EL MILAGRO DE MONTIJO

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Recuerdo que había un río, pegajoso, pequeño, con la aguas color del orín, raspas de truchas muertas, compresas flotando, pero un río. Con su puente colgante y un viejo con boina, sin pitorro, que lo cruzaba lentamente, casi levitando, y que arrastraba un burro sin esfuerzo, movidos ambos por la inercia natural del mundo que gira sin importarle nada. La luz era siempre la misma, como en un cuadro.
- Con este inflador de la barca soy capaz de tirarme doce pedos seguidos- gritó Montijo
Era verano. Era un campamento de verano. Era la hora de la siesta. Aburridos jugábamos al ajedrez, tumbados sobre la hierba. Montamos las tiendas en una plantación de chopos que con sus copas desgarraban la luz que caía en estrechos filamentos sobre nuestros rostros ociosos.
-Doce pedos o más, si no lo creéis, me apuesto una caja de cervezas y un jamón- gritó de nuevo. Era Montijo. Un joven alto, moreno, con el pelo tan negro que brillaba azul. Con la piel blanca. Perezosos lo miramos con atención, incrédulos y mediterráneos. Montijo hablaba en serio. Su terrible parecido con el actor Kyle Maclachlan protagonista de Blue Velvet y de la serie Twin Peaks nos hacía creer en él.
Un grupo de seis y el héroe nos metimos dentro de un tienda, una canadiense, doble techo y ábside al fondo. Una catedral inmunda de lona. Dentro, Montijo se metió la punta de la válvula por el ano y me ordeno ceremonioso "pisa el inflador", y lo pisé. Su cara se tensó un instante, durante el soplido interno no apartó la válvula, y la tripa de aire penetró en su estómago. Sonrió, arrojó la válvula a un extremo de la tienda, se colocó a horcajadas ofreciéndonos su ano en todo se esplendor. Nos ofrecía su ano como prueba de sinceridad, de amistad y de hombría, sabido es que cuando dos hombres se han contemplado mutuamente el ojete es que gozan de una profunda amistad. A pesar de la leyenda mirábamos estremecidos aquel ataque de impudicia, inusual, alocado, obsceno, en un tipo tan delgado y elegante. De ninguna manera apartamos la vista de ese agujero negro e inmundo que parecía haberse llenado de fantasía. Montijo convulsionó su tripa dos veces, ejerció los abdominales con maestría y un sonoro y largo pedo salió de su ano. Reímos. Una vez calculada la fuerza retentiva de su esfínter los pedos se hicieron más cortos, más sonoros y por tanto más numerosos. Montijo había convertido su ano en una boca bufante, contestataria y sonora, en una máquina de embutir pedos inocuos, que apenas despedían hedor, se centraba. Doce pedos en la primera tacada. Cuando Montijo se dio la vuelta aplaudimos con la boca abierta. Ni la laringe de Caruso o de Plácido domingo, podría demostrar esa técnica muscular de control de aire y de sonido. Dios mío. Seis días estudiando la apertura danesa para convertirnos en reyes del ajedrez cuando podíamos haber pasado esa semana lanzando pedos como centauros ebrios a los largo del cauce de un río moribundo repleto de compresas. El milagro de Montijo era la camaradería. Poder enseñar nuestros anos, abriéndose, cerrándose, convertidos en una bucaramanga, un canal artístico que con la paredes salpicadas de mierda bruñiera de tal manera nuestros follos que los convirtieran en arte. Mostrar la versatilidad del esfínter a los amigos de siempre y jugar con la memoria y que nuestros pedos sonaran como la prosa de Proust. Montijo puso en nuestras manos el secreto de la amistad entre los hombres, poder compartir la vista del ano del prójimo sin sentir vergüenza, ni un ápice de asco. Montijo nos había unido por la parte más oscura e indeseable, en principio, de nuestro cuerpo. Había cuadrado el círculo universal del ano.
Uno tras otro, con un protocolo casi religioso, nos fuimos metiendo la válvula en el ano. Y Montijo pie sabio, descargaba la dosis de aire justa y proporcionada al peso y la altura del principiante. Era tal la amistad que nos imbuía aquel ejercicio de destreza anal, tal la tibieza de la temperatura de la tienda, que ni siquiera nos molestábamos en limpiar la punta de la válvula antes y después de cada operación dispuestos como estábamos a compartir la mierda sin tapujos.
La primera ronda fue un éxito. La segunda también. Los menos iniciados consiguieron dominar en tan poco tiempo, la ductilidad de su esfínter de tal manera que su cavidad ventral recibía las descargas de aire con la familiaridad con que Montijo lo conseguía. En aquel momento mágico, de creación de una santa hermandad, supe por fin lo que pudo ser la amistad templaria en los bosques de hayedos centroeuropeos, donde en sus ríos no flotaban compresas.
