PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

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A las cinco de la mañana, dejé a mi gato dormido, y corrí a la ducha. Ese día salía en primera plana mi reportaje con una denuncia escalofriante sobre corrupción, blanqueo de dinero, industria farmacéutica, y un suicidio tan extraño como silenciado.
Había tocado a los más grandes, y mi director me advirtió que no se arriesgaría sin tener todas las pruebas. Se las había facilitado, y por primera vez lo vi palidecer. Facturas de los teléfonos móviles con los números marcados y el tiempo de cada conversación, comprobantes de las tarjetas, donde se detallaban los ingresos y los pagos, incluidos los del Hotel George V y la grabación digital de los testimonios de mis fuentes de información. Escuchó todo, absolutamente todo. A pesar de que habían firmado sus declaraciones, quiso comprobar que la trascripción y mis conclusiones eran fidedignas. Estudió el informe del forense que había dictaminado la causa de la muerte, llamó a varios contactos suyos de los servicios de Información, y les preguntó sin rodeos. Pulsó la tecla del teléfono para que pudiera escuchar sus confirmaciones, y cuando colgó, pidió café para dos, llamó al redactor jefe, y le dijo:-¡Adelante, publícalo!- y a mí me rodeó los hombros con su brazo y me dijo: ¡Eres una valiente!. Y fue entonces cuando sentí el vértigo y me di cuenta de lo que arriesgaba.
Cuando bajé a buscar el coche para ir al VIPs, donde primero llegarían los periódicos, la luz de emergencia del garaje se había estropeado una vez más, y tuve que llegarme hasta el conmutador alumbrándome con el encendedor. Pero no fue la luz general la que se encendió sino unos faros del coche. Supe después que eran dos hombres, pero en ese momento sólo escuché una voz modulada y tan amable que resultó infinitamente amenazante:
-Debe de haber un cortocircuito... Por favor, perdone que no hayamos concertado una cita...¿puede acompañarnos?
Reconocí al hombre de confianza y el chófer personal de la empresaria que había investigado .
No les di la satisfacción de justificar su deseo de matarme, y respondí afirmativamente. Entramos en su coche, y sin que se dieran cuenta, dejé caer al suelo mi DNI y mi carnet de prensa. No ocultaron sus rostros, parecía no importarles que los pudiera identificar, y eso me confirmó que no pensaban dejarme con vida. Sentí un terror helado
-¿Adónde vamos?
-Doña Julia desea invitarla a desayunar con ella, sólo tiene ese hueco en su agenda. Le pido perdón en su nombre por lo intempestivo de la hora y por no haberle pedido cita de antemano.

Aquel recurso a la ironía y a las buenas maneras de aquel asesino me recordó que existe un protocolo que incluía cierta amabilidad para con los condenados a muerte.
Las calles estaban casi desiertas, mojadas por la lluvia que en esos momentos era aguanieve, y, a pesar de la calefacción, tuve escalofríos y me arrebujé en el abrigo tratando de controlar el temblor. Mi secuestrador se dio cuenta y dijo al conductor:
-¡Suba la calefacción al máximo, y cierre bien esa ventanilla! Y pare en el VIPs para comprar los periódicos. -Y dirigiéndose a mí- Siempre pone la calefacción al mínimo, y aquí detrás hace frío.
Su gélida amabilidad me hizo el efecto de una bofetada, y le respondí en el mismo tono:
-No sentiré frío demasiado tiempo.
-No, ya se empieza a notar que ha subido la calefacción.

