TENORIO MODERNISTA.

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Fragmentos.
(...)
Dichos, por la válvula fórica o forense. DON JUAN, DON LUIS y otros efebos. Los dos primeros van a ocupar las sillas que por tradición les corresponden.

DON JUAN
Ese artefacto sedente
es para un bohemio gris.
DON LUIS
Es para mí.
DON JUAN
Sois don Luis.
DON LUIS
Sois don Juan.
DON JUAN
Precisamente.
(Se quitan la cáscara facial.)
DON LUIS
Horario no lapidemos
y a contar las fechorieces.
DON JUAN
Antes, unas predulieces
de vermut.
DON LUIS
Vermuticemos.
(Vermutizan.)
DON JUAN
Pues, señor, salí de aquí
albescente y opalino
y, arrabundífero, di
en Mónaco, porque allí
tiene el Príncipe un casino.
De féminas y de espor
horizontálica tierra,
y en ella, un gobernador
que a los puntos no da guerra
por timbar, ¿dónde mejor?
Donde hay casinos, hay juegos,
floresta, en los cercaníos;
frutesta, en los lejaníos;
vellonesca, en los borregos;
y anguilesca por los ríos.
Para la apuesta empezar,
mandé publicar en dos
periódicos al llegar:
Rest isí mesié Tenoar
pur qui desir quelque chos.
Las mónacas estatuosas,
sus caderas anforosas,
yo doliente y neurasténico...
mis pasiones de bohémico
se vieron expansionosas.
Pero como me jugué
mi dinero al ecarté,
era Mónaco muy tétrico
y tomando un kilométrico
en Milán me desgrané.
Así que en Milán me vi
otro reclam escribí,
claro está, en italianini:
Arrivato Tenorini
e non che huomo per lui;
di la princhipesa altese
a pescatora di angüila
di cuesto belo paese,
amerá lui, e desofïla
a tuti gli milanese.
No hubo mat, ni pul, ni espor
sin yo batir el recor
en mi automóvil montado
ni camino del Estado
que no llenara de horror.
Yo muerte a personas di,
yo carros atropellé,
sobre los mulos me fui
y todo cuanto encontré
a mi paso, lo barrí.
Así automovilizó
don Juan, y en este carné
están los que atropelló:
cuánto suman todos, yo,
como son tantos, no sé;
si lo queréis comprobar
sin matematiquizar,
os lo mostrará en el acto
de modo breve y exacto
mi máquina de sumar.
(La manifiesta.)
DON LUIS
Buscando mayorizar
de mi hálito los expandes,
dije: ¿Qué mejor lugar
tratando de flanear
más indicado que Flandes?
Movibundo y rapidero,
de Flandes tomé el camino
un mañano diciembrero
de celaje cenicero
verdente y melancolino.
Así que flandequicé,
a un esporman-Club subí,
allí treinta cuarenté,
y dobla que yo jugué
fue dobla que yo perdí.
Al verme tan... desdoblado,
me ofrendé como chofer
en casa de un millonado
a la industria dedicado
del cochaje de alquiler.
Bien me amusé, ¡Sacrenón!,
y manejando el volante
fue tanta mi diversión,
que atropellamos en Gante
a una santa procesión;
gasolineando entre gentes
apostólico-creyentes,
aplasté catorce oblatas,
ocho curas negrescentes
y veintisiete beatas.
A Berlín marché al instante,
pero cierto almacenante
de bicarbonato sódico
me conoció, y el tunante
me delató en un periódico.
Corriendo a Persia me fui
y, como en Mónaco vos,
otro cartel escribí
en persa: «Maja lají,
jala jila, jala, jos».
Inmoverá dos semanas
sin otras cuentas galanas
ni otro negocio entre manos
que reñir con los persianos
y adorar a las persianas.
En Forbules, Lantenis,
Matinés, Gardenpartis...
donde fue la gente esporman,
se cristalizó en recorman
con su automóvil, don Luis.
Por donde automovilé
el pánico introducí,
a quien quise atropellé
y hedionda peste dejé
de gasolina tras mí.
Para ver cuántos mató
don Luis, y mostrar que no
son cuentas exageráneas,
aquí están las instantáneas
que de los muertos sacó.
(Las manifiesta.)
COMENDADOR
¡Decadentes! A no estar
proclive a descaecer
había de exhaustecer
vuestra manera de hablar.
(Se descacarilla la faz.)
DON JUAN
¡Ullón!
COMENDADOR
Con doña Inés
no esperéis el desposario;
quien destroza el diccionario
como vos, a Leganés.
DON JUAN
Me hacéis brotar el risaje,
modernizar es lo estético;
lo que es del Cosmos, «Cosmético»,
¿grupo de coros? «Coraje».
De funda, «Fundamentar»;
varias calvas, «Un calvario»;
tenor de ópera, «Operario»;
comer de balde, «Baldear».
DON DIEGO
No puedo más tu cinismo
escuchar, porque es ultraje
de Cervantes al lenguaje,
y al sagrado clasicismo.
Glauco prosigue, pero, ¡ay!,
por tu lenguaje epidémico
ya no serás académico;
me lo ha dicho Echegaray.
DON JUAN
¿Quién ultrajecervanteó
por palabrizar así,
ni qué me importa, en Madrí,
ser académico o no?
DON DIEGO
Adiós, don Juan.
DON JUAN
No será
sin quitarte la careta.
(Lo ejecuta.)
DON DIEGO
¡Barro parisién! ¡Esteta!
DON JUAN
¡El marido de mamá!
(Jocundo.)
COMENDADOR
Vamos, don Diego.
(Evacua por la válvula forense acompañado de DON DIEGO.)
DON JUAN
Don Luis,
mañana continuaremos.
DON LUIS
Aquí mismo nos veremos.
(Vase.)
DON JUAN
A las verde, la reprís.
CAPITÁN
Que aquí todo el mundo se halle.
(Vase con NENUFAREDA.)
DON JUAN
Chófer.
CHÓFER
Mesié.
DON JUAN
Oye atento.
Hora gris, en el convento.
Hora glauca, en esta calle.
(Vanse.)

