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OIGO VOCES

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      Las primeras veces que Cosme vino de madrugada a mi cama, simplemente lo abracé y durmió conmigo.
     Cuando empecé a salir del estupor que me produjo la muerte de mi marido no pude pasar por alto el comportamiento de mi hijo, que a los tres años era un niño alegre y mimoso, y no parecía haberse dado cuenta de lo que significaba la muerte de su padre.
      —Papá está en el cielole había explicado.
      ¿Está trabajando en el cielo?
      El hijo de un camionero no tiene costumbre de ver a su padre a diario y para él la muerte supongo que equivalía a uno de sus largos viajes internacionales.
      Después de hablarlo con su pediatra, decidí investigar porqué se venía a mi cama de madrugada.
      Oigo voces… El papá grita…
      Lo abracé y con un nudo de angustia en el pecho empecé a rezar automáticamente. Esa tarde me acerqué a la Parroquia y le pedí al Padre Andrés, el amigo del alma de Antonio desde la infancia, que le dijera unas misas.
     —Rezo por él todos los días… y rezo también por Cosme y por ti: me lo encargó Antonio.
     — ¿Antonio...cuándo...?

      —El mismo día de vuestra boda, Antonio me pidió que rezara por vosotros, y cuando nació Cosme me dijo que ahora tenía que rezar por los tres. Eso viene de cuando éramos críos y nos distribuíamos los quehaceres: el se encargaba de preparar las cañas, los anzuelo y los cebos, y yo rezaba para que nos dejaran ir a pescar el domingo; él iba a buscar morera para los gusanos de seda y yo rezaba para que no le acertaran con un tiro de sal… Antonio era el valiente de los dos...
      —He estado tan encerrada en mi dolor que no he pensado que tú también lo echarías de menos… Aunque supongo que ser sacerdote te ayudará…
      —Ay, Carmen, a veces creo que mi fe sólo me salva de acudir al médico para que me atonte con algún medicamento cuando estoy a punto de romperme… Yo he perdido a mi mejor amigo, tú has perdido a tu marido y al padre de tu hijo, y no resulta fácil comprender por qué…
     Todo el mundo parecía querer que cambiara de conversación cuando decía que echaba de menos a Antonio y me sentí reconfortada por su sinceridad, me sentí comprendida al fin, y pude hablar libremente.
      —Echo de menos a Antonio, no siempre, no a todas horas, pero a veces estoy ensimismada dando un paseo, veo un paisaje, oigo el canto de un pájaro o escucho una canción, cualquier cosa así, y de pronto se desploma sobre mí la congoja, porque Antonio no está ahí viendo y escuchando… y no estará nunca más…
      —No tengas miedo de vivir el dolor; no lo rehuyas, la única forma de salir a flote es llegar hasta el fondo…

      —El hecho de poder hablar contigo me consuela… pero cuando me dicen que piense en otra cosa, que la vida sigue… me indigno, porque pienso que sería una cobardía no sentir este dolor por él…
      Asintió y me abrazó con ternura. Luego me hizo mirarlo a los ojos:
      —¿Me vas a contar qué es lo que qué te angustia? Hay algo más que no me has dicho ¿verdad?
      —Seguramente será una tontería… Cosme se está despertando de madrugada y se viene a mi cama desde poco después de la muerte de Antonio… Es tan pequeño que no creí que se diera cuenta de nada, pero hoy le he preguntado que por qué se despierta… dice que papá grita… Me dijeron que Antonio murió en el acto, que ni se daría cuenta… pero no lo sé… o tal vez esté sufriendo donde está ahora y sólo su hijo lo oye… Quizás sólo puede comunicarse con el niño…

      —¿No será más bien una manifestación de angustia del pequeñajo, que echa de menos a su padre? ¿Te pregunta alguna vez?
      —No, y es tan entusiasta y tan vital todo el día que no se me había ocurrido… pero me lo ha dicho como diría que llueve o que el agua del baño quema… y, sin embargo, he sentido un escalofrío.

     Pareció quedarse ensimismado un momento y sin mirarme me preguntó:
      —¿Quieres que velemos el sueño de tu hijo rezando? Si Antonio… si algo nos quiere decir…
      —Ven a cenar con nosotros cuando quieras, y cuando Cosme se vaya a la cama, y se quede dormido…

      — Esta noche mismo, pero no hace falta que me prepares… prefiero no cenar…
      Cuando Andrés llegó a casa, Cosme remoloneaba con la cena y jugaba con el pan, con el cubierto, con su pie… dispuesto a eternizarse en la mesa. Se saludaron con un “¡Hola, machote!” como siempre, y Andrés le hizo comer y reír a carcajadas. Yo tenía un nudo en el estómago. Acosté a Cosme en su camita y mientras preparaba un café, oía a Andrés contándole un cuento…
      —Se ha dormido antes de que la princesa pudiera bajar del árbol…
      —¿Le estabas contando el cuento del tigre cariñoso que asustaba a la princesa?
      —Si… una noche que vine a cenar, oí que Antonio se lo contaba… y como también se durmió antes de terminar…la verdad es que no sé como acaba…

