REGALO DE ANIVERSARIO

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(A la manera de O´Henry)

Autor: Antonio García Muñoz

Faltaban sólo unos días para el aniversario. Veinticinco años de casados daban un saldo bastante positivo. Las alegrías prevalecían sobre las desdichas y seguían amándose a fuerza de hábito, encontrando aún espacio para la pasión de los fines de semana. Era un matrimonio bien avenido, atento a las fechas señaladas –cumpleaños, primera cita, primer encuentro amoroso-, si bien no eran muy amigos de las celebraciones, y ninguno de los dos mencionó esos días previos la cuestión del aniversario. Sin embargo, cada uno de ellos decidió a titulo individual sorprender al otro con un regalo, porque la fecha, esa fecha, lo merecía: era un modo de recordarse que había sobrevivido e iban a enfilar la vejez juntos. Tanto ella como él tenían algunos gustos comunes, unas fantasías muy parecidas y una particularidad que les había hecho reconocerse de inmediato. Los dos eran muy velludos. A él le proliferaba el vello por todo el cuerpo: no solo le cubría el tórax sino que se le rizaba en los hombros y en los omoplatos. Hasta la zona del pubis, todo era una continuidad de espesura que sólo se aclaraba en las costillas, y a ella le gustaba reposar en ese pecho alfombrado, rizar sus dedos en la selva de tonos castaños y bromear con el chiste del oso y la hermosura masculina. Ella acumulaba todo el vello en el pubis, un triangulo invertido de espesor inaudito, un verdadero bosque negro, un felpudo en toda regla como no se había visto nunca, que tapaba sus ingles y resaltaba por la largura de los pelos hasta de perfil.
Educados los dos en la férrea diferenciación de los sexos y en el respeto a la naturaleza, asumían religiosamente ese exceso como un don que no hay que tocar ni corregir, aunque ello fuera motivo de comentarios burlescos entre sus íntimos. Él estaba acostumbrado a que verano tras verano los amigos le encontraran simpáticas analogías con el mono o el oso. Pero él se defendía exponiendo su teoría de la virilidad, que era indisociable de la pelambrera. A ella en cambio le costó aceptar sus abundancias, porque tenía un pudor mayor. Evitó desde joven mostrarse desnuda ante sus compañeras, pues la primera vez en las duchas provocó un no deseado espectáculo que le valió un mote, y ya en la madurez eligió el bañador antes que el bikini para que no rebasaran los pelos la línea de flotación.
Pero las costumbres cambian e imponen nuevos modelos estéticos, y en ese momento de sus vidas, el que coincidió con las vísperas del aniversario, se vieron de pronto, cada uno por su cuenta, como una anomalía andante. Como no eran inmunes a la publicidad ni a la dictadura de la moda, tuvieron que replantearse lo de permanecer en la trinchera. La presión era excesiva: la de la televisión y las revistas, pero también la de sus amigos coetáneos que ya se habían reciclado y defendían, desde la cincuentena, las virtudes de la eterna juventud, que pasaba por la dieta sana, la visita al quirófano y el barnizado de carnes. La nueva sociedad apartaba como muebles viejos a los que dieran indicios de eso, de vejez, y había revertido las identidades sexuales, exigiendo un hombre femenino y una mujer fuerte. La estética ya no era patrimonio de las mujeres y el calvario de la depilación era cosa de dos. El vello no era viril, sino una antigualla, y el pubis muy poblado quitaba posibilidades al tanga, esa segunda piel que las adolescentes de hoy muestran sin pudor.

