Un ojo alzó Pintín, mientras comía,
y el rabo interrogante de una gata
vio, de azabache, alzarse en una mata,
tras de la cual su cuerpo se escondía.
Al nombre de Madama respondía,
la que a todos los gatos arrebata
con sólo dar a ver su anca y pata
o pasear ondulante por la vía.
Alegrósele el ojo, al ver propicia
la ocasión de ser él, un joven gato,
quien a aquella pregunta respondiera.
Ella en lances de amor no era novicia
y, a fin de calentarle por un rato,
de un salto, le retó a veloz carrera.