
Brilla como oro purísimo el mal,
y se proclama sin bostezos.
Con billetes de exótico valor
inhalan en polvo
la euforia del triunfo.
Mientras sirvo el café y los licores,
con mi uniforme almidonado,
un cargamento de armas
pagará mi sueldo y sus excesos.
Y alguien pisará una mina en Zambia
buscando hierbas comestibles.
Clotilde Tambroni