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¡ESTO ES CALCUTA!, NUEVO LIBRO DE ANA BRIONGOS

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Ana Briongos  pertenece a las privilegiadas escritoras que transmiten su fascinante personalidad: vital, risueña, provista de un sentido del humor admirable, ha conocido a fondo los paises que describe, huye de los clichés, y ha establecido lazos amorosos con quienes son sus anfitriones. Éscribí sobre ella anteriormente, Mi admirada Ana Briongos, y publicó en Gatopardo un capítulo de su libro "Un invierno en Kandahar". Sigo sin conocerla personalmente, que es una de las cosas que lamento en esta vida.
Este es un fragmento de su nuevo libro "¡Esto es Calcuta!", un viaje iniciático, como todos los suyos, descrito con perspicacia y transparencia. Ana Briongos dice: "El hilo conductor del libro es la difícil y complicada historia de amor y matrimonio entre un artista dibujante de comics catalán que vivió durante muchos años en la India y una mujer bengalí." (...) El libro está dedicado a mi madre, antigua maestra y admiradora del escritor y pedagogo bengalí Rabindranath Tagore y que, con 86 años, se animó a instalarse conmigo en Calcuta durante una temporada y cuya mirada, observaciones y reflexiones me sirvieron para tener una visión distinta, una visión sabia, de lo que estábamos viviendo."

Capítulo de "¡Esto es Calcuta": La familia ideal 

Unos golpecitos en la puerta de la habitación me devolvieron a este mundo. Estaba sudando, tenía la ropa pegada al cuerpo y el pelo húmedo y pegajoso. Me había echado en la cama vestida a media mañana y, aunque estábamos en diciembre, durante el día, el sol pega de lleno y hace calor en Calcuta. Tras abrir la puerta y apartar la cortina, colgada de una cuerda  tendida por fuera del vano, me encontré frente a un empleado de pelo blanco y aspecto rijoso. "Tiene usted visita", me comunicó sonriente y tranquilo. La ducha no ayuda gran cosa porque, antes incluso de terminar de secarte, ya vuelves a tener la misma sensación de calor pegajoso. Y algo parecido pasa si te cambias de ropa, pues, aunque la guardes en un armario, el tejido absorbe la humedad y el calor ambientes. Pero qué vas a hacer. Además, durante los pocos segundos que tarda en evaporarse la colonia que te eches sobre el cuello y los brazos, la sensación de frescor es objetiva. Y la mejora del olor, también.
Cuando bajé las escaleras que van a parar al salón-comedor, un hermoso espacio hipóstilo y abierto de par en par al exterior, no pude ver a nadie esperándome. Salí al jardín y tampoco había a nadie. Regresé a la entrada y, en una esquina de la zona donde se paran los taxis, que entran por el arco para dejar o recoger a los clientes, los vi. Y me quedé asombrada. Porque, como era de prever, allí estaban Nur Islam y Nilufar, pero en compañía de ¡tres niños! limpios, bien vestidos, repeinados y radiantes.  En lugar de esperarme sentados en los sillones de mimbre de recepción, o en torno a las mesas del jardín,  permanecían todos de pie. No mostraban la curiosidad del intruso en un ambiente que no le corresponde ni, tampoco, la suficiencia de los indios ricos, acostumbrados a viajar y parar  en los hoteles de postín. Se limitaban a esperar callados, tímidos y un poco apartados, como para no molestar. O por decirlo en otras palabras: era evidente que con sólo llegar a su habitación del Time Star hotel y cambiarse de ropa, Andrés había recuperado de golpe su personalidad calcuteña. Por ello, lejos de servirse de los privilegios de ser extranjero, ya se había situado socialmente en  el sitio que él mismo escogiera cuando vivía aquí, suponía yo, el que correspondería a un vecino cualquiera del barrio. Cada vez que pienso en aquel momento,  todavía  sigo viendo con toda nitidez ese retrato de grupo, o por mejor decir, ese retrato de familia. Nur Islam relucía con su shalvar kurta blanca, limpia y planchada, a juego con el pequeño turbante también blanco; a su lado, y vestida con un shalvar kamiz de tonos suaves, en un degradado de rosas y anaranjados que le sentaba muy bien a su piel oscura, Nilufar sostenía en los brazos a un bebé de unos cuatro o cinco meses, que me miraba con unos ojos enormes pintados de negro; algo apartada, una niña de unos diez años ataviada con un vestido a flores, tan recién estrenado que casi esperabas ver la etiqueta de la tienda de Barcelona donde fue comprado, me miraba muy seria y sin pestañear, y un poco adelantado, pero pegado a su madre, un niño más pequeño, delgadísimo y con aspecto simpático, me observaba entre pasmado y asustado. Sus piernas como alambres sin forma salían de unos botines negros enormes, puntiagudos y relucientes, y se escondían en unos pantalones cortos y nuevos. Una camiseta también nueva, con un pato Donald en el pecho, completaba el atuendo.
Nilufar me obsequió con una de esas sonrisas que le iluminan la cara.  Seguía siendo joven, esbelta y muy hermosa, pero aquella tímida muchacha a la que conocí  en mi casa se había transformado en una mujer adulta. De puro radiante, Andrés me pareció a su lado casi un hombre viejo y cansado. Lo miré con curiosidad y él me devolvió una sonrisa. Por el brillo de sus ojos, más que por el gesto de su boca escondida entre tan abundante pelambrera,  intuí que detrás de su hierática presencia, en el interior de su cerebro misterioso y complejo, saltaban y hacían volteretas invisibles diablillos traviesos, unos djins chispeantes, que estaban celebrando el haber conseguido sorprenderme. Él mismo parecía estar sorprendido y querer compartir conmigo esa sorpresa. La había encontrado, y resulta que estaba cargada de niños. Pero, una vez pasada la primera sorpresa, lo aceptaba sin más, con la misma naturalidad (o fatalismo) que le permitía recuperar de golpe su personalidad calcuteña.
Fue entonces cuando se me ocurrió que, incluso no siendo la suya, una familia como aquella era la que le hubiera gustado tener a Nur Islam. Y, por un instante. esa imagen tan vívida pareció quedar fija para siempre en mi retina, pero bastó un solo movimiento (quizá un taxi queriendo entrar y que nos obligó a echarnos a un lado) para que ese retrato, en apariencia imperecedero, se desvaneciese como un craquelado que resbala por un vidrio.
Una vez roto el estatismo del grupo, todos entramos en una suerte de movimiento continuo. Nos saludamos, intercambiamos besos como acostumbramos los occidentales y salimos del hotel. Con un niño agarrado a cada mano me ví a mi misma transformada en esa extranjera con niño indio, tan frecuente en Sudder Street, de las que todos los días se llevan a algún crio al tenderete cercano para comprarle galletas o caramelos. Los habitantes de la acera de enfrente nos miraban con disimulada atención. Es de suponer que, antes incluso de verlos entrar juntos en el jardín del hotel, ya se estaba corriendo la voz de que Nur Islam y Nilú se habían reencontrado. Pero yo era un elemento imprevisto en el cuadro y de ahí que, sin dejar sus respectivas ocupaciones, nos siguieran de lejos con la mirada, para luego acabar entre ellos de encajarme en el cuadro. Curiosamente, aunque yo no lo supe hasta que (medio muerta de risa) me lo contó, más tarde, la propia Nilufar, el barrio era mayoritariamente favorable a la reanudación de su matrimonio ,tras muchas cábalas y conjeturas, acabaron encontrándome la función más positiva de cara a dicha recomposición:  entre todos habían acabado decidiendo que yo era sin duda miembro de alguna ONG extranjera (y más concretamente española, porque últimamente habían pasado por allí los de Sabera, con Penélope Cruz, Nacho Cano y el Banderas, y habían dado que hablar) y, por lo tanto, la encargada de que nunca más volviese a faltarles de nada a Nilú y Nur Islam, ni a los hijos de aquí ni a los hijos de allá. Todos felices. Una suerte de hada madrina. O una garantía de eterna prosperidad. Qué majos.