MUTATIS MUTANDUM
Lapso bis
Hora y lugar. Es la hora parda con irisaciones polícromas. Aspecto de celda muy chic, en un convento roquero de mademoiselles honorables. Al frente gran ventanaje por el que se especta un celaje y un campiñaje rutilantes, reverberantes y lucíparos. Una puerta univalva a cada coté. Muebles fantasiosos entre los que cuspidea una anaclítera.
Apulso prístino

DOÑA INÉS y BRÍGIDA. La primera, habillada de monja verdegayante y escapulario carmíneo, ostenta un ingente rosario de vidriantes uvas rojas eléctricas, las cuales se incandescerán cuando yo diga «Ahora».

BRÍGIDA
Mirad, mirad, doña Inés,
lo que os traen de la tienda.
DOÑA INÉS
¿Un libro?
BRÍGIDA
Sí, que os ofrenda
don Juan.
DOÑA INÉS
Muy bonito es.
BRÍGIDA
Don Juan lo mandó editar
y está por don Juan escrito
en verso, y el pobrecito
os dedica un ejemplar.
El manto es de piel de atún;
(Cubiertas.)
el hojaldre, piel de angula.
(Hojas.)
DOÑA INÉS
¿Y cómo al libro titula?
BRÍGIDA
Leed.
DOÑA INÉS
(Lee.)
«Flores de betún».
¡Está en blanco!
BRÍGIDA
Hay que leer
en el canto.
DOÑA INÉS
¡Cielo santo!
BRÍGIDA
De las hojas, en el canto,
hoy se escribe; es la dernier.
Las cosas andan cambiadas.
DOÑA INÉS
En el libro hay un papel.
BRÍGIDA
Para ofrendaros en él
sus flores embetunadas.
DOÑA INÉS
¡Ay, Brígida! En donjuanismo
don Juan mi pecho ha nimbado
y creo que se ha esfumado
de mi pecho el complejismo.
Cuando no está en mi presencio
siento nostalgialidad,
fulgores de oscuridad,
estampidos de silencio,
el reposo del correr,
lo claro de la espesura...
BRÍGIDA
Y del carbón, la blancura.
DOÑA INÉS
Eso.
BRÍGIDA
Vamos a leer.
(Vuelve la llave de la luz eléctrica; estará en la pared. Ahora es cuando se incandesce el rosario de que hemos tratado.)
DOÑA INÉS
¡Ay, que el papel que ha venido
en el libro es incendiario!
¡Mi mano arde!
BRÍGIDA
Es el rosario,
que se ha puesto incandescido.
DOÑA INÉS
(Lee.)
«Inés, flor de Arimatea».
¡Virgen Santa, qué incipiencia!
BRÍGIDA
Vendrá escrito en gaya ciencia,
y el pobre ripioplumea.
Vamos, no fragmenticéis.
DOÑA INÉS
«Luz que a febea derrumba,
irisácida columba
mártir de encerrosidad,
si, exorable, en este léxico
abrí vuestros miradores,
no los cerréis con temores
místicos, epilogad».
BRÍGIDA
¡Qué humildez y qué decires!
¡Qué sentires y anhelares!
DOÑA INÉS
