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AGORAFOBIA

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Mi experiencia bíblica de los hombres es casi evangélica.
Mi interés por el género masculino es muy parecido al amateurismo que profeso por el ajedrez. Me explico: no sé jugar al ajedrez, salvo las reglas elementales que rigen los movimientos de las piezas. Soy incapaz de prever las consecuencias de una jugada en el curso de una partida, ni siquiera cuando una y otra vez intentan repetir los movimientos para explicarme la causa por la que una torre decidió el jaque. Pero quedo hechizada viendo a los jugadores adelantar un alfil, sudar, tamborilear los dedos, enrocarse, mirar con puñales emboscados en los ojos, doblar peones en la línea de rey. Y, no obstante, soy incapaz de saber quien gana y quien pierde ni por qué y tengo verdaderas dificultades para colegir si un jaque es mate o no lo es. Sin embargo me fascina: no es raro vérseme atónita siguiendo una partida durante horas.
Algo así me ocurre con las historias de amor: los duelos eróticos tienen asegurado mi interés con poco que el narrador sea elocuente, soy una experta confidente de dichas y desdichas ajenas, pero no llego a entender qué ganan o pierden ni por qué; y las pocas veces que me he lanzado a un idilio me ha interesado sobremanera el comportamiento de mi amado, sin llegar a saber jamás quién ni cómo era el campeón de la lid.
No soy frígida, pero crecí con una madre que derrochaba benevolencia con los hombres de mi familia, mediante una única fórmula:
- No hay que tomárselo en cuenta: está en una edad crítica.
Tendría yo trece años cuando le pregunté qué misterioso periodo era ése de la edad crítica en los hombres, que englobaba desde la edad del pavo de mi hermano hasta la senectud de mi tío.
-Es el ínterin- dijo con su natural tácito.
-¿Qué ínterin?
-El ínterin entre que nacen y se mueren…

