LA MUÑECA

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La muñeca se llamaba “Pepita”, tenía el pelo ralo de crepé, la cara de celuloide, y una expresión maligna de bisoja. Cada estación del año tenía un vestuario diferente, asunto que mi tía Anita tomaba muy a pecho desde hacía medio siglo. Sentada en una mecedora, Pepita producía escalofríos en los pocos críos que visitábamos el comedor “de respeto” en el que jamás comió nadie.
-Cuando me muera quiero que entierren a Pepita conmigo -decía mi tía Anita con una sonrisa tan escalofriante como su muñeca.
Un día, el pelo de crepé creó una fauna blancuzca y mi tía Anita hubo de dejar calva a su muñeca, y a partir de entonces llevó gorros de ganchillo. Con el tiempo uno de sus párpados se quedaba entrecerrado, y empezó a tener la misma expresión ladina y artera que solía poner mi tía Anita cuando soltaba una de sus frases:
-¡Quien tiene hijos e hijas más vale que hable de pollos y de gallinas!
Porque mi tía Anita no había tenido hijos, y dada su falta de información, tejió historias inverosímiles con las que me aterraba cuando yo tenía diez años.
-Tuve cinco abortos- contaba- y cuando salieron yo los vi como buscaban la teta para mamar...
-¿De cuantos meses estabas embarazada?
-De dos meses: pero menos los ojos, que los tenían vacíos, estaban completos, igual que un recién nacido, pero así de grande- y con el índice y el pulgar medía tres centímetros- La comadrona me dijo que si encontrara un biberón para el tamaño de su boca, los podría criar, pero se quedarían sin ojos. No encontramos biberón para ninguno...
-¿Y no los podías alimentar con una jeringuilla como a los gatetes?...
-¿Y qué iba yo a hacer con un hijo tuerto y ciego?

Otras veces, señalaba con la barbilla la foto de su marido y decía:
-Bien que me la jugó: no me dijo hasta después de casarme que lo habían operado de un tumor en sus partes y no podía tener hijos...
-¿No decías que habías tenido cinco embarazos?
-Por eso abortaba, porque para que nazca una criatura hace falta el padre y la madre: y Antonio no podía... por eso salían hueros.
Y me contaba nuevos detalles de los fetos, en donde siempre permanecían las cuencas de los ojos vacías y su angustiosa búsqueda de teta:
- Tardaron en morir... hubo uno que lo tuve en la cunica del niño Jesús tres días, y cada vez que lo miraba lo veía torciendo el morrete buscando teta.
Yo se lo contaba a mi madre, que decía indignada:
-¡Pero si no ha estado en la vida preñada! ¡Será retorcida!
Luego, víctima de alguna misteriosa perversión, era yo la que pedía que me diera más detalles.
-¿Tuviste alguna nena entre los abortos?
-Tuve unas gemelas: rubias, con tirabuzones, preciosas... - y su mirada se volvía glauca por la emoción- y tenían los ojos azules, azules...
-¿Las nenas no tenían vacíos los ojos como los nenes?
-No, ellas tenían ojos; pero en la nuca, entre el pelo, y claro... con la vida que les esperaba con esa monstruosidad...
Hubo veces que me contó como era el traje de los abortos al nacer: uno llevaba tirantes con el pantalón, pero sin botones, cosidos; otro llevaba sólo unos pañales... Y durante un par de años mi fingida credulidad hizo que adornara con elaboradísimos detalles sus confidencias. Un día hasta se enfadó conmigo y me dijo que no les llamara fetos, porque al fin y al cabo eran mis primos.
- ¡Como te gusta escoger a tu familia, y mis hijos no son tus primos, ya me dirás si soy tu tía o no te toco nada! -Y estuvo varios días de morro.
Al final, harta de su actitud ofendida, le aclaré:
-¡Mira, no seas tonta, que sé que nunca has estado embarazada!
A partir de entonces ya no me invitó nunca más a merendar a su casa, y su actitud fue de total desapego.
Yo ya era una enfermera curtida en el turno de noche que no cumpliría los cuarenta cuando ingresaron a mi tía Anita en Ginecología, para operarla de un tumor. A sus casi ochenta años había disminuido de tamaño, pero seguía teniendo un aspecto intimidante, y cuando me pidió que le buscara un notario y me quedara de testigo, troté por cumplir sus ordenes.
- Quiero que ponga usted en mi testamento que mi muñeca Pepita ha de ir en el ataúd conmigo, y con el resto de mis cosas me da igual lo que hagan: ¡no las van a disfrutar! El entierro ya está pagado, y todos los papeles y los recibos están en esa cartera. A usted le pagará este testamento mi sobrina, la que viene como testigo, que cuando yo he sido joven bastante miseria le he quitado. -Y me lanzó una mirada llena de desprecio.
Pero salió viva de la operación, y tuve ocasión de sufrirla, igual que el resto de las enfermeras, como paciente impertinente y caprichosa.
El día que le dieron el alta me buscó su cirujano para darme el informe de anatomía patológica.
-Es un caso muy raro: sólo me he encontrado otro hace muchos años... El tumor era un feto anquilosado, al que le había crecido el pelo y las uñas hasta hacer una masa de tejido córneo de quince centímetros de diámetro...
- ¡No me diga que fue verdad que alguna vez estuvo embarazada!

