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SIGILO PROFESIONAL

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Al cabo, mi director de tesis se apiadó de mí, y me recomendó como correctora de estilo a un editor amigo suyo. La editorial tenía tiradas formidables, y sus instalaciones apenas ocupaban dieciséis metros cuadrados en el despacho de la casa particular de Don Flavio y cientos de metros de una imprenta moderna, a pleno rendimiento. Después de hacerme jurar que por sigilo profesional jamás hablaría de la verdadera personalidad que se escondía tras los seudónimos de sus autores, Don Flavio me contrató, me ofreció un buen sueldo y un consejo:
-Corrija sólo las faltas de ortografía y si ve una palabra que se repite ocho veces en una página, déjela, porque los lectores no suelen ser más exigentes que el autor. Si usted se deja vencer por la tentación de corregir su estilo, tendrá un trabajo de mil demonios...y me dejará en la ruina.
Yo creí que sería un empleo transitorio hasta que encontrara algo mejor, pero hace diez años que me dedico a intercambiar bes y uves y quitar las haches, que se prodigan generosamente junto con las descripciones de mujeres que entrecierran los ojos con un beso viril, y las de hombres que sienten la dureza de su miembro como preludio de los pormenorizados embates eróticos. Nunca hubo un protagonista que midiera menos de un metro ochenta y cinco, y nunca hubo mujeres en sus brazos que no tuvieran pechos turgentes y ojos sombreados por larguísimas pestañas. Y si alguno de los amantes era pobre se subsanaba haciéndolo hijo secreto de un conde o heredero de una gran fortuna.
Trabajaba en casa, un piso compartido con mi amiga Ana, que fue mi compañera de pupitre durante el bachillerato en el Colegio de monjas. Nuestra profesora de Literatura, Sor Angustias, se apiadó de ella y le dijo que su inteligencia era incompatible con la Gramática, que no se empeñara en aprender algo de un libro; pero Ana se divertía como una loca con las imaginativas tramas que yo me guardaba bien de corregir.
-¡Él está pescando truchas con el yate en alta mar! –relinchaba de risa. Y al rato:
 - Ha roto la cremallera del pantalón vaquero con una formidable erección…
Pero a los cinco minutos soltaba la novela como si le diera urticaria. Independientemente de la inteligencia que tenga, hay mucha gente como Ana, para la que leer es un suplicio. Así es que cuando me dijo que se había enamorado del crítico literario más temido del país, e iban en serio, me dio por reír.
-¡Pero, Ana, te aburrirás con él!
-¡Qué pérfida eres, bonita, tú lo que quieres decir es que se aburrirá conmigo!
– y luego con su característico tono jocoso me explicó lo evidente: -¡No hace falta ser Unamuno para resultarle interesante a un hombre culto! ¡Es más, es mejor no parecerse nada a Unamuno!
Ana tiene una salud física y mental insultante que le permite trabajar diez horas de cajera, e irse a continuación en bicicleta al pueblo cercano, meterse en una de sus interminables timbas de póquer, organizar una cena para sus amistades o ponerse a coser uno de sus escuetos modelitos exclusivos, que me cortan la respiración de envidia… Para hacerse perdonar por un plantón de dos horas, Ana me suele contar su último “drama”, como cuando la peluquera se olvidó del líquido rizador en su cabeza y se lo dejó como un trasplante del pubis, y le tuvo que cortar el pelo. Y mostraba un rapado que subrayaba la perfección de sus rasgos. Nunca logré guardar mi seriedad y mi mal humor más de cinco minutos con ella, y cuando estallaban las carcajadas, ella pontificaba:
- ¿Te das cuenta que nadie se toma en serio mis problemas?
Pero conforme avanzaba su idilio vi como mi compañera de piso se volvía tensa y angustiada y, periódicamente, se empeñaba en leer y se sentaba con un café, un cuaderno, el Diccionario, y el autor que recomendase su novio en la sección de Cultura del periódico más serio del país.
-Creo que para leer a los autores que la crítica ensalza me haría falta una incipiente tuberculosis, una anemia perniciosa, algo que me deje lánguidamente destrozada… -me dijo
Yo bromeaba:
-Vas a conseguir parecerte a Unamuno como sigas leyendo esos tostones…
- ¿Por qué usan esas frases casi interminables, esos recovecos adonde salta un verbo, asoma entre comas el sujeto y diez líneas más allá, resuelven con un pretérito de subjuntivo el quid de la cuestión? Cuando llego a comprender lo que dice estoy exhausta, y ya no me acuerdo de qué iba el argumento…
 -¡No me digas que no es excitante cuando persigues como geisha por arrozal las pistas del astuto disfraz con el que el autor ha escondido su mensaje!…
- Yo ya sé cuando un texto es bueno y cuando no vale. Sé que cualquiera puede escribir: “Anochece”, pero sólo un gran escritor podría decir: “El cosmos pierde su áurea lividez y se cubre con su manto azul cobalto “. Yo comprendo la superioridad de esa prosa, admiro locamente una frase así y a quien es capaz de idearla, pero me sacia de tal manera que no puedo seguir leyendo, como si me hubiera atiborrado con una tarta de nata y chocolate, almendrada con frutas confitadas. ¡Esta buenísima... pero me basta una ración pequeña para quedar ahíta!