Subliminalmente mi madre me transmitió esa benevolente deferencia hacia el sexo opuesto, donde no cabe dramatizar ni pasmarse: una está dispuesta y predispuesta a tomarlos como graciosas excentricidades no muy respetables de la madre naturaleza.
Mi primera experiencia cumbre, cuando ya arrastraba años de malísima reputación, no estuvo a la altura de mi mala fama. Lo conocí en una casa alquilada entre varios estudiantes e intimamos frecuentando los conciertos de música clásica, que escuchábamos religiosamente mudos, con los ojos entrecerrados por la unción. Él era abstemio, no escribía, no leía, no fumaba y por mor de nuestras respectivas manías, dormíamos separados. Callado, poco expresivo, muy cortés, nunca demostró tener calor ni frío ni hambre. Se le podía catalogar como hombre poco dado a los extremos, y en lo único que cometía excesos era en su ponderación.
La pasión por Mozart y las desapasionadas disquisiciones sobre lo contingente y lo permanente sartriano nos soldó más que unirnos, y tuvimos a gala respetar nuestra independencia, porque en aquellos tiempos Simone de Beauvoir y Jean Paul Sastre eran nuestro modelo de pareja, salvo en su incontinencia narrativa, que era inigualable.
Él dormía desde el anochecer hasta el primer alba; yo me acostaba de madrugada hasta el mediodía. Solíamos pasarnos las invitaciones para los conciertos por debajo de la puerta de nuestros respectivos dormitorios.
Un día no vi en el baño común su cepillo de dientes y le compré otro, de color amarillo porque se acercaba la primavera. Sería ya verano cuando me di cuenta de que no lo había estrenado y seguía sin aparecer el otro, y, antes de dudar de su pulcritud, indagué en su dormitorio. En el umbral estaban acumuladas las entradas sin utilizar de los últimos meses.
Periódicamente lo escucho en la radio como experto en budismo y, efectivamente, su voz monocorde como un mantra me produce algo muy parecido al vacío de pensamiento, indicio de la perfección. No me acuerdo mucho de como era y no sé si lo reconocería. Por si acaso, escucho música en el tocadiscos.
A mi segundo Romeo lo conocí en el entierro de mi maestro de yoga, asesinado de dos tiros en la barriga. Mi amor tenía el pelo rizoso, los ojos bovinos, una boca pequeñísima, que parecía hecha para hacer pucheros, y una expresión de pasmo casi constante. Era periodista free-lance, ex-presidiario y llevaba siempre seis o siete jerséis y una zamarra de contrabandista. No sé qué ropa usaría en verano, era octubre y tiritaba en el cementerio. Quizá el dolor que sentí por la muerte del único hombre que creyó ver en mí cualidades de discípula del Gautama-Buda se convirtió en compasión hacia aquel grandullón muerto de frío, y, sin mediar otros trámites, lo invité a café con leche y croissant en el bar más cercano. Su voz era bien timbrada, cuando susurraba parecía el ronroneo de un gato y cuando conversaba su tono era el de una copa de cristal de Bohemia, golpeada con un pincel de madera; pero, sobre todo, me sentí conmovida por su hambre y su frío. Luego supe que estaba en peligro, sus largos años en prisión y todo lo demás; pero digamos que eso lo supe cuando ya tenía su pijama de franela debajo de mi almohada.
Nunca hubo ser más deseable y con menos motivos para serlo: parecía uno de esos animalitos de Walt Disney que van a dar un paso y se caen, quieren morder una hoja y les cae encima un chaparrón de gotas suspendidas en el árbol, van a dar un beso retozón a su madre y se estampan contra ella. La inteligencia espacial y la anatomía femenina eran sus asignaturas negras. Pero qué rotundo era en sus certezas mi dulce Romeo, y con qué facilidad las dejaba en suspenso en una controversia para ponerse a dudar. Con qué entusiasmo se sumaba a la opinión que yo expresase y que estrenaba en ese mismo momento, por el gusto de polemizar con él.
Mi amor era anarquista, feminista, odiaba a quien tuviera un presupuesto de mil pesetas semanales más que él, adoraba hasta la abyección a los pobres, a las víctimas y a los obreros. Yo, por pura misantropía diletante disparataba contra los pobres, los ricos, las mujeres, los niños, las víctimas, los intelectuales, los patanes y los soldados sin graduación, sin mucho distinguir. A mí sólo un tenaz instinto de controversia me sostiene el armazón lógico.
Yo sigo tal cual. Mi amado cambió al ritmo de los cambios de opinión y terciado diciembre se hizo millonario. Cada vez que lo he visto después, siempre en invierno, fue para encontrarme con un hombre diferente, pero siempre rezumando coherencia con sus últimas convicciones. Fue empresario de prensa, explorador en el Amazonas, se arruinó traficando con diamantes, se hizo labriego tolstoiano, escritor de best-sellers. Ahora, desde que se casó con una mujer religiosísima, habla de Dios con escandalosa familiaridad.
Yo no he vuelto a ir a un funeral.
