SECRETOS DE MUJER

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      Rosa me ha insistido que su hija Florita, mi ahijada, está muy rara desde que se casó. Y su voz y su gesto transmiten zozobra. Viniendo de ella, que suele ser tranquila y razonable, es como para alarmarse. Para colmo, una amiga común le ha contado que vio a Florita con hematomas en la cara. Y Florita le contó eso tan clásico de que se había caído, y se había golpeado con el picaporte. Justo cuando ha estado dos meses dando excusas para no ver a su madre.
      —¿Tú crees que Pedro se habrá atrevido a pegarle?
     —No sé, Rosa, lo que me extraña es que Florita no haya acudido a tí inmediatamente… Siempre te ha contado todas sus discusiones con él…
      —Y Pedro también me las ha contado siempre…
      —No sé… pero si no me entero, reviento.
      Y, claro, con lo cotilla que soy, me invité a comer en su casa para encontrarme con Florita y Pedro, a los que no había visto desde hace cuatro meses.
      Florita tiene cuarenta años, ha logrado perpetuar su carácter adolescente e inestable, y sus risas, sus gestos de desagrado y su expresividad desaforada convierten su rostro en la más transparente crónica de su estado de ánimo. Pero cuando llegué, Florita permaneció hierática, me besó, me abrazó,  y me dio la bienvenida sin mover ni una ceja.
      —Gata, cómo me alegro de verte.
      —¿Te pasa algo?
Una risa que no se parece en nada a la suya, surge de las profundidades de la glotis, sin reflejarse en su rostro.
      —¿Tiene que pasar algo para que me alegre de verte, pérfida Gata?
Pedro se acerca a nosotros, y la mira con arrobo. Me saluda con verdadera alegría y me pregunta lo de siempre.
      — ¿Verdad que tu ahijada está preciosa?
      —¡La más guapa del mundo! -Y nunca he dicho una mentira mayor. Florita está horrible, no parece ella. Tiene un gesto de susto, como si una visión espantosa la obsesionara. Su verborrea, sin embargo, es la misma.
      —Mamá se ha empeñado en que pongamos la mesa en el comedor, pero yo digo que comamos en la cocina. ¡Dame la razón!
      —Florita, por instinto de supervivencia ya sabes que nunca le llevo la contraria a tu madre: es un privilegio que se ha ganado por soportarme desde que íbamos a la escuela.
      Comemos en la cocina, claro. Madre e hija se obsequian con frases intrascendentes y tensas. Así es que hago uso de mi proverbial falta de tacto.
      —Bueno, Pedro, dime por qué tu mujer no viene a vernos…
Pedro mira a su mujer y calla. Florita pestañea, sin mover un músculo, y trata de bromear. Pero parece asustada.
      —Ahora, Gata, estoy casada, y…
      —Venga, Florita, lleváis viviendo juntos ocho años, no me vengas con rollos… Además le he preguntado a Pedro, porque tú mientes siempre y él, no.
      Pedro está azorado, no me mira.
      —Bueno… es que… Florita no ha podido… es…
      —Oye, Gata, no te metas con él, soy yo la que he estado ocupada y no he podido venir…
      —Ya… algo muy gordo ha tenido que ser para que interrumpas tu costumbre de venir a diario a comer o a cenar, a que tu madre te cosa los botones que se caen…
      Rosa tiene los ojos cuajados de lágrimas.
      —No sé qué te pasa, hija, pero... estás muy rara, y… no pareces la misma...
     Florita mira a Pedro con esa extraña expresión despavorida. Y callan. Rosa se levanta y empieza a preparar la cafetera.
      —Mamá, no nos quedamos a tomar café, nos vamosdice Florita con la voz temblorosa y el rostro inexpresivo— Tenemos que irnos.
      Pedro titubea, pillado por sorpresa.
      —Si… hemos quedado…
      Algo en su expresión me recuerda a otras mujeres que he conocido en las mismas circunstancias, y, de pronto, caigo en la cuenta de lo que debería de haber comprendido al mismo verla, y, sobre todo, sabiendo que Pedro es más joven que ella. No sé por qué a estas alturas me sigue costando tanto trabajo aceptar la estupidez de los que amo.
      Rosa llora abiertamente, y me parece una canallada callarme, así es que suelto la información sin importarme los sentimientos de Florita.
      —Rosa, no llores: esta idiota se ha hecho un tratamiento para quitarse arrugas, y por eso tiene la cara como si fuera en moto con el viento de frente y hubiera visto un fantasma o llevara un bigotillo de mierda fresca pintado.

