SUDÁN: INTRIGAS Y CRISIS PERMANENTE

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©Eliseo Bayo, publicado en eliseobayo.blogia.com

Las Naciones Unidas y la Unión Africana presionan a Sudán para que acepte una fuerza internacional que ponga fin a tres años de guerra que ha provocado la muerte de decenas de miles de personas. Pero lo que se busca es el petróleo y no la paz

Representantes del gobierno de Sudán y de la guerrilla del Ejército de Liberación de Sudán se reunieron en Trípoli, el sábado 18 de noviembre, para intentar llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra civil. En ese acto el coronel Muammar El Gadhafi aconsejó al gobierno de Jartum y a otros líderes africanos que se opongan a la Resolución de las Naciones Unidas de enviar tropas a Darfur . Lo que hay detrás de esa medida aparentemente humanitaria, dice el coronel libio, es el intento occidental de apoderarse de los ricos yacimientos petrolíferos de Sudán, y no el deseo de impedir la matanza a la que ha conducido la guerra civil. “Es el retorno al colonialismo”, afirma. Las Naciones Unidas y la Unión Africana presionan a Sudán para que acepte una fuerza internacional que ponga fin a tres años de guerra que ha provocado la muerte de decenas de miles de personas.
Gadhafi acusa a Occidente de buscar pretextos para invadir cualquier país africano acusado de genocidio porque las potencias occidentales “no quieren que prospere el proyecto” (amparado por Libia) de construir un gobierno federal para toda África, los Estados Unidos de África, de corte similar al sistema de la Unión Europea. En palabras del coronel Gadhafi, “Occidente explota el tribalismo, el sectarismo y el racismo para alimentar la guerra de forma que no haya otra solución que volver a la intervención occidental en numerosos países. Todos los conflictos en África son provocados por el colonialismo que desea impedir la constitución de los Estados Unidos de África y alienta la división, la injerencia en los asuntos internos y los golpes de Estado”.
Los rebeldes se alzaron en armas a principios de 2003 tras acusar al gobierno de Sudán de postergar las remotas regiones occidentales y han sido acusados por el Tribunal Internacional de La Haya de cometer atrocidades contra la población civil. Washington acusa a Jartum de los mismos cargos y a la vista de la ineficacia de la Unión Africana para acabar con el conflicto, apoya la intervención de las Naciones Unidas a la que se opone el gobierno sudanés.
Ya a principios de septiembre el gobierno de Sudán rechazó el establecimiento de tropas de las Naciones Unidas en la región occidental de Darfur, tras conocer la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, amparada por los Estados Unidos y por el Reino Unido, favorable al envío de 20000 soldados a Sudán para reemplazar a las tropas de la Unión Africana. En realidad no serían soldados de las Naciones Unidas sino de la OTAN. Rusia, China y Qatar se opusieron a la Resolución. China, que en quince años ha invertido más de tres mil millones de dólares en Sudán, anuncia que vetará cualquier iniciativa de las Naciones Unidas para intervenir en Sudan.
La condición para el envío era que el gobierno de Sudán estuviera de acuerdo, y para presionarlo se organizó a partir de esa fecha una vasta campaña internacional de apoyo al envío de tropas. Se han pronunciado a favor de la intervención en Sudan el embajador norteamericano en las Naciones Unidas John Bolton, el ex Secretario de Estado Colin Powell, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el general Wesley Clark y naturalmente el primer ministro inglés Tony Blair. Ya que no pueden esgrimir ningún éxito en Irak para justificar la intervención en Sudan, pregonan que ésta sería al estilo de la guerra “humanitaria” librada para liberar a Kosovo (aunque no se cuentan los miles de muertos que provocó, ni el desastre subsiguiente en la región todavía administrada por la OTAN)


