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UN CANTO A MUCHAS VOCES

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Nada mejor para hablar de creación y traducción que las palabras, los versos –evidentemente traducidos- de Georgette Blanchard:

Para traducir poemas
es preciso
hacer mentir a las palabras
y no al poeta
respetar su poema
y no sus palabras.

Estos versos los acompañaría yo con otros de la gran Alejandra Pizarnik que cantan así:

cuidado con las palabras
(dijo)
tienen filo
te cortarán la lengua
.....
no tientes a los ángeles de las vocales
no atraigas frases
poemas
versos

Con estas dos verdades, se ha dicho todo sobre qué es creación y qué es traducción, claro que a la inversa, sencillamente porque el poeta es un ser contradictorio, ve lo que no sabe que ha escrito y escribe lo que no sabe que ha visto. Un dios con ojos ciegos y sin embargo plenamente videntes, con una lengua muda que muestra la palabra y sus silencios. Y el traductor, qué hace el traductor, compone otra obra, tal si un pájaro se pegara a otro pájaro y trinaran al par contra la luz, pero jamás el canto sería uno, jamás la traducción será el poema. La palabra sólo es una vez y la nueva palabra ya no es el viejo árbol sino una nueva simiente, otra palabra sucedida, un delgado ramaje que se adapta al extraño ramaje, que vibra bajo una nueva corriente, que parece la voz y no es sino otra voz, tal vez otro trabajo lento de orfebrería. Dos únicas joyas en una ciudad que abre sus oídos para escuchar la queja del que sabe que no debe callar, que debe arder la zarza, debe moverse el mundo, debe levantar un caos y ordenarlo a su modo.
Sergio Viaggio lo expresa de esta forma: Y ahí arde la traductoril Troya, porque lo dicho se puede volver a decir de mil maneras, salvo de la manera como está dicho en el original. La forma -incluida en la forma semántica, que es, precisamente eso: forma- no se puede reproducir. Se puede, en el mejor de los casos imitar, y a veces ni eso (¿cómo imitar un acróstico en chino, que no tiene letras o el soneto a las vocales de Rimbaud en japonés, cuyos signos son silábicos, o en árabe que solo tiene tres vocales?). El gran problema no es que la poesía es intraducible sino que es difícil traducirla para que sirva al lector de poesía, o sea pertinentemente.
Un buen poema se lee una y otra vez. Apetece escarbar en sus signos y en sus vacíos por ver si el universo allí creado se mueve nuevamente y nos abre más puertas. Tantas puertas y ojos como lectores y lecturas. Una buena traducción es como una espléndida función de teatro, cada vez que el poema es traducido, se repite esa función que jamás es idéntica. Siempre los personajes sueltan algo de sí, siempre improvisan parte del diálogo o la forma de decir; las emociones, los juegos de palabras nunca son los mismos y nunca el espectador se cansa de visitar el libro y abrirle su telón. Así la obra traducida, al menos a mí me sucede, debe tener esas pequeñas variantes, esas diminutas sorpresas donde el autor se ve dueño de algo que le es regalado. Por ejemplo una aliteración que, lo mismo que una rosa negra, asombra a quien se pincha al contemplarla, hace sangrar la voz de otro modo, altera lo ya dicho, porque de qué serviría ese decir idéntico. El traductor también ha de ser una especie de oráculo y entrar en el no dicho del autor, entrar en el hálito que provocó el verso, entrar en la desmemoria que adquirió medida y forma, caminar en la pluma del traducido, al menos un instante, el de captar su universo de signos y materia.
Muchas veces se ha dicho que la poesía sólo se debe traducir por poetas, mientras otros opinan que estos no son buenos traductores. El motivo que esgrimen los últimos es que el poeta partiría del poema ajeno para escribir uno suyo, mientras que el traductor llegaría desde el poema original a otro análogo. Cosa que, personalmente he visto en muchísimas ocasiones, no siempre sucede, es más, no suele suceder nunca. Con respecto a este tema, Octavio Paz dice así:
