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LA INFANTINA

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LA INFANTINA

A cazar va el caballero,
--a cazar, como solía,
los perros lleva cansados
--y el halcón perdido había.
¿Dónde le cogió la noche?,
--en una oscura montiña,
donde cae la nieve a copos,
--y el agua menuda y fina,
donde canta la leona
--y el león le respondía,
donde no hay hombre del mundo,
--ni criatura nacida.
Arrimárase a un roble,
--alto era a la maravilla;
el tronco tenía de oro,
--las ramas de plata fina.
En el pimpollo más alto,
--viera estar una infantina,
con peine de oro en sus manos
--que los cabellos partía,
entre su pelo y el peine
--comparaciones no había,
¡cuántas veces a los hombres
--de cadena servirían!;
cabellos de su cabeza
--todo aquel roble cubrían,
su nariz enafilada,
--su cara rosa encendida,
los dientes de la su boca
--de aljófar y perlas finas,
los ojos de la su cara
--la montiña esclarecían.
-¡Oh válgame Dios del cielo!
--¿qué es esto que yo veía?-
Apuntola con la lanza
--por ver si era cosa viva.
-No te espantes, caballero,
--ni tengas tal pavoría,
que yo persona me soy,
--como tú fui yo nacida.
Siete hadas me fadaron
--en haldas de mi madrina,
que anduviese siete años
--en esta oscura montiña,
comiendo las hierbas verdes,
--bebiendo las aguas frías.
Hoy se cumplen los siete años,
--mañana el postrero día.
Por tu vida, el caballero,
--llévame en tu compañía :
o llévame por mujer,
--o llévame por amiga,
o llévame por esclava,
--que a todo me allanaría.
-Madre vieja tengo en casa,
--su consejo tomaría.
-¡Malhaya sea el caballero
--que por su madre se guía!-
El consejo de la madre,
--que la tome por amiga.
Cuando volvió el caballero,
--no encontró roble ni niña.
Siete duques la llevaban
--y un rey, que más valía:
su padre y sus siete hermanos,
--que en su busquedad venían.

----La escena del encuentro del caballero con la “infantina” tiene, sorprendentemente, un paralelo en la historiografía medieval. Cuando Sancho IV, en la segunda mitad del siglo XIII, patrocina una compilación histórica sobre la mayor empresa caballleresca de la Cristiandad occidental, la conquista de Tierra Santa, basada en textos franceses, esa gesta de los caballeros de Dios se había teñido de elementos míticos procedentes de la tradición folklórica pre-cristiana. La historia de “El caballero del cisne”, con que se prologa la de Godofredo de Bouillon, comienza contando cómo el conde Eustacio, yendo de caza, por un monte tan temeroso que ningún otro hombre del mundo osaba entrar en él, descubre, escondida en una encina hueca, una infanta muy hermosa, grande y de buen donaire, que piensa ser el diablo o cosa que se le pareciera. Aunque el conde, lejos de dejar a la Infanta sola en el monte, la envía con un escudero a casa de su madre, las dos escenas es claro que entroncan (aunque ambas se desvíen de él) con el “modelo” de leyenda que se suele llamar “melusiniana” (por tener como manifestación más famosa “Le Livre de Mélusine” de Jean d’Arras), donde la mujer hallada en el bosque es realmente un ser sobrenatural.
----El romance se documenta ya a mediados del siglo XVI, en el primer Cancionero de Romances impreso (en Amberes, c. 1248), con una estructura y una expresión poética muy similar a esta mi versión representativa de la tradición oral del siglo XX. El desenlace original sólo se conservó en las ramas sefardí y catalana del Romancero y en las más antiguas versiones conocidas de tradición portuguesa (del s. XVII y del s. XIX). En la tradición aragonesa (y en alguna versión catalana) la escena del encuentro del caballero con la dama que peina su cabellera en un árbol fantástico se ha transformado en una canción lírica de ronda:

