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MI ADMIRADO ANTONIO MAGÁN

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      Entre los escritores outsider que admiro, hubo uno que me hizo saltar los sesos en el craneo con sus artículos vitriólicos. Yo creí habérmelas con un viejo periodista de colmillo retorcido, curtido en todas las malicias y de vuelta de todas las insidias, viejo zorro y taimado.

     Pero no, Antonio Magán apenas tenía veinte años. Y hablo de la época en que tenía en jaque a los mandamases de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, a los caciques de viejo y nuevo cuño, a los mafiosos, y a los corruptos, con una revista perfectamente editada, autogestionada por un Consejo de Administración compuesto por estudiantes, que la hizo rentable, y en el que el más viejo debía de tener la provecta edad de veinticinco años. Cada número era un bombazo informativo, con reportajes de denuncia documentados y escritos con un estilo insuperable, llenos de talento.

      Luego vino Albacete Confidencial, el primer confidencial on-line de Castilla-La Mancha, que tanto echamos de menos, donde publicó, en la sección "El retrato", el artículo que hoy rescato y presento.


¡Viva el Comando Pelagra!

EL MEDIO POLLO DE LA FERIA

Por Antonio Magán

No hay Feria sin ración de medio pollo. Sí, amigos, me refiero a ese medio pollo tristón, salido del sombrero de Carpanta, y que ha sido el asidero culinario de los gañanes que nos visitan desde que se acabó la posguerra en 1975. Esa media ración de pollo que miramos con indiferencia como el enterrador de Hamlet contempla a sus calaveras.
La ración de medio pollo es una comida alternativa, no porque sea jipi, o porque no lleve clembuterol. No. Es porque el medio pollo se come cuando no queda más remedio. La oferta del medio pollo en Feria está escrita de forma huidiza y con faltas de ortografía en una pizarra no muy grande que cuelga de un palo del chiringuito. Su brevedad la hace inexplicable, indescrifable, un misterio que sólo se resuelve a golpe de cartera.
La ración de medio pollo es una comida venida a menos. De momento, los pollos actuales son del tamaño de la codorniz (algunos parecen pajaritos fritos). El capitalismo no les dejan crecer, los crían en dos meses y los matan antes de que tomen la primera comunión. La consecuencia es que la carne del medio pollo es sólo una fina capa de no se sabe qué, que tiene la misión de separar los huesos de la piel. La pechuga del medio pollo se deshace en la boca como si mascaras gazpachos dando la sensación de que el pollo más que asado está desenterrado.
Y qué me dicen del caldo. Algún día sabremos la procedencia del caldo parecido al gasóleo que le echan a los pollos mientras los asan en la máquina inquisitorial de tortura a la vista morbosa de la plebe que los huele y queda hipnotizada. La piel adquiere con tan anónimo brebaje una dureza tal, que más que crujiente, el pollo está petrificado y es imposible penetrar por esa capa de laca Nelly con la mierda de cuchillos con mango de plástico que colocan en los chiringuitos y que se doblan como floretes.
La ración de medio pollo, en el paseo de la Feria, se come mirando hacia abajo por culpa de la ristra de banderas que ondean en el techo del chiringuito. Son todas del tercer mundo, no las han podido elegir mejor. Países del Africa muy negra, desconocidos y presas de la más terrible hambruna, por eso hay que esconder el pollo con la cabeza, para no humillar al personal.
La ración de medio pollo es una comida poco romántica, nadie se sentaría con la novia a comerse un pollo a medias con las moscas para decirle que la amas. Sin embargo, sí con toda la familia para vengarte del cabrito del suegro que te lleva mártir.
Y el pan. El pan con el que se acompaña al medio pollo parece que acaba de llegar de tres días de viaje. Seco, duro, escaso, con poca molla y soso hasta la más aguda tristeza.
Como el medio pollo no tiene casi chicha acabas cogiéndolo con las manos y cuando le vas a hincar un bocado, un amigo de toda la perra vida te da un manotazo en la espalda, saludo sincero donde los haya, y acabas derramando la salsa y con un lamparón en la chaqueta a modo de medalla al mérito incivil (chaqueta que no te has quitado porque no hay sillas). Pero sabido es que un buen día de Feria sin manchurrones de mugre no es algo completo.
Al levantar la media ración, adviertes que hay seis patatas fritas debajo, entrelazadas como en un cuadro de Tapies, delgadas, blandas, aceitosas. Las inundas de ketchup para perderlas de vista en la boca. Junto a las patatas, tísica y grasienta también agoniza una tira de color negro que despide más aceite todavía. Está carbonizada pero deja entrever un ligero tono verdoso ¡Coño, son los restos de un pimiento! Pues p´dentro y te los tragas con un largo coletazo de vino cabezón mezclado con gaseosa caliente.
Los niños se tiran los huesos de aceitunas, las sirenas de los cachivaches hacen que todo el mundo grite, te duele la cabeza y el pollo está tan frío que es imposible arrancarle una tira de carne más sin tener que quebrar los frágiles huesos que se te pueden atravesar en la garganta. No sabes si encender un cigarro o cortarte las venas.
Acabas de comer y tienes las manos manchadas de grasa pero no te puedes limpiar porque las servilletas están contadas, diez por cabeza y ni una más. Levantas la vista en busca de un servilletero pero los que están a tu alrededor conocen esa mirada y cogen el que tienen con la mano igual de guarra que la tuya y te enseñan los dientes mientras degluten.
La broma te ha costado mil duros porque las cervezas no iban en la oferta, ni el pan, ni los restos del pimiento y acabas cagándote en los muertos de la ración de medio pollo y prometes firmemente, mientras orinas en los váteres sin luz de los Jardinillos, que jamás volverás a sentarte a comer una ración de medio pollo en Feria.
Pero vuelves y vuelves cada año, porque el medio pollo es una maldición, un potro de tortura gástrica que nos recuerda cada Feria a dónde vamos y lo peor de todo, de dónde venimos.

