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TERTULIA LITERARIA

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      Aquel verano mi hermano Adolfo acababa de publicar sus primeros artículos como periodista, y yo arrastraba Historia del Derecho, Derecho Romano, y un libro de poesía en ciernes, cuando conocimos a algunos escritores a través de nuestro paisano Lucrecio, y no sé por qué, estuvimos reuniéndonos después de cenar en una tertulia literaria, adonde se hablaba de todo, y trasegaban alcohol hasta altas horas de la madrugada.
     Aurelio era un crítico literario de voz susurrante y retorcida sintaxis, que nos trataba de usted y con toda la prosopopeya para hacer más patente su desprecio: 
      —A ver, Don Andrés, ilustre vate
–me decía- ¿en qué modalidad tomará usted su infusión torrefactada?
    Y yo, tratando de sonreír, le decía que tomaría café solo.
   —¿No lo tomará usted en nuestra humilde compañía?
      En fin, ese tipo de gracia de profesor de instituto con halitosis, que casi todos tolerábamos a la espera de una crítica suya que nos aupara como jóvenes revelaciones del Parnaso literario. Lucrecio, un sanguíneo ejemplar de manchego, fogoso, enfático y poco sutil, que sólo tenía una prosa lánguida y amanerada de novicia cuando escribía, lo increpaba:
      —Aurelio, no seas majadero, deja en paz a mis paisanosy dirigiéndose a nosotros— Está celoso porque la cariátide os mira con buenos ojos…

      —La cariátide bizquea y, en realidad,  me está mirando a mí— decía Eduardo, un audaz escritor que había publicado varias novelas sin puntos ni comas, y con las páginas en orden aleatorio y otra adonde no había ninguna palabra que tuviera la letra hache, y la que llamaban la cariátide era una mujer muy joven, altísima y escultural, de ojos verdes y melena oscura, que se sentaba sola. Hubo varios intentos para saber su identidad e, incluso, hubo quien trató de seguirla, pero dio esquinazo, y su leyenda aumentó.
      —Es una viuda, que viene aquí porque fue donde conoció a su marido decía Aurelio.
     —Es la limpiadora, y está vigilando a los guarros que tiran las colillas al suelo,  para hacerles un asalto con técnicas de karate decía Eduardo taxativamente.
      —A veces se va y vuelve al rato. Es la portera de algún edificio con inquilinos olvidadizos,  y les tiene que abrir el portal…dijo Lucrecio.

      Adolfo y yo tuvimos más suerte y una noche pudimos comprobar que se alojaba en el Hotel Roma, a dos bocacalles de distancia, y a la mañana siguiente decidimos indagar en recepción para saber su nombre y anonadar con nuestra astucia a nuestros contertulios.
      A las diez entramos a la cafetería del hotel Roma y, desde allí, Adolfo se acercó a la Recepción para preguntar por la misteriosa huésped, como si hubiera quedado con ella y hubiera olvidado su nombre. Volvió a los dos minutos completamente arrebolado:
      —Es la recepcionista del Hotel.
      —¿La cariátide es la recepcionista del Hotel? ¿Te ha reconocido?
      —Está en el mostrador y no sé si me ha visto, no me he atrevido a hablar con ella.
      —Tendrá un horario… por la tarde habrá otra persona… podemos preguntarle al otro recepcionista…

      —Esta noche, antes de ir a la tertulia podemos pasarnos… Pero esta vez te toca a ti
     Antes de irnos, saqué mi libro de Derecho Romano, inscribí mi nombre en la primera página y lo dejé ostentosamente encima de la  mesa.
      Por la noche llegué a la Recepción, adonde había un joven lleno de granos, y  empecé mis pesquisas.
      —Perdona, ¿no está la chica de esta mañana… cómo se llama…?
      —Virginia se va a las seis de la tarde…

      —Eso, sí,  Virginia, la recepcionista… Esta mañana he estado aquí y me he dejado un libro… ¿No te lo ha dejado a ti?
      —Virginia es la dueña del Hotel, está en la recepción a veces…y a mí no me ha dado ningún libro que hayan olvidado…  Ella estará en el Café Conde a estas horas…

      Cuando llegué a la tertulia, la cariátide no estaba, y lo primero que hice fue explicarles cómo se llamaba, que era dueña del Hotel Roma… Eduardo decidió que merecía una invitación regia por mi labor detectivesca.
      —¡Un café doble para este eminente ciudadano!
     Aurelio le preguntó al viejo camarero que fue campeón de boxeo:
      —Esa joven que se sienta en el rincón, Virginia creo que se llama… ¿no ha venido aún?
     —Estará en el despacho revisando las cuentas…
      —¿En qué despacho dice usted, amable camarero?
      —En su despacho… es la directora.

