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LA MUCAMA DE BORGES

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"De las agonías y luces de la guerra no curé nada: mi propósito es referir la historia de esta cicatriz que me afrenta."
Jorge Luis Borges, La muerte y la brújula.

-Estoy vieja, ya voy a cumplir 80 años, sabe. Dentro de poco me voy a morir. No sé por qué, pero últimamente pienso mucho en la muerte. Y me pone contenta, porque me voy a encontrar con el señor. Me acuerdo siempre del señor, sabe. Cuarenta años que estuve en esa casa, toda mi vida. Cuando yo llegué no había nada: ni aspiradora, ni radio, ni televisión. Nada, era tan triste y oscura... Todavía sueño con el señor. Lo veo en el sillón del living, sentado con su gato Beppo, y entonces yo le digo: "Señor, ¿vio lo que me hicieron? ¿Vio qué pobre estoy? Me dejaron sin nada... ni siquiera tengo mis plantas, sabe..." Y él me mira y me dice: "Fanny, no se haga problemas, vaya a la casa, que allí la esperan sus plantas".
Afuera llueve torrencialmente y adentro Epifanía Uveda de Robledo, la mujer que compartió cuarenta años con Jorge Luis Borges, juguetea con la punta de su delantal de cocina. Tiene la mirada dulce y el cabello encanecido, recogido en la nuca. Ya no hay plantas que la esperen y tampoco departamento. De la casa del escritor, Fanny -como la conocen todos y como la llamaba su patrón- fue expulsada violentamente por indicación de María Kodama, la viuda. Hace exactamente quince años.
Entrevisté a Fanny hace cinco años y quedé prendada de su ternura y su candor. Mientras la escuchaba hablar, me hacía recordar a Ángela, mi abuela materna. Había nacido en la misma provincia del norte argentino, de donde era oriunda mi abuela. Al principio se mostró reacia a conversar de sus años junto al "Señor Borges", como todavía lo llama, y fueron necesarias varias visitas para que entrara en confianza y, despacito, comenzara a desovillar la madeja de sus recuerdos. Su hija Stella fue de gran ayuda para mí. Nos acompañó durante las entrevistas, impulsó a su madre, con anécdotas pequeñas, a soltar los recuerdos. Inmediatamente advertí el gran amor que las une, son mujeres sencillas, buenas y fuertes. Stella vivía a veces con Fanny, en la casa de la familia Borges. Ella fue la que un día llevó el gato blanco a la casa del escritor, que al principio lo rechazó y luego le tomó un enorme cariño. Es curioso: Fanny nunca leyó nada de lo que escribió su patrón, ni un cuento o un poema. Pero lo conoció tanto como su madre y muchísimo más que María Kodama, la mujer que lo arrastró muy enfermo a Suiza, lo separó de sus amigos, se casó con él y se quedó con todos sus bienes. La misma que luego de morir Borges regresó a Argentina y en el invierno de 1986 echó a Fanny del departamento y la dejó en la calle, sin nada. Todo lo contrario a lo que había dispuesto Borges en un testamento que Kodama hizo desaparecer. Hablamos mucho de la viuda de Borges. Y me quedó grabada una frase que ella me dijo la última tarde que la vi: "Doña Leonor, pobrecita, desde que vio a María en el departamento no le gustó. Y a ella no se le escapaba nada. Un día le preguntó a María si estaba enamorada de su hijo. Ella le dijo. "Yo estoy enamorada de su literatura". Cuando se fue, la madre del señor dijo en voz alta: "Esa piel amarilla se va a quedar con todo".
Hoy, la ex mucama del célebre escritor vive pobremente en una casa antigua y húmeda que le presta un amigo, frente a la cancha del club de fútbol Boca Juniors, en Buenos Aires. En un rincón de la sala hay un pequeño altar: fotos amarillentas del escritor recortadas de revistas, flores de plástico, velas y vírgenes. Fanny sonríe y, a veces, se queda suspendida en el aire, con cierta tristeza. Recuerda todo con lujo de detalles. Fue la mujer que le cocinó al escritor sus platos preferidos, la que lo vistió, la que lo cuidó cuando estaba enfermo. La que revisaba su correspondencia y sus compromisos; depositaba los cheques; manejaba la agenda y hasta le cobraba la jubilación a través de un poder que Borges había hecho para ella.