Montijo sonrió con placer. Eramos sus mejores alumnos. Estaba satisfecho. Había jugado fuerte. Lo lógico hubiera sido que alguno de los presentes se retrayerá con cobardía y se negara a comulgar con su trasero la hostia común en forma de inflador de barca neumática. Orgulloso, enloquecido de soberbia, Montijo quiso acariciar aquella ceremonia de éxtasis anal y ventral con una proeza. Se colocó la válvula y me permitió, me ungió con los honores de sostener con mi mano aquel pitorro mágico. Tan cerca estaba de su agujero que los pelos que rodeaban su ano me hicieron cosquillas en el dorso de mi dedo gordo e índice. Una vez colocada en su sitio, a la exacta profundidad giró la cabeza y me dijo" pisa una vez" y el aire entró por su ventrículo con tanta facilidad que casi regresa para escaparse Lo evitó expulsando con los labios de su ano la válvula y casi mis uñas. "Pisa de nuevo" me ordenó. Nos miramos, dos cargas parecían excesivas, el inflador era nuevo, no tenía apenas fisuras y dos viajes de aire podían reventar al más osado, pero la firmeza de la voz de Montijo, me redujo a la más dócil y frágil esclavitud, y pisé de nuevo el inflador con energía. El aire entró con tal ímpetu que el estómago de Montijo se convirtió en un odre. Una pelota abdominal de grandes dimensiones. Montijo, y no exagero, tenía el aspecto de un hombre cuya barriga se había inflamado como la de una preñada. Al contrario que las mujeres, su estómago formaba un odre redondo, prieto como el de un balón de fútbol o de una sandía, se estaba convirtiendo en una península de piel inflada que parecía querer separarse de su cuerpo. Montijo derramaba lágrimas, pero aguantó el dolor y se colocó en el ábside con la intención de regalar nuestras pupilas con el mayor espectáculo sonoro producido por un ano. Esperamos con una mirada de entrega, arrobo y esperanza pero Montijo no podía gobernar su interior. Oímos su esfuerzo, sus estertores para poder sacar aire de su estómago. La presión había cerrado los conductos. Es como si al vaciarse la bañera el tapón se hubiera atascado en la tubería. Montijo comenzó a gritar tan fuerte que nos aterró. Creía que iba a reventar, pedía a Dios que le ayudara. Y por primera vez, advertimos el peligro que corría. O soltaba amarras por el ano o el aire acumulado podía generarle lesiones mortales en los intestinos. Pálido, lloroso. Montijo, salió de la tienda a pedir ayuda. Nadie sabía qué hacer. Lo veían hinchado y como era lógico, no se podía dar explicaciones, hubiera sido compartir el secreto de nuestra recién estrenada hermandad. Un animal quiso pincharle con el abrecorchos de una navaja suiza para que expulsara el aire de golpe. Salí corriendo, sendero arriba, para buscar a un médico. Mientras, Montijo bebía un vasito de agua para calmar el fuego de las entrañas. A los tres minutos de subida, oí un ruido cavernoso, tremendo, horripilante, era un rugido grave, seco y largo, que el valle recogió sin eco. Era un eructo gigante, el agua había abierto la tráquea y Dios sabe qué en el cuerpo de Montijo, y entonces se produjo el eructo más grande que había oído nunca. Oí aplausos y vivas a Montijo, palmadas en la espalda y suspiros de alivio. Unos segundos después, otro ruido, esta vez más sordo, más aflautado y mucho ,más largo se oyó. Como si alguien pisara un patito de plástico pero aumentado por mil. Era el pedo. El gran pedo. La madre de todos los cuescos conocidos. Era el pedo más animal y pantagruélico jamas oído. Montijo había sido capaz de expulsar por el ano, de una sola bocanada, el contenido completo de una carga y media de inflador. Su estómago se relajó como un globo desinflado y Montijo suspiró mientras un hilo de mierda le caía delgado por el interior de uno de sus muslos. El sufrimiento de Montijo lapidó nuestro secreto con sillares de prejuicios mutuos. Nadie reveló jamas cómo Montijo pudo recrear en mitad de un valle montañés, aislado de la civilización, el pedo más excelso de todos los tiempos. Todavía, cuando regreso a aquel valle para saborear las madalenas del recuerdo adolescente, me parece oír el ronco sonido de ese gran pedaco. Quizá es que el esfínter del fondo del valle, esté dosificando con periódicos ecos, el indigesto, misterioso y bronco milagro de Montijo.

