UN CARÁCTER DE PASTA FLORA

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Para Alimaña (redactor-jefe de Alimaña News)

      Habíamos conseguido coincidir a la hora del café un grupo que nos relacionábamos a base de bromas, pullas, frases equívocas, y la ironía era el envoltorio obligado cuando rozábamos lo personal. Nadie podía evitar las carcajadas, salvo Gloria, la dueña del bar, con su cara fofa y anodina, que, sin sonreír jamás, nos miraba como si fuéramos transparentes y viera la pared.
      — Gloria, cóbrame, que estos vagos no tienen que trabajar, pero yo sí era mi modo de despedirme a diario, y jamás me dirigía la palabra, pero aquella tarde, quizás porque su marido no estaba, se atrevió a decirme en susurros:
       — Tú trabajas en el bufete con tu padre... quiero localizar a mi madre... ella me dijo que él sabría dónde...
       Gloria, eso lo tendrás que hablar con él...
       No me lo quiere decir...
       Lo siento, yo tampoco estoy al corriente...
       Los ojos se le llenaron de lágrimas sin un sollozo y sin cambiar su gesto neutro.
       —Haz lo que puedas, por favor, necesito hablar con mi madre.
       Ya sabes cómo es mi padre, Gloria. Es una tumba con los asuntos del bufete. Yo tengo mis clientes y él los suyos, y no me cuenta nada.
      Haz lo que puedas...

      No llegaba a los treinta años, y, sin embargo, parecía mayor que su marido, que tenía más de cincuenta. Éste solía jugar la partida, bromeaba con los clientes, y sólo pasaba detrás de la barra para abrir la caja y guardarse el dinero. Era un tío simpático, piropeador y bromista, que había tenido innumerables novias y líos de faldas, pero al final fue a casarse cerca de los cuarenta años, cuando Gloria acababa de cumplir dieciocho. Fue un bombazo, pero como yo estudiaba en Barcelona por aquella época, no me interesó mucho y si algo me contaron lo había olvidado. Pero me impresionaron aquellas lágrimas sin aspavientos, y a la primera ocasión que tuve le pregunté a mi padre.
       Hay un sobre lacrado para que, si yo muero repentinamente, puedas cumplir las disposiciones que me han dejado mis clientes.
       Sí, papá, ya lo sé. ¿Por qué se enfadó su madre tanto como para no dejarle saber su paradero?
       Todo lo que te pudiera decir lo sé por mi cliente, y es confidencial. Pregúntale a tu madre o a sus amigas, que está al corriente de todos los chismes del pueblo.
       Muy bien, papá. Y perdona si te he molestado.

      Así es que fue mi madre quien me contó lo que se sabía:
       —Luisa, la madre de Gloria se quedó viuda muy joven. Su marido fue a buscar setas, y cayó por un barranco. Debía de estar borracho, como solía. Luisa, pareció volverse loca y durante un tiempo tuvo que estar su madre con ella para que no hiciera una locura. Poco a poco se recuperó, pero no ha vuelto a querer a otro, y eso que ha tenido enamorados y propuestas de matrimonio. Dijo que tenía que ganarse su vida y, en vez de comerse los ahorros, los invirtió en arreglar el local dónde su marido había tenido la guarnicionería. Empezó dando desayunos y comidas, y cerraba a las cuatro de la tarde para ir a buscar a su hija al colegio.

      Ahora a nadie le extrañaría, pero fue un escándalo en aquella época, porque las únicas mujeres que atendían a los clientes eran las de los bares de mala nota. Pero Luisa se hacía de querer por su buen carácter y los parroquianos hicieron causa común con ella, y jamás consintieron que la molestaran... A su niña la llevó al colegio de las monjas, y luego, la mandó interna a un colegio carísimo en Barcelona. Para poderlo costear, abría desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche, y tuvo que contratar un camarero y una mujer para ayudarle en la cocina. Pero cuando hablaba de los estudios de su hija su rostro irradiaba alegría:
       Mi hija podrá estudiar y ser lo que quiera, eso lo juro por lo más sagrado.

