Lloraban los liberales
que Cristina no paría,
y ha parido más muñoces*
que liberales había.
Autor anónimo
*Tres meses después de enviudar, el 28 de diciembre de 1833 se casó secretamente con el sargento de su escolta personal Agustín Fernando Muñoz y Sánchez . Tuvieron ocho hijos.
"¡Las alhajas de la Corona han sido robadas, y robadas de la manera más escandalosa!”. Laureano Figuerola, ministro de Hacienda, desató la más feroz tempestad parlamentaria que se recuerda en todo el convulso Romanticismo español. Aquel 1 de diciembre de 1869, las Cortes Constituyentes estaban a rebosar. El general Prim, presidente del Consejo de Ministros bajo la regencia del duque de la Torre, ocupaba el escaño más destacado. Repartidos por el hemiciclo, se congregaban cicerones ilustres sumidos en un claustral silencio: Ruiz Zorrilla, Alcalá Zamora, Balaguer, Pi y Margall, Moret, Castelar, Canovas, Sagasta, Ríos Rosas, Echegaray...
Figuerola, desde el púlpito, añadió con toda vehemencia:
“Por lo menos han desaparecido de España 78 millones en valores que representaban las alhajas de la Corona. Han desaparecido de España por dos personas cuyos nombres están en vuestra boca, por doña María Cristina de Borbón y por doña Isabel de Borbón”.
El ministro de Hacienda, que aquel mismo año había introducido la peseta como unidad monetaria y gozaba de gran predicamento entre los economistas y políticos de su época, puso así en la picota el honor de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, y el de su hija Isabel II.
María Cristina, según Figuerola, había sustraído de Palacio alhajas que no le pertenecían. El ministro recordó entonces que el intendente general de la Real Casa y Patrimonio, Martín de los Heros, encontró ya “setecientos estuches vacíos” en 1840, cuando María Cristina, la reina que había gobernado España durante los últimos siete años, emprendió por vez primera el camino del exilio, tras la proclamación de la regencia del general Espartero. El funcionario acusó a la reina destronada de haberse llevado consigo a París 78 millones de reales en joyas.
Y no sólo eso; denunció que habían desaparecido también valiosos muebles renacentistas que estaban en los sótanos de Palacio."
José María Zavala, autor de "La maldición de los Borbones" , editorial Plaza & Janés.