Brígida, siento temblares...
BRÍGIDA
Seguid, seguid los leíres.
DOÑA INÉS
«Nuestros padres, mancomúnidos,
nuestra emulsión acordaron,
porque entrambos bucearon
en las almas de los dos,
y halagüeñado por esa
bipaternal proyectanza
feretreo de añoranza
remembrando sólo en vos.
Ese amor prematurente
en mi pecho voltejea
y, callado, grigritea
con un mutismo locuaz
y su fuego incrementado
se expandece y vibridiza,
se alarguece y ensanchiza
inmensitudo, voraz».
BRÍGIDA
Pobre don Juan, es un nene.
DOÑA INÉS
Al mar fue por naranjía...
y naranjas no tenía...
BRÍGIDA
La esperanza le mantiene.
DOÑA INÉS
«No podrían extinguirlo
los modernos bomberajes,
bocarregajes, mangajes
y escalajes en montón;
pues sobre mi neurastenia
el escombraje viniera
lo mismo que si cayera
sobre rosa en floración».
Ésta es la carta de un loco.
BRÍGIDA
Una carta abracadabra.
DOÑA INÉS
Yo no entiendo una palabra
de lo escrito.
BRÍGIDA
Ni él tampoco.
DOÑA INÉS
«Inés, cabello sinfónico
que mi eseyencia imaneces,
sarta de madreporieces,
libélula del Edén,
cisne del lago penúmbrico
que con su cola eucarística
en el agua traza artística
guirnalda con su vaivén,
si extericonventualizas
y tu pensamiento invaden
las suarés de Baden-Baden,
Biarritz y San Sebastián,
remembra que a los cimientos
de esos muros monolíticos
te esperan los cariñíticos
tentáculos de Don Juan».
¡Ay! Que se nubla mi vista...
Brígida, yo estoy muriendo.
BRÍGIDA
¿Y quién no se muere oyendo
lenguaje tan modernista?
DOÑA INÉS
«Remémbrate de quien plañe
de tus amores la inedia
desde la hora azul y media
hasta sonar la hora gris;
remembra que existe un hombre
que los espacios cruzara
y por tu ventana entrara
con que sólo hicieras: ¡Chis!».
¿Por la ventana? Imposible.
¡Veintidós metros de altura!
BRÍGIDA
Pudiera.
DOÑA INÉS
¿Cómo?
BRÍGIDA
Criatura,
con su globo dirigible.
DOÑA INÉS
«Adiós, lavanco lucíparo;
adiós, mosca fragantina;
guarda y meditabundina
los decires que aquí van.
Y si repudias la celda,
volará sobre ese risco
de tu conventual aprisco
el globo de tu Don Juan».
¡Ay! ¿Qué letal bebedizo
es el que me dais aquí
que como verde enfermizo
zigzaguea sobre mí?
BRÍGIDA
¡Mirad cuán raudo navega
ese globo, Doña Inés!
(Foro izquierda.)
DOÑA INÉS
¡Atraca!
BRÍGIDA
¡Baja!... Ya llega
el aeronauta...
(Vase derecha.)
DOÑA INÉS
¡Él es!