Y más que ninguna, la que miró la vida por él: "Borges nunca vio a María (Kodama). Ya era ciego cuando la conoció. Un día me preguntó: 'Dígame Fanny, ¿cómo es María?'. 'Bueno, no es linda, tampoco es fea. Ahí...' le dije yo". Y acompaña la última palabra con un gesto inequívoco de sus manos. La vida de Fanny es extraña. Llegó a la casa de la familia Borges cuando tenía 31 años. Su marido la había abandonado y tenía una hija de meses.
-"Primero trabajaba por horas. Hasta que un día la señora Leonor (la madre de Borges) me pidió que me quedara, porque se había muerto la cocinera. Y me quedé. En ese entonces, el señor todavía veía, usaba anteojos de marcos anchos, esos que le dicen de 'culo de botella' (se ríe). Y me decía que veía puntitos amarillos. Qué raro, ¿no? Todas las cortinas de la casa y la colcha de su cama eran amarillas. En el último tiempo, pobrecito, ya no veía ni siquiera los puntitos."
Después de la muerte de Leonor Acevedo, la madre de Borges, la confianza que le otorgó el escritor a Fanny fue infinita. Cada vez que llegaba de alguna conferencia en el exterior, le entregaba un fajo de dólares y ella los guardaba entre las páginas de los libros de la biblioteca, que él reconocía con sólo olerlos. Después que Borges murió en Suiza, el abogado de María Kodama apareció en el departamento y le pidió a Fanny toda la plata que el escritor guardaba entre los libros.
-"Le dije: Mire, ahí esta toda la plata del señor, en esa biblioteca. En el estante de arriba están los billetes de 50 dólares, allá los de 20, en aquel otro los de 10. Tenía tanta bronca, me sentía tan humillada. Bajé todos los libros, puse la plata en una bolsa de residuos y se la di. Pero me dejaron encerrada con llave quince días. Ella, la Kodama, pensaba que yo me había quedado con algo del señor. Nunca tuve nada y vivo en una casa prestada..."
-¿Cómo era vivir con Borges?
-Era un hombre muy especial, muy pegado a la madre. Ay, cuando vivía doña Leonor, él no hacía nada sin pedirle permiso. Ella era una autoritaria, pero él la adoraba. El señor tenía sentido del humor, pero no como cualquiera, sabe. Era muy especial y muchas veces se ponía triste. Cuando estaba con Adolfito (Bioy Casares), se reía todo el tiempo. O con la señora Silvina (Ocampo) también. Después se separaron porque María le tenía prohibido que los visitara.
-Borges era ateo y veo que usted lo tiene en un altar con imágenes religiosas. ¿Por qué?
-(Se ríe) Bueno, eso decía él. Pero cada vez que se iba a dormir se arrodillaba al costado de la cama y rezaba un Padrenuestro. Y cada vez que íbamos a visitar la tumba de su madre, en la Recoleta, se persignaba. En público él decía que no sabía rezar, pero ahí en el cementerio rezaba siempre. Le hablaba a doña Leonor como si estuviera viva. Y lloraba abrazado al cajón... ¡Pobre Borges, cómo lloraba! Él odiaba a Perón, pero un día, en 1974, lo encontré rezando en un rincón de la casa, parecía triste. "¿Qué hace señor?", le pregunté. "Rezo por Perón. ¿No sabe que se está muriendo?"
-La relación con su madre era muy fuerte...
-No hacía nada que a ella le pudiera molestar. Pero había que aguantarla, tenía un carácter espantoso. Yo la cuidé a doña Leonor hasta que se murió. Tenía 99 años y yo nunca había visto muertos, imagínese el susto que tenía. La noche que ella se murió estaban sus amigas; yo le serví la sopa, le di de comer en la boca y la acosté. Entonces ella empezó a roncar. La hija, Norah, dijo: "Vamos porque mamá ya está durmiendo". A la una yo me fui a dormir y ella seguía con el ronquido. Pensé que dormía. A las cuatro me desperté y dije: "Ay, me olvidé de la señora". Fui corriendo y seguía con los ronquidos, pero más bajos. La senté en la cama porque pensé que se estaba ahogando, y