      En verano, Gloria pasaba las vacaciones en el pueblo, pero su madre no le permitía que le echara una mano en el bar. Y si alguien se lo sugería, Luisa contestaba tajante:

      —No. Lo que tiene que hacer es descansar y divertirse, que bastante hace con estudiar. Este año también ha sacado las mejores notas de su curso. Podrá llegar adónde quiera...
       Se le ve mucho con Pablo...
      ¿Pablo? ¡Pero si le dobla la edad! ¡Qué cosas se os ocurren!

      Sin embargo, cuando Gloria cumplió dieciocho años, volvió al pueblo sin pedir permiso en el internado, y apareció a la hora de los aperitivos con Pablo de la mano. Luisa estaba fregando la vajilla, y se quedó lívida, pero siguió con lo suyo como si no los hubiera visto. Gloria habló como si quisiera que todos los clientes escucharan nítidamente.
       Pablo y yo nos vamos a casar la semana que viene.
      
      Luisa ni se dignó mirar a Pablo.

      —¿Estás embarazada?
       —Soy mayor de edad.
       —¿De qué vas a vivir? A Pablo lo conozco desde que echó los dientes... no...

    Pablo con una sonrisa de suficiencia, dijo:
       Gloria está al corriente de que tú y yo hemos sido amantes... no le he ocultado nada... Lo sabe todo el pueblo, Luisa, así es que no te molestes en disimular: saben por qué dejaste a tu hija en un internado para que no te molestara...

      Luisa siguió sin mirarlo, pero sus ojos chispeaban de ira, y le preguntó a su hija:

      —¿De qué vas a vivir?

       Quiero la parte de la herencia de mi padre.
       La herencia de tu padre es este local, dónde yo puse el bar... dónde he trabajado como una bestia...
       Entonces este bar es mío. No hay más que hablar.
Luisa apretó los dientes, se quitó el delantal, fue a buscar las llaves y se las entregó.
       Si tú trabajas aquí no te faltará el pan.
       Trabajaremos los dos...
      No creo, hija mía, no creo... pero como tú misma has dicho, eres mayor de edad

      Luisa puso en venta su casa y las tierras, dejó poderes firmados para no tener que volver, y se marchó del pueblo antes de la boda de Gloria y Pablo.

     Estaba a punto de subir al tren cuando Gloria llegó corriendo a la estación y quiso darle un abrazo, despedirse de ella o convencerla para que se quedara... Luisa la apartó sin miramientos:

     —Ya sabes mis condiciones, cuando cumplas, dile a mi abogado que me llame, él sabrá como localizarme. Pero no me llames por ningún otro motivo, porque no vendré.
Y mi madre me aseguró lo que yo había sospechado:

      —Pablo es un canalla que la humilla, la explota, y la maltrata... Esas caídas y esos accidentes domésticos que ella cuenta sólo son palizas...
       Quizás si se le pediera ayuda a Luisa...
       A tu padre le ha avisado una docena de veces que necesita hablar con ella, pero él no le hace ni caso... ¡Tu padre tiene el corazón como una piedra! Dice que él ha de seguir las instrucciones de su cliente...

      Seguí yendo al bar cada día, pero Gloria no volvió a comentarme nada y yo borré de mi cabeza aquel drama sórdido y vulgar.

      Al cabo de unos meses, la Guardia Civil despertó a mi padre a las seis de la mañana y mi madre, volvió a ser mi fuente de información.

    —Por lo visto, Pablo volvió demasiado borracho anoche... Lo encontró un vecino en el hueco de la escalera. Cayó desde el cuarto piso...
       ¿Y su mujer?
       La tuvo que despertar la Guardia Civil porque toma pastillas para dormir y... quiso tirarse por la ventana cuando se enteró... La han tenido que sedar y está ingresada, dice que se matará, que no quiere seguir viviendo sin él...
       Lo siento, mamá, nunca entenderé a las mujeres... ¿Cómo puede reaccionar así cuando ha muerto su torturador?
       No sé, hijo, no se sabe nunca lo que ocurre en un matrimonio... y una cosa es lo que creemos que pasa y otra... ¡En fin! Tu padre se ha decidido a llamar a Luisa, y está de camino... estará a punto de llegar.