Y al cabo, sinceridad por sinceridad, tuve que confesarle que no es necesario leer a esos autores que forman parte del Olimpo de la Crítica, y basta con saber que existen, más que nada para poder seguir el hilo en una conversación, pero nadie los ha leído y mucho menos los críticos que los recomiendan. Es tan inculta, la pobre idiota, que eso que sabemos todos los que tenemos cierta cultura, ella ni lo sospecha…
-Ana, a mí no me engañas: tiene de ser un amante excepcional para que haya logrado comerte el coco de esa manera...
-¡Uf, no, qué va... como es tan intelectual, al pobre esto del erotismo lo pilla un poco a trasmano!

Y me he tenido que morder la lengua para no decirle que algunas de las novelas eróticas que tanto nos han hecho reír, las escribe su novio.

Gatopardo


06/11/2005 10:47. enlace permanente. RELATOS

Comentarios > Ir a formulario



gravatar.comAutor: YoHannah

Me ha encantado tu relato. Al cielo azul que veo por mi ventana, le faltaban unas risas; tu me las has regalado.
Gracias.

Un abrazo.

YoHannah

Fecha: 06/11/2005 12:21.


Autor: blanca

Consigues que me lea de pe a pa todos tus relatos. Buena muestra de la realidad editorial, que es, como no, comercio de palabras. Que le vamos a hacer la vida es así. Por lo menos habría que leerlos, no como algunos críticos que pasan hasta de leer las obras que critican. Un abrazo

Fecha: 06/11/2005 16:19.


gravatar.comAutor: Gatito viejo

Buen relato .Divertido y ameno. Por cierto , muy acertada la crítica implícita a la editorial y al mundo literario .Saludos

Fecha: 06/11/2005 19:17.


Autor: Berenice

Me descubro, púdicamente eso sí, ante ti, Gata. Ves, así me gustan las críticas, con mucha mala leche disfrazada de humor. Ese humor inteligente que tanto nos falta.
Un besito, abuela salerosa.

Fecha: 06/11/2005 21:46.


Autor: mad

Bueno, hay mucho teórico suelto...

Fecha: 06/11/2005 21:50.


gravatar.comAutor: marcarlop

jejejeje
Si te contratan para corregir faltas de ortografía es eso lo que debes hacer.
Las otras veleidades en el tiempo de ocio... o de convalescencia.

Un abrazo

Fecha: 07/11/2005 00:23.


gravatar.comAutor: Oda

Y cómo venden esas novelas en serie, la verdad es que de chica preferí Agatha Christie a Corín Tellado porque eso de que todos perfectos y vírgenes y bellos...

Fecha: 07/11/2005 00:31.


Autor: manuel h

muy bueno, rompiendo las cremalleras.

Fecha: 07/11/2005 01:28.


gravatar.comAutor: Nicolás

Excelente. Me ha encantado.

Fecha: 07/11/2005 11:14.


gravatar.comAutor: Fabrizio

Gata:
Me mataste con este relato, me dejaste sin palabras, está buenisimo. El consejo maravilloso, la personalidad de tu amiga muy bien lograda. ¿Sabes? En mi años mozos vivi un tiempo con una correctora de estilo, las anecdotas llenarian tres blogs, pero no puedo escribir de ella porque su hija lee mi blog. ¡Así las cosas!

Fecha: 07/11/2005 20:09.


gravatar.comAutor: Mon

no!!!!!!
jajjaaaaaaa me fascinó tu relato..... tan gata sos..... (gracias thirthe!!) salté hasta aquí pasando primero por su blog...... que bueno esto de relatar y enlazar...

besossss

Fecha: 08/11/2005 06:32.


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Gatopardo

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si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
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por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
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