La traducción poética es una operación análoga a la creación poética, sólo que se despliega en sentido inverso. Cada palabra encierra cierta pluralidad de significados virtuales; en el momento en que la palabra se asocia a otras para constituir una frase, uno de estos sentidos se actualiza y se vuelve predominante. En la prosa la significación tiende a ser unívoca mientras que, según se ha dicho con frecuencia, una de las características de la poesía, tal vez la cardinal, es preservar la pluralidad de sentidos. En verdad se trata de una propiedad general del lenguaje; la poesía la acentúa, pero, atenuada, se manifiesta también en el habla corriente y aun en la prosa...Los críticos se han detenido en esta turbadora particularidad de la poesía, sin reparar que a esta suerte de movilidad e indeterminación de los significados corresponde otra particularidad igualmente fascinante: la inmovilidad de los signos. La poesía transforma radicalmente el lenguaje y en dirección contraria al de la prosa. En un caso, a la movilidad de los signos corresponde la tendencia a fijar un solo significado; en el otro, a la pluralidad de significados corresponde la fijeza de los signos. Ahora bien, el lenguaje es un sistema de signos móviles que, hasta cierto punto, pueden ser intercanjeables: una palabra puede ser sustituida por otra y cada frase puede ser dicha (traducida) por otra. Podría afirmarse que el significado de una palabra es siempre otra palabra. Para comprobarlos basta recordar que cada vez que preguntamos: ¿Qué quiere decir esta frase?, se nos responde con otra frase. Pues bien, apenas nos internamos en los dominios de la poesía, las palabras pierden su movilidad y su intecanjeabilidad. Los sentidos del poema son múltiples y cambiantes; las palabras del mismo poema son únicas e insustituibles. Cambiarlas sería destruir el poema. La poesía, sin dejar de ser lenguaje, es un más allá del lenguaje. El punto de partida del traductor no es el lenguaje en movimiento , materia prima del poeta, sino el lenguaje fijo del poema. Lenguaje congelado y, no obstante, perfectamente vivo. Su operación es inversa a la del poeta: no se trata de construir con signos móviles un texto inamovible, sino de desmontar los elementos de este texto, poner de nuevo en circulación los signos y devolverlos al lenguaje.
Más adelante, en su magnífica exposición, añadirá: la actividad del traductor es paralela a la del poeta, con esta diferencia capital: al escribir, el poeta no sabe cómo será su poema; al traducir, el traductor sabe que su poema deberá reproducir el poema que tiene delante de los ojos. Así pues yo veo que con una dosis de sensibilidad suficiente, con un saber vagar en el universo de los signos, con un poder desmaterializar verbalmente el yo propio e intercambiarlo por el yo ajeno, cualquier persona preparada, poeta o no, puede abrazar el terrible leño de la traducción.
Yo he disfrutado mucho leyéndome en los otros. Originariamente, disfruté leyendo lo que no tenía claro que había escrito; luego, disfruté cuando, al pasar el tiempo, recordé que olvidaba mis textos, que no sabía quién los había transcrito con mis dedos, quién empujó la luz hacia un teclado oscuro, quién dijo lo que yo decía y por qué exactísimamente me lo dijo a mí, que no podía escucharle porque mi mano iba trazando otros caminos y las letras formaban sus mundos paralelos. Luego, disfruté, viendo qué dijo él, el que me levantó el poema en una lengua nueva. Me miré en sus ojos, me vi en su forma de verme, me adiviné en su mano, en su lengua –la que no domino-, en sus detalles mínimos, en su voz, que no era robada y sin embargo reconocía como mía y ajena.