      Al cabo de un tiempo volvió a abrir el bar, y Luisa ayudaba en la barra, y cuidaba a su hija con ternura. Se les veía muy unidas, y los parroquianos fuimos viendo la transformación paulatina de Gloria, que respondía a los cuidados de su madre hasta convertirse en una mujer de belleza serena y con una sonrisa casi perenne, y recuperó el aspecto juvenil de antes de casarse.

       A finales del verano se marcharon de vacaciones, y sólo volvió Luisa:
     —Gloria se ha vuelto a matricular en la Universidad. Así es que ya podéis espabilar y poneros al corriente de pago, que tenéis muchas cuentas atrasadas y como tenemos un carácter de pasta flora, nos tomáis el pelo...

     Mi padre tuvo un infarto cerebral al poco de volver Gloria a la Universidad, y nunca llegó a recuperarse, aunque nos empeñamos en hablar con él como cuando estaba sano, y actuamos como si fuera a recuperarse y volver al bufete.

     Todo esto ocurrió hace más de quince años.

    Gloria terminó sus estudios de Bioquímica, y se fue a trabajar a Estados Unidos.      Supimos del éxito de sus investigaciones en Genética por las revistas científicas en inglés que Luisa mostraba orgullosa.
       —Está investigando las leyes de la herencia por línea materna.
     En las fotos se le veía cada vez más joven y siempre sonriente.

      Luisa acabó vendiendo el bar y se marchó a vivir a Norteamérica con su hija. No hemos vuelto a saber de ellas.

      Mi padre murió hace una semana y he tenido que abrir los sobres sellados con lacre que no quise consultar mientras vivió. Al fín he sabido la única condición que Luisa puso para perdonar a su hija y acudir a su lado: “Cuando mi hija haga con su marido lo que yo tuve que hacer con su padre, avíseme. Bajo ninguna otra circunstancia está autorizado a llamarme.”

Gatopardo

En la imagen: cuadro de Mary Cassat.
18/12/2005 15:53. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

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gravatar.comAutor: alimaña news (redactor-jefe)

Gracias, gracias, Gatopardo. Yo vivo en un primero, pero siempre bajo en ascensor y cierro la puerta tras de mí. Y jamás permito a mi amada Alimañeja que vea mis anchas espaldas...
Por cierto, no te voy a perdonar la paga extra ni la cesta de navidad.

Fecha: 18/12/2005 17:07.


gravatar.comAutor: Laika

Un atractivo relato, menos mal que, en casa, somos felices y, por si la poesía se nos sube, tenemos barrotes en las ventanas. Cada día me pareces más irreal, en el sentido altamente positivo, Gata.

Fecha: 18/12/2005 18:51.


gravatar.comAutor: Hannah

Muy interesante relato, cómo todos los tuyos. Terrible desenlace.

Un abrazo.

Hannah

Fecha: 18/12/2005 20:59.


gravatar.comAutor: Muralla

Una vez más tu historia es genial...
Bicos.

Fecha: 18/12/2005 23:20.


gravatar.comAutor: puagh

Supongo que todos tus lectores tienen esta misma pregunta que sólo yo voy a atreverme a hacer: ¿hubo alguna vez un gatopardo?
No quiero que nos cuentes si pasaste una temporada en Yeserías...

Un saludo agüela

Fecha: 18/12/2005 23:26.


gravatar.comAutor: Oda

se me ponen los pelos de punta y me muevo entre un asombro y bien hecho y así no, ay! agüe qué cosas!

Fecha: 19/12/2005 02:09.


gravatar.comAutor: felipe

la historia es circular, las historias se repiten, lo malo de la herencia genética es que se hereda.

Fecha: 19/12/2005 03:13.


gravatar.comAutor: pau

Gracias por el relato amiga mía, es precioso y muy real.
Je je. Por eso duermo con un ojo abierto y otro cerrado.

Fecha: 19/12/2005 13:34.


gravatar.comAutor: Gatopardo a IP 190.40.235.177

Será un honor bloquearlo siempre que aparezca por aquí.

Fecha: 18/05/2008 17:49.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
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por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
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somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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