La siguiente trapisonda amorosa comenzó en un mitin de la CNT. Fui a tirarles bolas de nieve a los oradores. El servicio de orden tardó en echarme la zarpa y para entonces había agotado mis provisiones de proyectiles contra todos. Uno de mis boleados quedó impresionadísimo y trató de saber mi identidad. Logró dar con mi paradero al cabo de un mes y me escribió pidiéndome en matrimonio chino. Esto es, primero decidíamos vivir juntos y, luego, con el tiempo, llegaríamos a amarnos con enjundia.
Yo había llegado a la conclusión de que el hambre y el frío debilitan la psique, por lo que decidí informarme primero sobre sus hábitos. Desde niño tenía un buen saque degustando viandas y me pareció que no habría de temer delicuescencias, a pesar de su renombre como poeta y sus gafas de culo de vaso, porque he observado que los poetas son poco de fiar y los varones miopes suelen ser un tanto retorcidos. Inicié un diplomático sondeo mientras lo vi engullir el tercer plato, y lo hallé de una sencillez prístina por no decir de una prístina simpleza. Era sanguíneo y nada friolento. En las discusiones no solía variar ni un ápice su argumentación. Sus versos eran abstrusos, biensonantes y faltos de ilación, como su discurrir, por lo que había conseguido reputación de exquisito. Nunca nadie supo muy bien si decía una cosa o la contraria porque era muy amigo de las oraciones subordinadas adverbiales con adversativas, así, pues, siempre se le interrumpía en las tertulias. Quizás por eso era invitado reiteradamente a "La clave" y tenía amigos de diferente pelaje ideológico.
Al poco de conocernos, empezamos con nuestro matrimonio chino. La semana transcurrió con una metódica y puntual reiteración de actos cotidianos, y nos aburrimos cortésmente. Era un honesto funcionario con los servomecanismos bien engrasados, de horarios y costumbres fijos, poco imaginativo hasta para con sus manías. Su vida estaba reglamentada las veinticuatro horas del día.
El viernes por la tarde, con una cogorza mediana, empezó a desbarrar con énfasis creciente, absoluta desmesura y total dramatismo. Amenazó con fusilarme por mis ideas cuando llegaran los suyos al poder (ésa ha resultado ser una monomanía en mis adoradores). Anunció que se suicidaría si le faltaba yo. Con grandes aspavientos decidió que sería mi esclavo y me traería la cena. Se negó categóricamente a dejarme ir a la cama aunque yo me caía de sueño. Cuando le pedí que bajase la voz, ya de madrugada, abrió el balcón y grito como un poseso que no le dejaba hablar: se abronco con un vecino y le argumentó que me amaba y nadie lo iba a callar. Decidió que me llevaría al lecho en brazos y sería mi doncella para desvestirme. Se llamó a sí mismo rufián indigno de descalzarme. Pidió que le escupiera a la cara. Sin quitarme los zapatos se lanzó a besarme los pies y se dio una costalada. Lo alcé con gran trabajo. Luego, cuando decidió velar mi sueño de rodillas, en el cenit de su intoxicación etílica, se cayó encima de mí y se quedo dormido. Tardé un buen rato en quitarme los ciento y pico quilos de peso ebrio que me aprisionaban de través. Roncaba como una locomotora de vapor.
El sábado lo pasamos en aclaraciones, reconvenciones, propósitos de enmienda, disculpas e intrincadas explicaciones, para desembocar en el domingo, exhaustos, con dolor de cabeza y muy avergonzados, con gran ceremonial de "por favor", "tú, primero","gracias", " como tú quieras", "si no te importa", etc.
Durante el tiempo que vivimos juntos,  las semanas se sucedieron con escrupulosa exactitud; pero cada viernes por la tarde se desataba el poeta para emular a Verlaine, Rimbaud, Villaespesa, Lautreamont, Campoamor, Shelley, Baudelaire y todos sus secuaces, dignos de un frenopático de alta seguridad.
Los amigos de mi doncel-poeta detectaron mi espíritu prosaico, poco dado a vuelos líricos y pasionales, y creyeron que mis emanaciones serían nefastas para el vate. Los amigos de mi doncel-funcionario vieron en mí cualidades desestabilizadoras para el cabal cumplimiento de su tarea en el Ministerio: todos sin excepción me hallaron inicua; pero era sólo reciprocidad, porque a mí me parecían una parva de botarates.
Salí de aquel idilio imitando las artes mágicas de mi primer amor: desaparecí. Harta de recibir mensajes y reprimendas de los conocidos, entusiastas mediadores en el conflicto, harta de encontrarme con aquel montón en carne viva los fines de semana y completamente cruda el resto, dejé que me acogiera el inefable paradero desconocido hasta que me buscara repuesto.
No tardó en emparejarse con una psicoanalista argentina y periódicamente deja de fumar, se hace vegetariano, monárquico o se suma a las campañas de conservación del acebo. Ya no escribe poesía, se ha pasado al ensayo en prosa. Sus amigos le animan a participar en las tertulias de Garci en la televisión, adonde calla estruendosamente; y, por el contrario, sus adversarios reivindican su poesía, quizás porque la piedad es un bien escaso.
Yo no he ido a un mitin nunca más.
Me he convertido en una solterona con gatos y en la próxima reencarnación voy a ser casta y analfabeta.

