Facebook Twitter Google +1     Admin


SOBRE LAS JERGAS DE HABLA HISPANA

20060206133945-gramatica2p.jpg

Por Raúl Gallardo


Una parte de mi tiempo libre la dedico a colaborar con Roxana Fitch en el apartado de España de su página. Además, la he conocido personalmente y discutimos en su momento toda la sección española. Bien, yo soy español, filólogo, traductor y lingüista como Roxana y desde un punto de vista lingüístico, mi variedad de español, el andaluz, está a caballo entre el castellano y el español de América en general, puesto que la base lingüística de la lengua en América está en la variedad andaluza, no en la castellana. Eso me hace comprender muchas inquietudes de hablantes hispanos e incluso, si se me permite decirlo, las quejas que tienen sobre las injusticias que se cometen contra ellos desde España por parte de los "eruditos" españoles de la lengua.
Desde aquí, puedo decir que los académicos españoles se muestran bastante reticentes a aceptar como españolas la mayoría de las palabras y expresiones locales o regionales americanas, puesto que no tienen su origen dentro del castellano, sino en las lenguas amerindias, hecho que, quizás, impida (y a la vez explique) que un proyecto como el de Roxana dependa de sus esfuerzos y el de las personas que quieran o buenamente puedan ayudar, en lugar de la gente que verdaderamente podría hacerlo con todos los medios. Los académicos también muestran prejuicios contra el español de América porque, a juicio del castellano, muestra incoherencias y errores gramaticales. Y digo que me identifico con muchos hispanos porque en España mi variedad dialectal siempre se ha tenido como una "deformación del castellano". Y yo me pregunto entonces ¿Y qué es el castellano? ¿Acaso el castellano no es el resultado de la deformación de una lengua superior, mucho más compleja, que es el Latín?
Habría que recordarles a los académicos españoles que hasta que Helio Antonio de Nebrija, latinista andaluz, no tradujo a su lengua, el castellano, una gramática latina que él mismo escribió, y se dio cuenta de que el castellano podía someterse a reglas, es decir, tener una gramática propia, no apareció el sentido patriótico y la necesidad en España de tener un lenguaje común, puesto que en esa época, siglo XV, los españoles del norte no se entendían con los del sur y viceversa. El rey de la época, Carlos I (V de Alemania), al leer la gramática de Nebrija, publicada en 1492, dijo que “La lengua siempre ha sido la fiel compañera del imperio”. Él era alemán de nacimiento y con sólo unos 12 años llegó a la Corona española para ser rey sin saber castellano. Se convirtió en el mayor defensor de la lengua, e incluso delante del Papa, en una convención internacional en el Vaticano, donde la lengua que se usaba era el latín, se atrevió a hablar “en mi lengua castellana, que considero tan digna y merecedora de ser conocida como el latín”, respuesta que le dio a un sacerdote que representaba a la Corona de Francia, que quedó tremendamente escandalizado ante la osadía de hablar en otra lengua y dijo al rey español en latín que no había entendido lo que había dicho, recordándole a su vez que sólo se podía usar el latín como lengua común. El rey español contestó, más o menos para resumir, que quien quisiera dirigirse a él, que aprendiera castellano porque no estaba dispuesto a hablar en ninguna otra lengua y obligó a la diplomacia extranjera a aprender castellano.
A partir de ahí, surgieron gramáticas castellanas para extranjeros y cada país empezó a plantearse seriamente la posibilidad de gramaticalizar su lengua. Era una época en la ninguna lengua vernácula de ningún país podía tener gramática porque sólo las lenguas nobles como el Latín, el Griego clásico y el Hebreo antiguo eran las dignas merecedoras de ello sencillamente por ser lenguas muertas, es decir, que ya no podían cambiar ni deformarse. El castellano, al igual que el francés y el toscano (italiano estándar) eran lenguas populares mayoritarias a nivel nacional que no podían tener gramáticas porque resultaron de la deformación de una lengua noble, a las que llamaron “lenguas corruptas”. Hoy día, estas “deformaciones”, y desde hace muchos siglos, han alcanzado y conservado el mayor status de valor, prestigio y reconocimiento lingüístico en todo el mundo que pueda conseguir una lengua, en un principio por su elegancia, hoy día por las inmensas aportaciones a la literatura de grandes clásicos universales y el número de hablantes.