      Aurelio se quedó con una sonrisita de conejo y sólo dijo: “¡Vaya, vaya!” varias veces. Nosotros nos enzarzamos discutiendo sobre los merecimientos de un autor teatral y, como siempre,  hubo división de opiniones. No nos dimos cuenta de que, entre tanto, la cariátide había llegado y se encaminaba a su asiento de costumbre. Aurelio, sin levantarse de su silla, se giró hasta darnos la espalda e interpeló con voz tronante:

      —Dígame, Virginia, noble dama, ¿a cuántos ancianos decrépitos ha arruinado usted para llegar a ser la dueña de una buena parte de los negocios hosteleros del barrio?

      Hubo un silencio, los ojos verdes de aquella mujer se hicieron casi negros, y con una voz suave, ligeramente enronquecida, dijo:
      —¡Eso no me lo diría usted a mí en la cama!… —y luego, dirigiéndose al camarero— ¡Papá, pregúntale al señor qué va a tomar y por dónde! -y mantuvo su gesto hierático, mientras nosotros increpábamos al ofensor, que boqueaba, pálido, sin réplica.

      Aquel camarero casi anciano, ex campeón de boxeo, lo llevó hasta la calle como si fuera un pelele, y lo derrumbó de un puñetazo.
      —¡Ya está, Virginia, servido el señor!” —y luego se dirigió a nosotros:
      —¡Y la próxima vez que vea un escritor en este local, lo capo!


      Virginia, la que ahora es mi mujer, aclaró:
      —Bueno, papá, nuestros clientes pueden dedicarse a la literatura o a la coprofagia, que viene a ser lo mismo,  pero en secreto, sin ostentación...

      Y ahora ya sabrán porqué escribo  en secreto  y  no digo quien soy: mi mujer usa el lenguaje cuartelero con tanta propiedad como mi suegro,  los puños, y yo no soy un héroe de novela.

Gatopardo

02/12/2005 20:09. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: marcarlop

¡Parece que los críticos en su línea de meter la pata! Bueno, parece ser que Virginia no se casó con un escritor...

Gata, me gusta tu nueva mascota del principio. Suave, suave... ¿indica un cambio en tu 'genio'? Parece que no.

Que sepas que aunque no siempre deje comentarios, sigo paseando fielmente por tu página.

Un abrazo

Fecha: 02/12/2005 21:23.


gravatar.comAutor: Gatito viejo

Gatopardo, ¡qué relato! me gustó muchísimo.Disfruto cuando incluyes relatos como estos .Los saboreo a conciencia .Y es que la buena literatura me pierde .Saludos

Fecha: 03/12/2005 00:56.


gravatar.comAutor: felipe

completo y redondo el relato, ha sido todo un placer leerlo, gatopardo

Fecha: 03/12/2005 02:37.


gravatar.comAutor: Sandy Miuss

qué bueno! confesaré una cosa: a menudo entro por aquí y cuando echo un vistazo al post y lo veo excesivamente largo, me acobardo y paso página. Lo admito: leer demasiadas líneas seguidas en la pantallita me abruman. Este lo comencé sin saber su extensión y hasta el final llegué sin hojear por un momento cuándo terminaba. Me enganchaste!! le felicito y le pido a usted permiso para colgarlo en mi blog. Quedo a la espera de su aprobación :)
besus!

Fecha: 03/12/2005 12:13.


gravatar.comAutor: joan

hay veces que leer es un cómo un buen desayuno, con un buen zumo de naranja, unos croissants, mermelada, un buen café y el sol que entra por la ventana. Són esos buenos momentos de un sabado por la mñana en que puedes disfrutar de los minutos y los notas pasar sospesandolos y viviendolos. A mi es de los momentos que más me gustan y más disfruto. Gracias por invitarme a tan buen desayuno ;) un beset Gato ;)

Fecha: 03/12/2005 13:17.


gravatar.comAutor: Tautina

Yo estoy con la seña’ Virginia, menos cafecito cultural y menos olisquear a los demás, y más arrimar el hombro, literatos de pacotilla!
Qué divertido es este relato, y redondo como bien dice el sagaz señor Felipe. Me ha gustado mucho.

Fecha: 03/12/2005 14:31.


gravatar.comAutor: Fabrizio

Muy buen relato,como siempre finales inesperados y sorprendentes. En mi tierra se usa una frase para decir que algo esta bueno ¿Está para comerselo! Parece que Joan enconó unamejor manera de expresarlo, ja, ja, ja. Un beso Gata.

Fecha: 04/12/2005 14:38.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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