Antonio Magán

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Autor: Irene

¿Ahora cómo sigo diciéndole a mis alumnos que el tema y no la forma de abordarlo es lo más importante?
Ganada por tu prosa, pero qué revolcón he tenido que sufrir para admitirlo...

Fecha: 22/02/2005 13:14.


gravatar.comAutor: Oz comprende

Sí, qué bonito y qué bien dicho, sí señor, lo comprendo perfectamente, porque he vivido algo así: en la mili hacíamos concursos de eructos. Lo ganó uno de Bujaraloz que, profesional él, se cascó una caña de un trago, tomo aire y soltó de un solo y claro regüeldo "Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, Oficina Principal..." Nos alucinamos al oirlo (por aquel entoces alucinar todavía era reflexivo). No fue fácil ganar, estuvo disputado; quedó segundo uno que soltó: "Albalate del Arzobispo, arre burro, mecagüen Cristo", que no es moco de pavo. Estas cosas unen mucho. ¿Las mujeres hacéis algo así, o basta con ir a mear juntas?

Fecha: 22/02/2005 13:18.


Autor: Thryss

un cordial saludo gatopardo.

Fecha: 22/02/2005 13:24.


Autor: Gatopardo

Si,Oz, hay que reconocer que las mujeres somos insípidas y lo escatólogico lo aplicamos casi exclusivamente hablando de los delicados procesos interiores de nuestra alma, que casi siempre confundimos con las veleidades que nos inspira el último inquilino de nuestra entrepierna.(Y observa lo fino que ha quedado el eufemismo "entrepierna")
La última juerga auténtica en una excursión fue cuando nos dedicamos a ponderar las mierdas que había a cien metros a la redonda y hubo acuerdo unánime con una que era algo más recogida que una ensaimada mallorquina, de color camuflaje y que iba adornada con unos cientos de moscas entusiastas. Y el misterio de quién de nosotros había podido dejarla ahí esa mañana: algo así como un rudo respeto impregnó las miradas y se hubiera dado la cantimplora por saber quién lo inspiraba... pero ganó la humildad y nadie dio un paso al frente.
Siempre me he arrepentido de no haber recogido aquel aplauso, que es el único que creo haber merecido en toda mi vida.

Fecha: 22/02/2005 16:29.


Autor: Odalys

Curioso que no he sentido asco pero me ha provocado muchas cosas sobre todo tensión y temor que el final de la historia fuera el de una muerte. Muy bueno Antonio!

Espero a ver qué dicen las mujeres, no recuerdo ningún "ritual" especial que nos permita sentir esa hermandad; salvo cuando de chica, con otra amiga pasábamos horas escribiendo poemas y dramatizádolos luego. Creo que me gustaría un día algo que fuera un baile pero en trance en medio de la noche.

Gato, eres mucho Gato. Besitos :))

Fecha: 22/02/2005 17:25.


Autor: Hermione

Sí bueno, un amigo nos hizo caer en la cuenta de que las mujeres tendíamos a hablar de La Regla como prueba de afinidad o algo de eso, sin reparar en la presencia de algún hombre.
Él nos consultó si queríamos oirle hablar de su primera eyaculación.

Y lo que dice Odalys, he pasado mucho miedo, ¡pánico! ;)

Fecha: 22/02/2005 21:39.


