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SER O NO SER

 

 

      No recordamos la niñez como esa época mírífica y dichosa que los anuncios hacen creer. La adolescencia nos encontró con exceso de acné y seborrea, con un tobogán que nos hundía y levantaba las emociones hasta el vértigo . En la juventud obtuvimos indiferencia de quien nos gustaba, rechazo de quien amábamos hasta la abyección, y cuidados de quien nos tenía más que hartos.

      No vimos donde estaba la gracia de ser víctimas y verdugos en una pareja que no se parecía a las que irradian dicha en las películas. Como mucho, llegamos a un armisticio salpicado de reproches, en el que los programas de televisión y las ocupaciones hicieron de “Cascos Azules”. .

      Luego, poco después, antes de hacernos a la idea de que ya no somos jóvenes, nos miramos al espejo y no vemos esa piel nacarada sin celulitis ni varices ni michelines que dicen que existe, que vemos en cine y televisión. Y lo peor es que no recordamos haberla tenido alguna vez... Tampoco tuvimos esa cabellera leonada, ni los inmensos ojos verdes ni las voluptuosas curvas ni los envidiados biceps ni la simpatía por arrobas. Nunca hemos sabido qué decir hasta que ya no estaba ahí nuestro interlocutor, hemos ensayado conversaciones que no nos dejaron iniciar y hemos deseado ser seductores y sólo hemos sido grotescos.

      Alguna gente hemos asumido que esa distancia sideral entre lo que deseamos y lo que obtenemos; entre lo que Hollywood muestra y lo que se nos oculta es una fuente inagotable de diversión, y hemos hecho un pacto con el hijo tonto que llevamos incorporado, mientras tratamos de no cultivar el Alzheimer ni las debilidades. Hemos aprendido a no dramatizar y a exigirnos a nosotros más que a los demás, y a no andar templando gaitas con nuestros semejantes, lo que no nos convierte en las personas más cómodas y tratables del mundo. Ni falta que hace.

       Y no nos va mal.

      Otros, dicidieron hace tiempo no soportarlo, y van al médico periódicamente para que les recete una dosis de tranquilizante cada vez mayor, un fármaco cada vez más fuerte, porque parece que han tragado demasiados sapos y los tienen en la boca del estómago, como un nudo de angustia que no les deja respirar. El médico les hace la receta para el Prozac, el Orfidal, el Valium o el Trankimazin, y llama al siguiente sin mirarlo a la cara.

      Son tantos los que muestran los efectos secundarios de esos fármacos: el temblor de manos, los problemas de memoria inmediata, el gesto hierático, la mirada vacua, la piel sin brillo, la rigidez, la lentitud de comprensión... Y el síndrome de abstinencia es tan fuerte como el de la heroina.
 

      “Los tranquilizantes se emplean para acomodar al sujeto en una adormilada indiferencia hacia lo interior y lo exterior.”

      “...capaz de extraer al usuario del ánimo afligido o nervioso sin llevarle a ninguna otra dimensión de conciencia.”


      “Basados a veces en reducir simplemente la cantidad de oxigeno aportada a las células cerebrales constituyen lenitivos puros, amortiguadores de la intensidad psíquica, que durante un tiempo pretenden volver el mundo uniformemente gris, aunque se vendan por su capacidad para tornarlo de color de rosa.”


      “Son relajantes musculares, donde en vez de producirse la analgesia emocional del opio (que fomenta un activo juego de fantasías e imaginación) se produce una analgesia de tipo intelectual, caracterizada por indiferencia estética y lógica.


      “Ensayados inicialmente para la tranquilización de animales (primero ratas, luego monos y leones), el éxito de esos experimentos llevo a usarlos con seres humanos.”


      “Provocan aturdimiento, dificultades para coordinar el movimiento y hablar, estupor, etc.; a largo plazo lesionan la función sexual del usuario.”


      “El peculiar potencial de conformismo que esos fármacos encierran reside en una embriaguez básicamente pasiva.”


      “...disminuido en ritmo de ideación y reacción, et sujeto sencillamente no se va a preocupar demasiado por nada, siempre que tenga en sangre una concentración suficiente.”


