SUBLIME SECRETO

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Ramona sabía cómo ocurría, porque lo había visto en el cine, lo había leído en las novelas de Corín Tellado, se lo había contado su madre, sus tías, sus amigas. Y cuando Julián se puso de rodillas y la miró con el rostro transfigurado, su mente estaba preparada para la pregunta ritual: "¿Te quieres casar conmigo?". Y sin embargo fue infinitamente más profundo, más hermoso, y más sublime de lo que hubiera podido soñar:
-¿Quieres ser la madre de mis hijos?
Le vino a la cabeza aquellas frases de Ruth a Noemí, que había leído tantas veces, hasta quedar en el subsuelo de su alma como las de la suprema entrega: “...adondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada.” Y rompió a llorar ahogada por la emoción.
Los padres jugaron a ser sus hadas madrinas, y los preparativos de la boda, la compra del piso, cada mueble y cada adorno de la casa, el ajuar, el seguro a todo riesgo del hogar, el viaje de luna de miel, el banquete de bodas, el traje de novia y el de las damas de honor los tuvo como cómplices entusiastas de quien ellos llamaban dulcemente “nuestros hijos”, excluyendo las palabras teñidas de lejanía de nuera y yerno.
En el viaje de novios Julián preveía sus deseos, se adelantaba a sus cansancios para ofrecerle reposo, adivinaba un capricho para ofrecérselo, y cifraron en frases inaccesibles para el resto los momentos más tiernos, como aquel “Osita” que él le dijo al verla somnolienta y acurrucada en la guarida del edredón o aquél “Malo” que ella gimió extasiada... y que sepultaron aquellos nombres del Registro Civil impuestos por sus padres.
Los primeros tiempos crearon ritos y costumbres que por ser nuevos les dieron la sensación de ser únicos: como ella iba a trabajar como profesora de inglés una hora antes, preparaba el desayuno en una bandeja y se lo llevaba a la cama con un beso aromatizado de dentífrico; el fin de semana ella remoloneaba en la cama hasta que él aparecía con una taza de café instantáneo y le susurraba: “Osita, tendrás que cambiar de marido si quieres un desayuno como Dios manda.” Y le hacía reír, porque Malo era un desastre para las cosas más sencillas de la casa y, a pesar de ser ingeniero industrial, no comprendía el diagrama que indicaba qué fuego correspondía encender y era incapaz de llegar más allá de calentar el agua del café instantáneo en el microondas. Lograba inspirarle mayor ternura esa carencia que toda su destreza para arreglar el coche y cualquier electrodoméstico o el circuito informático que instaló para la calefacción y las luces de la casa.
El sábado solían comer en la casa de los padres de Malo, y “Mamá”, como le había exigido que la llamara, porque no había tenido hijas y consideraba que Osita lo era, contaba con ella como ayudante de cocina y le explicaba el secreto del relleno o de las especias que había que usar, y cómo adobar la carne o aderezar la ensalada, mientras Malo y papá miraban la televisión, con un aperitivo para matar la impaciencia. El domingo comían con los padres de ella, pero “madre”, como había pedido a Malo que la llamara, no soportaba a nadie en la cocina y allí no se estilaba el aperitivo porque estaba instituido no tomar nada entre horas, y Malo aceptaba la norma con buen humor porque les esperaba una comida con entrantes de mariscos y embutidos, entremeses, primer plato, segundo, ensalada y postre casero. "Padre" escogía el vino para cada plato y detallaba sus características, y su bouquet era objeto de análisis y de controversias.
Al cabo de dos meses, “mamá” le pidió que se sentara mientras ella hacía la mahonesa:
-Estando con la regla se cortaría si la hicieras tú, Osita –le dijo.
-¿Pero cómo puedes saberlo? – y se miró por si llevara manchado su pantalón.
-Malo siempre me avisa para que no nos hagamos ilusiones.
Y Osita sintió cuánto amor le esperaba a sus hijos cuando nacieran. Querían tener por lo menos cuatro, porque los dos eran hijos únicos.
El domingo, cuando preparaba la bandeja con las tazas para el café en la cocina, le comentó halagada a su madre que Malo avisaba a sus padres cuando le bajaba la regla. Madre la dejó de una pieza:
-Claro, es normal, a nosotros también nos lo dice. Como eres tan reservada... pero deberías ser tú quien nos lo dijera.