Frenó el coche ante el VIPs, y bajó el conductor. Ni un guarda de seguridad, ni un policía afuera. Las puertas del coche estarían bloqueadas y cualquier intento de escapar sería inútil, pero, de todas formas, enseguida volvió el conductor con los periódicos y encima de todos, los titulares de mi artículo me parecieron un hermoso y triste testamento, redactado sin saber cabalmente que me acarrearía la muerte. Y una ráfaga de orgullo me hizo sentirme reconfortada, porque yo había dejado claro quienes serían los culpables de mi desaparición.
El tiempo es un concepto elástico, el viaje se me hizo eterno, y sin embargo, cuando llegamos a aquella mansión asomada a un acantilado, con la ciudad a lo lejos, reflejada en el agua, me pareció demasiado corto. Abrieron las verjas con el mando a distancia  y, entre la niebla,  los perros corrieron paralelamente al coche, adiestrados para atacar sin ladrar. Mis secuestradores no hicieron caso de ellos, y se quedaron en actitud de espera, exhalando vaho por las fauces, y fijando su mirada en mí, dispuestos a atacar a la mínima orden.
-Por aquí, por favor. -Y me señalaron la puerta que se había abierto antes de llegar, entregaron los periódicos al mayordomo uniformado, y se despidieron de mí con una leve reverencia. Una doncella con cofia y delantal impolutos,perfectamente almidonados, me pidió el abrigo, y me guió hasta un cuarto decorado con sobriedad, en el que estaba puesta la mesa para dos comensales. El mayordomo entró a continuación, dejó los periódicos en una mesa auxiliar, y me preguntó si tomaría té, café o chocolate, y si tenía predilección por alguna marca en especial.
-Café. Gracias. Me da igual la marca, suelo comprar el que esté de oferta.
No pestañeó. No respondió. Pero ella sí:
-Con su talento no debería de preocuparse por su futuro. Tenemos que arreglar eso.
No me había dado cuenta de que estaba sentada en un sillón inmenso, de espaldas a nosotros, y cuando se levantó y vino a mí, sonreía con la mano extendida. Y yo, como una idiota, se la estreché. Hubiera sido bonito despreciársela, pero por automatismo, siempre acato las normas de urbanidad, y saltármelas representa un esfuerzo consciente que en ese momento no pude hacer.
-Estoy muerta de hambre. Anoche no cené casi nada. Tuve que asistir a uno de esos actos oficiales de la Embajada de Inglaterra, y tienen unos cocineros atroces.
Nos sentamos a la mesa, y se lanzó a mordisquear una tostada entre gemidos de placer. Yo estaba bloqueada. Nos sirvieron dos camareros y se retiraron.
-Anoche me pasaron su artículo en pruebas de imprenta. Y me dije: tiene todo el talento del mundo esta periodista. ¡Es una lástima no conocerla, y le pedí a Gonzalo que lo solucionara.
Yo respondí con un nudo en la garganta:
-Todo lo que he escrito es la estricta verdad.
-Oh, bueno, la verdad... ¿quién la conoce enteramente? No hay que obsesionarse con la verdad...De todas formas, me divirtió mucho, tiene detalles muy sabrosos, y se nota que es usted observadora. Por eso, le quiero hacer una proposición que creo que le interesará.
-...¿Y que no podré rechazar?-dije recordando El Padrino
-Oh, sí, claro que puede rechazarla; pero... después de valorar las condiciones no creo que lo haga.
Siguió desayunando con voracidad. Y de pronto me señaló con su dedo manicurado:
-Usted no ha probado bocado. Ni siquiera ha probado el café. Espere, no se tome ese, ya estará tibio, voy a pedir la otra cafetera.
Tocó la campanilla, y a los tres segundos entró el camarero con una cafetera humeante, y nos sirvió sin preguntar.
-¿Cómo sabía qué es lo que le iba a pedir?
-No soporto el café tibio, y siempre tomo dos tazas, recién hecho.-
Y me sonrió- Es una de las cosas buenas que tiene el dinero: me permito el lujo de darme estos pequeños placeres. Y ahora dígame: ¿cuánto cobra usted en el periódico?
-Lo suficientemente poco como para dejar este mundo con algunas deudas...
-Vive con un gato ¿verdad? A mí me gustaría tener un gato, pero paso tan poco tiempo en casa que el pobre se aburriría... Así es que tengo perros, porque suelen llevarse bien con el servicio. Los gatos no son tan demócratas, y sufren de estrés cuando se les da la compañía inadecuada ¿verdad?

