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LOS DESIGNIOS DE DIOS

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      Terminé la carrera de Psicología peligrosamente inclinado hacia el estudio de los minerales, fascinado por la interrelación de átomos que no exhiben su narcisismo y son bellísimos. No soy un gemólogo al uso, y en mi colección coexiste el hematite con un canto rodado que tiene la forma exacta de una avellana, y una amatista sin tallar, con la piedra que el ácido úrico fabricó en mi riñón.
      Una vez tuve una consulta profesional que me daba dinero, y en la que penalizaba a mis clientes según el aburrimiento que me produjeran durante los sagrados cincuenta y cinco minutos por sesión. Siempre grababa las consultas con el micrófono y el interruptor discretamente ocultos en el almanaque de mesa.
     Luego, a solas, tenía que rebobinar las cintas, escucharlas a doble velocidad para no dejarme influir por el timbre de su voz, y tomaba notas. Era un sistema como cualquier otro para captar lo esencial.
      Un día, escuchaba a una jovencita de diecisiete años, llamémosle “Ella”, bajo tutela judicial y procesada por tenencia de drogas. Hablaba hasta ese momento de lo que denominaba su “primera experiencia fuerte con un hombre” y yo me preparé para escuchar uno de esos sórdidos encuentros sexuales entre adolescentes... Ella apagó la grabadora, dejó su mano apoyada en el interruptor, y siguió hablando:
      —Cuando llegó el patrón de la patera a la discoteca, y vio que era yo quien tenía que recoger la mercancía, trató de robarme el dinero. Siempre vuelve a sorprenderme que un hombre tenga tanta sangre. Nunca he podido dejar de mirar cuando mueren, aunque sepa que tendría que alejarme cuanto antes... Hay ráfagas de luz que parecen encenderse y apagarse en sus ojos cuando ya están muertos, pero aquella fue la primera vez, yo tenía quince años y creo que no estaba preparada para eso...”
      —¿Me estás diciendo que mataste a un hombre a los quince años... y que después has matado a otros?...

      —Si, creo que no es peligroso contárselo porque voy a dejar de venir a su consulta, pero necesito que usted haga una factura cada mes como si estuviera tratándome... Ya sabe que mi anterior psicólogo murió cuando volvía de noche a su casa... no quiso hacer facturas falsas... y yo necesito tiempo libre y dinero para mis asuntos... quiero contratar un profesor para examinarme libre. Quiero a ir a la universidad y mi familia no puede pagármelo. Todos estos años he ahorrado para eso.
      Y me miró con una expresión tan infantil y tan dulce que literalmente me cuajó la sangre en las venas. No soy un héroe ni podré serlo jamás. El sufrimiento físico me aterra. Acepté.
      Durante tres años hice aquellas facturas, pero no pude evitar que me aterrorizara pasar por una calle oscura, entrar al portal, abrir la puerta del ascensor... Sabía que antes o después querría eliminar a cualquiera que pudiera acusarla. Al final la tensión pudo conmigo.
      Noche tras noche permanecí oculto en el rellano de su azotea, y la oía llegar, escuchaba el repiqueteo de sus tacones un piso más abajo, el sonido de la llave en la cerradura, que abría en la semipenumbra que creaba la luz del ascensor, el portazo, y el golpe seco cuando ponía la cadena de seguridad... Creo que en realidad acabé por enloquecer de ansiedad y de angustia, enfermo de miedo y de odio...
      No pude soportarlo.
      Me marché, cambié de ciudad, dejé mi especialidad, y busqué trabajo en la construcción, porque las piedras me gustan.
      Al cabo de quince años, cuando estoy escribiendo esto, tengo motivos para sentir aquel frío terror de entonces.
      Hoy la he vuelto a ver: mi caso es lo suficientemente difícil y desesperado como para interesarle. Ha estudiado mi historial tan a fondo que incluso ha rectificado algunos datos a los neurólogos que diagnosticaron la causa de mi afasia. Mañana me operará a vida o muerte.
      —Hay que confiar en los extraños designios de Dios.— me ha dicho.
      Y me ha sonreído con la misma dulzura escalofriante de sus diecisiete años. Escribo esto sabiendo que no servirá de nada, lo encontrarán demasiado tarde.
      Ahora me pregunto cómo me pude confundir así... Debería de haber imaginado que me daría una dirección falsa...
      ¿A quién tiré aquella noche por el hueco de la escalera desde el décimo piso?

Gatopardo

20/11/2005 00:12. enlace permanente. RELATOS

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gravatar.comAutor: almena

¡qué bueno y qué inquietante tu relato!

besos

Fecha: 20/11/2005 12:18.


Autor: pau

Que complejo!
Con lo simplón que soy yo...

Fecha: 20/11/2005 13:39.


gravatar.comAutor: Hannah

Inquietante relato. Me encanta el final. No se espera y sorprende. El relato atrapa al lector desde el principio (al menos a esta lectora;-) )

Un abrazo

Hannah

Fecha: 20/11/2005 14:50.


gravatar.comAutor: marcarlop

Si no lo ha visto morir, no lo sabrá. Son los designios del señor

un abrazo

Fecha: 20/11/2005 21:44.


gravatar.comAutor: Roberto Zucco

Estupendo relato, maestra, amiga y protectora.

Fecha: 20/11/2005 22:01.


gravatar.comAutor: Rubén A C

Genial como siempre. Me encanta ver como disfrutas mareando la perdiz hasta el final, para dejarnos con una helada sensación en el paladar tras una taza de café bien caliente.

Pero bueno, eso que cuentas no es tan extraño como parece; ¿es que no hay días en los que no sabes distinguir si estás frente a un espejo o viviendo la realidad? Y lo peor es no saber si quién se mueve eres tu mismo o tu reflejo.

Adoro, que adores el desconcierto. jajaja Un mua muy grande.

Saludos a tod@s. Cuídense.

Fecha: 20/11/2005 22:39.


gravatar.comAutor: Julio A

Me encantó, especialmente la dinámica (tan acelerada) que mantienes con el lector. Tu relato parece ser una red perfecta de anzuelos que te atrapan uno tras otro para al final sacarte del agua sorpresivamnte... mantienes la tensión y la atención del lector en todo momento, no aflojas, no pierdes tiempo: sabes ATRAPAR.

Salú

Fecha: 21/11/2005 04:10.


Autor: Blanca Vázquez

Que atrayente relato! te deja estupefacto. y te mantiene en la pantalla con ojos secos... Estupendo. Un abrazo

Fecha: 21/11/2005 10:47.


Autor: Trini

Estupendo relato, no esperaba este final.Me encanta leer relatos de intriga.
Un abrazo

Fecha: 21/11/2005 13:27.


gravatar.comAutor: Fabrizio

Magnifico relato, escalofriante y tenso. El final un suspenso tremendo.

Fecha: 21/11/2005 18:30.


gravatar.comAutor: andrea

que vonito los designos de dios esta por contar

Fecha: 02/04/2009 16:46.


gravatar.comAutor: Lucy

Sorprendente, desde el principio me envolvio y no puede parar hasta terminar la lectura, felicidades que creatividad, fui imaginando lo que iba leyendo....

Fecha: 13/05/2010 11:41.


gravatar.comAutor: Catalina

Me encanto solo que al final me quedaron dudas, ella lo iba a operar y lo matarai?

Fecha: 13/05/2010 11:43.


gravatar.comAutor: socorro

magnifico, solo consultaba la frase "los designios de Dios" y mira me atrapaste en la lectura
sorprendente

Fecha: 22/09/2010 16:29.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
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