Él se dejó asesorar por un amigo de infancia que desde tiempo atrás le venía vendiendo las virtudes del rapado integral, y a ella le convenció una amiga operada de todo que una tarde le exhibió su cuerpo neumático sin sombra de vello en las partes. Él no tuvo grandes problemas para encontrar uno de esos centros dermoestéticos que ahora abundan como los bares. Pidió cita, haciéndola coincidir con la fecha del aniversario, y allí le mostraron fotos de futbolistas famosos que habían sido clientes del nuevo templo. Tras dos horas de intensiva poda, con medios muy sofisticados que no le produjeron dolor, salió liso como un bebé, abrillantado de aceites y con la sensación de haber perdidos tres kilos de golpe. Ella se lo hizo sola esa misma tarde, en casa, con medios más tradicionales, unas tijeras con las que recortó sus guedejas y la máquina eléctrica de su marido. Apuró tanto que el resultado no lo hubiera mejorado el suplicio de la cera. Se divirtió mucho pensando que con el montículo que iba dejando caer a sus pies hubiera podido rellenar un cojín pequeño.
El día en que cumplían veinticinco años de casados él evitó la cerveza de la tarde y volvió pronto a casa, hacia las ocho, con un cosquilleo inédito y una excitación especial. Y ella le esperaba con esas mismas sensaciones, recién salida de la ducha y cubierta con un albornoz. Se besaron en el dormitorio y sólo entonces mencionaron la fecha que habría de cambiar sus vidas.
-Feliz aniversario –se dijeron al unísono.
Él se disculpó para entrar en el baño, y en cuanto cerró la puerta, ella se deshizo del albornoz, se sentó en la cama y aguardó, sintiendo un rumor de humedades en su centro despoblado. Él se desnudó en el cuarto de baño y para completar el regalo sorpresa se estimuló una erección ante el espejo.
Cuando él salió del baño enarbolado y poderoso, su mujer abrió las piernas y lo contempló recortado en el marco de la puerta. Entonces se le mudó el rostro y, durante un segundo infinito, revivió la imagen de su hermano adolescente entrando en su habitación, su hermano imberbe, su hermano sin vello, su hermano empinado. Cerró las piernas de golpe. Él miró a la mujer sobre la cama, pero no la reconoció porque el imán de su sexo atrajo toda su atención. Lo que vio fue una vulva desnuda, la expresión del sexo de su hermana más pequeña, que le había traumatizado y asqueado, una especie de almeja siempre irritada de talcos, abultada como gajos de naranja. El imperio de la virilidad se le derrumbó, lo que era ariete quedó como rabo entre la piernas.
Por primera vez en veinticinco años durmieron en habitaciones separadas.

(Los lectores pueden aportar ideas para finales alternativos)

13/06/2006 02:05. Editado por Gatopardo enlace permanente. ANTONIO GARCÍA MUÑOZ

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gravatar.comAutor: Gatopardo aporta otro final más probable

Él se dejó asesorar por un amigo de infancia que desde tiempo atrás le venía vendiendo las virtudes del rapado integral, Él no tuvo grandes problemas para encontrar uno de esos centros dermoestéticos que ahora abundan como los bares. Pidió cita, haciéndola coincidir con la fecha del aniversario, y allí le mostraron fotos de futbolistas famosos que habían sido clientes del nuevo templo. Tras dos horas de intensiva poda, con medios muy sofisticados que no le produjeron dolor, salió liso como un bebé, abrillantado de aceites y con la sensación de haber perdidos tres kilos de golpe.
Llegó a su casa notando cada poro de su piel, excitado por el roce de la ropa, la brisa suave de la primavera, y abrió la puerta, enardecido y trémulo, como si fuera la primera vez.
Ella estaba echada en la cama, con la luz apagada, vestida, y llorosa.
-¿Qué te pasa?
Ella dirigió la mirada a su pecho depilado, y redobló el llanto.
-Eh, dime qué te pasa.
-Me han llamado para contarme que te has depilado.
Él se sintió cansado de golpe, idiota por haber creído que le haría ilusión.
-Pensé que te gustaría, pero no te preocupes, volverá a crecer. ..
-¿Así de simple? ¿Así de sencillo? ¿Te crees que soy tonta y no sé que eso es para eliminar las ladillas? ¡A saber qué furcia te las habrá contagiado!… ¡Y Dios sabrá qué otra enfermedad habrás traído!
Por primera vez en veinticinco años durmieron en habitaciones separadas.