Y al cabo de los meses, Osita empezó a temer como un fracaso la aparición de aquella sangre. Era como si su naturaleza se empeñara en defraudar las esperanzas de continuidad de sus padres, de sus suegros, de Malo y, a escondidas, buscó explicaciones sobre los problemas de fertilidad. Ingenuamente había creído que hacer el amor era la única condición para tener hijos, y empezó a caer en la cuenta de la cantidad de matrimonios que no podían tenerlos, los problemas ginecológicos, anatómicos que podían amenazar la fertilidad. No podía comentarlo con Malo, y se creó la primera zona minada en la comunicación entre los dos.
Al cabo de siete meses, dormitaban después de cenar sentados en el sofá cuando de golpe y porrazo, en la televisión anunciaron “Yerma” y a los diez minutos de empezar, sin poderlo evitar, se rompió el dique y el llanto surgió como un ronco alarido interminable.
Malo apagó la televisión y la abrazó como si quisiera fundirla con él, que tampoco pudo evitar las lágrimas. Y hablaron entre sollozos de ese drama que habían soterrado como un fango que todo lo impregnaba. Supo que él se había hecho análisis de semen y que el problema era de ella con toda seguridad, y se aterrorizó ante la perspectiva de que un estudio médico diera el finiquito a sus ilusiones, pero pensó que era su deber saber qué le impedía ser madre.
Y durante dos meses cumplió todos los protocolos que impuso su ginecólogo: se tomó la temperatura cada día mañana y noche y la apuntó en una gráfica, se sometió a ecografías, a resonancia magnética, a exploraciones. Y aquel jueves, a las seis, con un nudo en el estómago, llegó con él para recoger los resultados del estudio, porque se sentía incapaz de asumir sola el diagnóstico.
El médico estudió en silencio cada informe y cada análisis con el ceño fruncido. Tras un tiempo que se les hizo angustioso, al fin dijo:
-No hay ningún problema para que no tengáis una docena de hijos, salvo la ansiedad por tenerlos. Relájate, y deja que la naturaleza siga su curso, que es muy sabia y bastante previsible.
Fueron paseando hasta casa, entrelazados con el brazo por la cintura como cuando eran novios, exhaustos por los presagios que les habían atenazado, notaron que respiraban hondo sin sentir ese ahogo, ese peso como una pelota de angustia. Y se durmieron abrazados como dos criaturas felices que no tuvieran pasado.
Dos meses después, no se atrevió a pensar que estaba embarazada y creyó que sería un retraso. Esperó diez días para hacer en secreto el test que compró en la farmacia. Cuando vio que el resultado era positivo, siguió dudando. Esperó diez días más y volvió a hacerlo, pero entre tanto notó que sus pezones tenían una sensibilidad nueva, entre picor y escozor, que su paladar y su olfato detectaban olores y sabores que le repugnaban, y que tenía una somnolencia que dejaba el exterior en una especie de nube. Y cuando volvió a ver el resultado positivo salió corriendo del baño donde se había encerrado para no dejar que Malo sufriera la decepción con ella y se lanzó a sus brazos sin poder articular una palabra.
-¿Qué pasa, Osita?
Y ella lo llevó de la mano hasta el milagroso resultado y le dio el prospecto con las instrucciones para que lo comprobara. Y Malo se quedó ahí parado, estupefacto, pálido como un muerto, aterrado por el misterio cósmico que representaba esa manchita de color en un recipiente. Le dio igual que fuera en un baño diminuto de un piso de sesenta metros cuadrados: se arrodilló y dijo “¡Gracias, Dios mío!” con los ojos nublados por las lágrimas.
Invitaron a los padres de ella y de él para comunicarles la noticia a la vez, y mientras preparaba la cena, Malo se inquietaba por sus idas y venidas, y el tiempo que estaba de pie:
-¿No sería mejor que descansaras, Osita? -le preguntó cien veces. Y ella lo tranquilizaba:
-No, Malo, nunca me he sentido mejor.
Nada más llegar los padres, supieron que había gran noticia, pero fingieron sorpresa, dieron todos los alaridos de alegría que se esperaba y aconsejaron todas las precauciones que había que tomar para el embarazo. Y Osita se esponjó de dicha abrazada a sus "dos madres", formando parte de la universal conjura de las mujeres fértiles.
Cuando Ramona y Julián se fueron a la cocina para traer la cena, se perdieron la escena de las consuegras que reprimían las carcajadas y la expresión malévola que acompañó la frase:
Ahora se van a enterar estos de lo que es bueno y lo que dura el amor!
-Pronto se les habrá acabado esa cursilería...
-¡Ay, sí, no veo el momento, ya me cuesta aguantar la dentera que me da tanta miel!