Apulso bis

DOÑA INÉS. Del ventanal emerge DON JUAN y se detiene ventanalibundo.

DON JUAN
¡Inés!
DOÑA INÉS
Os prohíbo entrar.
DON JUAN
Que hace dos días, repara,
salí de Guadalajara;
permíteme descansar.
(Ingreda.)
Deja, pues, neurastenura
y perdona si un momento
saboreo del convento
la nostálgica foscura.
(En la anaclítera.)
¿No es verdad, fauno de amor,
que a la orilla del aguaje
fulge más puro el lunaje
y se halitea mejor?
La brisa que errabundea
entre nimbos de colorios
de los boscajiles florios
que ese fluvio regadea;
el río en que ondulantea
por su transpuril color
el cantoso pescador,
monocorde y monorrítmico,
¿no es verdad, fauno aromítmico,
que son hálitos de amor?
El silfo que grácil salta,
sin que sus dinas extinga,
sobre helénica siringa
desde la fronda más alta;
el prestigio con que exalta
su vozneo trinador
el exulto ruiseñor
de acento epitalamítmico,
¿no es verdad, fauno cielítmico,
que son desgajes de amor?
Y estos hablares que van
restando desesperanza
a la anémica añoranza
del neurótico don Juan,
y cuyos gemires van
orquestando en tu interior
un foco vesubiador
hetáirico y graderítmico,
¿no es verdad, fauno florítmico,
que son gérmenes de amor?
Y esas dos lícuas libélulas
que en tus pupilas pululan
y erráticas funambulan
ofrendándome bebélulas
nefeloidares, a no vélulas,
en su autosupercador,
y el purpúreo sonrojor
de tu frontis eburnítmico,
¿no es verdad, fauno sublítmico,
que son trunqueces de amor?
¡Oh! Sí, hierática Inés,
de luz febea despojos,
timpanearme sin sonrojos
azulentes, amor es;
mira a tus zócalos, pues,
el intrínseco calor
de este pecho propulsor
de espíritu antiamorítmico
salmodiando, fauno enrítmico,
la infinidad de tu amor.
DOÑA INÉS
Silenciad, don Juan, por Dios,
que tanta palabra glauca
me perplejiza y embauca
labializándola vos.
Silenciad, que vuestro acento
el espíritu me encona
y me transforma en la dona
móvile cual piuma al vento.
Vuestra palabra divina,
vuestro lenguaje selecto
me producen el efecto
de la capilocarpina.
Yo voy a ti enamorada,
fluyente y desvoluntiza
como el agua se desliza
por una tabla inclinada.
A mi voluntad monomia
extremecen tus hablares,
me conturban tus mirares
y tu voz me manicomia.
¡Don Juan! Mi razón se pierde;
ámame por compasión
o muere mi corazón
de neurastenura verde.
(Allá ellos.)
DON JUAN
¡Qué dolencia tan artística!
DOÑA INÉS
Ahora de moda está...
Mas silenciad... ¿Qué hora da
en la torre?
(No suena nada.)
DON JUAN
La hora mística.
DOÑA INÉS
¡Hora lechuzante..., inmóvil!
DON JUAN
Silenciad, oigo un rumor...
(Se oye bocina de automóvil.)
Apulso trino

Dichos. Por la derecha BRÍGIDA.
BRÍGIDA
¡Señor!
DON JUAN
¿Qué?
BRÍGIDA
El comendador,
que viene en un automóvil.
(Vase derecha.)
DOÑA INÉS
¡Mi papá!
(Se desmaya en la anaclítera.)
DON JUAN
¡Desvanecida!
(Al foro.)
¡Ciutti, abrid el gasógeno
y el globo llenad de hidrógeno!
(Toma a DOÑA INÉS en brazos.)
Hay que volar en seguida.
La fatalidad cruel
me hace volar a la luna.
¿Qué me importa? Será una
grandiosa luna de miel.
(Vase por foro llevándose a DOÑA INÉS. BRÍGIDA, detrás. Acto seguido se oye dentro.)
¿Estáis todos?
MUCHEDUMBRE
¡Sí!
DON JUAN
¡A una! ¡A dos! ¡A tres!
(Se ve pasar el globo por el fondo con DON JUAN, DOÑA INÉS, BRÍGIDA y CHÓFER.)