-¡Lo dudo!
-¿Y ese feto?
-Era lo que podríamos llamar su mellizo, que en estado embrionario fue engullido por ella...

-Mi tía es muy mayor... le querría pedir un favor...
-No quiere que le diga lo que es...

-Por favor, dígale que el feto era suyo, que hubiera podido ser su hijo...
Y en la vitrina del comedor, al lado de la mecedora de Pepita, un frasco con formol y su tumor, tuvo una vela encendida y oraciones diarias a partir de entonces.
Hace dos años murió mi tía a los noventa y ocho y, al poco, me llegó de parte del albacea y notario, que había redactado su enésimo testamento, una carta de mi tía Anita para mí:
“Quiero que mi muñeca Pepita, como no has tenido hijos, la entierres contigo, porque conmigo irá el hijo de mi vientre, que, aunque te guste escoger a tu familia, resulta que era tu primo, un varón, y no me parece bien que esté con una muñeca en la tumba. ¡Y como ves, sí estuve embarazada!"
Lo peor es que soy incapaz de tirar la muñeca a la basura y ahora soy yo la que comento los abortos de mi tía y digo con una sonrisa de través:
-“Cuando me muera quiero que entierren a Pepita conmigo”
Y Pepita, con su aire malévolo, completamente bizca y con un parpado entrecerrado, parece guiñarme un ojo.
La esterilidad es hereditaria.

Gatopardo 

09/09/2005 10:09.

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Autor: eledu

Hola:
quería saber si el dato del mellizo engullido y enquistado está avalado por la ciencia. En espacial, me interesa el detalle del pelo y las uñas.
Gracias.

Fecha: 10/09/2005 02:00.


Autor: marcarlop

¿Los embarazos eran de su marido esteril?
No está mal la idea de una muñeca, 'de la familia', para pasar en herencia de tías estériles a sobrinas estériles... ni mantener la leyenda viva!

Un abrazo

Fecha: 10/09/2005 04:20.


gravatar.comAutor: Ana*

Me has estropeado el desayuno, Gata (qué asquito, pero como lo escribes de manera que engancha, pues me lo he tragado hasta el final). A mí madre, por cierto, le encantan ese tipo de muñecas.

Fecha: 10/09/2005 09:08.


Autor: Trini

Que cosas se te ocurren gata. Esto de los abrotos me ha recordado a mi madre que tuvo hasta cinco, claro que ella no relataba tan macabros detalles:):):)

Un abrazo amiga

Fecha: 11/09/2005 19:01.


Autor: El Pendón Volteriano

En general la maternidad consiste en tener abortos, sólo que las mujeres son algo reacias a admitirlo

Fecha: 12/09/2005 22:50.


Autor: Gatopardo

Eledu: Existen fetos que no se desarrollan y que quedan incorporados al otro embrión: al cabo de los años, efectivamente, se queratiniza, y hay que extirparlo si causa problemas. Pero hay veces que no causa molestias y sólo se detecta por casualidad. ¿Por qué tienes esa curiosidad?

Fecha: 13/09/2005 15:26.


Autor: eledu

Por nada en concreto, Gatopardo. Resulta inquietante de todas formas, poder llevar un hermano muerto a cuestas toda tu vida. Creo que es en Madagascar donde se registra la siguiente costumbre: cuando un niño muere se hace un agujero en el tronco de un árbol vivo y se deposita en su interior el cadaver del infante. Luego se tapa el agujero con la corteza del tronco, que previamente se ha conservado. El niño continuará así viviendo y creciendo año tras año: el árbol le dará la vida que la mala suerte le ha arrebatado, rodeado de otros tantos niños como él en el cementerio vegetal que termina formándose gracias a esta curiosa práctica.
Saludos.

Fecha: 14/09/2005 10:32.


Autor: El Pendón Volteriano

Me parece maravilloso ese rito de Madagascar. Yo incluso lo aplicaría a niños vivos

Fecha: 14/09/2005 23:00.


Autor: eledu

A niños vivos no sé, pero a algunos adultos desde luego.

Fecha: 14/09/2005 23:25.


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Gatopardo

En el tema: ASALTADA LA SEDE DE LA FUNDACION RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL , la información de los graves actos contra la FRMP. En el artículo Para protestar por el asalto y acoso a la Fundación RMP detalla las instituciones y direcciones e.mail a las que pueden enviar sus cartas de solidaridad.Para leer todas las cartas, en el tema Cartas de los Amigos del Olivar de Chamartín. Rogamos publiquen estas informaciones en sus bitácoras para romper el silencio informativo de los grandes medios de comunicación.

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