Dicho todo esto, me remito a lo anterior: gracias a la labor de un español no castellano, la lengua tomó un impulso como ninguna otra lengua en la historia. Su gramática no sólo fue la primera de castellano, sino que también la primera gramática de una lengua moderna, suponiendo la difusión de la lengua a gran escala. Y con la llegada de los españoles a América, y tras su independencia de España, en este país se llegó a temer por la separación lingüística, que ocurriera exactamente lo mismo que ocurrió con el latín: que la deformación fuera tan grande que no se pudieran entender los hispanohablantes entre ellos, es decir que surgieran nuevas lenguas a partir del español en América. Fue entonces cuando nació la Real Academia Española con el lema de “Una, pura, limpia y da esplendor” que resumía a la perfección la labor a la que se habían comprometido. “Una” refiriéndose a una sola lengua en la comunidad hispánica, unificar la lengua a pesar de sus variedades. “Pura”, sin interferencias de otras lenguas. “Limpia” de extranjerismos y préstamos. Y todo eso para que dé “esplendor”. En otras palabras: la máxima expresividad y el florecimiento de la lengua se conseguirían si se pudiera mantener tal cual es, y no admitir cambios ni sugerencias.
Nuestra lengua posee algo único que no tiene ninguna lengua: una institución que en un principio velaba por su seguridad y que se fijó como objetivo la preservación y unión del castellano. Ése es el mérito de la RAE: tanto en América como en España, el español se escribe de una sola forma, se habla de una sola forma y es la garantía de la unidad lingüística. Hoy día un español puede entenderse con un salvadoreño, un cubano puede entenderse con un argentino, un mejicano puede comunicarse con un peruano, y eso ya es un logro porque ni siquiera la lengua más internacional, el inglés, cuenta con una institución equivalente a la Academia Española, pues se trata de una lengua que está fuertemente dialectizada y de la que se separan dos grandes dialectos: el británico y el americano estándar. El dialecto británico cuenta como autoridades lingüísticas las bases de datos de los diccionarios Oxford, Collins, Cambridge… y el dialecto americano tiene el diccionario Merrian & Webster como guía. El francés tiene la firma que hace la enciclopedia y diccionario Larousse, el italiano tiene el diccionario Zanichelli… y el portugués depende de lo que se decida en las conferencias entre representantes portugueses y brasileños de la lengua portuguesa. Tanto el inglés como el portugués tienen ortografías dialectales, una consecuencia de la falta de unidad en la comunidad de hablantes.
Pero muy poco se imaginaban estos eruditos de la Ilustración española que, por regla general, la historia siempre nos ha enseñado que una lengua cambia desde que sale de su territorio para meterse en otro. Una lengua no es más que la manifestación oral de un pueblo y su cultura, y como expresión de la realidad, se debe adaptar siempre al mundo que le rodea. ¿Alguien se ha preguntado alguna vez qué cara pondrían los españoles cuando vieron por primera vez un papagayo o una llama? ¿O el ananás, que después llamaron piña? ¿O una canoa? ¿Qué palabras salieron de sus bocas para expresar lo que veían? La lengua española no estaba preparada para describir el mundo que les rodeaba y los españoles tuvieron que echar mano de patronímicos, es decir, palabras castellanas para referirse a realidades americanas, hecho que explica que la palabra “ananás”, la que usaban los indios caribales en el Caribe, tuviera poco éxito en la lengua española porque a los colonos el fruto de la palmera más bien les recordaba a una piña, que es en verdad el fruto del pino, de donde se sacan los piñones.
Fue el mismísimo Descubridor quien, en un diario, utilizó y sin quererlo agregó al español la primera palabra amerindia: “‘canoa, que una especie de barca’”. Con el tiempo, la introducción de palabras amerindias adaptadas a la fonética española se hizo cada vez más frecuente y son palabras que han sobrevivido hasta tal punto que hoy día nos resultan de lo más normal: ‘cochino’, ‘tomate’, ‘tiburón’, ‘huracán’, ‘patata’ y un larguísimo etcétera. Por eso mismo el español se hizo americano en cuanto llegó a América.
A todo esto hay que añadir que el tiempo que se tardaba en realizar una travesía por el Atlántico y llegar a España o a América era de unos cinco o seis meses produciendo un aislamiento lingüístico entre los dos mundos, por lo que las innovaciones lingüísticas en España llegaban bien tarde a América, hecho que explica, entre otras cosas, por qué en España se usa el “vosotros” cuando en América se usa o sustituye por el “ustedes”. Con este aislamiento y la mezcla étnica los hispanohablantes de América tuvieron que arreglarse con lo que habían aprendido para formar su lengua.
Después de cinco siglos, nuestra lengua ha crecido, ha influido a las lenguas más importantes y es gracias al enorme esfuerzo de los hispanoamericanos que hoy día el español se está dando a conocer por todo el mundo y que ha penetrado fuertemente en Estados Unidos, siendo la lengua más estudiada en ese país, adoptando palabras como ‘plaza’, ‘mil’, ‘fiesta’ casi sustituyendo a las propias inglesas ‘square’, ‘thousand’, ‘party’ y dando a las personas que las usan el mismo prestigio que aquí en España se le da al que usa palabras inglesas en lugar de las españolas, una señal de cultura. América ha enriquecido mucho el español, tanto en la expresividad de que carece el castellano como en léxico, y en España casi se le ha dado la espalda. Hoy día la lengua es así y debería ser aceptada en todas sus variedades.