La mañana de San Juan,
--tres horas antes del día,
me salí a pasear
--por una arboleda arriba;
en medio de la arboleda
--un rico ciprés había,
el tronco tiene de oro,
--las ramas de plata fina.
En el pimpollo más alto,
--vide sentada una niña;
mata de cabello tiene
--que todo el ciprés cubría.
Estándoselo peinando,
--la niña quedó dormida.
La despertó un ruiseñor
--con el canto que traía:
-Despiértate, dama hermosa,
--despierta, rosa florida;
una dama como vos
--no es razón esté dormida.
Con esto, quédate, adiós,
--claro lucero del día,
con esto, quédate, adiós,
--que ésta va por despedida.

----En Burgos, el tema concluye con el rechazo de la petición de la infantina (como sustitución de la ida a consultar a la madre). Pero lo más común en la tradición del siglo XX es incorporar la escena del encuentro con la infantina encaramada en su árbol al tema de “El caballero burlado”, a partir del motivo en este segundo romance de la cortés pregunta del caballero respecto a si prefiere las ancas o la silla. El romance, así estructurado, se extendió por toda la tradición en lengua portuguesa, incluidas las islas atlánticas y Brasil, así como por el Norte y Occidente de España (Galicia, Asturias, Santander, León, Zamora y Extremadura) y por Canarias y Venezuela. El éxito de la fusión se manifiesta además en esporádicos intentos de continuar el romance de “La Infantina” propio de la tradición aragonesa (la ronda arriba citada) o el propio de las comunidades judeo-españolas de Marruecos con los episodios de “El caballero burlado”. Dado que los dos romances así combinados desarrollaban la temática de la ocasión perdida, el resultado es una narración coherente (no así cuando adicionalmente se altera el desenlace incorporando la anagnórisis del romance de “La hermana cautiva”).
----Es curioso observar cómo esta fusión de “La Infantina” y de “El caballero burlado” había sido preludiada por repetidos intercambios de motivos narrativos y de fórmulas discursivas entre uno y otro romance: En la versión juglaresca de “El caballero burlado” arreglada por Rodrigo de Reinosa, que se publicó en un pliego suelto del siglo XVI, se incluye el motivo narrativo de carácter formulaico de la autosentencia por desesperación:

Cavallero que tal pierde
--grande pena merecía,
el mesmo se es el alcalde,
--el mesmo se es justicia:
que le corten pies y manos
--e le cuelguen de una enzina,

que era propio de “La Infantina”, pues se halla en la versión del Cancionero de romances de Amberes, 1550, en la judeo-portuguesa de 1683 y en la tradición sefardí de Marruecos del siglo XX. De otra parte, en la tradición catalana de los siglos XIX y XX de El Rosellón y de Ibiza y Formentera de este mismo romance de “El caballero burlado”, cuyas versiones, muy conservadoras, comienzan, de conformidad con las versiones antiguas,

Dins França partí la infanta,
--ben calçada i ben vestida,
i se n’anava a París
--que pare i mare tenia,

la doncella espera compañía para su viaje en un árbol (“un romaní”), que

té la soqueta daurada,
--la ramareta d’or fi
i amb la seua cabeiera
--cobria lo romaní,

motivo, que resulta extraño en este contexto, y que es claramente procedente de “La Infantina”. A su vez, en una versión judeo- portuguesa de 1683 de “La Infantina”, se incluyen los versos, esenciales en la trama de “El caballero burlado”:

Tate, tate. cavalhero,
--no fagáis tal vilania,
que soy hija del rey de Francia,
--
de la reina Constantina,

como introducción a la revelación del hado. La convivencia de unos romances con otros en la memoria de los habituales usuarios de ese saber poético tradicional ha sido, lo mismo en tiempos lejanos que lo es en los cercanos, fuente de innovaciones textuales más o menos acertadas.

Autor: Diego Catalán, publicado en el Romancero de laa Cuesta del Zarzal

15/10/2008 05:18. Editado por Gatopardo enlace permanente. DIEGO CATALÁN

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