entonces su cuerpo, adentro, hizo un ruido terrible. Después el médico me explicó que cuando una persona se muere, las visceras, adentro, se desprenden. Y ése era el ruido que yo escuché. Le avisé al señor que dormía en su cuarto que su madre se había muerto. Vino corriendo, desesperado y la agarró de los pies y comenzó a sacudirla. Pero ella estaba muerta. Fue el día de mayor sufrimiento de su vida. Lloraba agarrado a los barrotes de la cama y decía: "Madre, acá estoy, ya volví". Entre los dos le preparamos la mortaja, le pusimos monedas en los ojos para que no los abriera y un pañuelito atado a la cara. Los primeros que vinieron fueron el señor Adolfito y la señora Silvina...
-¿Bíoy Casares lo acompañó mucho en ese tiempo?
-Eran como hermanos. Casi todas las noches lo venía a buscar para comer y hablar de literatura. Cuando volvía, él se iba al dormitorio de la madre, se sentaba en la cama y hablaba con ella. "Madre, hoy comí arroz...", le decía. Como si ella estuviera viva, pobre... Antes de irse a Ginebra definitivamente, me acuerdo que entré en el cuarto y lo encontré acostado en la cama, con la mirada perdida en el techo. Era muy triste verlo así. Bueno, ahora deben estar juntos en el cielo...
En su casa, Fanny revuelve recortes amarillentos de diarios y revistas. En la pared, sobresale un cuadro con marco de plástico, sin vidrios. La imagen está prendida con cinta adhesiva. Ahí esta Borges y se anuncia un seminario que se dictó en Estados Unidos, en 1983- Fanny dice que ese cuadro es lo único que conserva de Borges:
-"Durante años estuvo secuestrado en tribunales, por pedido de María. Ella decía que valía mucha plata y que era de ella. Finalmente el juzgado me lo devolvió".
Fanny se enteró de la muerte de Borges por la radio. Dice que lloró mucho y que rezó por su patrón.
-"Él siempre me decía que quería ser enterrado junto a su madre y que tenía pánico a que le saquen fotos a su cadáver. Y mire dónde se fue a morir. El día que se fue estaba tan enfermo que apenas podía caminar. Cuando volvió de comer, lo desvestí y se acostó. Lo desperté a las cinco. Se levantó, se agarró a la cama de hierro y me dijo: 'Fanny, yo no quiero ir. Si voy, me voy a morir lejos'. Y lloraba desconsolado, el pobrecíllo. Y ahí llegó María y empezó a gritarle, le amenazó que ella se iba sola..."
-¿Cómo era la relación con Kodama?
-Ella primero venía y se quedaba dos horas, en las clases de anglosajón. Después, empezó a tener más poder sobre él. Sobre todo después de la muerte de doña Leonor, cuando ella empezó a acompañarlo por el mundo. Borges era muy vulnerable y tenía las defensas bajas, debido a su ceguera. Y ella lo amenazaba con que lo abandonaba. Le hablaba mal de sus amigos, de su familia, de mí: le decía que eran todos unos delincuentes que le querían sacar plata. El señor siempre me contaba lo que María le decía: 'Fanny, ¿usted que piensa?', me preguntaba mientras yo lo vestía. María usaba una cadenita con una calavera colgada del cuello; Borges me contaba que a ella le gustaban las brujerías. '¡Ay Fanny, si supiera los lugares a donde me lleva María! Hay gente tan rara, animales muertos, sapos'..."
-
María Kodama dice que ella y Borges vivieron un gran amor...
-¿Amor? Eso nunca fue amor, lo que pasa es que él estaba muy solo. María maltrataba al señor, yo fui testigo. Le gritaba y un día lo empujó en la puerta del ascensor. El señor estuvo muy enamorado de Estela Canto. La adoraba y guardaba su fotografía entre sus libros. Ella fue su novia desde los 17 años, pero nunca tuvieron relaciones sexuales. Bueno, pobrecillo, no las tuvo con ninguna de sus mujeres. Y menos con María. No era algo que le interesara, le tenía pánico. Yo siempre digo que el pobre señor se murió virgen.
-Pero Borges estuvo casado con Elsa Astete Millán, durante dos años y medio...