El autor, Raúl Gallardo, amplia en este artículo su comentario en "Porque nuestra patria es el lenguaje" , sobre la labor lexicográfica de Roxana Fitch, de Jergas de habla hispana.

06/02/2006 13:39. Editado por Gatopardo enlace permanente. CRÍTICA LITERARIA

Comentarios > Ir a formulario



gravatar.comAutor: Gatopardo

Lo que me maravilla es que toda investigación llevada a cabo con el patrocinio de los catedráticos, directores de tesis y académicos sobre la lengua se basen exclusivamente sobre lo que otros eruditos, profesores y académicos hayan escrito anteriormente. Y el resultado de esta percepción endogámica de la lengua se empobrece cada vez más, como no podía ser de otra manera. Ensimismados en su jerga gremial y en sus fidelidades académicas, han creado monstruosas excrecencias teórico-ideológicas dignas de un frenopático, como el generativismo. Mientras la ciencia trata de explicar el mundo con el lenguaje más diáfano y preciso posible, los lingüistas se esfuerzan denonadamente en utilizar un metalenguaje, lo más críptico posible, abstruso, para encubrir su falta de rigor.

Fecha: 06/02/2006 16:22.


gravatar.comAutor: El Pendón Volteriano al Gallardo Filólogo

Querido mío: Este año la ibérica Pasarela Cibeles anuncia que se llevarán los parrafos ligeros, sin ornamentos adjetivales; así mismo se huye de la autodefinición y de los apuntes de Historia de la Lengua. La moda primavera/verano permite la
frivolidad de dejar respirar al lector ¿No te animas?

Fecha: 07/02/2006 21:39.


gravatar.comAutor: Helen

Hola,

Simplemente genial!!!

Saludos.

Fecha: 19/10/2010 12:59.


Añadir un comentario



No será mostrado.







Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

Temas

Archivos

Enlaces

Bitacoras.com

TOP Bitacoras.com para México


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris