
Señoras, señores, damas, caballeros, doncellas, galanes, mozas y mancebos: tengo el placer, el gusto, la delicia, el deleite, la delectación y el escorrozo de presentarles esta conmovedora elegía fúnebre, este epicedio insigne, este réquiem perisológico entonado por un filólogo a la muerte de su padre. Paladeen con fruición la prolijidad, el pleonasmo, el ribete, el fárrago y el follaje retórico de este arquetípico ejemplo de tonto circunstanciado, de pedante albardado o asno bachiller. Su pobre padre debió de morir de perforación timpánica, maldiciendo la hora, el mes y el año que se le ocurrió regalarle al imbécil de su hijo el Diccionario Ideológico de Julio Casares y el Espasa de Sinónimos y Antónimos.
RUMOR DE DITIRAMBOS, LLOROS, PÉSAMES..
Padre, silabeo tu nombre. Eu-se-bio, y ya no me deslumbran sus fanales esplendentes o reverberos piadosos, íngrimos, sino que me espantan sus sombras atezantes, atenazantes, atemorizantes, disfrazadas de amazonas apocalípticas y enmascaradas con antifaces pálidos.
Padre, te acabas de difumar, difuminar, esfumar o esfuminar (puedes escoger el verbo que más te guste o quedarte, si así te peta y place, con la pareja, el triunvirato, el completo cuarteto propuesto o con ningún naipe del poker y rehusar la redondilla entera o el serventesio integro, o sea, ad libitum), pero no nos has dejado sólo tu solo cuerpo inerte, sino también un legado formidable o relicto caudaloso, una manera hábil, mágica, útil, válida (reputada arquetipo, dechado y/o espejo, donde mirar y mirarse para ver bien), definitiva y prodigiosa de y para afrontar dificultades y/o arrostrar problemas, de y para encontrar escapatorias a los callejones sin salida y/o las mejores soluciones y mejoras a todo y para todos.
De luto, padre, así estamos quienes te quisimos y veneramos entonces y ahora, las y los que hay, durante esta noche triste, dura hasta tener que soportar lo inaguantable, escuchar, verbigracia, indignadas/os, cómo ciertos pesaméferos y determinadas plañideras ríen las gracias a/de la crueldad, nos hemos sentido impelidos y visto obligados a clamar ¡basta ya! y nos hemos persuadido a (seguirte) que te siguieran y aprendieran (aprendiéramos) a admirarte (readmirante) tras conocer (reconocer) y considerar (reconsiderar) inobjetablemente eficaz y edificante el luengo y diuturno calvario que con tanta dignidad y con tanto aplomo has coronado/cubierto/recorrido. Evoco en esta noche oscura del alma, en estas horas áridas (y, al alimón, feraces) en las que descuella el desconsuelo, escala el escalofrío, manda el llanto y reina la resignación, circunstancias sin alivio y sin remedio ni remiendo junto a tu cuerpo exánime, las últimas tardes que pasé contigo (estando tú todavía lúcido), a la vera de tu cama, en las que tú fascinabas con los argumentos, subterfugios, propuestas y tesis políticamente incorrectos/as con los/as que me descolgaba y desplegaba, irreverente, aún incompletos/as, ante tus ojos/oídos epatados y yo sonreía franca, que no (sé) sardónicamente y te decía (y)e (re)iteraba que con comportamientos modélicos de beatos, semidioses, paráclitos, jesucristos o santos que remedar.
Padre, tú has sido, eres y serás, para quienes te tratamos (y ahora tratamos de retratar), encarnación ejemplar de la lucha omnímoda, total, sin cuartel, que el ser humano es capaz de librar contra el mal y, acaso valga y no huelgue la redundancia, la enfermedad, de su resistencia y de su resiliencia. Esa alhaja, ese lujo sin ajar, no lo (en)cerraremos, meteremos ni tapiaremos mañana, padre, cuando enhichemos tu cuerpo marcesible, enmohecible, enmudecido. Esa joya portátil, prendible, imperdible, ese bagaje libre y liviano viajará con nosotros mientras tengamos memoria y con otros cuando nos hayamos quedado sin plaza en el mundo, o sea, se nos hayan agotado el plazo y las prórrogas, es decir, hayamos expirado todos tus deudos.
(No es una invención, aquí está el enlace directo: fue publicado en Cartas al director de El Diario de Noticias. 3-10- 2003)
Imagen: dibujo de Roberto Innocenti
29/12/2005 15:03.