Más artículos en
 **  Temas: Antonio Magán

 *Albacete Confidencial, junio 2001
 *Albacete Confidencial, octubre 2001,
 *Albacete Confidencial, diciembre 2001
 *Albacete Confidencial,  febrero 2002

 *Albacete Confidencial, mayo 2002
 *Albacete Confidencial de noviembre 2002

 R
escatados con la máquina del tiempo, gracias Miguel Ángel Aguilar, de Albacete Literario 

02/09/2006 22:41. Editado por Gatopardo enlace permanente. SERES EXTRAORDINARIOS

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gravatar.comAutor: Detrás del reflejo

Quiero continuar leyendo pero cuando "clico" no me sale nada ...

Fecha: 03/09/2006 13:12.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Están haciendo ajustes en blogia, y no funciona la opción de no cargar los artículos enteros, que suelo poner para que tarde menos en cargarse la bitácora y poder incluir los últimos quince artículos.
Gracias por el aviso.

Fecha: 03/09/2006 14:13.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

Muy bueno, Gata. Gracias por descubrirnos a estos pedazo de escritores con verdadero talento y tan imprescindibles para que este conglomerado de países (tan aburridos de estar juntos) no naufrague, en lugar de los típicos "académicos complacientes automiraombligos" con los que vamos de cráneo.
Voy a leer más de Antonio.
Besos.

Fecha: 03/09/2006 15:09.


gravatar.comAutor: Hannah

Un unisitado placer de descubrimiento este que nos brindas. Yo no había leído nada de Magán, ahora, gracias a ti, me haré de sus letras y las deboraré ;-)

Un besote, Gata

Hannah

Fecha: 03/09/2006 16:28.


gravatar.comAutor: Hannah

¿Se dan cuenta de cómo se me va la olla? ¡Quise decir devorar, Gatopardo!. En fin, ¡qué la lengua me perdone!

Por cierto, Gatopardo, creo que en el post de hoy de mi blog, alguien "reclama" tus servicios... jjjjj

Un abrazo fuerte

Hannah

Fecha: 03/09/2006 18:11.


gravatar.comAutor: Lector de aquellos tiempos

La cochina verdad es que nunca antes ni después hemos tenido ese tipo de periodismo de alto contenido crítico, con calidad literaria, humor y coraje, y cada vez que me acuerdo, me pregunto qué putadas no les habrán hecho, qué represalias habrán tenido, y la sensación es de desolación, porque no hicimos lo necesario para defender ese tipo de periodismo, y no supimos estar a su altura. Yo no tuve nunca ni el valor de ir a verlos y decírles cuánto significaban para mí.
Estén donde estén, gracias de todo corazón. Y gracias, Gato, por tener memoria y contarlo.

Fecha: 07/09/2006 15:54.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
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que no se escape sin dardo.
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