MI AMIGA GATOPARDO

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Gatopardo es ese tipo de amiga que, cuando se interesa por tu salud, te pone al corriente de sus achaques desde el sarampión, antes de que contestes, y si llegas pensando en su reacción ante el regalo que le llevas, te equivocarás porque nadie puede prever que vaya a relatarte cuánto le gustaron los regalos que recibió, desde aquel sonajero que tuvo en la cuna hasta el cuadro con la orla de su graduación, y pueda olvidar indefectiblemente mencionar qué le parece el que le haces en ese momento.
Oyéndola llego a la conclusión de que sólo conozco gandules que no trabajan veinticuatro horas como ella, que ha logrado convencerme de que me está escribiendo una carta desde hace veinte años, que servirá como contestación a la que le mandé el mes pasado.
Yo creo que su percepción de la cortesía elemental no se basa en el calendario sino en su convicción de que si lo pensó es que lo hizo, como aquellos ingenuos salvajes que mataban un ciervo en sueños y se despertaban creyendo tenerlo en la despensa, listo para dejarse almorzar. Pero que yo sepa cuando descubrían que no estaba, no juraban haberlo descuartizado. Gatopardo está convencida de haber correspondido y trata de llevarte a ese punto en el que pides cita con el neurólogo para que te diagnostique el Alzheimer.
Gatopardo, como cualquiera puede maliciarse, es abogado de cualquier causa perdida de antemano, por vocación. Algunos han asegurado que tiene una secreta perversión que le hace llegar al orgasmo recitando la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, pero siempre lo dicen los despechados, si bien es verdad que no se le conoce otros, aunque la he oído hablar apasionadamente de un tal Aranzadi, pero no me lo ha presentado.
Suele hacer incisos inextricables en los que las personas de las que habla se enredan como cerezas sin orden cronológico y algunas aparecen tras medio siglo de ausencia por la magia de su lógica.A Gatopardo no es que le falle la memoria inmediata, es que cualquier cosa que ocurra en el presente la retrotrae a tiempos pretéritos, adonde campan sus queridos difuntos.
Y no es porque no quiera a sus amigos, es que su cariño necesita de un proceso de maduración similar al del queso Rochefort, sepultado durante años en una oquedad adonde no llega la luz, hasta lograr ese punto exquisito de putrefacción que lo identifica.
Con ella siempre tengo la sensación de que cuando se deja llevar por la emotividad conmigo, es porque me imagina de cuerpo presente, y sus frases de cariño tienen el perfume sutil de inscripciones funerarias.
Gatopardo y yo somos amigos desde hace más de veinticinco años porque cuando yo me muera sé que será la única que hablará de mí a todo el mundo, venga o no venga a cuento.

GODOFREDO DE BOUILLON

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gravatar.comAutor: Rubén A C

De los mejores prólogos que leído la verdad.

El orgullo de la amistad, habrá de ser para sendos protagonistas de tu post todo un motivo de celebración.

Enseñoreadas palabras, que alcanzaron parte profunda en mi ser. Sí señor, bravo.

Cuídate mucho.

Saludos a tod@s.

Fecha: 30/05/2005 22:50.


Autor: Trini

Pues ya te vale. Pedazo de amiga que tienes Godofredo , tú sí que eres un tipo con suerte.

Besos a los dos

Fecha: 31/05/2005 20:19.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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