Gatopardo

30/10/2005 23:50. enlace permanente. Tema: RELATOS.

Comentarios > Ir a formulario

Autor: felipe

cómo logras atrapar con tus relatos llenos de caminos insopsechados.

Fecha: 31/10/2005 05:12.


gravatar.comAutor: Trini

Con estos antecedetes amatorios no me extraña, yo tambien lo seria.
La verdad es que no hay mucho material donde escoger, por las limitaciones varoniles, que a mi entender, y que me perdonen los aludidos, son muchas,al menos en mis alrededores; pero, hija es que la protagonista de tu relato parece que llevaba un cartel en la frente "A mí los ineptos"

Un abrazo

Fecha: 31/10/2005 08:45.


gravatar.comAutor: Yohannah

¡Que buen rato me has regalado con este relato tuyo! Desde las primeras líneas, me he sentido atrapada por él. Gracias.

Yo, siempre digo -quienes me conocen, lo saben bien- que en mi siguiente reencarnación -si es que hay de eso-, quiero ser un perr@ con un am@ cómo yo.

Un abrazo cálido.

YoHannah

Fecha: 31/10/2005 11:32.


gravatar.comAutor: Nicolás

A pesar de los discuros "amorcistas" y "sexualistas" que imperan, que nos cuentan que tenemos que consumir amor y sexo como consumimos todo lo demás, la castidad y la vida en solitario tienen alguna ventaja.
Cada vez que veo una foto como la que has puesto en el "post" anterior, no puedo evitar que se me revuelva la sangre. Alguna de esas mujeres era mi abuela. Y alguno de esos niños que van en brazos y de la mano, mi padre y mi tía. Desde muy cerca de tu pueblo, hasta Barcelona. Y de Barcelona a Francia. En ese mismo paso fronterizo que sale en la foto. Qué poca memoria hay en España, qué poca memoria... para lo que no interesa recordar...

Fecha: 31/10/2005 11:44.


Autor: Natalia

Gracias por esta narración maravillosa. Nos cuentas con tanta precisión lo que siente y ha vivido el personaje, y sin embargo nos dejas tantas ventanas abiertas a la imaginación. Desde el título mismo.
No existen los amores "normales". El amor en sí es fuera de serie, porque nosotros lo somos.
Saludos.

Fecha: 31/10/2005 14:18.


Autor: pau

Cuando era pequeño, algunos veranos, mi abuelo conseguía un pase para entrar en Francia. Allí vivía mi tío abuelo, por las mismas razones que los de Nicolás. Mi abuelo franquista y mi tío republicano. A mí, mi tío siempre me contaba su salida de España por la frontera, de como los bombardeaban. Entonces, mi abuelo, que siempre ha hecho de padre, desaparecía... él siempre optó por no hacer proselitismo.
Uff... Vaya vida amorosa llevabas. un día de esos te mando la foto de Canica, mi gata tricolor.

Fecha: 31/10/2005 19:41.


Autor: Dinosaurio

Pero Gata, ¿te parece tener poco éxito con los hombres que cuando terminas de jugar con ellos (como buena gata) estén todos para el arrastre? Algunos, además, por lo que cuentas, nos lo merecemos. Y, encima, nos haces pasar buenos ratos recreando escenas tan bien escritas.
Por lo demás, el sexo es importante, pero la amistad es lo que va quedando después, a veces antes y nunca al mismo tiempo.
No trates de entendernos a los "tíos", nosotros mismos no lo hacemos.
Disfruta de la amistad ... mientras puedas.

Fecha: 31/10/2005 22:56.


gravatar.comAutor: Muralla

sé sincera, queridiña. Ni reencarnándote tres millones de veces querrías ser casta y analfabeta. Eso es algo impensable en la queridísima Gata y su preciosa inteligencia.
Los hombres, la mayoría de las veces están a años luz...
Bicos. Ha sido un placer leerte.
Bicos. Muralla.

Fecha: 01/11/2005 09:26.