      “...es un derivado del petróleo, que se sintetizo como sucedáneo del curare, para obtener relajación muscular. F. M. Berger, su descubridor, comprobó que además de inducir relajación muscular moderaba la ansiedad y la tensión. El efecto fue llamado «ataraxia o tranquilidad moral»


      “Los llamados neurolépticos, etimológicamente "sujetanervios" o tranquilizantes fuertes, su sorprendente efecto es poner una invisible camisa de fuerza a quien los consume, produciendo un estado de petrificación «siderismo» emocional que H. Laborit, el primero en experimentar con ellos, no vaciló en llamar "lobotomía química"


      “Los neurolépticos presentan algunos efectos secundarios indeseables, como obstrucción hepática, destrucción de células de la sangre, alergias cutáneas, reacciones neuromusculares semejantes al parkinsonismo y una obesidad característica. También conllevan trastornos profundos y muy duraderos en la función sexual y la capacidad afectiva: el sidéreo individuo que producen se halla siempre al borde de la total frigidez, y algunos psiquiatras ven motivos para temer que la degradación del deseo erótico resulte irreversible".


      “Según Szasz, en Estados Unidos mueren al año, en hospitales públicos, por fallo cardíaco o colapso respiratorio, debido a sobredosis accidental con este tipo de fármacos, más personas que por sobredosis de todas las drogas ilícitas juntas. En realidad, son drogas adictivas, que tomadas en cantidades altas durante un periodo lo bastante prolongado provocarán intensos síndromes abstinenciales.”


      “ ...la adicción pierde relieve por la falta de euforia que caracteriza su efecto. Aunque los químicamente lobotomizados parecen flemáticos y robóticos, no les abandona un sentimiento básico de tristeza hasta cesar el tratamiento, cuando el cuerpo logra liberarse de la intoxicación.”


(Citas extraídas de "Historia de las drogas 2": "Tranquilizantes y ansiolíticos" y "Los tranquilizantes mayores" de Antonio Escohotado.) 

      La gente consume estos medicamentos a cualquier edad, recomendados siempre con la coletilla de que "es muy suave", sin saber que están neutralizando la propia producción de endorfinas para una buena temporada, y que los efectos de rebote son terroríficos, porque la angustia, el caos mental, la inconsistencia emocional, el pánico y la ansiedad en el síndrome de abstinencia son mucho peores que los que motivaron el tratamiento.

      La mayor parte de los fármacos tranquilizantes y ansiolíticos se prescriben tan masivamente, tan indiscriminadamente y con tal falta de rigor que están convirtiendo en enfermos crónicos drogodependientes a los que sólo son personas con insatsfacción, rebeldía o apatía con su familia y su entorno, o lo que es más grave, pacientes con un problema médico mal diagnosticado, a quien neutralizan y enmudecen con tranquilizantes.

      Para el insomnio, provocado tanto por dolores orgánicos como el provocado por las costumbres sedentarias de quien se zampa 12 horas de televisión al día y no realiza ningún ejercicio, se está recetando, a troche y moche, Orfidal, Stilnox, Trankimazin, Valium... Y mientras el gasto en este espectro farmacológico siga creciendo no faltarán estudios y campañas publicitarias pagadas por los laboratorios aconsejando el tratamiento con benzodizepinas para relajar a los pacientes ambulatorios en odontología, por ejemplo. No dirán nunca que no calma el dolor ni atenúa el miedo, sino que sólo sirve para hacerles olvidar que lo han sentido.

      Parece comprensible que un especialista en Psiquiatría recete según su criterio; pero el Haloperidol (antipsicótico) y el Stilnox (hipnótico) se venden sin receta, y los médicos de atención primaria prescriben auténticos cócteles de tranquilizantes, hipnóticos y neurolépticos, alegremente, sin supervisión del Psiquiatra. La mayoría de las mujeres reciben ese tipo de fármacos para contrarrestar las molestias de la menopausia. No hablamos de una enfermedad mental grave, sino de "molestias","desganas", "sofocos", "palpitaciones", "nerviosismo". Les están colocando "camisa de fuerza" y "lobotomía" químicas a niños y adolescentes irritables porque "discuten por cualquier cosa con sus hermanos", de la misma manera que se los recetan a los ancianos que consultan los achaques normales del final del ciclo vital, y con este tratamiento sólo se consigue entorpecer más sus reflejos, producirles más temblores, y crearles un estado inducido de estupor y confusión,  mediante la amnesia anterógrada que provocan estos fármacos.

      Hay un dato estadístico que se suele silenciar: después de la enfermedad cardiovascular y el cáncer, la tercera causa de muerte es por causas iatrogénicas: es decir, la provocada por la praxis médica y los medicamentos.

      Y todo por no asumir el control de nuestra salud y de nuestra enfermedad, y delegar la responsabilidad en el médico.

Gatopardo

Imagen de portada: Marlon Brando, "El último tango en París"

05/01/2008 21:03. Editado por Gatopardo enlace permanente. PERSONAL Y ARBITRARIO

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