ELEGÍA AL PINTOR BENJAMÍN PALENCIA

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Para César Mallorquí , que nos ha pedido perentoriamente a sus lectores que escribamos para él, para corresponder al trabajo que se toma en desasnarnos .

E. suele hacerme encargos extraños, pero normalmente se limita a pedirme que lo llame a una hora, haciéndome pasar por la secretaria de un jefazo que exige su presencia urgente. Me imagino que así sus novias no se enfadan cuando sale corriendo después de haberles prometido un fin de semana en barco o en Baqueira. Esta vez fue algo todavía más absurdo:
-Necesito que que vayas a un homenaje a Benjamín Palencia.
-¿Y se puede saber qué pleito tengo que definir, ni qué vieja sacar de pila allí?
-Es que me han pagado las dietas para que vaya y haga la crónica. Pero ya que estás allí, házmela tú. Ya sabes: ditirámbica. Y te debo una.
Y ése es el motivo por el que, provista de cierta seriedad impostada, acudí a una casa viejísima en el centro, traspasé el portal oscuro, a tientas, a pique de matarme, subí por una escalera llena de desconchados, con los techos inalcanzables, desde los que cae la luz cenital de unas bombillas de 15 W, tapizadas de cagadas de moscas. Después del entresuelo, en el primer piso, La Casa de la Mancha: sillas de skay, plegables, ocupadas por unas cuantas personas de edad provecta, con gafas de todos los modelos y todas las graduaciones.
Cuando llego, está hablando con un tono enfervorizado, Tita, una mujer vestida de india de Holliwood, en ante y flecos, con cara de fuina e inmensas gafas. Traza el eje Picasso-Dalí-Benjamín Palencia, convencida de que sólo una mala uva internacional ha colocado en el último lugar a su paisano. Y aclara que ella jamás ha esperado a su muerte para colocarlo en el primer puesto. Lo dice con el mismo énfasis belicoso que un buen día comentó el "Informe Hite sobre la sexualidad" diciendo que ella iba al escusado, pero que no por eso se le ocurriría escribir un libro sobre esas desagradables ocupaciones, y que la señorita Hite, en honor a su sexo, debería buscar otras fuentes de inspiración.
Después, esta muerte y este entierro son glosados con voz estentórea por Isabel, una mujer vestida con un traje de chaqueta, modelo y color de azafata de Iberia de la primera hornada, con el aditamento de cuarenta kilos sobre la media nacional. Su opulentísima pechera no desvanece mis sospechas de que se trata de un hombre disfrazado. Habla con ademán enérgico, voz enronquecida por la emoción -o la cazalla- y afirma que el exilio fue un truco para promocionar la pintura de los que, desde destierros dorados, vituperaron a España.
Benjamín Palencia se quedó porque era un patriota, amaba a España y nunca quiso dar pábulo a los extranjeros para denigrarla. Regala al auditorio con una descripción del entierro en Madrid, que fue como un entierro de pueblo, de Barrax para ser más exacta, donde la gente se para en las esquinas, se suma al cortejo al saber quien es el muerto y la circulación se interrumpe en signo de respeto, con una emoción popular apoteósica que ya quisieran muchos… ¡Madrid lloró!
El siguiente orador parece no haberla oído y dice que el entierro fue desolador, que fue uno de esos entierros de Madrid en que se pierde el cortejo, se pierde el muerto, y en el cementerio entierran los cadáveres de tres en tres. Luego, habla del gran instinto paternal de Benjamín, y de la pena que debió de ser para él no tener hijos propios, viendo el cariño y el interés que siempre testimonió a sus hijos. Algunos intercambiamos miradas de entendidos; otros, incómodos, petrifican el gesto. El orador continúa, más inocente que el asa de un cubo, contando, en plan papá en la inopia, deliciosos detalles entrañables de Benjamín hacia los hijos adolescentes que, ingratos, como todos los jóvenes, no parecían valorar el privilegio de su afabilidad.
A continuación habla un individuo que hace pausas dramáticas en cualquier punto del discurso, sin importarle qué parte de la oración sea; lo mismo le da el pasmo en una partícula adverbial que en un pronombre, y entonces fija la mirada, avanza la mandíbula, palmea en el aire, Todos han mencionado de manera elíptica, con eufemismos de cuerpo presente, la petulancia de Benjamín Palencia: él se tira sin red, y habla de su arcangélica humildad, y no como otros, diabólicamente orgullosos. Pues bien, Benjamín Palencia tenía muy presente cual era su valor y actuaba en consecuencia, sabiendo que era un hombre egregio, por eso, con una naturalidad encantadora, nunca iba a los toros sin entrar por la puerta de autoridades y en cualquier lugar reclamaba su puesto de privilegio, pero no porque despreciara al pueblo llano. Decía que Dios lo había escogido entre tantos y con su comportamiento era a Dios a quien glorificaba, dándole todo el honor de su pintura y de su paleta, y si no quiso jamás pasar por un don Nadie fue para que no se dejara de rendir ese tributo al Altísimo. Le ha faltado decir: «...el que conquistó toda España, el más leal, é el más verdadero, é el más franco, é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el más omildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó y ondró á todos sus amigos...»
Al ponente le gustaría que quedáramos convencidos de la franciscana humildad de Palencia y no de su archidemostrada petulancia. Y quedará frustrado, como si lo viera.
A mí Benjamín Palencia no me gustaba como pintor, ni como dibujante, ni como teórico del Arte, y como persona sólo desataba la hilaridad que me provocan los fatuos y lo infatuado.
Escribí una crónica según los cánones. E. me comentó:
-Cuando la lean, van a llorar de emoción todos los amigos de Benjamín Palencia.
Es una pena que no los tuviera, porque me quedó más cursi que un guante, y emotiva hasta la náusea: una elegía insuperable.

