
A Cyránobix, que ya se cansó de hablar con quienes tienen un policía en la cabeza y un fiscal en el corazón.
¿Sabe cuál es el problema de la gente como usted? Defiende su punto de vista, defiende sus ideas contra todo y contra todos, usted moriría por alcanzar la realización de sus ideales... y eso siempre es sórdido.
Las convicciones no tienen ninguna importancia, mi mente es demasiado primaria y yo demasiado frágil para defenderlas si no es con mi vida, que no vale nada.
Yo sólo defiendo la posibilidad de que la gente como yo pueda pensar y creer lo que le dé la gana sin tener que demostrar que es verdad; defiendo la alegría de aprender y saber, aunque no sirva de nada, porque la única certeza que me llevaré a la tumba es que sólo amé a quienes eran mejores que yo, y sólo aspiré a lo inalcanzable. A mí el fracaso me legitima, a usted lo aniquilará.
No entiende usted nada; cree que defiendo el celibato porque soy enemigo de la sensualidad: es necesario tanto despojamiento y tanta pureza para amar a otro ser humano con su miseria y su grandeza como para amar a Dios. Pero son ascesis diferentes, que se excluyen.
Quienes pueden amarse plenamente, inmersos en su dicha, sin dejarse enturbiar por miserabilismos, son tan raros como los místicos que han podido contemplar el rostro terrible de Dios. Los que aman a la criatura humana sacralizan el Reino en este mundo; y si tuvieran que trascenderla y renunciar, caerían rotos como títeres faltos de sustentación. Pero, para los que nos consagramos a Dios, la sed de absoluto es un imperativo que nos hace encontrar tediosas a sus criaturas.
Sé que nuestra tarea no es separar la grama del trigo, ni al virtuoso del pecador, porque ¿quién sabe si cuando un hombre peca se condena o descubre la humildad balbuciente que lo acercará a Dios? ¿Quién sabe si cuando un hombre permanece puro e incontaminado no estará petrificándose en el orgullo que lo alejará de la salvación?
¿Cree que los preceptos de mi fe son inhumanos? Pero ¿usted cree que ser hombre puede ser fácil para alguien? ¿Cree que los que se rompen y maldicen el pecado que los angustia y la impureza que los tortura son sacerdotes representativos de la verdadera fe? No. Desde la fe se nos ha dicho: “Ama y haz lo que quieras”, incluso niégate al amor, pero no te escudes en tu temor a Dios para fornicar tristemente, porque el mayor pecado que existe es la falta de alegría y de gratitud. Si tus sentidos son el medio para alcanzar ese estado de gracia sobrenatural en el que se descubre que “todo lo que es, está bien”, sé fiel a tus sentidos porque ellos te acercan a Dios; si el dolor logra acercarte a esa misma humildad aceptante, lacérate; si tu serenidad la encuentras en soledad, huye del mundo, pero no ofrezcamos los despojos de nuestra humanidad inacabada como si fueran un logro de nuestra exquisita sensibilidad.
Hay muchos caminos que conducen a la autenticidad y a la integridad, y todos son transitables.
Un sacerdote no debería sustituir al mismo Dios para establecer una ascesis única, porque somos hombres tan vulnerables como todos y, como pocos, podemos caer en la tentación de creer las añagazas del demonio, que es astuto y sólo discurre de acuerdo con lo que cada uno quiere creer.
Dios siempre será infinitamente más misericordioso con nosotros que nosotros mismos, porque Él sabe que no podemos ser mejores, pero siempre podríamos ser infinitamente peores.
No hay una sola frase en la revelación cristiana que condene a los pecadores Cristo sólo estableció un baremo para merecer la salvación: “... tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis.”
El arrepentimiento nos purifica; pero cuando nos dejamos arrasar por los remordimientos, es por ese orgullo que nos impide aceptarnos como seres grotescos, dignos de piedad. Por eso soy piadoso con los pecadores que desde la Iglesia escandalizan a la gente como usted, que tiene un policía en la cabeza, y un juez del Tribunal Supremo en el alma.
Pero usted no lo entenderá, no sabrá jamás de qué le hablo. Lo único que usted aprenderá con la gente como yo es a tener paciencia hasta que terminemos de hablar para volver a decir que en la Iglesia hay abusos y pecadores, porque no escucha. A mí, sin embargo ya se me ha agotado la paciencia, ya no puedo soportar más su mezquindad, que no tiene más horizonte que el de su lastimosa miopía.
No sé qué pensará usted de los jesuitas, pero no se le olvide preguntarse si Dios y el teorema de Bell (1) permitirán que nos hayamos cruzado en vano.
Y no es a mí a quien ha de dar la respuesta.
(1) El teorema de Bell afirma que cuando dos partículas interactúan, para a continuación perderse en direcciones opuestas, toda interferencia que afecta a una de las partículas incidirá ipso facto sobre la otra, con independencia de la distancia que las separe.
Foto de L.W. Hines
07/10/2005 12:05.
Autor: Muralla
Me ha resultado apasionante el teorema de Bell.
Ya había leído hace años que cuando se produce un descubrimiento en un lugar del mundo, normalmente se produce el mismo en otro lugar apartado del primero.
Cuánto nos queda por descubrir...
Bicos. Muralla
Fecha: 07/10/2005 18:42.
Autor: marcarlop
Concuerdo con Muralla sobre el teorema de Bell. Tan apasionante como las redes humanas.
Me arriesgaré a decir: cuando una interferencia afecte a una de las partículas, no sólo afectará a la otra, sino que también al resto de partículas que forman su red.
Casi ná. Un abrazo
Fecha: 08/10/2005 05:00.
Autor: Francisco de la Torre
hola soy solo yo un cristiano,me gustaria conocer al autor de este texto,usted es un hombre santo, lo admiro y el mundo necesita mas gente como usted.Usted si representa a nuestra madre iglesia.Gracias por su escrito, lo guardaré._Modestamente: Fco. de la Torre (of_the_tower@hotmail.com)
Fecha: 17/10/2005 17:38.
Autor: Gatopardo
Lo siento, don Francisco, yo sólo soy una mujer atea que escribe relatos, y el jesuita es un personaje de una novela que hace años empecé y no hay modo de que la acabe.
Fecha: 17/10/2005 18:05.