Fecha: 13/06/2006 02:37.


gravatar.comAutor: Caperucita

Impulso, ímpetu, arrebato de pasión, el cuerpo enardecido en un rapto de locura; tirada allí, entre las sábanas de seda, esperando al hombre, para ofrecerle su co..rasurado.
Él entra sonriente, se quita la camisa.... (seguirá, voy a comer, me cierran)

Fecha: 13/06/2006 15:22.


gravatar.comAutor: Fabrizio

La suerte que de este lado del oceano la moda no ha llegado tan fuerte ¡Por lo menos la cosa no es tan masiva! ¿Será porque la mayoría de los mexicanos son poco velludos?
Mientras yo sigo migrando de la negrura del oso de montaña a algunos vellos blancos que me convertirán en oso polar dentro de unos años.

Fecha: 13/06/2006 16:50.


gravatar.comAutor: Miguel Ángel

Que éste no es el lugar adecuado, lo sé, pero no encuentro otro donde hacerlo. Gracias, Gatopardo, por la ayuda recibida, insisto en que te debo muchas. Tanto es así que ni te tendré en cuenta que en la portada de tu blog aparezca en primer lugar esta serie de títulos: Vaticano ---- Visita del Papa a España. Sé que le echarás la culpa a la publicidad, pero...
Saludos y gracias.
Miguel Ángel

Fecha: 13/06/2006 17:34.


gravatar.comAutor: Gatopardo a Miguel Ángel

Miguel Ángel:lo del Vaticano es el efecto benéfico de toda la gente que rezan por tí y por mí.
De nada, es que me gusta ser útil.

Fecha: 13/06/2006 17:41.


gravatar.comAutor: Caperucita

...y la deposita en el suelo; de igual forma se depoja del resto de la ropa y salta embravecido hacia su amada; ella que no sale de su asombro, con asco le comenta ¡ hay que joderse Periquito, ni siquiera en lo del vello, me dejas darte primero, la sorpresa.
Por primera en veinticinco, durmieron en habitaciones separadas.

Fecha: 14/06/2006 00:37.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

Buen relato, Antonio. El final de Gatopardo también daría buen juego. Pero tu idea de "literatura asamblearia" no me termina de convencer, aunque lo mismo la implantas y triunfa. Yo creo, todavía, que un autor debe mandar en su obra (con un par) y el lector que se aguante, que para eso estamos.
Saludos.

Fecha: 15/06/2006 19:33.


gravatar.comAutor: Antonio García Muñoz a Dinosaurio

Fue una ocurrencia de mi jefa, Dinosaurio, que por una vez que que me pilló una ladilla, putañero me llamó

Fecha: 16/06/2006 06:28.


gravatar.comAutor: alimaña news (redactor-jefe) al culpable del cuento

El cuento no es que sea malo. Es que es peor. Ese pubis, ora monte bajo del maestrazgo ora desierto almeriense, parece salido de la pluma de un perito agrícola. La frase "sintió un rumor de humedades en su centro despobllado" le hace merecedor de recibir un puntapié en el culo a intervalos regulares de tres minutos durante el resto de su vida.

Fecha: 16/06/2006 17:30.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

No me digas más, Antonio. Como diría Asnar: las jefas son las jefas y no se hable más.
En cuanto a Alimaña no le hagas caso, juraría que le ha picado una avispa, no la ha podido matar y anda cabreado con Amnistía o con Greenpeace o con Avispas Sin Fronteras, ya no me acuerdo.

Fecha: 16/06/2006 17:50.


gravatar.comAutor: alimaña news (redactor-jefe) a Dinosaurio

¡Quia! A la avispa le leí en voz alta este cuento y se desnucó del pasmo.

Fecha: 18/06/2006 16:55.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Borrado comentario remitido desde la IP: 84.121.221.26
Perfectamente localizado aunque ponga e.mail falso.

Fecha: 03/07/2006 20:57.


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Gatopardo

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si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
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y persiste en el error,
va derecho al paredón.
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y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
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