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¿QUIÉN ES EL MONSTRUO DE FLORENCIA? (1)

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      Quienes vivimos en la Toscana en algún momento de nuestra vida a partir de 1968, adquirimos la certeza de que la muerte violenta nos llegaría de mano de algún conocido, algo que todas las estadísticas confirman en cualquier parte del mundo.

      El monstruo de Florencia conocía cada rincón de los alrededores, y asesinó y mutiló a sus victimas con absoluta impunidad, burlando las patrullas, las trampas y las sospechas. Era uno de nosotros, un vecino amable y preocupado por el riesgo que corrían las jóvenes parejas que se iban en el coche, buscando intimidad al abrigo de los bosques, y maldijo, como todos, al asesino, y se mostró conmovido por la juventud de las víctimas. Formó parte de quienes testificaron que no habían visto a nadie, ofreció sus pesquisas a la policía, habló con sus amigos de sus sospechas, azuzó la desconfianza contra algún forastero que se cruzó en su camino, y entre los 100.000 ciudadanos que interrogó la policía, entre los millares de folios que rellenaron los investigadores, se encuentran su nombre y su dirección, sus respuestas, sus coartadas y su perfil inocuo. Yo lo conozco, lo conocemos todos, y sé quién es, como lo sabemos todos.

La primera pareja asesinada. 21 de agosto de 1968

      En Lastra a Signa, un pueblo tranquilo de la Toscana, Barbara Locci, de 32 años, apodada “la abeja reina”, casada infiel con múltiples aventuras amorosas, había dejado a su marido, Stefano Mele, enfermo en casa, y se había ido al cine con su hijo Natalino, de ocho años, y Antonio Lo Bianco, de 34 años, uno de sus amantes. Después, en el coche de Antonio, con Natalino dormido en el asiento de atrás, buscaron un sitio tranquilo para sus efusiones en los alrededores del cementerio. Natalino llamó a la puerta de un caserío apartado a las dos de la mañana del día 22. Dijo que su padre lo había llevado en brazos hasta allí, que habían matado a su madre y a su “tío”, y dijo haber visto a los asesinos, luego dijo que no recordaba. Al cabo de los años fue hipnotizado para que pudiera describir al asesino. En su mente se mezclaron los recuerdos inducidos, los deseos, lo onírico, los disparos, los asesinatos, y en su memoria sólo quedó nítida la absoluta oscuridad de aquella noche sin luna.

      Su padre, Stefano Mele, dijo haber estado durmiendo, enfermo; luego dijo que los había matado con la ayuda de otro amante de su mujer, Francesco Vinci; dijo muchas cosas, y después se contradijo. Quizás era el único prestigio que podía rescatarle de la humillación por aquellas infidelidades repetidas y consentidas, y en algún momento afirmó que él los había matado, que les había disparado ocho tiros con una Beretta de calibre 22, y esa cifra y la marca de la pistola eran detalles que sólo podía conocer si hubiera estado en la escena del crimen —dijeron los investigadores—, o si se los hubieran puesto en su boca los policías que lo interrogaron, dijimos los que sabemos cómo se hace.

      Le preguntaron por el arma del crimen, y confesó haberla tirado, haberla escondido, y cuando la policía la buscó, rastreo minuciosamente los diferentes lugares que señaló, sin encontrarla, dijo que la había entregado a un tercer cómplice. Más tarde se declaró inocente, y culpó a otros.

      Stefano Mele fue condenado a catorce años de prisión por el asesinato de su mujer y de su último amante, cometido en un ataque de locura transitoria, a pesar de sus protestas de inocencia.

      Seis años después, otra pareja, que se había refugiado en la oscuridad de los bosques para hacer el amor, fue asesinada con aquella Beretta 22, y esta vez, el asesino, sin la mirada despavorida de un niño brutalmente sacado del primer sueño, pudo firmar su crimen en el cuerpo de la mujer, con trazo firme, como buen conocedor de la anatomía humana.

(Continuará)

 Gabriel Veraldi-Pasquale

2º capítulo: ¿Quién es el Monstruo de Florencia? (2)

3º capítulo: ¿Quién es el Monstruo de Florencia? (3)

4º capítulo:  ¿Quién es el Monstruo de Florencia (4)

* Confesiones del monstruo de Florencia

Foto de Brassai

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gravatar.comAutor: Ramiro II

Gatopardo:
¡Eso no se hace! Nos dejas con la miel en los labios. Una historia tan interesante no se interrumpe. Al menos, dinos cuando continuará.

La historia me interesa sobremanera. Dices que todos lo conocemos y sabemos quien es. No sé; precisamente por quellas fechas pasaba frecuentes temporads en Italia y, aunque leía el caso en la prensa y lo comentaba con mis compañeros, nunca tuve la sensación de que alguien supiese de quien se trataba.

Saludos

Fecha: 21/02/2006 21:38.


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