentes inmisericordes, por apellido: Bastardos Y que no nos den la lata ni meapilas ni legales: somos los Irregulares, somos gente de Zapata.