MUTATIA MUTANDUM
Lapso trino y póstumo
Hora y lugar. Hora nictalopente, o sea la hora amarilla con pintas negras. Lugar necrodúlico. Estatuencias irisadas en colores rutilantes. Cipreses rojos. Luna cuadrada. Un enjambre de fraganciosálicas flores circunda la pétrea y marmórea estancia de la ex DOÑA INÉS. Lo demás, allá el Apeles.
Apulso prístino
PRAXITELES.
Firmofeché. La campana
tocó la hora amarilla.
La coleteante Sevilla
abandonaré mañana.
Tornaré a la patria mía
cuando alborezca el expando
luciernaginoso, cuando
se desenchiquere el día...
¡Ah! Mármoles sitibundos
que esculturé con afán,
los sevillanos vendrán
a veros, absortibundos;
y al sorber del panteón
las nuevas necropolieces,
mostrará admiraciones
de glauca generación.
Siglos y siglos, pasados,
persistiréis en los puestos
en que os puse, mis enhiestos
remembros petrificados.
¡Oh! Pomas de mi intelecto
que con mi cincel mondé,
y en las que exterioricé
personificante efecto,
aquél que os formalizó
os ruega que los laureles
recojáis del Praxiteles
que forma vívida os dio.

Apulso bis
PRAXITELES y DON JUAN.

DON JUAN
Me alegro de verle bueno.
PRAXITELES
Perdonad, es la hora parda
y el dueño en su casa guarda
las llaves.
DON JUAN
¿Sois el sereno?
PRAXITELES
La equivocación disculpo...
DON JUAN
Como con linterna vais
y la hora me cantáis...
PRAXITELES
Yo no sereneo, esculpo.
DON JUAN
Ah, sois vos el escultor
que esto ha panteonizado.
PRAXITELES
El que ha praxiteleado
cuanto veis en derredor.
Los que enterrados están,
intelectualentes fueron
que poesías leyeron
del glaucófilo don Juan.
DON JUAN
¡Sapristi! ¿Tan glauco fue?
PRAXITELES
Mucho; cuentan que en la fonda
tomaba sopas con honda
y merluza con rapé.
Para él eran Calderón,
Lope, Zorrilla y Cervantes
unos percebes andantes.
DON JUAN
Y le sobraba razón.
PRAXITELES
(Señalando las estatuas.)
Todo se compró a propósito,
y el pago tocatejeado;
éste es de cemento armado,
(Mejía.)
como el del tercer depósito.
DON JUAN
(Delirante.)
Aquí estoy, piedras nerviosas,
pletórico de armonía,
enfermo de poesía
y de ideas verdegosas...
PRAXITELES
(Aparte.)
¡Un glauco!...
DON JUAN
(Delirando.)
La fronda..., el florio,
la tortuga cataléptica
y la libélula escéptica...
PRAXITELES
Señor...
DON JUAN
Soy don Juan Tenorio.
PRAXITELES
¡Don Juan Tenorio!
DON JUAN
Sí tal;
y si pronto no te alejas
y las llaves no me dejas,
te recito un madrigal.
PRAXITELES
Tomad.
(Aparte.)
No quiero «foscura»,
ni «gemmas», no «flatos líricos».
Ahora, los guadalquivíricos
le aguanten la guilladura.
(Ha entregado las llaves y emigra.)

Apulso trino

DON JUAN, deambula.