Me salí de mí misma, me fui otra.
Un poema, que realmente sea poema y una traducción bien hecha, no tienen más historia, porque bien dijo Alejandra:

“Coger y morir
no tienen adjetivos”

Acabo esta exposición, insinuándoles que busquen en el argot de la lengua madre de Alejandra, el significado más turbador de la palabra coger, ese tremendo verbo que nos induce, a veces, a tomar el deseo en su plena extensión y parecer morir una muerte que, por suerte, es intensa, pero no definitiva. He dicho.

Dolors Alberola

21/12/2005 12:46. Editado por Gatopardo enlace permanente. COLABORACIONES

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gravatar.comAutor: Nicolás

Hay quien defiende las traducciones como mal menor ... puede que en algunos casos sea conveniente, en otros casos las traducciones son simplemente un mal inútil, porque por mucho que se intente no podrán ni acercarse al original. Yo creo que hay que asumirlo y, en mi caso, celebrar que se habla un idioma con una riquísima y extensa literatura.

Fecha: 21/12/2005 17:58.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Cuando le dieron el premio Nobel a Vicente Aleixandre, leí en una revista literaria francesa la opinión de uno de sus máximos admiradores franceses, diciendo que Aleixandre era un surrealista desatado, porque un día le había dicho: "...j'étais dedans une bouteille avec mes pensées" (estaba dentro de una botella con mis pensamientos). Tardé dos días en darme cuenta de que lo que había dicho el poeta era "Estaba enfrascado en mis pensamientos". Ahora a ver cómo se lo explicas eso al pobrecito admirador, fascinado por el surrealismo de su ídolo.
Y gracias, Dolors por este hermoso texto, que está lleno de sugerentes preguntas y deducciones.
Un abrazo

Fecha: 21/12/2005 22:35.


gravatar.comAutor: El Pendón Volteriano a la Incontrolada Poetisa

Señora mía: Su prosa es más recargada que el traje de una fallera de "Todo a Cien". Cuando tenga un ratito de descanso en bordar metaforas primorosas sobre el principio de sensación de la formas estética, le rogaría humildemente que me explique los términos "traductoril" e "intecanjeble" (o "intercanjeable"), así como la frase "escarbar en sus signos y en sus vacios".
A mí me suena a actividad gallinacea. Atentamente

Fecha: 21/12/2005 23:09.


gravatar.comAutor: Dolors Alberola

Mi querido Pendón: Dese usted la vuelta, ya que se autodenomina Volteriano y lea. Si lo hace con corrección, verá que lo que usted pregunta, una servidora, vestida de fallera o de lagarterana, no se lo puede responder. No porque no sepa, sino porque no siendo míos los términos, se lo pregunte usted mismo, que para eso tiene pendón y mástil, al propio autor de esa cita: Sergio Viaggio.

Aparte de esto, siga "escarbando" en su propia nota de repulsa y ajuste géneros y número.
Ha sido un verdadero placer. Si no le importa, no me toque himnos a la salida del escenario, no los suelo soportar si no los interpreta Mozart.

Fecha: 22/12/2005 12:30.


gravatar.comAutor: El Pendón Volteriano a la respondona poetisa

Gran Dama: un ramos de flores a sus pies.
Andando Julián Marías por estos foros, lamento no poder cumplir sus órdenes de darme la vuelta y dejar mi retaguardia alejada de la protectora pared.

Fecha: 22/12/2005 15:09.


gravatar.comAutor: Dolors

Haga usted lo que crea con su retaguardia. No conozco a nadie por estos foros con idioma similar al suyo, ni sé ni me importan las aficiones de cada uno. Respire hondo y regálele las flores a cualquier transeunte o a alguna "poetisa" que reconozca tal apelativo o escriba a su gusto. La naturaleza me gusta viva.

Muy amable.

Fecha: 22/12/2005 19:35.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Señor Pendón Volteriano: son muchos los que le propinarían una patada en el trasero con gusto, no sólo Julián Marías, pero creo que eso no debería impedirle hacer caso a lo que la dama le ha pedido y revisar su propio comentario. Estaré encantada de admitir su rectificación.
Respecto a las flores que ha dejado caer a los pies de doña Dolors, las recojo y las pondré en un búcaro rojo de cristal veneciano para alegrar mi limitado horizonte.
Dolors, he borrado el comentario repetido y he disfrutado muchísimo viendo tu rapidez de reflejos y tu ingenio dialéctico.
¡Ah, cuánto te echaba de menos antes de conocerte!

Fecha: 22/12/2005 19:52.


gravatar.comAutor: Zuriñe

Esto requiere imprimir y saborear palabra a palabra. Exprimir este lógico texto y a la vez tan anárquico, la selva de la traducción. Traducir es inventar, es imaginar, es construir una arquitectura linguistica desde un plano diferente. Un abrazo cálido

Fecha: 22/12/2005 23:14.


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