      —Acaba con el tigre cariñoso diciéndole a la princesa miedosa: “Si prefieres hacerle caso al miedo nunca sabrás lo cariñoso que puede ser un tigre feroz.” Lo inventó Antonio y no sé por qué a Cosme es el que más le gusta.
      Después de tomarnos el café nos llevamos al dormitorio de Cosme dos sillas y unas velas de ánimas. Para no despertarlo rezábamos en silencio. Andrés parecía no vernos, y apenas cambió de postura, concentrado en sus oraciones que musitaba apenas. A la luz de las velas parpadeantes su rostro era el de una estatua hecha de sombras, y conforme pasaban las horas dejé de dirigir mis oraciones a Dios para rogarle a Antonio que nos dijera qué necesitaba, cómo podíamos ayudarle…
      Era cerca de las dos de la mañana cuando se oyó un alarido que parecía provenir del centro mismo de la habitación de Cosme:
      —¡Estas no son horas de llegar a casa!decía una voz de hombre.
      —¡Papá, ya está bien, tengo veinte años!…
      —Como si tuvieras cuarenta, soy tu padre y en mi casa yo digo...
      —¡Todas las noches lo mismo, papá!

      Mi hijo se despertó y, dijo:
      —El papá grita…
      —Son los vecinos, hijo… son los vecinos… estos pisos tienen tabiques de papel…
      Andrés y yo nos miramos estupefactos y al cabo de unos segundos, rompimos a reír a carcajadas, llorábamos de risa, hipando hasta dolernos el estómago, por primera vez en muchos meses...
      Y en el silencio de la noche, acompañando nuestras risas, escuchamos nítidamente las contagiosísimas carcajadas de Antonio, y su hermosa risa irrefrenable, jubilosa, acompañando las nuestras, nos inundó de paz.

Gatopardo

30/08/2005 17:48. enlace permanente. RELATOS

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Autor: Trini

No hay que rebuscar tan a fondo para entender a los niños, ellos son más simples que nuestros retorcidos pensamientos verdad?

Gracias por tus palabras Gata, he puesto tu precioso y apreciado comentario tambien en Blogia espero no te moleste. Gracias tambien por el enlace nuevo.

Un fuerte abrazo amiga

Fecha: 30/08/2005 12:14.


gravatar.comAutor: Javier Auserd

Hay que ver el buen rendimiento que le sacas al artículo "el". Buen relato.
Saludos.
Dinosaurio.

Fecha: 30/08/2005 14:50.


Autor: Gatopardo

Trini: gracias las que tú tienes y no sólo no me molesta, es que me siento halagadísima.
Dinosaurio, que no, que no, que no era así, porque vamos a ver, ¿a eso le llamas tú ponerte en plan cañero? ¿Y cuando te pongas amable qué harás, llegar como Caperucita Roja con un bote de miel para esta abuela?

Fecha: 30/08/2005 15:23.


gravatar.comAutor: Nere

Gato, hoy he hecho una "paradita" en medio de tanta inactividad, y como tenía internet a mano (por primera vez en mucho tiempo), decidí pasar por aquí y "recordar" la sensación que despiertan tus historias.
Efectivamente sigue siendo difícil de explicar...

Un beso.

Fecha: 30/08/2005 17:00.


Autor: Entre Líneas

Simpático relato ... y muy sacramental. Como los autos. Amén. Un saludo .

Fecha: 30/08/2005 18:40.


gravatar.comAutor: Javier Auserd

Ay, gata-abuela, ¿y quién te ha dicho a ti que hay que ir por la vida en plan cañero o que yo quiero ir por ella en ese plan?
No, mona, no. Emite cualquier porquería de relato y entonces hablamos. Pero nunca "en plan cañero". No es mi estilo.
Mieles y abrazos.
Dinosaurio.

Fecha: 30/08/2005 19:03.


Autor: gata-abuela

¡Qué manera de frustrarme, Dinosaurio!

Fecha: 30/08/2005 19:36.


Autor: marcarlop

Me encantan estos relatos tuyos llenos de suspense hasta el final.
Por cierto, ultimamente con protagonistas curas, ¿verdad que dan mucho juego?

Fecha: 31/08/2005 04:03.


gravatar.comAutor: nevenka

me gusta el suspenso que le pones a lo que escribes, buen relato, te deja encapsulado para no salir de tu blog hasta el final...

Fecha: 31/08/2005 05:22.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

Lamento mucho frustrarte, gata. Pero como me extraña que te frustres por tan poco, por lo que tengo que deducir que me estás vacilando.
No me importa.
No soy una hermanita de la caridad ni un neohippie, pero tampoco soy un "cañero sin causa".
¿Por qué te empeñas en ir de "mala" cuando eres un pedazo de pan?
Yo creo que debe ser porque eres joven, porque con la edad se descubre que el chaleco antibalas pesa demasiado.
Saludos,
Dinosaurio.

Fecha: 31/08/2005 10:54.


gravatar.comAutor: muralla

No haría falta decirlo, pero lo hago: me gustó mucho...
Bicos. Muralla

Fecha: 01/09/2005 09:14.


gravatar.comAutor: cyránobix

Cojonudo. El relato me remite a otro contado hace años por un amigo y que nunca llegó a escribir.
Besos.

Fecha: 04/09/2005 12:32.


gravatar.comAutor: amaltea

¡Qué bonito!
Gracias por hacerme disfrutar un rato.
¡Cuanto echamos de menos a veces a las personas y no tenemos con quien compartir esa sensación!
La figura del niño aporta mucha frescura al texto.
Gracias otra vez por regalarme este cuento.

Fecha: 10/11/2005 14:00.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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