Ana Briongos

Página web de Ana Briongos: http://www.ana-briongos.net/
 ¡Esto es Calcuta!, editado por Ediciones B
Para consultar su agenda y asistir a la presentación del libro y firma de  ejemplares  en varias ciudades: http://www.ana-briongos.net/tablon-es.htm
De nada, ya sabéis que me gusta ser útil.

Gatopardo
Foto de portada
http://www.bikeway.sotiko.pl/india2004/Page.html

04/06/2006 16:28. Editado por Gatopardo enlace permanente. RECOMENDAMOS

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Trini

Pues este capitulo me h aparecido precioso y no tengo dudas de que el libro derá genial. Enhorabuena a Ana Briongos por la publicación de este lobro y por sus bellas letras.

Besos, Gata

Fecha: 05/06/2006 15:28.


gravatar.comAutor: Ana Briongos

Primero decirte, admirada Gatopardo, que me ha emocionado verme en tu interesantísimo y tan visitado blog. Segundo, es para Trini a la que le ha gustado el texto y lo ha escrito: gracias lectora, esa es la gran satisfacción de los que escribimos, el poder compartir con los lectores nuestros secretos y nuestros sentimientos. Besos a las dos, Ana.

Fecha: 05/06/2006 23:44.


gravatar.comAutor: emilio

¡Qué bueno el enlace de la briongos! ¡Un hallazgo! El mundo no se acaba en Ponferrada.