Y sus maridos asentían hastiados ante esa necesidad de verbalizar lo obvio que aqueja a las mujeres.

Gatopardo 

10/04/2005 10:46. enlace permanente. RELATOS

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Autor: Antonio

Echad un vistazo y que se adhiera quien lo desee:

http://culturalibre.org/

Fecha: 10/04/2005 11:44.


Autor: Gatopardo

Antonio firmo, pero no me queda claro una cosa:¿Eso significará que el músico, el escritor, el investigador ha de renunciar al 10% sobre el precio de venta de su producto, que dejarán de llevarse el 60% los distribuidores o que los editores no se quedarán con el 30% restante?

Fecha: 10/04/2005 11:55.


Autor: Trini

Estupendo post, Gato y real, real, como la vida misma. Los hijos acaban con la miel y las tonterias.
Yo cuando me casé mientras hacia las labores cantaba, me encanta cantar a viva voz y no lo hago mal del todo, la madre de mi vecina por la ventana me escuchaba y yo la oía murmurar, "ya se le acabará las ganas de cante cuando tenga niños" Y así fue, no porque yo perdiera mis ganas y mis alegrías sino, para que la niña no se despertase y me diera l amurga arrrgggg.

Saludos y besos.

PD:recibiste mi e-mail??sobre la puntuación???

Fecha: 10/04/2005 12:37.


Autor: El Pendón Volteriano

Trini querida, los primeros que agradecieron su silencio abnegado y maternal seguro que fue su vecina, la madre de su vecina, el marido de su vecina y los cachoros de su vecina, si los había. Me ha descubierto una ventaja de la función procreadora en la que no había pensado. Agradecidísimo

Fecha: 10/04/2005 14:59.


Autor: El Pendón Volteriano

Gatopardo: No cargues las tintas estilísticas. No es necesario recurrir a atrocidades léxicas como "osita" o "malo" para advertir el coma cerebral irreversible en que caen los enamorados. Por otra parte te regaría que diferenciaras las tres fases canónicas:celo, cortejo y apareamiento. Gracias mil

Fecha: 10/04/2005 15:07.


Autor: Antonio

Quizá signifique que en el futuro existirá un nuevo medio de distribución de la cultura, que sería internet, donde el concepto de editor y distribuidor variaría.

Fecha: 10/04/2005 15:07.


Autor: Hermione

¿En tu casa o en la...? ¿Dónde me explicáis cómo se hace para difundir la cultura gratis y que los autores puedan dedicarse a vivir de crear? (no leo ni se me ocurren ideas)

Fecha: 11/04/2005 03:04.


Autor: Gatopardo

Para hablar del tema cultura libre y gratuita con vistas al mar, en http://www.tierradeunicornios.net/foro/viewtopic.php?p=311#311
FORO TIERRA DE UNICORNIOS
Venid almorzados y con ganas de bronca.

Fecha: 11/04/2005 10:25.


gravatar.comAutor: Nere

Menos mal que al final la parejita tendrá niños, creí que serían así toda su vida. Tengo que reconocer que no soy nada romántica, aunque a veces el sentiiento aflora y eso no lo considero desagradable, pero esto ya era demasiado...

Por cierto, este post me ha recordado que ya es hora de que tenga una conversación a cerca de asuntos culinarios con otro ingeniero industrial :)

Un Beso

Fecha: 11/04/2005 12:44.


Autor: Augusto R.

No entiendo por qué razón han incluido en este post, sin autorización ninguna de mi parte, una foto en la que aparecemos mi familia y yo. Se trata de una intolerable intromisión en nuestra privacidad y tendrán que hacerse cargo de la querella correspondiente. Están avisados.

Fecha: 11/04/2005 13:34.


Autor: Gatopardo

D. Augusto R, doña Leonarda y usted, cuando eran jóvenes los puse en Reivindicación de la zarzuela, en aquella ocasión que el primo Vito llegó dándoles una sorpresa, se volviero locos de alegría, y acabaron con todo el chianti de la tienda... El último no fue un fallo del Ogino como usted se empeñan en creer, sino de aquella farra, según me contó su santa esposa, que espera que vuelva al dulce yugo de su hogar y deje esa vida disipada que lleva usted.

Fecha: 11/04/2005 13:51.


Autor: Trini

Querido Pendón volteriano acaba de aparecer, en un estado de enojo rayando la agresividad, mi vecina en mi casa, quejandose del escandalo de mis carcajadas, he tenido que pedir mil perdones en nombre mio y en el de usted por hacerme reir así de ruidosamente.

Hola Gato, perdona pero como no sé la dirección de Pendón Volteriano te dejo encargada de que le pases el recado.
Muchos besos y en verdad me he hartado"jartado" como se dice aquí de reir.
Besos a todos

Fecha: 11/04/2005 14:44.


Autor: El Pendón Volteriano

Bellísima Triní: A sus pies y beso a usted la mano (si no me canta ni me dice aquello de "muy alto besas, villano")

Fecha: 11/04/2005 15:56.


Autor: El Pendón Volteriano

Perdón,¿Este Antonio es familia de un tal Don Javier de los Peces? Es que soy aficionado a la genealogía y a estudiar perfiles psicopatológicos.

Fecha: 11/04/2005 15:59.


Autor: cyranobix

Pido disculpas a la fauna. Faltaba yo. Y me atrevo a decir, que eso le pasa a la Osita y Malo por no haber aprendido y practicado el método del doctor Bealling, que es australiano por más señas. ¡La de disgustos que se habrían ahorrado!.
Me he divertido y he disfrutado leyendo.
Un beso.

Fecha: 11/04/2005 18:13.


Autor: mendo

A un panal de rica miel
cien mil moscas acudieron
que por capullas murieron
vomitando hasta la hiel.

Fecha: 11/04/2005 20:02.


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Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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