-Ella vive y tiene más de 90 años. Está internada en un geriátrico. Yo hablaba mucho con Elsa y ella me contó que un día la rodilla de ella rozó con la de él y el señor se puso a temblar. Raro, ¿no? Me acuerdo cuando se casaron. 'Georgie, ¿por qué no te casas? Así • no te quedas solo cuando yo me muera', le dijo la madre. Y así, decidió casarse por Iglesia y por civil. Antes de la ceremonia, doña Leonor le dijo a Elsa: 'Mira que Georgie no quiere compartir la cama'. Y ella aceptó igual. 'Yo sé cómo llevar un hombre a mi cama', me dijo Elsa. Pero Borges no estaba enamorado. La noche de bodas, cuando ya se habían ido los invitados, Borges se preparó para ir a dormir. '¿Por qué no van al hotel Dora?', dijo la madre. '¡No, no y no! Yo me quedo acá en mi casa, en mi cama y con mi madre'. Y la pobre Elsa se fue sola esa noche hasta su casa, en ómnibus. Vivieron juntos, pero en camas separadas.
-¿Borges era depresivo? ¿A qué le tenía miedo?
-A veces se deprimía. Y le tenía terror a la soledad. Una vez en un viaje a Madrid, se quemó el pie derecho. Estuvo veinte días sin salir del hotel, en reposo, sin poder ponerse medias ni zapatos. Lo cuidó un amigo. Cuando volvió le pregunté qué había pasado. 'María me dejó solo. Estaba tan solo, Fanny, que lo único que quería era suicidarme.' '¿Y qué pensaba hacer?', le pregunté. 'Llené la bañera con agua bien caliente para meterme y ahogarme, pero soy un cobarde y no aguanté.' Otra vez me dijo que una vez fue a las vías del tren para matarse porque una novia lo había abandonado. El tren venía y le tocaba bocina. De repente vio que su perrito lo había seguido y estaba acostado en las vías. 'Me dio tanta lástima, lo recogí y me fui. Soy un cobarde, Fanny.'
-¿Dormía bien o tenía pesadillas?
-Sufría de insomnio. Pero también era caprichoso, como un niño. Cuando llegaba la noche, yo abría la cama y empapaba un pañuelo con colonia que le colocaba en la almohada. Él se sentaba y me extendía la mano abierta. Yo le ponía dos caramelos y le daba la pastilla para dormir. Un día el señor estaba ansioso para que le llevara el Rohipnol (somnífero) y me di cuenta de que se había terminado. Entonces agarré una aspirina y se la di. Al otro día, me dijo que había sido su mejor noche. Tenía capricho con la pastilla. Tenía miedo a la noche. Decía que debajo de su cama había unos enanitos malignos de color plateado, que se lo querían llevar. Otro día me dijo llorando que en su cama había dos mujeres que lo querían ahorcar.
-¿Qué hay de cierto en su rechazo a la gente negra?
-Un día me acuerdo que llegaron unas chicas brasileñas; hablaron mucho con él y se quedaron toda la tarde. Cuando ellas se fueron, él vino a la cocina y me preguntó cómo eran físicamente. Le dije que eran negras. "¡¿Cómo negras?! ¿Por qué no me lo dijo antes? ¡Que horror, las hubiera echado! Salga usted también de acá. ¡Salga!." Y después se le pasaba...
-¿Qué decía sobre los desaparecidos?
-Algunos familiares venían a la casa y le contaban las cosas que le hacían los militares. Me acuerdo de una chica, muy linda, que habían agarrado los militares y la habían torturado con la picana. La chica lloraba en el living y él se angustiaba muchísimo. Me decía que guardara bien todas las carpetas con los nombres y las fotos de los desaparecidos. "¿Qué puedo hacer Fanny? Soy ciego... Pobre gente, las cosas que le han hecho estos militares", me dijo cuando la chica se fue.
-¿Cómo es su vida, Fanny?
-¿Sabe una cosa? No me gusta nada quedarme sola, como el señor Georgie. Y vivo de recuerdos. Era tan bueno, si estuviera vivo no hubiera permitido nada de lo que me hicieron. En su testamento él me había dejado la casa, pero después María lo cambió en Suiza. No me importa, total: pronto me voy a morir. Acá no pago alquiler y vivo tranquila con mi hija. Todo está tan caro, ¿vio? Me acuerdo que un día le dije a doña Leonor que la plata no me alcanzaba. Me había dado veinte centavos. "¿No te alcanza esto que te doy? Lo que va a venir va a ser peor." Qué razón tenía, ¿no?