DON JUAN
Mi genitor se gastó
en esto mi metalía;
a mí, plin, al otro día
la hubiera naipeado yo.
No protestaréis de mí
si con la parca os casé;
si mal os talamicé,
bien os necropolicí.
Impóndera es, ciertamente,
la idea del panteonaje,
y... place al corazonaje
la noche oscura y silente.
Como esta noche tan calma,
pasé más de mil a solas
con el ladrar de las olas
y los molinos del alma.
Sí, pasados esos lapsos,
cuyos remembros me pánican,
siento que aquí me titánican
opalescentes colapsos.
¡Oh! Tal vez me los emita,
como albescencias de aurora,
esa sombra auspiciadora
que, por mis versos, no halita.
(Rumbea hacia la pétrea remembranza de DOÑA INÉS, palabreándola reverente.)
Lapidente doña Inés,
corporal e inanimácea,
deja que un alma violácea
plaña brevente a tus pies.
Te llevé, tiempo a través,
en mi cerebral armario,
y hoy, que, como antidotario,
tu amor busca con afán,
te halla metida don Juan
en tu estuche funerario.
En ti sólo remembré
desde que Villadieguí,
y, desde que me esfumí,
volver encefalicé.
Yo tan sólo esperancé
de tu espíritu el santuario,
y hoy que retorna precario,
cual lacrimente caimán,
solo se encentra don Juan
con tu estuche funerario.
Liliácica doña Inés,
cuyo peplo de bellencia
ergastuló en sepultencia
quien plañendo está a tus pies,
sí, de esa piedra, el revés
te refleja el inventario
del que te adoró anhelario
como al fauno adoró Pan,
localidiza a don Juan
en tu estuche funerario.
Germinaste por mi bien;
por ti, vívida camelia,
he pasado en la eutrapelia
de la vida en el andén.
Sí, en el momento presén,
como efluvio de incensario,
veo un ser imaginario
que nimbifica a don Juan,
y se exhaustece mi afán
en tu estuche funerario.
¡Oh! Inés de mi convivencia,
lejánica luz de Sirio,
madrigalizante lirio
de mi bohemia existencia,
si de tus labios la esencia
llega al celestial estuario
y hay alguien tras el muestrario
de astros que fulgiendo están,
di que atalaye a don Juan
en tu estuche funerario.
(Gravitoequilibra en el aposento necrodúlico, eclipsando su personal frontispicio; y mientras estatiquiza, una emanación nefeloide que emerge de la vitrina necrodúlica pantallea la pétrea remembranza de DOÑA INÉS. Cuando la nefeloide emanación se esfuma, la pétrea remembranza se ha invisibilizado. DON JUAN surge de su estupefacientismo.)
Esa luna cuadrantal
las glauqueces me refresca;
luna miliunanochesca,
abracadabrante y... tal.
¡Cielos! En el sustental
no está el mármol estatuario;
aquel contorno Inesario,
¿fue de mi mente un desmán?

Apulso cuarto

DON JUAN. La cabeza de DOÑA INÉS aparece en el cáliz de una rosa, tulipán, girasol o de otra megaflor.

DOÑA INÉS
No hay tal estuche, don Juan,
ni tal mármol funerario.
DON JUAN
¡Aún vives! ¡Dime cómo...!
DOÑA INÉS
Vida me dio Floralia.
(Música dulcídea dentro; aria de las flores en Fausto.)
Al morir y enterrarme en este sitio
he sido, en estas flores, transformada;
mis colores, flores,
mis despojos, plantas.
Mi cerebro dio jugo a las violetas,
mi tronco, a los claveles y a las dalias;
los floralios colores son los míos,
y mi aliento, enfriado, su fragancia;
mis colores, flores,
mis despojos, plantas,
flores gilbas,
flores gualdas,
flores grises,
flores glaucas.
DON JUAN
Pues ya era mía; voy a trasplantarte.
DOÑA INÉS
De hacerlo, guarda;
en tocando tus manos estas flores
quedarán marchitadas
y dejarán de ser para in aeternum,
mis colores, flores,
mis despojos, plantas.
DON JUAN
(Aparte.)
Cuando flautas, pitos,
cuando pitos, flautas.
DOÑA INÉS
Si dejas, por impura,
la poesía glauca,
vendrás al lado mío cuando mueras;
tus raíces serán entrelazadas
con las mías, pues han de ser entonces,
tus colores, flores,
tus despojos, plantas.
(Se oculta. Cesa la melopea.)

