TEATRO Y CIRCO

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Me acerqué la otra noche al Teatro Circo para verificar con mis propios ojos quién tenía razón en la trifulca organizada a raíz de su inauguración: si los proalcaldistas, que lo contemplan como el no va más de la modernidad, o los opositores, para quienes no pasa de ser otra megalomanía electoralista con tintes de chapuza. Mi curiosidad era puramente sociológica y morbosa, ya que entre mis prioridades no están las representaciones teatrales, que siempre me han parecido impostadas y un poco ridículas. A mayor abundamiento, y por las reseñas que había leído en la prensa, se trataba de una obra de carácter feminista, por lo que mis prejuicios eran mayores, y ya iba yo rogando cuando buscaba mi butaca que me tocara detrás de una de esas famosas columnas que impiden la visión del escenario.
Dado que se trataba de una invitación, nos subieron al anfiteatro, o sea al gallinero, y allí efectivamente –tras algún tropezón por lo diminuto de los escalones- pude comprobar la solidez de las columnas, su armónica distribución, a más de unas cuantas sillas sueltas añadidas al aforo, reivindicación quizá de los añejos tiempos en que el propio espectador tenía que llevarse su silla a los espectáculos de variedades. Acomodados y expectantes, una voz de ultratumba nos anunció que faltaba un minuto para el comienzo de la función, y añadió algo más, palabras enjundiosas que la magna bóveda dispersó por el aire y que yo no pude entender. Pero bastó con que se encendieran los focos y se inaugurara la función para que pudiera oír algo: el taconeo en sensorround de una de las azafatas guiando a su asiento a unos espectadores retrasados.
A partir de aquí, poco puedo añadir. No soy crítico teatral ni estoy al día de los movimientos de dramaturgia actuales, pero aun de serlo me vería incapacitado para juzgar una obra de la que solo me llegaron retazos. Una tercera parte del escenario se me escamoteó, lo que provocó continuos estiramientos de cuello de los asistentes de mi zona, junto con la incómoda sensación de estar perdiéndose algo: mientras los espectadores de abajo reían continuamente, yo miraba perplejo a mi acompañante en demanda de ayuda: ¿qué han dicho?. La precaria audición y visibilidad me privaron de la percepción de una obra que apuntaba talento ( y que a la postre, por lo poco que oí, no resulto tan feminista): unos voluntariosos actores –alguno de ellos excelente- y unos diálogos ingeniosos que se perdieron en medio del vacío de la bóveda.
Hace ya muchos años, un director de cine impuso una demanda a Televisión española por emitir películas fragmentadas. Al no respetar el cinemascope en las emisiones, las franjas laterales de la pantalla desaparecían, de modo que no era infrecuente asistir al espectáculo de dos narices dialogando, o a la desaparición de un personaje colocado en una esquina del encuadre. La otra noche reviví esa incómoda sensación de escamoteo. Por ser un simple invitado, no me cabía la reclamación del precio de la entrada sino un sosegado pataleo. Pero los que pagaron por un sitio preferente tras columna o los mismos responsables de las compañías teatrales deberían plantearse la posibilidad de renunciar a asistir o a actuar en un local que solo permite la visibilidad o audición a unos cuantos privilegiados.
Ahora que se oyen quejas de los arquitectos, en el sentido de que la apertura del Teatro Circo fue precipitada –había que abrir en Feria por bemoles-, sólo hay que esperar que los responsables municipales se tomen con calma las próximas inauguraciones y no las ciñan al calendario electoralista. Porque lo del Teatro Circo tiene un pase, pero después viene el aeropuerto.

 

Autor: Antonio García Muñoz

Foto: Brassai 

04/05/2006 02:19. Editado por Gatopardo enlace permanente. ANTONIO GARCÍA MUÑOZ

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Nicolás

Mmmm...
¿dónde está este teatro? ¿en Sevilla?
En Zaragoza hubo uno de igual nombre.

Fecha: 04/05/2006 06:43.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Lo siento, amigos, pero en blogia están haciendo ajustes, y lleva prácticamente toda la tarde descolgado.
Nicolás: la pregunta que me hice no fue con el teatro, sino con ese protocolo de chapuzas y cosas mal acabadas para poder pasar el trámite de la inauguración. Me resulta tan conocido que podría haber ocurrido en cualquiera del centenar de pueblos que conozco.

Fecha: 04/05/2006 21:57.


gravatar.comAutor: Ramiro II

Pregunto:

¿por qué a esos arquitectos, jerarcas municipales y demás responsables de esos desaguisados no los llevan cinco años a plantar árboles a cualquier páramo de España?.

Resalto que no pido cadena perpétua; pero sólo porque hoy tengo un día blandengue.

Saludos

Fecha: 04/05/2006 22:10.


gravatar.comAutor: El Pendón Volteriano a Antonio García Muñoz

Muchas gracias. Excelente artículo. Llevo diez minutos riéndome. Si le sirve de consuelo, estoy seguro que la obra le resultó más amena que si la hubiese visto sin columnas y oído sin taconeos de azafata.

Fecha: 05/05/2006 21:27.


gravatar.comAutor: Carlos Martinez

Pues si fuera adicto al teatro sabria que lo que dice no es tan raro. Y si viniera a cuento le diria poque he dejado de ir a los cines.

Fecha: 06/05/2006 18:18.


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