ADIÓS AL CERO PATATERO

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Quitar el cero de los boletines escolares supone perder un riquísimo espécimen del paisaje educativo, porque con el cero se elimina también al tonto de capirote, al negado, a nuestro entrañable zipi zape de las calabazas, al quinqui. El cero era el vacío donde se alojaban los que no daban un palo al agua, los que reventaban las clases, los que por no escribir no escribían ni su nombre en el examen o lo tatuaban con entretenidos gráficos, los que se emporraban en el recreo, los absentistas. Todas estas adorables criaturas han subido de escalafón y se han ido a juntar con los que ya tienen nota, un uno, que al menos contestaban algo e iban a clase, aunque fuera a pasar el rato. No sé muy bien qué es lo que ha movido a los legisladores a borrar ese cero patatero, tan instalado en nuestra tradición como la o del canuto, pero he oído que tiene motivaciones psicológicas, pues resulta humillante para el portador, una marca a fuego de su fracaso. Precisamente, a estos muchachos que fracasan -o que triunfan disfuncionalmente- les da igual un cero que ochenta y su humillación no procede del cero en sí sino de estar en un aula donde no quieren estar, así que el razonamiento psicológico no cuela. Parece que se trate más bien de ir rebajando el listón para que vayan entrando todos en el saco de aprobados, aun sin alcanzar el también simbólico cinco, que quitado el cero, ahora se convierte lógicamente en cuatro. Y cuando vean que el uno cobra todos los valores negativos del cero, no tardarán en ascender la cuenta a dos. Al fin y al cabo, qué más da un número que otro. De cierto, todo este arbitraje numérico pasará a la historia no bien los psicólogos descubran que esas calificaciones son discriminatorias pues atentan contra la igualdad. Ya nos quitaron el muy deficiente, que era poco menos que llamar subnormal al niño subnormal. En cuestión de años, nos las habremos con solo dos baremos: brillante y casi brillante, hasta que descarten el casi por ofensivo y todos, sin excepción, sean brillantes, cada uno en los suyo, unos en ganas de aprender, otros en ánimos de joder.

Antonio García Muñoz

Foto de Doisneau 

31/03/2007 00:56. Editado por Gatopardo enlace permanente. ANTONIO GARCÍA MUÑOZ

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gravatar.comAutor: monocamy

A mí me ha tocado escuchar una argumentación distinta, a la que se daba más énfasis argumental que a la huella psicológica (que también aparecía). No recuerdo dónde lo leí.

Pero básicamente consistía en que calificar con un cero resultaría incorrecto, puesto que equivaldría a que el alumno no ha aprendido y/o retenido nada. Y esto último resultaba imposible por un simple principio de inercia: estando en clase (aún intermitentemente y sin interés en participar) algún concepto o conocimiento se albergaría en su memoria (esto es: puedo ir al cine y quedarme dormido pero al menos saldré sabiendo (como mínimo) qué película fui a NO ver).

Tiene su lógica.

Personalmente jamás sentí pudor alguno por los ceros que recibí y que fueron muchos. Ni concedí mayor importancia a los dieces, que fueron tantos o más. Simplemente me rascaba la zona abdominal durante todo el mes o trimestre y, luego, "empollaba" la última semana para hacer un examen perfecto, técnica que no augura o garantiza demasiado éxito pero que me servía, entonces, para acallar el ánimo castigador parental: los ojos inyectados por las noticias de mi comportamiento desordenado tornábanse arcos-iris al leer mis notas. Y yo sobrevivía.

Un saludo, Gatita. Y un beso "muy eficiente".

Fecha: 31/03/2007 16:39.


gravatar.comAutor: monocamy, pensando mientras se aleja

"Claro. Tarde voy a recordar dónde lo leí... si lo escuché."

Fecha: 31/03/2007 16:54.


gravatar.comAutor: Carlos Martinez

Pues muy mal. Me niego a desaparecer; como coleccionista de ceros me niego a no ser. Quiero tener ceros. Desde que iba a parvulitos a la fuerza y lloraba en la puerta por no querer entrar, quiero tener ceros. Lo contrario seria reconocer que la deficiente enseñanza obligatoria que he padecido se merezca otra cosa. Mi cero es el suyo también. Cada uno de mis ceros es un reflejo de los de ellos.

Fecha: 01/04/2007 19:48.


gravatar.comAutor: Grismar

Aquí (Buenos Aires, Argentina) la consigna es no poner ceros hace años, presentar la hoja en blanco amerita un uno por "haberse presentado". Lo que promedia como cero es la ausencia. Cuando empecé a corregir exámenes me pregunté si tendría que sumarle un punto a cada uno, ya que era evidente que, además de lo que sabían, se habían presentado, pero eso, claro, no tiene lógica. Saludos

Fecha: 02/04/2007 11:23.


gravatar.comAutor: Luna

Me parece que la distancia, es lo que le da gracia al cero.
En una pregunta sobre que tipo de gobierno tenía España y contestando abiertamente...dictadura, no sólo me suspendieron la asignatura, me suspendieron el curso entero, investigaron a mi familia, mi padre que era extranjero, tuvo algún que otro problemilla..no fue fácil, os lo aseguro.

Saludos

Fecha: 03/04/2007 11:09.


gravatar.comAutor: Diego J.

Los romanos vivieron sin conocerlo, creo que es un gran avance desacernos de él, dentro de poco veremos de nuevo a los cristianos en el foso de los leones. Tiempo al tiempo...

Fecha: 09/04/2007 17:40.


gravatar.comAutor: José Manuel


En la película "Cero en conducta", de Jean Vigo, los alumnos se revelaban contra un sistema anterior y antiguo, contra la opresión y a favor de la libertad, en analogía a la Revolución Francesa, pero ahora parece que ese papel corresponde más a los profesores que a los alumnos. A veces da la sensación de que son los maestros los oprimidos por sus despóticos alumnos. Es irónico y triste.
Le felicito por el artículo, me ha gustado mucho.
Un saludo.

Fecha: 01/05/2007 17:27.


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