Apulso quinto

DON JUAN
¡Pasad, sombras zigzagueantes,
pasad, nubosos arpegios
de amorosos florilegios
y de nimbos ronroneantes!
¡Flores abracadabrantes
tintadas de rosicler,
dejad de retrotraer
a mi cerebro cansino
el aromencia divino
del ángel que os diera el ser!
(Pausa.)
Culpa mía no fue; mordiome un glauco
y el virus me infiltró de la glaucencia
y, metido de lleno en el embauco,
en vez de «aroma» pronuncié «aromencia».

Apulso sexto

DON JUAN, ESTATUA DEL COMENDADOR y otras.

ESTATUA DEL COMENDADOR
Aquí estoy.
DON JUAN
¡Cielos!
ESTATUA DEL COMENDADOR
Don Juan,
vienen en mi compañía
los que con tu poesía
mataste con glauco afán.
DON JUAN
¡Yo! ¡Jesús!
ESTATUA DEL COMENDADOR
¿De qué te alteras,
si al glauco nada hay que asombre,
pues pinta morado al hombre
y verdes las calaveras?
DON JUAN
¡Terrible verdad!
(Campanas y música alegre.)
ESTATUA DEL COMENDADOR
En vista
del modo con que procedes
en todo, veré si puedes
con mi cena modernista.
DON JUAN
¿Y qué me das de yantar?
ESTATUA DEL COMENDADOR
Ahí, fuegaje; ahí, cenizaje.
DON JUAN
Se me encrespa el cabellaje.
ESTATUA DEL COMENDADOR
Hoy vas a combustionar.
DON JUAN
¿Y esas campanas que allá
suenan híbridas?
ESTATUA DEL COMENDADOR
Por ti
doblan.
DON JUAN
¡Doblando por mí!
¡Que desdoblen!...
ESTATUA DEL COMENDADOR
No será.
DON JUAN
¿Y aquella gente que reza?
ESTATUA DEL COMENDADOR
Es tu entierro.
DON JUAN
¿Muerto yo?
ESTATUA DEL COMENDADOR
El globo hecatombizó
y caíste de cabeza.
DON JUAN
¡Ah! En todo lo que escribí
el castellano insulté,
palabras introducí
y con ellas consoné,
es decir, consonantí;
el glauco quintaesencié
si el consonante fue en e;
si fue en i, quintaesencí,
y en todo escrito dejé
remembro glauco de mí.
ESTATUA DEL COMENDADOR
Don Juan, a los cielos ruega,
pues no hay conmiseración;
dame la mano.
DON JUAN
¡Perdón!
ESTATUA DEL COMENDADOR
Ven conmigo a la delega.
DON JUAN
Aparta, forma estatuida,
suelta mi braceante remo,
que aún queda una gemma, o gemmo,
del nenúfar de mi vida.

Apulso final

Dichos y DOÑA INÉS.

DOÑA INÉS
Don Juan perdonado está;
de lo glauco acepto el rito
porque, de lo glauco escrito,
algo bueno quedará.
Cesad, cantos necrodúlicos.
(Cesan los cantos.)
Callad, clérigos de bronce.
(Cesan las campanas.)
Sombras, volved al esconce
de vuestros nichos abúlicos.

(Melopea; apoteosis con ángeles modernistas; llevan alas, esmoquin de color, calzón corto y sombrerito Frégoli.)

DON JUAN
¡Estro glauco! Gloria a ti.
Dirán los guadalquivíricos
que con mis glaucismos líricos
un extremo introducí;
al contrario, queda aquí,
a los clásicos, notorio
que un poeta perfunctorio
de subintelectualencia
refrescó con su glaucencia
el anticuado Tenorio.

(Se desatabilla el caladaris.)

A DORMIR

Para leer completo: Biblioteca Virtual Cervantes 

Autor: Pablo Perellada (1855-1920)

Foto: Juan Maldonado:  Rodrigo Velez en el papel de Don Juan Tenorio.  

04/07/2007 19:22. Editado por Gatopardo enlace permanente. RECOMENDAMOS

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gravatar.comAutor: ujuuffuukffu

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Fecha: 04/11/2010 20:58.


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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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