Facebook Twitter Google +1     Admin


CUMPLEAÑOS

20060723013752-lewis.jpg


Una mujer antigua
como la noche, en la noche dijo:
"Nadie te ha de salvar, nadie
escuchará tu grito. El viento
dispersará el rebaño de nubes y palabras,
la frágil fortaleza que con esfuerzo alzaste
en estos treinta años de tu vida.
Todavía no sabes lo que es quedarse solo,
definitivamente solo, quebrados los espejos,
olvidados los nombres con que llenaste el mundo.
La cárcel feliz de la costumbre,
tardes de lluvia en la ciudad ausente,
el muchacho imprevisto que recoge
el cetro que otro, anónimo, le entrega,
la música cautiva entre las páginas
de algunos raros libros, las calles
maternales... Qué poco
le pediste a la vida. Y ese poco
te ha de faltar un día. No lo has tenido nunca.
Sigues en una celda de castigo
donde no llega el sol, con los ojos
cerrados, perro que busca terco
una rendija entre los lisos muros,
ave que deja el arca y que no encuentra
árbol en que posarse, solitaria
mañana de diciembre...
Tú eres
la celda, eres el carcelero
de un criminal sin rostro
de un puñado de arena en las manos del sueño

José Luis García Martín . Del libro "El enigma de Eros" (1982)

Foto de Alexander Gardner : Lewis Payne momentos antes de su ejecución.

23/07/2006 01:31. Editado por Gatopardo enlace permanente. POEMAS

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: antonio garcía muñoz

Me gustaría saber qué crítica haría José Luis García Martín a un poema como este. Vamos a ver, ¿quién es la señora que dice esas cosas en la noche? La conciencia, seguro, pero si es la conciencia está muy mal enseñada por poner ese topicazo de "rebaño de nubes". Parece que el tipo, treinteañero, está en una cárcel, y se le advierte que no sabe lo que es estar solo. Yo creo que el que está en una cárcel sí lo sabe. Luego se añade que el pobre tipo le pidió poco a la vida, pero que aun ese poco no lo ha conseguido. Lo que se contradice con eso "de carcel feliz de la costumbre, las calles maternales, la música cautiva de los libros" Algo tuvo antes de entrar en chirona, pues con tanto empeño lo recuerda ¿no? Al final se aclara algo la cosa. El sujeto es su propia cárcel y su carcelero, o sea otra vez la conciencia. Y todo ha sido un sueño. ¡A la cárcel, José Luis, hasta que aprendas a escribir poemas!

Fecha: 23/07/2006 21:07.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Don Antonio García Muñoz: de mi ya larga experiencia he sacado pocas enseñanzas, que se pueden resumir en dos:
1) Algo tienen los García que les hacen repelerse.
2) Algo tienen los Antonios que los hace chinchorreros con quienes muestren no seguir la senda trazada por El Cultural.
Mi adorado Antonio: si quiere saber cómo hace una crítica el Señor García Martín, lea y aprenda: Copio:
"Forever Cuca"
Ni más ni menos ridícula y tan respetable como cualquier otra historia de amor es la vivida por Pere Gimferrer en los últimos años. Pero él no ha querido reducirla al ámbito privado. Con pormenorizada minucia nos la ha contado a todos, y no en los programas de cotilleo de la televisión, que es donde tendría su sitio, sino en las páginas de los suplementos literarios. Esas llamativas confidencias le servían para promocionar sus dos más recientes libros: Interludio azul y Amor en vilo, ambos publicados por Seix Barral.
Amor en vilo -el título ya fue utilizado por Salinas y Alberti, como se señala en la nota final- es un conjunto de 151 poemas escritos en castellano con métrica clásica (se insiste especialmente en el soneto) y factura neomodernista. Cuarenta poemas, escritos entre 1963 y 1969, le bastaron a Gimferrer para hacerse un lugar en la historia de la poesía española. Era entonces un poeta joven de exigente autocrítica que no confundía el desahogo sentimental con la literatura, el mero ejercicio retórico con la poesía.

