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¿QUIÉN ES EL MONSTRUO DE FLORENCIA? (2)

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      Florencia es la capital de la región toscana, compuesta por las provincias de Arezzo, Livorno, Carrara, Pisa, Pistoia, Siena y Prato. Es una ciudad de unos 350.000 habitantes, protegida por innumerables leyes para salvaguardar el Patrimonio Artístico e Histórico, que impide cambiar una bisagra en una ventana o hacer reformas sin las mil trabas burocráticas de los funcionarios municipales, provinciales y nacionales, mal pagados en Italia, y que obtienen un sobresueldo mediante los consabidos sobornos para agilizar o saltarse los trámites legales. En consecuencia, todo el crecimiento de población que no consigue absorber la ciudad, se ubica en los alrededores de Florencia, en 44 municipios, donde viven unos 600.000 habitantes. Como Arezzo, forma parte de la región de los antiguos etruscos, ancestros reivindicados como garantes de la superioridad cultural de los florentinos, que encarnan sus virtudes fenicias sin descartar su fondo helénico, y su paisaje conserva aquella feraz naturaleza entre el resplandor fantasmal de las luciérnagas, con castaños, cipreses, robles, encinas, olivos viñedos, y el aroma de romero, ajedrea, y jaras, que los pintores renacentistas inmortalizaron.

      La cordillera de los Apeninos, las colinas de Chianti, Montereggi, cerca de Fiesole, donde el pintor de origen español, Antonio Bueno vivió como florentino confeso y converso, las colinas Metalíferas, y un valle regado por el Arno son el medio natural por el que se desplazan los florentinos para trabajar, estudiar, encontrarse con los amigos, pasear, acudir al cine, a la biblioteca, a un museo, a la pizzería o la trattoría o para bailar en una discoteca. No hay modo de vivir allí sin transitar aquellos bosques milenarios, tan familiares para los florentinos como las calles asfaltadas para los milaneses.

La segunda pareja asesinada. 14 de septiembre de 1974.

      La mañana del 15 de septiembre de 1974, en Borgo san Lorenzo, en "Le Fontanine" de Rabatta, en un sendero cercano al río Sieve, un campesino ve un Fiat 127 aparcado: en el asiento del conductor, yace muerto, semidesnudo, Pasquale Gentilcore, de 19 años. Stefania Pettini, su novia, de 18 años, está muerta no lejos de allí, y yace con los brazos en cruz y las piernas abiertas.

      El informe forense precisa que Pasquale recibió seis tiros y dos puñaladas en el tórax. Stefania, cuatro tiros y 96 puñaladas en la zona de los senos, del bajo vientre y del pubis, donde sobresalía un sarmiento de vid con hojas introducido en la vagina. El asesino había desparramado los objetos que Stefanía llevaba en el bolso.

      Pasquale Gentilcore trabajaba en una oficina de seguros y Stefanía era secretaria. Hacía dos años y medio que salían juntos, con separaciones y reconciliaciones. La policía logró saber cuáles habían sido sus actividades en las últimas horas de su vida aquel domingo. Aquella tarde, Pasquale conducía el coche de su padre, llevó a su hermana María Cristina a la discoteca “Teen Club” y quedó con ella de acuerdo para pasar a buscarla a medianoche. Luego, fue a buscar a Stefanía y se supone que se dirigieron al lugar donde encontraron la muerte poco después de las nueve de la noche.

      Conmociona pensar en las semejanzas con tantos otros jóvenes en la zona, que no fueron asesinados a tiros ni rematados a cuchilladas en aquella noche lluviosa y oscura de novilunio. Pienso en la angustia de los supervivientes, privilegiados y manchados por ese suceso para el resto de su vida.

      La policía no sospechó ni tomó nota, entonces, de las concomitancias con el asesinato de la primera pareja, porque el asesino de aquella era el marido y estaba en la cárcel.

     Pudiera ser que aquel primer crimen, que luego se ha atribuido al Monstruo de Florencia, no fuera obra de éste, pero le proporcionase la ocasión de adueñarse de la pistola que Mele dijo haber tirado.

