Cuando le dijeron que aquel bulto no era un quiste de grasa, se puso en guardia: -Hay que operar -le dijo el médico. -¿Es maligno? -Hasta que no se haga una biopsia... Algo así como un runrún doloroso, una sensación de terror frío, una pelota de angustia en la laringe. Y el quirófano, aquel vendaje que abarcaba hasta el brazo, mientras pensaba en sus hijos, apenas adolescentes, y en su marido, tan tácito, tan callado, con los ojos despavoridos y con el ceño fruncido, tan poco preparados para enfrentarse a una casa vacía, porque sin ella... Y preguntaba: -¿Habéis visto el gazpacho que dejé en el congelador? Dejé también pollo en escabeche, y hay filetes empanados... ¿Qué habéis comido hoy? Y su marido apartaba la vista, miraba por la ventana de aquel cuarto de hospital, intentando hacer memoria, porque no era capaz de recordar si había comido o se había quedado sentado delante de la televisión sin saber lo que veía. Su hija salía al paso: -Hemos comido, no te preocupes, y además quedaba tortilla de anoche... Y la vecina de cama intervenía como si formara parte de la familia: -Como te quedes otra semana estos levitan, se les nota la cara de hambre, Trini. Y eso que no comen el rancho de aquí, que parece que cocina un enemigo de la gula. Y Trini soltaba la carcajada. Al cabo del tiempo, del Hospital, de su masectomía, más que el diagnóstico de cancer de mama, más que las curas y aquella carnicería en su pecho, recordaría las risas irrefrenables, que volcaron a su favor todos los pronósticos. Cuando Trini se casó, cantaba mientras limpiaba su casa, y era un puro cascabeleo de risas, a todo le sacaba punta y chispa. Su marido, sin embargo, era todo lo contrario: callado, serio, pero eso sí, un pedazo de pan. Y Trini le decía: -Ay, hijo, que soso eres. Menos mal que me lo digo yo todo. Y algo se le contagió de su marido, porque empezó a sentir para dentro, a lo hondo, y no podía explicar lo que sentía, que le llegaba con palabras antiguas desde el alma. Volvió a su casa, pero no pudo sacar la ropa de invierno, y dejar lavada y lista la ropa de verano; no pudo subirse a descolgar las cortinas de toda la casa para lavarlas, ni pudo limpiar a fondo la cocina, y se le echó el mundo encima. Se quiso morir cuando comprobó que no era capaz ni de cerrar bien la cafetera. Con los ganglios del brazo parecían haberle estirpado toda la fuerza. -Mamá, ¿quieres que te enseñe a manejarte en internet? -A mi edad, quita, quita... -Es muy fácil... -Sí, todo es muy fácil, pero no para mí. Yo no tengo tu cabeza ni he estudiado como tú. Su hija la miró sin compasión alguna y sin darse por vencida. -Pues más a mi favor, ahora que tienes tiempo deberías... Y poco a poco, empezó en un foro. Y descubrió que podía contar cosas que nunca había dicho ni sabía que pensaba siquiera. Pitijopo le habló de los blogs, y ella empezó a leerlos, y comentaba, primero timidamente, pidiendo disculpas por si acaso. -Trini, ¿por qué no abres tu propio blog? -¿Yo? -Venga... -Ay, con las faltas de ortografía que tengo... me daría vergüenza... Y además ¿quién va a leer mis sandeces? -No son sandeces, a mí me gustan. Y seguro que a otra gente también le puede gustar. Y el caso es que Trini, desde que salió del Hospital, necesitaba escribir, y no sabía por qué, como si alguien dentro de ella le dictara y fuera una medium que desconociera lo que plasmaba. Y al principio sólo comentó Pitijopo , aquel amigo virtual que le había hablado de los blogs. Estaba convencida de que nadie más la leería. ¿Cómo encontrarla en aquel oceano de Internet? Y apareció el comentario de alguien desconocido, llamado Antonio: -"Me has hecho poner el vello de punta. Eres fuerte. ¡Sigue asi !!" Y al cabo del tiempo, Trini, sin saber todavía quién le dicta en su interior lo que escribe, sin tener muy claro adonde poner coma ni punto y coma, ni como resolverse por una palabra o por otra, sigue escribiendo. Y es como si Rabindranath Tagore se hubiera reencarnado en ella, y ahora, mujer y andaluza, tuviera la hondura y la sutileza multiplicada. No ha dejado de escribir para sí misma, sin pensar en una editorial que publique sus textos, que capte lectores con publicidad en televisión, en radio y en prensa, y la lleve como mono de feria a firmar ejemplares. Esto no es un relato de ficción: Trini Reina existe, y escribe una bitácora de literatura que es un canto a la vida y a la palabra escrita con el alma, y está entre las diez bitácoras más leídas de Literatura según el Top 1000 Y me siento muy orgullosa de formar parte de su club de lectores-admiradores, y de ser su amiga, aunque no nos conozcamos personalmente. Y ya me gustaría a mí echarme a la cara a la ministra de Cultura, para preguntarle a qué espera para homenajear a la escritora española más leída, que es mi Trini, que, encima, recita maravillosamente y es así de guapa.
¡Joder! Agüela que me has hecho caer en una pura llorera que menos mal que estamos en sequía que sino desbordaría algún que otro pantano. Mujer estos besos al alma hay que anunciarlos primero, que luego pasa lo que pasa y el corazón estalla. Y a ver cómo escribo yo mis prosas con el corazón hecho trizas...
Es lo más bonito que me han escrito en la vida y además has acertado de pleno en todo. Y bien sé que tú no estabas aquel día en el hospital... a no ser que fueras aquella enfermera que refunfuñaba de boca para fuera pero que tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Muchas gracias, de verdad, y es cierto, esto si que es un pedazo de abrazo y buena falta que me hacen estos días.
PD: Ah, y que se sepa que tú también estás entre los primeros de el TOP 1000.
Es que como la ministra no se arranca, que está en la inopia, pues... Ya, ya, estoy en el Top 1000, pero por debajo de tí, como es de justicia, emperadora de las bitácoras.
No seas modesta, Trini, que Gata tiene razón y, además no ha dicho (aunque está implícito en su texto) lo "buena gente " que eres. Y eso, para mí, es una de las cosas más importantes del universo, esté o no de moda, a pesar de que a veces lo esté. Te mereces lo mejor, Trini, este homenaje y mucho más. No ya por lo que te pasó o te dejó de pasar (que yo desconocía), sino, sobre todo, por ser como eres: un ejemplo. Sigue así, que haces mucha falta. Besos.
Qué homenaje más precioso. Pensaba, mientras leía, lo extraño de este mundo bloguero, que te hace conocer los adentros de personas de cuyas afueras quizá nunca llegues a saber nada. Me alegro de que nos hayas mostrado un poquito más de Trini, gata, ahora la leeré con renovada admiración. Besos para ambas.
Dinosaurio: Trini es buena gente y un alma bella, sí; pero sobre todo, es la única que llueva, truene o haya chuzos de punta, aprende, experimenta, se arriesga, colabora, secunda cualquier inciativa de los amigos bloggers, y, además, se acuerda de cuando es mi santo, que tiene su mérito. Tautina: aunque no nos conozcamos personalmente, nos conocemos en lo esencial, que son nuestros escritos, y tanto Trini como tú sois "del alma". Un abrazo a todos
Hermoso texto Gatopardo que has escrito a mi amiga Trini ella es mucho más que sus letras, yo la quiero mucho. Y lo sabe...verdad Triniá? Gatopardo, gracias por tu comentario en mi espacio, un beso .