Empaña la notable muestra de virtuosismo que es Amor en vilo -sólo Alberti, Gerardo Diego o quizá García Nieto pueden hacerle competencia- una absoluta carencia de sentido del ridículo. Basten dos ejemplos. Así dice el primer serventesio del soneto alejandrino «Request»: «Quiero para mis labios esta piel de gladiolo, / quiero para mis brazos este cuerpo de luz, / si desnuda no vienes, que me llamen Pocholo, / si desnuda no vienes a mis labios en cruz».

Pocholo repitiendo una y otra vez el nombre de Cuca, su recuperada primera novia, es Gimferrer en este libro, un Pocholo académico que abusa tanto de las referencias culturales como de la trivialidad y el ripio: «Por Cuca yo he vivido y viviré, / es la cítara Cuca quien me pulsa; / las llamas petrolíferas de Tulsa / brillan igual que resplandeceré».

Con absoluta seriedad se escriben estos poemas de amor, aunque a veces nos cueste creerlo: «Como vivías en Nueva York / (o tal vez en Addis Abeba) / zarpó tu velero de Cork / y no arará en el mar tu esteva, / pues en tu túnica ya nieva / (sesenta y ocho en el Stork / Club de Tuset) la rubia breva / del tiempo de aquel sol de York». Toda exégesis en este caso eludo (¡esa breva que nieva sobre una túnica!), aunque quizás el soneto eneasílabo que comienza con tales versos se salve como ejemplo de nonsense.

«Cuando siento, no escribo», declaró Bécquer, el poeta más aparentemente directo y confesional. «La poesía es emoción recordada en la tranquilidad», afirmó Wordsworth. Los amorosos y esforzadamente lujuriosos desahogos del sesentón Gimferrer, que ha perdido la cabeza como un adolescente, tienen poco que ver con la poesía. El exigente Gimferrer de Arde el mar los habría reducido a una edición privada, a poco más que un ejemplar caligrafiado con primor para dejar en las manos de su adorada Cuca.
Interludio azul -escrito en dos semanas- es la crónica del nuevo enamoramiento. Tras la muerte de María Rosa Caminals, con quien estuvo casado más de treinta años («luminoso sentido final de todo», la llama en la dedicatoria de su poesía completa en catalán), Gimferrer se reencuentra con una antigua novia, Cuca de Cominges, y la pasión reaparece. El poeta no nos ahorra ninguna minucia: «Llamo a C. a su casa por la noche; primero, comunica; luego, se pone al teléfono, resulta estar sola y hablamos durante una hora y cincuenta minutos». Ni siquiera elude referirse a los amores lésbicos de ella ni a su primer marido ni a su segundo marido, el actual. Tampoco evita las confidencias propias, hasta ahora cuidadosamente evitadas. «Dedícate a los señores, que también son una buena opción», le dice Cuca cuando aún no ha decidido ceder a sus requerimientos. Y Gimferrer responde: «Eso me interesó en mi adolescencia, estuvieron a punto de expulsarme del colegio, me queda demasiado lejos ya» (más adelante se definirá como «un gay al que le gustan las mujeres»).
La confesión autobiográfica de Interludio azul se lee con más gusto, quizá su brevedad ayuda a ello, que la inacabable reiteración retórica de Amor en vilo. «El arsenal poderosísimo de la memoria» no abandona a Gimferrer, como él mismo declara, «ni siquiera en este período de insomnio, de fatiga y de extremo decaimiento físico». Las referencias culturales son así continuas: sólo en el primer párrafo nos encontramos con Death in Venice, El año pasado en Marienbad, un verso de Rubén Darío («¡Y es cruel y eterna su risa de oro!»), el acorazado «Potemkin», la poesía Tang traducida al italiano por M. Benedikter, Macbeth de Verdi, las novelas de Ricardo León, dos cuadros de Tàpies y uno de Canaletto, un poema de Gil de Biedma, otro de Machado, la visión hitchcockiana del hueco de una escalera, the pursuit of happiness de Washington y Jefferson, palabra de Heráclito y de Nietzsche... Pero a pesar de toda esa «fermosa cobertura» enciclopédica (y de sugestivas metáforas de ambiente, muy característicamente suyas, como la inicial: «En la campana de luz dorada y blanca de esta tarde de invierno»), Gimferrer no consigue convertir la anécdota privada de su enamoramiento en una obra literaria de valor general. Por un lado van sus confidencias (cuenta cosas que no suelen contarse después de cumplidos los 16 años) y por otro sus prodigiosas dotes de escritor, que en estos dos libros quedan como flotando en el vacío, cuando no se convierten -es lo que ocurre con buena parte de los poemas de Amor en vilo- en involuntaria caricatura."
(Publicado en La Nueva España, Asturias, 31 de marzo 2006)
¿No me diga que se ha sentido usted ofendido porque, aparte de adorar a Javier Marías, es usted un entusiasta de los poemas gerontófilos de Pere Gimferrer? ¡Muy capaz lo creo!
Un suave rontoneo.