Sudán tiene razones para oponerse a la presencia de tropas extranjeras en su tierra, toda vez que Gran Bretaña ejerció de la manera más brutal su poder colonial y se ha opuesto a reconocer la soberanía de Sudán. Durante más de una década ha sufrido diversos intentos de desestabilización y de golpes de Estado, además de sanciones y embargos económicos; tanto los Demócratas como los Republicanos han intentado el cambio del régimen. En 1998 Clinton ordenó el lanzamiento de diecisiete misiles de crucero que destruyeron una planta paramédica en Shifa, en la que se fabricaban medicinas y no armas como se dijo con el pretexto del bombardeo. Aquel acto ilegal de Clinton ha quedado impune y en el olvido.
Altos cargos del Departamento de Defensa norteamericano insisten en que no se necesita el permiso del gobierno de Sudán para el envío de tropas, pero hasta el momento no han conseguido aliados para ese propósito.
Sudan, tan grande como toda la Europa occidental, es país más extenso de África; la región occidental de Darfur, con unos cinco millones de habitantes, es más grande que España. ¿Qué pueden hacer 20000 soldados de la OTAN en aquella inmensa región en la que la guerrilla tiene una larga experiencia de lucha contra los colonialistas? A pesar del incierto resultado de la misión militar, los mismos intereses que impulsaron la guerra de Irak predican ahora la intervención en Sudán.
Para movilizar a la opinión pública internacional se ha organizado una campaña que con el lema “Salvar Darfur” pretende justificarla. El 17 de septiembre se celebró un magno concierto en el Central Park de Nueva York en el que participaron numerosas celebridades y a partir de allí se repitieron conciertos parecidos en otras ciudades. En París, con intereses en África, algunas agencias se movilizaron también a través de programas de radio y de televisión. El acto de Nueva York, auspiciado por dirigentes demócratas y republicanos, pretendía fundamentalmente apartar el foco de interés sobre Irak (una guerra ilegal e injusta) y desviarlo hacia Sudán (con el pretexto humanitario de impedir un genocidio). Al acto no faltó Nancy Pelosi, una estrella en alza. El propio presidente de los Estados Unidos se reunión en la Casa Blanca con los organizadores del concierto para animarlos en su lucha “a favor del humanitarismo”. El concierto fue organizado por una asociación de 164 organizaciones entre las que se hallaban la Asociación Nacional de Evangelista, la Alianza Mundial Evangelista y otros grupos religiosos, que congregaron a centenares de miles de personas. Seguramente la mayoría de las celebridades que participaron activamente en el concierto, como George Clooney, lo hicieron de buena fe y con los mejores sentimientos, pero es obvio que las estrellas de Hollywood no están especializadas en los manejos de la política.
Es una redundancia añadir que organizaciones religiosas que habitualmente apoyan a Bush e influyentes lobbys pro israelíes estaban detrás de la organización de la campaña “Salvar a Darfur”. El primero que denunció con fines propagandísticos el genocidio de Darfur fue Colin Powell cuando siendo Secretario de Estado fue a Sudán, en septiembre de 2004, en medio de los horrores de la guerra de Irak que acababa de dejar a centenares de miles de ciudadanos sin agua, luz e infraestructuras, para alertar al mundo del “terrible genocidio” que se estaba cometiendo en Sudán. El primer acto de Cheney al tomar la vicepresidencia de los Estados Unidos fue usar su avión oficial para viajar con los miembros del Consejo de Seguridad a Nairobi a fin de discutir la “crisis humanitaria en Darfur” (lo mismo que hizo en 1991 cuando viajó a Somalia, siendo Secretario de Defensa).

La campaña “Salvar Darfur ” se inscribe en el marco del nuevo intento anglo/norteamericano de apoderarse de la región tras haberla desestabilizado por completo. La prensa internacional, tan remisa a publicar fotos de los desastres de la guerra en Irak y en Líbano, ha sido pródiga en publicar reportajes y fotos de refugiados que huyen de la barbarie. La acusación es que decenas de miles de africanos están siendo asesinados por milicias árabes sostenidas por el gobierno de Sudán, que aparece ya con la marca de “estado terrorista” y “estado en bancarrota”. El despropósito ha llegado al extremo de lanzar consignas del tipo “Fuera de Irak- Vayamos a Darfur”, publicadas en anuncios a toda página en el New York Times.
El esquema que aparece en la prensa pretende simplificar el conflicto como una lucha de “invasores árabes” contra “pueblos africanos”, pero no es exactamente así pues todas las partes en conflicto son africanas y nativas del territorio, y pertenecen a la religión sunnita islámica, salvo una minoría cristiana en Darfur. El idioma común es el árabe, pero existen decenas de dialectos hablados por centenares de grupos étnicos. Las potencias colonialistas, en especial Gran Bretaña, sumieron en la miseria a Sudán y han impedido que salga de ella, extendiendo las rivalidades entre las regiones, con el objetivo de apoderarse de las grandes riquezas del territorio. Sudán posee grandes reservas de petróleo, de oro, de uranio (de gran calidad, tres cuartas partes de las reservas mundiales) y de cobre.
La localización estratégica de Sudán (treinta y cinco millones de habitantes) le hace apetecible y sumamente vulnerable a la voracidad imperialista. Situado en el Mar Rojo, al Sur de Egipto, tiene fronteras con otros siete países africanos. Se calcula que sus reservas petrolíferas son mayores que las de Arabia Saudita, pero a diferencia de ésta Sudán ha mantenido distancias respecto de Washington que no ha perdido ocasión de entorpecer el desarrollo y la independencia de Sudán. China ha llenado el hueco que dejaron las potencias colonialistas europeas y ha establecido acuerdos de colaboración financiera y tecnológica para explotar los yacimientos de materias primas, construir oleoductos y adquirir petróleo.
Durante más de veinte años la política exterior norteamericana dio apoyo al movimiento separatista del sur de Sudan, territorio rico en petróleo, y la larga guerra civil agotó las reservas del gobierno central. Cuando al final se alcanzó la paz, se inició un nuevo movimiento separatista en Darfur, en la parte occidental de Sudán. También recientemente se ha alcanzado un acuerdo entre el gobierno y los rebeldes, como lo confirma la reunión de Trípoli, pero un grupo disidente ha decidido continuar la lucha, dando así un pretexto para la intervención extranjera.
En el año 2006 había 7.000 soldados de la Unión Africana en Darfur, mal equipados, asistidos técnicamente por fuerzas de la OTAN y de los Estados Unidos. Miles de funcionarios de las Naciones Unidas supervisan los campos de refugiados donde cientos de miles de personas han sido relocalizadas huyendo de la sequía y del hambre.

©Eliseo Bayo , del libro "Crónicas finales"

Más información: socialist worker online

Foto de portada: Campo de refugiados de Ardamata, Darfur-Sudán


10/06/2007 00:14.

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