Fecha: 06/06/2006 00:11.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Una cosa curiosa, Trini, desde que te leo no hago más que encontrar mencionado a Rabindranz Tagore, al que hacía años que nadie nombraba.
Ana, ya sabes que es una fiesta contar con tus escritos
Gracias, las que tú tienes, maja.
Emilio: si puedes, lee los libros anteriores de Ana Briongos, y date un paseo por los Ancares, que te pillan cerca, y me dices si no es un viaje a otra galaxia.

Fecha: 06/06/2006 04:00.


gravatar.comAutor: Marta

He leído el libro ¡Esto es calcuta! y me ha gustado mucho, no podía parar desde que empecé a leerlo. Es una visión distinta de la India. Es un libro triste y a la vez esperanzador, es muy ameno, te enteras de muchísimas cosas y hay anécdotas divertidas. Supongo que la crítica que hace al turismo de caridad levantará alguna ampolla aunque es una crítica ponderada. No os lo perdáis. Respecto a Rabindranaz es como si estuviera pasado de moda. Lo del humanismo ha ido de baja pero ya veréis como volvemos a ello pronto.

Fecha: 06/06/2006 10:12.


gravatar.comAutor: joan

Estaba buscando una buena compañia para empezar dentro de poco las vacaciones. Gràcias a ti por presentarmela y a Ana Briongos por darmela :) besets

Fecha: 06/06/2006 14:22.


gravatar.comAutor: Juan

Hola Gatopardo, gracias por regalarnos un trozo tan bonito de un libro impecable (aun no lo acabe). Con algunos autores no puedo evitar sentir que si te sentaras a tomar un cafe y a contar anecdotas estas serian tal y como ellos las escriben en sus libros, y Briongos debe ser asi. Que placer de frescura y cercania, no?

Fecha: 06/06/2006 14:32.


gravatar.comAutor: Luna

Hola...en cuanto me libere un poco, lo leeré.
Si hablamos de los Áncares y lo del paisaje, supongo te refieres a Las Médulas.Hoy una maravilla...ayer, un verdadero desastre ecológico.

Mi debilidad es extrema.
Luna

Fecha: 06/06/2006 14:58.


gravatar.comAutor: Jordi Esteva

Otro gran libro de Ana Briongos. Mi preferido era un invierno en Kandahar, pero tras la lectura de ¡Esto es Calcuta! Ya no se por cuál decidirme. Está soberbiamente narrado, con humanidad y una cierta melancolía. El cuidado por los detalles te transportan a la ciudad más intelectual y culta de la India, con sus puestos de libros, el Indian Cofee House, la calle hippy del Salvation Army. La historia de la joven india está muy bien hilvanada. Los personajes secundarios están muy bien tratados. Me gustaba especialmente el de la casera, tan fría y cortante. Leed ¡Esto es Calcuta! ¡No os lo perdais!

Jordi Esteva

Fecha: 06/06/2006 15:21.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Marta: coincido contigo respecto al libro de Ana, pero creo que su crítica del turismo de caridad y las ONGs asociadas está muy bien argumentado, y será motivo de reflexión. Respecto a Rabindranz Tagore, más bien es un autor para degustar y dejarse encandilar por su melodía y su alma, como mi admirada Trini, que tengo en mis enlaces, y que no lo había leído, y, sin embargo, me lo recuerda. Y estoy segura de que volverán a editarlo y a leerlo, porque no pierde con los años.
Joan, seguro que te fascinará.
Juan: qué alegría tenerte aquí: eres el fotógrafo del alma humana, y las personas que retratas siempre se me quedan en la memoria como si estuvieran conmigo.
Luna: los Ancares están en la provincia de Lugo, limitando con la provincia de León, y vale la pena visitar sin prisa, (no se puede subir en coche) Pedrafita do Cebreiro, As Nogais, Becerreá, San Román de Cervantes, Navia de Suarna y echar la parrafada con la gente con tranquilidad. No es sólo el paisaje, también es el "tempo", las personas que viven allí, y que me ha recordado los viajes de Ana Briongos, en los que se sumerge en el país y en la gente.
La debilidad es una vulgaridad, Luna, que sólo te hará diana de los sádicos, tirala por la ventana.
Un abrazo a todos

Fecha: 06/06/2006 15:53.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Jordi Esteva, viniendo de tí, que conoces a fondo no sólo la India, sino medio mundo, tu recomendación es una condecoración de matrícula e Honor. La que merece Ana Briongos.
Un abrazo

Fecha: 06/06/2006 16:04.


gravatar.comAutor: A.B.G.

Por cierto, ya que ha escrito Jordi Esteva os he de contar un secreto: dentro de poco va a sacar su libro "Los árabes y el mar" y me muero de ganas de leerlo pero ojo, son un montón de páginas, 400 o 500...

Fecha: 06/06/2006 22:26.


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que no se escape sin dardo.
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y persiste en el error,
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que alegre su antifonario
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por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
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