Había escuchado muchas tonterías en mi vida sobre gatos y perros, pero aquella explicación desbordó todas, y solté una carcajada. Ella rió también, y me dijo:
-Mire, me cae usted muy simpática, sabe reir, y eso es lo que me gusta más de una persona. Hay demasiada gente pomposa y seria. Vamos a ser buenas amigas. Y además usted me puede sacar de un atolladero horrible.
-Quiere que desmienta la investigación que se ha publicado ¿no es eso? Lo siento, pero...
-¡Oh, no, querida!¡Qué ocurrencia! Precisamente esa información es la que le permitirá cumplir con mi encargo: su director tiene la costumbre de invitar a sus periodistas estrella a cenar en su casa, y usted es la nueva revelación que querrá agasajar como se merece...
-Perdone, no entiendo.

-Su mujer enseña siempre sus nuevos diseños a los invitados, y suele explicarlos pormenorizadamente... Quiero que me informe exhaustivamente sobre cada nueva colección.
-¿Quiere usted copiar sus modelos?
-¡Oh, no! ¡Nada de eso ! Quiero estar segura de no comprarme ninguna ropa que pueda recordar ni remotamente sus atroces diseños... ¡Ay, qué tarde es, me tengo que ir ya. Mi chófer la acompañará adonde usted le diga.

Me besó efusivamente, y se despidió dejándome el primero de los cheques al portador de 50.000 euros que me ha pagado, gracias a mis valientes artículos de denuncia. Perfectamente inútiles por lo demás.

Gatopardo

10/11/2006 17:24.

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Trini

Como siempre en tus relatos, el final me deja patidifusa...
No sé a mi por qué me parece que la esposa de el director del periodico atiende por Ágata:):):):)


Un abrazo

Fecha: 10/11/2006 18:50.


gravatar.comAutor: Dinosaurio

Muy bueno, Trini, seguro.
¿Ves, Gata, cómo los mafiosos no son tan malos y, en cambio, tú eres muy mal pensada?
Chica, danos la dirección, que nos presentamos ahora mismo para lo que quiera mandar la "señora".
Me ha gustado mucho.
Abrazos.

Fecha: 10/11/2006 19:00.


gravatar.comAutor: resteve

A mi, como a Trini, tus finales siempre me dejan con la boca abierta.
Ese director mafioso que le pasa las galeradas a la "señora" y una esposa que diseña horribles vestidos me suenan a conocidos. Eres muy mala...
Un fuerte abrazo

Fecha: 10/11/2006 19:56.


gravatar.comAutor: Moisés

Para variar he vuelto a perder la apuesta que siempre me hago al leer tu relato. Besos.

Fecha: 10/11/2006 20:46.


gravatar.comAutor: Espartako

Me atrapó desde el primer momento, tienes talento para escribir, el tema estuvo excelente dicho sea de paso.

Juan Carlos Guerrero

Fecha: 10/11/2006 21:39.


gravatar.comAutor: Edanna

Es verdaderamente reconfortante ir descubriendo rincones como este. Me ha encantado este texto. Excelente, de veras.
Un abrazo.

Fecha: 12/11/2006 15:49.


gravatar.comAutor: Hannah

No necesito coger un espejo para poder saber la cara que se me ha quedado: de mucha perplejidad. ¡Pero que picarona eres, querida Gata!. ¿Quién se libra de las corruptelas? ¡Ay, ay, ay!.
Un abrazo entrañable.

Fecha: 12/11/2006 18:33.


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Gatopardo

En el tema: ASALTADA LA SEDE DE LA FUNDACION RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL , la información de los graves actos contra la FRMP. En el artículo Para protestar por el asalto y acoso a la Fundación RMP detalla las instituciones y direcciones e.mail a las que pueden enviar sus cartas de solidaridad.Para leer todas las cartas, en el tema Cartas de los Amigos del Olivar de Chamartín. Rogamos publiquen estas informaciones en sus bitácoras para romper el silencio informativo de los grandes medios de comunicación.

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