Autora: Olga Wornat
Capítulo de "Crónicas Malditas"
Editorial Grijalbo. 2005
ISBN

Imagen de portada: Foto de Fanny Uveda de Robledo por Alfredo Srur  

Libro recomendado:
Epifanía Ubeda de Robledo (Fanny) y Alejandro Vaccaro
"El señor Borges" (Memorias de la críada de Borges)
Editorial Edhasa
ISBN 950-9009-09-1


 

26/08/2006 20:38. Editado por Gatopardo enlace permanente. RECOMENDAMOS

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Detrás del refljeo

El señor es mi pastor, nada me falta.

Fecha: 27/08/2006 08:49.


gravatar.comAutor: Natalia

Pensar que no tenía ni idea de la vida de Borges, si, dos o tres cosas. Pero al leer este texto me pregunto: ¿Ficción o realidad?... O las dos? Lo que más me cuesta creer no son los intentos de suicidio, ni que se los comentara a su empleada, ni siquiera el racismo, el capricho, la hipocondria, o la virginidad, pero que su ex-esposa se fuera la noche de bodas "sola en ómnibus". Esa no me la creo. ¿alguien ha tomado ya el bus en Buenos Aires? y de noche! No me la creo...

Fecha: 28/08/2006 15:18.


gravatar.comAutor: felipe

Maria Kodama...los pocos testigos que han hablado confirman lo dicho por Fanny,

Fecha: 29/08/2006 04:19.


gravatar.comAutor: Trini

Pues aunque había leído sobre el cambio del testamento, nunca oí hablar se Fanny.
Será interesante leer esta biografía.

Besos

Fecha: 30/08/2006 19:51.


gravatar.comAutor: Manuel Santillán

Fanny era mi abuela y la verdad es que nunca supo que estaría en una página de internet. Esto es algo que ella desconocía pero le hubiese gustado saber. Gracias a todos por sus palabras para con mi abuela

Fecha: 29/01/2007 13:24.


gravatar.comAutor: MARIA CRISTINA MILLAN

soy la sobrina de Elsa Astete Millán,todo lo dicho por Fanny es real,y fué alguién que Borges queria mucho,lo de Kodama también es cierto,fue un personaje funesto en su vida,y la persona que lo separó de Elsa.Y logró quedarse con todo lo de él.quiesiera que algún día se sepa la verdad de todo.

Fecha: 10/04/2009 20:12.


gravatar.comAutor: Mercedes Arribas Duran

Habra testigos todo lo que querais, pero a Maria Kodama la eligio Borges,dejo atras todo y a todos, para irse con ella,olvido, abandono... Me gusta su escritura, pero me horroriza como persona. Yo no demonizaria a Maria Kodama, mas bien lo buscaria a el detras de todo esto que contais, Borges era un escritor de talla mundial no me lo imagino ni por un momento tan maleable. Simplemente podria ser que no valiera un apice como ser humano eso no esta mezclado con la genialidad de su obra, ha pasado muchas veces

Fecha: 13/06/2011 07:26.


gravatar.comAutor: RAUL COLOMBO

No es posible unir a este hombre con el escritor.El escritor es un hombre que sueña y desarrolla ese sueño sobre el papel, su pluma se desliza y crea imágenes, personas , situaciones, nos hace pensar, tiene profundidad, el EL MEMORIOSO FUNES no explica, años antes de los medios tecnológicos de comunicación como internet, televisión y teléfonos digitales, que la información, los datos, nos dan información, pero no sabiduria.
El hombre, no se desarrolló en él. Se quedó en un joven apocado, enojado, que no supo vivir, que no gozó de una mujer, que no vivió el amor, pero que sabía que el amor existía, aunque no era para él, un hombre que se quedó en niño, sin poder crecer. Debemos saber apreciar lo bueno que hay en él, que es su escritura, gocemos de ella.

Fecha: 05/05/2014 20:57.


gravatar.comAutor: Christian Omar Lugo Gamonal

No sabía que Borges era un idiota, además de un gran escritor. Esa forma como disoció su vida, por un lado el escritor y por otro el hombre, me parece de lo más dañino para la literatura, que pasa a ser un juego intelectual ocioso. Estas facetas de Borges que ahora salen a la luz ilustran muy bien la falta de vitalidad en su obra.

Fecha: 03/01/2015 20:08.


gravatar.comAutor: Hernán Perey

Es interesante cómo se desvincula un testimonio de la historia, desplazado por la imagen construida por la literatura y los medios, o quizás deberíamos decir, los medios literarios.

Fecha: 24/05/2015 10:54.


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