Por lo menos así lo entiende el ordenamiento jurídico español, al obligar a ejercer sus derechos a los artistas de forma tutelada (a través de las suciedades de gestión colectiva), cosa que no ocurre en ningún otro caso en todos los cuerpos de legislación de nuestro país (excepto aquellas personas que no son responsables de sus actos).
Esto que hasta ahora me parecía un auténtico insulto hacia los artistas que sólo tenía sentido por el interés de dichas entidades monopolísticas, empieza a tener sentido para mí.
Tras años de estar en contacto con “artistas” de toda índole (en conferencias, por trabajo, por ocio, amistad, etc), ya sabía que son personas que “quieren dedicarse a lo suyo y que no les maree