Facebook Twitter Google +1     Admin


LA NATURALEZA ENTONCES Y AHORA

montaje.jpgAUTOR: ANDRÉS CLAVERÍA

A medida que fui creciendo en estatura y edad creció mi contacto inseparable con la naturaleza. Desde mi más tierna infancia, el medio rural fue mi ambiente y por ello me siento identificado con él, y lo que para otros chicos pudo ser misterioso para mi fue simplemente una vida rutinaria.
Una pequeña aldea de campesinos, una escuela mixta, regentada por una anciana maestra, y una iglesia pequeña era todo lo destacable de aquel maravilloso lugar donde crecí a la par que una docena de chiquillos, que constituíamos una aviesa grey juvenil en aquel lugar que motiva mis recuerdos hasta la edad de once años.
En aquellos tiempos no había nido de pájaros que no supiéramos ubicar ni pájaro que resistiera nuestras artes de caza, hasta los pícaros gorriones eran presas de nuestros cepos, y así calmábamos el hambre de carne, que no abundaba en las despensas.
Sabíamos en que fechas maduraban los frutos de los muchos árboles que había en las huertas, y a su debido tiempo recibían nuestra visita, incluso los latoneros que producen unos diminutos frutos de muy escasa pulpa: seguíamos su proceso de maduración con auténtico interés, ya que al comerlos quedaba en nuestro poder un esférico hueso que, lanzados con canutos de caña transformados en cerbatanas, eran el tormento de las mozas.
En el verano, muchos días, antes de entrar en la escuela, nos resultaba fácil ponernos de acuerdo para la primera zambullida en las frías aguas de la acequia. El taparrabos era siempre el mismo, el que nos dieron al nacer: ese baño resultaba un tanto precipitado, el tiempo nos resultaba escaso, únicamente después de comer, sin observar ninguna precaución por los posibles cortes de digestión y, luego, repetíamos el baño de forma mas sosegada.
Nuestras indumentarias no diferían gran cosa del verano al invierno: la diferencia estaba en el número de prendas, pero el principal tejido era la pana, la confección de las prendas la hacia el sastre con generosa holgura y las calculaba para que nos viniera dos años grandes, dos años bien, y dos años cortas.
A mi edad en aquellos parajes todos sabíamos aparejar un mulo y montarlo con destreza, éramos tambien los encargados del cuidado del conejar, en toda las labores, incluido en el momento oportuno el juntar el macho con las hembras, y de ahí, con facilidad, deducíamos los misterios de la reproducción, incluyendo el del genero humano. De educación sexual tardé muchos años en oír hablar, hasta que al final me dijeron lo que ya sabia.
Las familias por lo general eran numerosas y las vicisitudes, por ser generales parecían normales: el autoabastecimiento era un logro que siempre se alcanzaba, ya que si se veía que el invierno pintaba mal se molía un saco más de maíz y se aumentaban las raciones de farinetas. Se criaban cerdos en la explotación familiar pero el jamón era un producto de desconocido sabor para las gentes humildes, en cambio los productos del mondongo se consumían con gran fruición.
El pan se amasaba en casa y siempre oí decir que el pan casero cundía mucho y, naturalmente, así era: al cuarto día de su elaboración llegaba a la mesa entre correoso y duro, y de ahí en adelante estaba en las más optimas condiciones para hacer sopas, que se aliñaban con ajo, ese gran condimento que los pobres consumíamos en abundancia.
A pesar de cuanto antecede, mentiría si dijera que se pasaba hambre: aún quedaban los frutos de la época, en especial las patatas, los tomates, y toda clase hortalizas y frutas diversas, que en aquella zona abundaban muchisimo
En síntesis, estos fueron los años de mi niñez, de mi adolescencia y de mi mayoría de edad. Y en ese largo caminar a través del tiempo es donde he podido percibir -o más bien constatar- el gran deterioro que ha sufrido el medio ambiente y para intentar explicarlo he echado mano de lejanos recuerdos, que podemos decir son la cara y la cruz de aquella época: la industrialización y todo aquello que llamamos progreso son los motivos que nos hacen pagar los tributos de una vida mejor o al menos más justa y más equitativa en el reparto de la riqueza.
Con excesiva frecuencia medio mundo se atribuye el papel crítico de la vida, demoliendo en su labor todo lo realizado. La otra mitad tiene otro concepto que se dice es más egoísta o conservador, porque pretende a la vez acrecentar lo que posee patrimonialmente, bien como fruto de sus esfuerzos e iniciativas o bien por haber heredado los frutos de sus antepasados.
Todo puede ser justo si se hace o se ha hecho, dentro de las reglas que se establecen al efecto, y en el caso que nos ocupa sin deteriorar el medio ambiente, de lo que tanto hacemos gala actualmente por ser patrimonio de toda la humanidad. Bien es sabido que ahora ya todos somos contaminadores en mayor o menor grado, y que nadie aceptaría rechazar lo que el progreso ha puesto a nuestro alcance, y que constituye un paraíso en nuestra sociedad de consumidores.
Seria ingenuo ignorar la gran revolución industrial habida en nuestro planeta, y tambien seria ingenuo no atribuirle gran parte de los efectos de la contaminación y deterioro del medio ambiente. Nunca fue un buen relaciones públicas una chimenea echando humo, ni una industria contaminando un río, ni tampoco una granja porcina con sus pestilentes olores, ni otras muchas actividades y jamas nos perdonará la historia por haber esquilmado los mares y los ríos, y haber acabado con muchas especies en la tierra, que contribuían en estrecha simbiosis al mantenimiento ecológico de nuestro mundo: hay que reconocer que el genero humano es el principal depredador de este planeta, y que con gran eficacia contribuye a hacer mas incierto su propio destino.
Hoy día, con los medios mecánicos y científicos de que dispone, unas veces por obtener el máximo de rentabilidad en la actividad que ejerce y otras como deporte o esparcimiento, resulta incompatible la actividad humana con el medio ambiente y se hace sumamente difícil compaginar y armonizar los insoslayables mandatos de la naturaleza.
Ya está demostrado que si a escala internacional no se adoptan las correspondientes medidas protectoras en pocos años habrán desaparecido de nuestro planeta muchas especies, especialmente los grandes mamíferos, tanto marinos como terrestres, mientras que, por el contrario, se manifiesta nuestra incapacidad para enfrentarnos a diminutos insectos como pulgones y arácnidos y aún más difícil nos resulta enfrentarnos contra los microscópicos virus y bacterias, que ponen en jaque nuestra salud, nuestra vida y nuestra sociedad.
Como conclusión me atrevo a decir, que la ciencia ha mejorado al hombre y que el hombre, en justa correspondencia, seguirá mejorando la ciencia, y en ese reciproco desarrollo está escondido en el incierto futuro, las mayores venturas y los mas graves peligros de la humanidad.