Gatopardo

Imagen: Parte del epitafio del Rey Fernando III en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla (en latín, castellano, hebreo, y árabe)

05/12/2006 04:10. Editado por Gatopardo enlace permanente. PERSONAL Y ARBITRARIO

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gravatar.comAutor: Dinosaurio

No sé qué tal fue Benjamin Palencia como persona, pero algunos de sus cuadros (sobre todo los de su última época) no me disgustan.
De todos modos, vaya encarguitos que le hace E. a esa chica.
[[La otra noche me fallaban Gatopardo, Hannah, Trini y alguno más durante una media hora. Luego volvieron bien.
Yo sigo mosqueado con el Contador Webstats4u, pero no sé.]]
Abrazos.

Fecha: 05/12/2006 21:03.


gravatar.comAutor: Gatopardo

La prueba del nueve en pintura es cuando, en las reproducciones, el cuadro mejora. Y Benjamín Palencia es de esos. He visto cientos de cuadros con paisajes de pintores de batalla, de los que los fabrican a destajo, que tenían más gracia y menos amaneramiento que B. Palencia.
De todas maneras, la historia de la pintura en mis manos sufriría drásticos tijeretazos, en los que eliminaría a Dalí, por ejemplo, y me quedaría tan ancha, porque me parece un rebuscado sin chicha. Y el 90% de los que ARCO mima, los pondría a pan y agua.
Como persona era un fatuo, egocéntrico, pura filfa, que es lo peor que puede ser una persona.
Sí, anoche hubo movidas raras; pero no sé qué sería.
Abrazos

Fecha: 05/12/2006 21:56.


gravatar.comAutor: Trini

Pues yo, por los personajes que describes, pensé que era uno de tus relatos, ya ves hasta donde llega mi incultura pictórica, aunque tras leer tu post y los comentarios de Dinosaurio y Gatopardo, pienso que no me he perdido mucho,pero aún así, voy a buscar a Palencia en Google y me haré una opinión propia de sus pinturas, desde mi manera de ver las cosas, poco entendida, desde luego.

La noche del parón, estaba a punto de conseguir mi record de visitas, pero...
En fin, hay más días que ollas.

Besos

Fecha: 06/12/2006 09:46.


gravatar.comAutor: Trini

Bueno, tras ver algunos cuadros de Palencia, en las páginas de Google, he de decir que muchos de ellos me gustan, ya te digo, a mis ojos le gustan, quizá, eceptuando "Toros" en el que a mi entender imita a Dalí.

Besos

Fecha: 06/12/2006 10:05.


gravatar.comAutor: wolffo

Mi primer impulso era, sin duda, decir: qué pelmazo que era el pobre Benjie, en plan bromita, ¿sabes? como haciendo que conocía al ser imaginado por ti; luego empiezo a leer los comentarios y me doy cuenta de que el tío existe, o existía, más bien, y pienso, pues miro sus cuadros y quedo como dios; luego veo que Trini lo ha hacho por mí, y a mí Trini, he de decir que me cae de cine. Así que, por no entrar en polémica con nadie, he optado por ahorrarme la visita a mi querido Benjie, porque no quiero definirme entre tú, Gata adorable, y Trini, porque os quiero a ambas. Aunque a ninguna tanto como a mí mismo, y eso lo encontraréis las dos natural, porque a mí me quiere todo dios.
Así que me iba a limitar a decir que cuando leía la reseña del último orador, se me representó el Zeta, ya sabes, pero luego he visto que decía palabras en su discurso desdichado que ZP sería incapaz de pronunciar ni leyendo.
Así que sólo me queda aplaudir tu estilo de cronista satírica, que me gusta un huevo, y que apuesto que es mil veces más brillante que la crónica oficial.
Oye, Gato, ¿has pensao en escribir? Porque no lo haces mal, colega, podrías empezar por un diario de esos on-line, blog, se llaman... ¿lo has pensao?

(besos, viejales, estás en plena forma...)

Fecha: 06/12/2006 20:06.


gravatar.comAutor: AVISO de Gatopardo

Han desaparecido varios comentarios y hay un trozo final de uno que se ha insertado al final del texto, y no sé por qué. ¡Misterios de Internet!

Fecha: 17/05/2008 07:53.


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