Autor: Juan Hano Cozido

ASUNTO: SYNCTRONH

Estimado Sr. Magán:
SYNCTRONH es un minúsculo dispositivo que aplicado al final del recto elimina el ruido por ensordecedor que éste sea, y transforma la ventosidad, a través de un filtro provisto con el perfume que use habitualmente, para transformarlo e una emanación de delicioso aroma.
Nuestros últimos experimentos, ha conseguido añadir a nuestro muestrario aromas de jazmín, violetas, azahar y chorizo de jabalí.
Tenemos gran variedad de modelos con escapes forzados, así como la última novedad para flatulencias caldosas con dispositivo secador de palominos.
Habiendo tenido noticias por nuestra agencia de información de que está en el epicentro del problema, nos dirigimos a Vd. para notificarle que en breve plazo visitará la zona uno de nuestros agentes para tomarle medida de su respetable ano. Por la módica suma de 250 euros, anexionaremos a su aparato un suplemento musical con arias de opera, zarzuela, mambos, boleros o bacalao, mediante el cual usted no detonará sino que tarareará la música de su preferencia y la de su familia; y por cincuenta euros más, le incorporaremos un contador automático.
Es condición indispensable que nuestro agente le encuentre para su trabajo en perfectas condiciones higiénicas.
Nos complace saludarle atentamente.
Juan Hano Cozido, Director Comercial

Fecha: 22/02/2005 22:09.


Autor: Alimaña (redactor jefe de)

Magán, te lo repito: escribes muy bien, pero te pierden los temas y las malas compañías. En dos artículos que he leído vas de Carmen Alborch a ese pájaro de Montijo. Disfruta de la vida, chaval. Cuando veas un libro de literatura "femenina" o te inviten a jugar al ajedrez en el campo, tápate las narices, pasa de puntillas y, sobre todo, NO FUERCES LA METÁFORA

Fecha: 22/02/2005 22:32.


Autor: Bohemia

Gatooooo!!!!
Pasa por el sitio de Oz, hay un re-poema :)))

Fecha: 22/02/2005 23:26.


gravatar.comAutor: EL PEDO DISPERSADOR

Fábula medio verdad y medio mentira
a los embozados Satireros
Del Traductor de la Xaira
féridos de la Advertencia,
murmuraban en un corro
siete sabios de la legua.
Cada qual se iba apropiando
una de las indirectas,
mui pagado de no estar
comprehendido en todas ellas.
Clamaba un Versiblanquista
contra el Traductor Poeta,
amenazándole hacer
pepitoria de sus piezas.

Fecha: 12/03/2005 22:45.


Autor: EL PEDO DISPERSADOR 2

Otro Prosador pedante
ponderaba en larga arenga
de todos los Prosadores
la atroz inaudita ofensa.
Un Anti-Epigramatista
de Musa baxa y ratera
en mil críticas pueriles
fulmina mil anathemas.
De un Traduccionero zote
atronaban las querellas,
concitando a la venganza
la chusma Traduccionera, Gritando un triste sectario
de la Frigidez Francesa:
«Juro hacer con laRaquel,
por ser Judía,una hoguera».
Del malhadado Linguet
otro peroró en defensa,
inspirado del furor
de cierta sybila renca.
Habló en fin una Alimaña,
de Sátiro facha y señas,
y dixo, medio rumiando:
«él me llevará otra vuelta,
Que para eso tengo yo
cosecha de desvergüenzas,
y aunque no letras, barberos
que desde Aragón afeitan».
Descubre Huerta a este tpo.
la ridícula asamblea
y ocúrresele un arbitrio
de burlarse y disolverla.
Arrímase poco a poco,
y quando ya estuvo cerca,
el ruin concilio
apestando,
un tronante pedo suelta.
Aturdidos del estruendo,
vuelven todos las cabezas,
y al verle más aturdidos,
se escabullen y dispersan.
Hácese público el caso,
y todo el mundo celebra
del Pedo Dispersador
la ridícula historieta.

Fecha: 12/03/2005 22:49.


Autor: Y 3

De suerte que aun los muchachos
gritan quando a alguno encuentran:
Allá va uno de los siete
en que se ha cagado Huerta.
Iguales chascos aguardan
los Necios de malalengua,
y el que ladra por detrás
que le caguen o le pean.

Fecha: 12/03/2005 22:50.


gravatar.comAutor: boris encina

el mejor eructo que e escuchado

Fecha: 07/07/2006 01:39.


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Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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