Comentarios > Ir a formulario



gravatar.comAutor: alberto (sombra digital)

Leido tu post, añoranzas de mi infancia me ha traído. Si bien me crié en ambiente urbano de pequeña cidad gallega, la familia de mi padre eran pastores en la Mancha, y la de mi madre encargados de una granja en un pequeño pueblo da Castilla (La Vieja de entonces, Leonada de ahora). Aprendí de mis primos joyas de sabiduría rural (o medioambiental que ahora prima). Ha sido en parte por ello por lo que ahora prefiero vivir en el campo, me desplazo al trabajo y asumo el deporte de fin de semana (empujar carrito en centro comercial), pero me encanta que por las ventanas sólo vea monte.

Fecha: 15/05/2005 23:05.


Autor: Gatopardo

En temas, he puesto Andrés Clavería con la esperanza de que escriba más colaboraciones, cuando su huerto y sus muchas ocupaciones de labrador jubilado, que no sabe estar sentado, le permitan revisar los cientos de papeles escritos por él en sus pocos ratos libres a lo largo de su vida. Anteriormente escribió aquí un poema jocoso sobre su pasada adicción al tabaco titulado "Nicotina". Yo espero que me deje publicar también uno que hizo sobre su aprendizaje en informática, que resume mis propios devaneos con esta extraña ciencia.
Gracias, Andrés por ser mi amigo.

Fecha: 16/05/2005 11:49.


Añadir un comentario



No será mostrado.







Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

Temas

Archivos

Enlaces

Bitacoras.com

TOP Bitacoras.com para México


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris