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LOS INFORMES DEL TRIBUNAL DE CUENTAS Y EL MINISTERIO DE CULTURA

      Cuando éramos pequeños y llovía, nos teníamos que quedar en casa, y llegado ese punto en que nuestra capacidad de idear maldades y tontunas se había descontrolado, y no nos podía mandar a jugar en la calle, mi madre nos ordenaba leer algo.

      Cuando los gobiernos se encuentran con un ejemplar de político que estorba e importuna más que una cómoda en un pasillo, al que no pueden poner al raso por algún oscuro motivo, le dan algún cargo en el Ministerio de Cultura. No falla.

      El Tribunal de Cuentas emite informes con caracter retroactivo; pero tan retroactivo que permite que los responsables acaben tranquilamente la legislatura haciendo desmanes, y como los tribunales de Justicia actuan con cierta parsimonia, para cuando un juez quiere instruir el sumario, pedir responsabilidades, y todo el rigodón jurídico, nos damos de boca con una sentencia que considera que el delito, si lo hubiere, ha prescrito.

      Si es que alguna vez se ha procesado a un responsable del Ministerio de Cultura, diganmelo, por favor, que con esta cabeza mía no logro recordarlo...Por ejemplo, no sé si ya hay alguien en la carcel por el Informe del Tribunal Superior de Cuentas sobre la Biblioteca Nacional del año 2000, —dirigida por Jon Juaristi— que descubrió importantes retrasos en la catalogación de bienes y la "inoperancia" en los controles sobre el material inmovilizado: sólo se encontraban registrados los fondos bibliográficos comprados a partir de 1991, dejando en una nebulosa ignota los anteriores a esa fecha y las donaciones; estando sin catalogación incluso los libros que ingresaban anualmente en la Biblioteca. En algunos casos, desde el momento en que un ejemplar había llegado a los almacenes del centro, y se elaboraba su correspondiente ficha, transcurrieron cuatro años. En total, los bienes sin catalogar se cifraron en torno a los 21000.000. (dos millones) de ejemplares.

      Acaban de hacer público en abril de 2008 el informe del Tribunal de Cuentas referente al año 2004 (con Carmen Calvo como Ministra de Cultura) donde se denuncia, por ejemplo, la compra de varias piezas falsas 1, por no hablar de la falta de documentación y seguimiento de determinadas subvenciones, como con la Fundación Thyssen-Bornemisza —de cuya colección me consta que son auténticos los marcos con purpurina; pero me gustaría saber si también lo son las firmas de los cuadros o los hizo el mismo que pintó los Juan Gris que Lalo Azcona entregó a la Agencia Tributaria para desgravar. Ya se sabe que existe y ha existido una tolerancia reverencial con las cuentas y los cuentos de ciertas fundaciones de relumbrón, como la Ramón Areces, la SGAE, la Fundación Carolina, etc. cuyo estricta supervisión, teóricamente, es responsabilidad del Patronato de Fundaciones del Ministerio de Cultura.

      También se han detectado contrataciones e inversiones fuera de presupuesto, compras sin documentar, y del resultado del inventario parcial de la Biblioteca Nacional que debería haberse hecho público en marzo pasado, seguimos sin ser informados para que la realidad no interfiera con las elecciones.

      Total, no pasa nada. Salvo que nos acercamos cada vez más a Zambia.

Gatopardo
Más información: Sandios honoris causa en el negociado de Cultura

1) Compras falsas

    El capítulo más jugoso es el dedicado a las adquisiciones de bienes de interés cultural, que en 2004 ascendieron a 11.067.018,22 euros. Entre las compras, el informe destaca la adquisición de varias piezas falsas adquiridas en una subasta en París en diciembre de 2004. Se trata de un conjunto mobiliario compuesto por una consola, un espejo y dos sillones de madera chapada en plata, adquiridos por un precio total de 49.568 euros, piezas por las que la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español (JPHE) estaba dispuesta a pagar hasta 180.000 euros. La «ganga» fue enviada, sin previo aviso, al Museo de América, que desconocía la intención de semejante compra, para la que no había sido consultado
algo que se suele hacer cuando se va a realizar una adquisición. Sin embargo, lo que parecía un regalo se convirtió en una pesadilla pues los expertos del museo cuestionaron inmediatamente las piezas -si hubieran sido auténticas el valor hubiera ascendido a 600.000 euros- y pidieron a Cultura un informe que confirmara su autenticidad.

    En lugar de facilitárselo, les exigió por contra que demostraran que eran falsas. Algo que se apresuraron a realizar con un informe remitido a la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales (DGBAyBC) el 13 de abril. En el documento los expertos coincidieron en afirmar que las obras eran «sumamente dudosas e indignas de figurar en la colección del Museo de América». La JPHE decide entonces devolver las piezas a la casa de subastas, a la que todavía no había abonado importe alguno. Sin embargo, la DGBAyBC sí tuvo que desembolsar 9.158,92 euros en concepto de transporte (París-Madrid-Amsterdam. La compra arbitraria de piezas sin contar con el apoyo de los expertos no es al parecer aislada, y se da con relativa frecuencia.

Intereses y comisiones

    El informe del Tribunal de Cuentas también hace hincapié en los cuantiosos intereses de demora que fueron abonados durante el ejercicio 2004 por el retraso en los pagos a las casas de subastas, como fue el caso de la compra de un díptico consular de marfil para el Museo de Arte Romano a la sala Sotheby´s de Londres. Los intereses de demora ascendieron a 73.427,31 euros.
    Otros casos ilustrativos de la falta de rigor se refieren a la compra de dos obras de Braque, en cuyo expediente no hay ningún informe de valoración de los bienes. «Únicamente en la propuesta de adquisición de la JPHE se indica que el precio ofertado «se considera justo»», señala el Tribunal de Cuentas. Las dos obras se adquirieron por 3.500.000 de euros. También es confusa la información sobre 20 cartas autógrafas de Goya, compradas por el Museo del Prado, y unos trajes de Chanel, Givenchy y McDonald, adquiridos por Cultura para el Museo del Traje por venta directa -tras quedar desierta la subasta-, pero cuya factura «incluye una comisión de la casa de subastas».


(Para leer el artículo completo: ABC: Susana Gavira)

Para leer los informes
*
Tribunal de Cuentas (Si saben quienes diseñaron su web, diganmelo no vaya a ser que les encargue algún trabajo por ignorarlo)

13/04/2008 19:55. Editado por Gatopardo enlace permanente. ESPAÑA

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que alegre su antifonario
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