Autor: Gatopardo

Felipe: gracias por tu benevolencia, que me sabe a gloria.Trini: la verdad es que los hombres son adorables y no entendería que las casadas les pongáis pegas, mientras os negáis a compartirlos conmigo, si no fuera porque sé que vuestras quejas son una táctica para no despertar mi envidia. YoHanna: me temo que nuestros planes para la proxima reencarnación van a ser desatendidos, y yo seré una beata opusdeista con once hijos y un marido pluriempleado, y a tí te tocará ser funcionaria de prisiones semiágrafa por nuestros pecados en esta vida.Nicolás: si existe ese desenfreno pansexualista del que todos hablan debe de darse en una esfera paralela del universo o una extraordinaria mixtificación, porque la realidad es que los humanos inspiramos entusiasmo, pero no indescriptible. Natalia: tu opinión es un regalo. Gracias. Pau: la vida amorosa de cualquiera no da para una novela, sino para ua obra de Arniches. Dinosaurio: ni echándome el bienintencionado morbo con que me adornas vas a conseguir que algún despistado caiga en mis brazos, pero te agradezco el intento.Un abrazo tiernísimo a todos.

Fecha: 01/11/2005 09:43.


Autor: Gatopardo

Marmi: para ser sincera he de confesarte que no creo en la reencarnación, y con mi inteligencia de rata de alcantarilla, si no me hubiera alfabetizado, hoy sería ministra de Cultura. Estoy convencida.
Un abrazo tiernísimo

Fecha: 01/11/2005 09:53.


Autor: blanca

Para comenzar la mañana, junto a mi café, ha sido un placer leer este relato que me ha arrancado sonrisas y risas. Tenga algo de biografía o no, creo que todas estamos incluidas en él de alguna manera. Si yo contara también las andanzas con la especie masculina...Un abrazo muy cálido

Fecha: 01/11/2005 11:24.


gravatar.comAutor: YoHannah

jajajaja... ¡Por Zeus, qué horror! Sólo me resta esperar que el olimpo no haya oído tu oráculo -que nunca se sabe-, Gatopardo

Un abrazo cálñido.

YoHannah

Fecha: 01/11/2005 11:26.


gravatar.comAutor: Gatito viejo

Divertido relato de las andanzas amorosas de una protagonista en apuros ,o en desgracia , porque encontrar tales sujetos no merece otro calificativo . Un entretenido texto , Gatopardo, lo he pasado muy bien leyéndote .Saludos

Fecha: 01/11/2005 13:51.


Autor: thirthe

que detallazos te marcabas con tus amores, solícita, discreta, entregada, el del cepillo de dientes es exquisito.
Y el relato, mi enhorabuena por lo entretenido, interesante, ocurrente y lo bien construído que está.

(los tres (o cuatro) adjetivos de cada párrafo son mi dedicatoria, no sé si sabes, pero me resulta difícil adjetivar, no se me dan bien y prescindo de ellos con plena satisfacción;-)))

Fecha: 01/11/2005 20:04.


Autor: Gatopardo

blanca, lo peor es que mis ex han creado un "club de damnificados de la gata", y cuentan historias similares a éstas, que también arrancan risas y carcajadas. Cualquier día les pediré permiso para reproducir alguna en Gatopardo... especificando que no es autobiográfico. YoHannah: yo también espero estar equivocada repecto a los planes que nos reservan para la otra reencarnación. Thirthe: no te puedes imaginar lo detallista que he sido siempre ... pero de una manera tan sutil y discreta que ellos jamás han sido conscientes de mi delicadeza. Yo suelo usar los adjetivos como si fueran comodines de poker, y eso es lo que a veces deja a los lectores que saben el significado algo patidifusos. Lo mío es el desparpajo con el idioma y la gramática, y como no cobro de la RAE, allá ellos.
Un abrazo tiernísimo.

Fecha: 02/11/2005 14:39.


gravatar.comAutor: joan

magnífico, magnifico :))) me hubiera encantado escuchar toda la història viendotela contar ;) un abarzo he disfrutado un montón leyendolo auqnue para nada cómo tu viviendolo ;)XD me vienen a la cabeza imagene ,jajaja, imagenes . Un abrazo muy grande :)

Fecha: 02/11/2005 16:03.


Autor: Domingo

No sé si entristecerme o alegrarme por la protagonista, de igual forma que no sé si entristecerme o alegrarme por mí.

En cualquier caso me alegro de haber leído el relato; con un poco de suerte evitaré ser cualquiera de los desafortunados coprotagonistas masculinos ;-).

Un saludo, Domingo.

Fecha: 02/11/2005 22:25.


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si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
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por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
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