Gatopardo
30/03/2006 15:12. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

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gravatar.comAutor: Fabrizio

Conociendote como te conozco, ya el final no me sorprendió ja ja ja. Muy bueno Gata pero..¡Que tienes en contra de las que se quitan las arrugas? Ellas pagan por verse como máscara de Carnaval de Venecia.

Fecha: 30/03/2006 16:14.


gravatar.comAutor: LeeTamargo

...Cuando las madres se ponen en lo peor no hay abismo generacional que valga ni modas que se vistan de seda. Bueno, casi siempre... SALUDANDO:
LeeTamargo.-

Fecha: 30/03/2006 16:28.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

Magnífico relato, Gata, equívoco y subrealista como la vida misma. Tus pinceles son inexorables.
Abrazos.

Fecha: 30/03/2006 17:08.


gravatar.comAutor: thirthe

claro, todas tenemos el mismo derecho que sharon stone...

Fecha: 30/03/2006 20:10.


gravatar.comAutor: Ramiro II

Gatopardo.
Esto no es un relato (..taco gordo) ¡es un cuadro de Goya!

Magnífico; como siempre me has sorprendido con el final.

No se escribir lo que quiero decir y, seguramente me iré por las ramas; por tanto, sólo te apunto que no siento lástima por los y las que, por falta de seguridad o inteligencia, no saben apreciar lo bella que resulta una persona que luce sus años y arrugas con venerable orgullo de haber vivido.

¡Toma silicona y estirón! (...taco)

Saludos y muchas gracias por tus escritos.

Fecha: 30/03/2006 20:22.


gravatar.comAutor: Zuriñe

Siempre nos acabas sorprendiendo con los finales...botox, botox, si lo mejor es emparejarse con alguién mucho más mayor, por si las moscas, jajajaj
Gracias por tus animadores comentarios en PD. Un abrazo

Fecha: 30/03/2006 20:59.


gravatar.comAutor: pau

Ay! gata gatita...
Por qué será que esas historias me suenan?
Por qué será?

Fecha: 30/03/2006 21:40.


gravatar.comAutor: Wolffo

Eres mala.
Tú eres mala.

Ay, viejales, qué guasa tienes.
Fantástico el relatillo, de verdad.

Un beso, niña.

Fecha: 31/03/2006 07:57.


gravatar.comAutor: Trini

Ay Gata eres tremenda. La pobre Florita, la he imaginado con la cara de cierta duquesa...

Me ha gustado mucho tu relato, me tenias en ascuas, no esperaba esta salida.Pero siempre espero un fin genial y le he encontrado.
Besos

Fecha: 31/03/2006 13:08.


gravatar.comAutor: Conchi

Increible relato, impresionante final, jejeje.
Un beso.
Gracias por la visita, el comentario y tus palabras.

Fecha: 31/03/2006 13:51.


gravatar.comAutor: Carlos Martinez

Lo he leido con el corazón encogido porque no queria leerlo y al final...no lo entiendo si ni siquiera me gustan las historias que empiezan así.

Fecha: 31/03/2006 14:18.


gravatar.comAutor: alimaña news (redactor-jefe) a la feligresía

¿Sería mucho pedir a las "lengüecillas" parleras que eviten términos infantiloides, onomatopeyas y otras escurrajas estilísticas modelo "El sapito glo glo gló"? Es que uno ya tiene cierta edad y aspiro a terminar mis días con cierta dignidad y compostura. ¿Me he explicado pau, pau?

Fecha: 01/04/2006 22:49.


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Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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