       Y con este segundo crimen pasa lo mismo: también los sospechosos se lanzan a hablar, confesar, acusar, contradecirse. Como en todos los asesinatos, la policía recibe denuncias, confesiones falsas, anónimos... Las investigadores se centran en Bruno Mocali de 53 años, un supuesto curandero; en Giuseppe Francini, un minusválido mental que se presentó a la policía para acusarse del delito, y en Guido Giovannini, un mirón, identificado por algunos testigos y que tenía por costumbre espiar a las parejas en aquella zona. Pero, según se ha sabido después, espiar a las parejas es un pasatiempo popular entre los hombres florentinos, que se ayudan con prismáticos con visor nocturno, cámaras de fotos, micrófonos... Tuvieron que soltar a los tres detenidos.

      La policía dio vueltas en vano alrededor de los conocidos y allegados de la pareja, investigó a los enfermos mentales, a los que tuvieran antecedentes penales. En definitiva, trataron la investigación como un crimen sórdido y aplicaron la lógica instituida en estos casos, que es la misma que aplican los buenos médicos a los casos difíciles: dejar que el tiempo resuelva y ofrezca la solución.

Perfil del asesino de Pasquale Gentilcore y Stefania Pettin.

      El perfil de este crimen corresponde al de un hombre en la fuerza de la edad. Ha matado de forma expedita a Pasquale, pero se ha ensañado con Stefanía y ha seguido apuñalándola incluso después de muerta. Un asesino que se deja cegar por la cólera, un pícnico. Alguien que odia la plenitud sexual de la mujer y su corporeidad. Un frustrado sexual. Alguien que responde con violencia a la sensualidad femenina, y sólo se siente seguro cuando es un cadáver. Se demora para mutilarlo y esto hace pensar que conoce bien la campiña, sabe moverse en silencio, captar los sonidos que indican la presencia de alguien y no necesita huir inmediatamente de la escena del crimen, porque en el silencio de la noche distingue e identifica los ruidos. Es alguien que resulta familiar en la zona, no es extraño encontrárselo, quizás porque recolecta plantas medicinales. Y también es posible que se haya familiarizado con el bosque como cazador furtivo de los que utilizan cepos y trampas.

(Continuará)

Gabriel Veraldi-Pasquale

Capítulo anterior: ¿Quién es el Monstruo de Florencia? (1)


Capítulos siguientes:

3º capítulo: ¿Quién es el Monstruo de Florencia? (3)

4º capítulo:  ¿Quién es el Monstruo de Florencia (4)

Confesiones del monstruo de Florencia

Foto: Florencia desde Fiesole

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gravatar.comAutor: Vailima

A una le entran escalofríos leyendo estas cosas y sientes cómo el estómago se va reduciendo paulatinamente hasta convertirse en una bola de chicle.

Fecha: 22/02/2006 07:39.


gravatar.comAutor: Zuriñe

No me deja publicar comentarios en tu blog de Periodista Digital. Por lo tanto lo dejo aquí. Otra manera de ver esa hermosa ciudad que es Florencia, nostalgia del Renacimiento. No parece creible que en un paisage semejante ocurran ese tipo de asesinatos. Supone este texto un estudio antropológico sobre criminalidad. Continuaremos su pista. Un abrazo compañera

Fecha: 22/02/2006 16:38.


gravatar.comAutor: Yanett

Te agradezco muchisimo tu comentario en el blog de Luunna, creo que no me explique muy bien y sí, efectivamente hay mucha gente mexicana involucrada en todo esto. Yo solo quería expresar que no me parece justo que permitan que extranjeros como el vivan en nuestro país...Gracias por el link.
Un saludo.

Fecha: 22/02/2006 18:02.


gravatar.comAutor: LeeTamargo

...Y que cuenta con el aplomo -o no sé cómo llamarlo- suficiente para andar entre la gente y las calles con una conducta aparente y normal. Esperemos encontrarnos con la sorpresa final de su identidad antes que con otro crimen de locos... SALUDANDO:
LeeTamargo.-

Fecha: 23/02/2006 12:30.


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