Fecha: 24/07/2006 00:45.


gravatar.comAutor: antonio garcía muñoz

Doña Gato, que no se entera. ¿A estas alturas del partido voy a tener que decirle lo que es un culo y lo que son lás témporas? ¿Yo critico un poema que efectivamente me parece de poco fuste y usted me escupe una crítica sobre un libro que no viene al caso? ¿No hubiera sido mejor usar todo ese arsenal para defender el poema en cuestión, si es que merece defensa alguna? Usted lo que quiere es que le tire de los pelos pero no, esta vez no. Le diré que los juicios sobre poesía de su querido José Luis -quien por cierto escribió en El Cultural antes de pasarse al ABC- me parecen inapelables, pero no así los poemas suyos que he tenido ocasión de leer. De Pocholo mejor no hablar pues me produce tanta grima como a usted. Y ya me explicará lo que quiere decir chinchorrero, por si tengo que tomar medidas legales contra usted. ¡Viva Javier Marías!

Fecha: 24/07/2006 16:40.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Don Antonio, precisamente a mi edad, cuando tantas cosas se olvidan, sería útil que usted me demostrara lo que es un culo, en contraposición con las témporas, que esas ya las conozco.
Usted no ha criticado un poema, sino que ha hecho una interpretación muy imaginativa declarando que cuando el autor dice que es una mujer antigua la que habla, "seguro" que es la conciencia; dictamina usted, fiándose de la foto del condenado a muerte -todos lo somos- que la conciencia habla con un preso, y sigue usted haciendo unas interpretaciones que ni siquiera serían legítimas si usted tuviera delante un cuadro abstracto o escuchara un recital de música dodecafónica.
No le consiento que me atribuya como querido a Don José Luis, que tiene cara de estar casado con una señora poco amiga de chuflas, y si no, fíjese bien en su retrato. Publicamente y en privado, vamos a silenciar la parte de mis afectos pecaminiosos, si no le importa, porque yo no lo declaro a usted Pocholo intonso de Javier Marías, me aguanto ganas.
Como usted se preguntaba qué crítica haría José Luis García Martín, he querido ponerle la muestra, que sé que ha disfrutado, aunque disimule, y vea que para eso hay que leer sin dejarse llevar por las asociaciones libres de ideas, y ceñirse a lo que dice el autor.
Y en vez de gastarse el dinero en pleitos contra mí, cómprese usted el diccionario de uso de María Moliner (no malgaste en el de la RAE) y yo le explicaré el significado de otras palabras que le den algo de color a sus mejillas.Y añadiría:

"Tu estudiada frialdad, tu cortesía
son cortina de humo para tapar el humo.
sangras, deliras, ardes, e imaginas
que nadie lo adivina, amigo mío.

El resplandor de un fuego tan secreto
a las altas ventanas de tus ojos
un instante se asoma, y es el sol
apagado candil frente a esa llama.

Habla, pues, confiesa tu delito;
pide piedad, pide correspondencia,
antes de que se incendie el universo.

Tu corazón es un peligro público:
declárate,
o avisa a los bomberos."

¡Viva García Martín!

Fecha: 24/07/2006 17:11.


Añadir un comentario



No será mostrado.







Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

Temas

Archivos

Enlaces

Bitacoras.com

TOP Bitacoras.com para México


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris