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LUIS CARANDELL: VIDA Y MILAGROS DE MONSEÑOR ESCRIVÁ DE BALAGUER, FUNDADOR DEL OPUS DEI (2)A manera de prefacio Cuentan que, en una ocasión, hace unos años, el padre Arrupe, general de la Compañía de Jesús, le preguntó al que por entonces era el Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Riberi, si había visto a don Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador y presidente general del Opus Dei. "No, no", contestó el Nuncio con el gesto de extrañeza del superior que espera en vano una obligada visita. Y, al parecer, así lo cuentan, el padre Arrupe ladeó canónicamente la cabeza para decir al oído del prelado en tono de amistosa confidencia: "Yo, señor Nuncio, a veces dudo de que exista".
Al citar esta frase de un cualificado moralista moderno, yo pretendía señalar la pervivencia en nuestro tiempo de la tradicional actitud española ante el sexo. Don Luis Gordon -tengo que decir que con encomiable espíritu animado de lo que en el Opus Dei se llama "corrección fraterna"-, me explicó que el pensamiento del padre Escrivá era muy distinto de lo que yo había supuesto y, precisamente, monseñor había sido uno de los primeros en defender y propugnar la dignidad y la santidad del estado matrimonial. Contesté que procuraría estudiar el ideario del fundador y que si quedaba convencido, no tendría inconveniente en retocar la referencia a "Camino". Este episodio tiene para mí alguna importancia, porque fue a partir de esas conversaciones sobre la concepción sexológica del padre Escrivá cuando pensé en adentrarme en el estudio del Opus Dei y de la personalidad de su fundador. No se hizo esperar mi interlocutor, que esta vez era el jefe de la secretaría, don Javier Ayesta, la cabeza visible del Opus Dei madrileño. Conocía a Ayesta de oídas, y, sobre todo, por la referencia que de él hace Daniel Artigues en su conocido libro "El Opus Dei en España", llamándole, por cierto equivocadamente, "el padre Javier Ayesta", pues no es ni ha sido nunca sacerdote. En el libro de Artigues, por lo demás muy bien informado y documentado, se hace referencia a una entrevista del periodista Marcel Niedergang con Javier Ayesta publicada en "Le Monde" en la que el secretario del Opus Dei en Madrid declara que este Instituto "es algo muy similar a la FAO o a la UNESCO". Animado por la indudable "apertura" que esta información supondría, me dirigí a Ayesta con la esperanza de obtener alguna información que me fuera útil. Como dice Artigues, al comentar esta entrevista, cualquier persona puede obtener la iinformación que desee acerca de la FAO o de la UNESCO con sólo abrir los anuarios internacionales correspondientes. No existe en estos organismos, que yo sepa, esa "discreción" tan típicamente opusdeística que yo he podido comprobar en mis conversaciones con los miembros de la "Obra". Dice la máxima 645 de "Camino":
No sé si Ayesta recordó concretamente esta máxima durante la conversación que sostuvo conmigo. Lo cierto es que salí del hotelito de Vitrubio ayuno de informaciones sobre la vida y la personalidad del padre Escrivá. En los días anteriores a mi visita había estado haciendo la necesaria labor de investigación bibliográfica y había comprobado una notable ausencia de datos sobre el tema que me interesaba. No había más que una pequeña semblanza biográfica escrita por don Florentino Pérez Embid e incluida en la obra Forjadores del mundo contemporáneo y un Perfil biográfico, publicado por el periodista Carlos Escartín en «Diario de Navarra». Estos dos papeles daban una información muy somera de la vida de mi personaje: las cinco o seis fechas cruciales de su biografía, la relación de sus escritos y sus principales actuaciones públicas. Pertenecían ambos al género laudatorio, y los elogios que se dedicaban al fundador del Opus Dei eran de tipo muy general, sin que sus autores buscaran la apoyatura de la descripción personal o de la anécdota ilustrativa de su carácter. Se juzgaba al hombre más por la magnitud de la obra que había realizado que por los rasgos físicos y espirituales de su personalidad. Expuse a Javier Ayesta mi preocupación por esta carencia de datos y le pedí toda la ayuda informativa que pudiera prestarme. No me escuchó. Se limitó a decirme que no consideraba llegado el momento de que se escribiera una biografía de monseñor Escrivá de Balaguer y que, si yo lo intentaba, mi libro quedaría absolutamente incompleto y sería fácilmente superado por futuros trabajos. Tengo el convencimiento de que solamente un escritor perteneciente al Opus Dei o al menos situado, como se dice ahora, en la órbita de la Obra, podría hacer una biografía del fundador que tuviera esa «vigencia» que Ayesta negaba de antemano a mi trabajo. No soy ni he sido hasta ahora de la Obra y por tanto va a ser difícil que esta semblanza de monseñor Escrivá sea todo lo «vigente» que debiera ser. Pero lo que sí puedo asegurar es que si el libro que ofrezco al lector consigue tener una vigencia de diez años, me doy, como suele decirse, con un canto en los dientes. Así se lo dije al jefe de la secretaría de información del Opus Dei, al tiempo que le preguntaba si le había llegado de Roma alguna indicación relativa a mi petición de ser recibido en audiencia privada. Me dijo que «de palabra» se le había comunicado que «el padre» tenía un programa densísimo de trabajo y que, por otra parte, monseñor Escrivá no juzgaba que su persona fuera lo suficientemente importante como para ser objeto de una especial atención. Que, no obstante, llegado el momento, tendría «sumo gusto» en recibirme. Pregunté entonces a Ayesta qué plazo calculaba él que tendría que durar mi impaciente espera. Ya iremos viendo la enorme importancia que esta concepción paternalista tiene en el Opus Dei y hasta qué punto está enraizada en el pensamiento del fundador. Es precisamente esta paternidad espiritual, interpretada con los criterios familiares de un hombre nacido en el seno de una honrada familia de la pequeña burguesía comerciante de una también pequeña ciudad de provincias española, la que ha dado al Opus Dei su cohesión de gran familia. Esta consideración es tal vez lo que justifica el interés y actualidad de una semblanza de monseñor Escrivá de Balaguer. Y de la misma manera que, en la familia española pequeño-burguesa tradicional, el buen hijo se distingue por una indeclinable adhesión y respeto al principio de la paternidad, así también en el Opus Dei la suprema norma de conducta es la devoción y respeto al padre, tanto más cuanto que, si el padre de la familia es meramente padre en la carne, en la gran familia que el Opus Dei constituye la paternidad del fundador tiene un altísimo contenido espiritual. Como él mismo dice: "¿Ansia de Hijos?,.. Hijos, muchos hijos y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne." Monseñor Escrivá de Balaguer encarna, como padre de sus seguidores y devotos, la realización de profundísimas aspiraciones sentidas por un sector muy concreto de la clase media que por las mismas épocas en que se desarrolla la vida y la obra del padre elige formas totalitarias de gobierno. Las referencias a la paternidad y al padre son constantes en el libro fundamental del Opus Dei, Camino. En el pequeño prólogo con que se inicia se dice que: "Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre." La relación entre Dios y el hombre se manifiesta una y otra vez como una relación entre el padre y el hijo. Se invita al lector a sentirse continuamente niño: "El niño débil, si es discreto, procura estar siempre cerca de su padre." o: "¿No ves con qué mala gana da el niño sencillo a su padre, que le prueba, la golosina que tenía en sus manos? Pero se la da. Ha vencido el Amor." o bien: "Los niños no tienen nada suyo, todo es de sus padres, y tu padre sabe siempre muy bien cómo gobierna el patrimonio." El niño, que el socio del Opus Dei aspira a ser, idealiza a su padre, lo mitifica y lo coloca en un pedestal, ocultándolo a los ojos del mundo a fin de mantener intacto lo que en la Obra se denomina su «carisma fundacional». La personalidad del padre es la piedra angular sobre la que se sostiene todo el edificio de la Obra. Y hay que decir que esta ocultación de que la Obra hace objeto a su fundador no es cosa de ahora ni fue inventada cuando el desenvolvimiento del Opus Dei puso al padre Escrivá de Balaguer en el primer plano de la actualidad periodística. Parece datar, por el contrario, de una época muy temprana, de los primeros años de la actividad apostólica de este grupo formado entonces por una docena de estudiantes universitarios y dirigido por un oscuro sacerdote provinciano llegado a Madrid con un evidente, aunque todavía inconcreto, sentido de la propia misión. A partir del momento en que, como afirman algunos de aquellos primeros discípulos, el Señor manifiesta al padre Escrivá cuál es el camino que debe seguir, su personalidad providencial se rodea de un halo de misterio, se agiganta y se hace progresivamente inaccesible. Un sacerdote navarro, el padre Iribarren, que le visita hacia 1935 en la residencia de Ferraz, la primera fundación universitaria de Escrivá de Balaguer, cuenta lo mucho que le costó que le recibiera. Repetidas veces tuvo que anunciarse y, finalmente, viendo que no salía, le dijo al muchacho que le abrió la puerta: «Dígale que hay aquí un cura que no se marcha sin verle.» Salió por fin don Josemaría y le abrazó diciéndole: «¡Hombre! ¡Cuánto lo siento! Me ponen un muro, no me dejan salir.» "¿Adocenarte? ¿Tú del montón? ¡Si has nacido para caudillo!" Me inclino a creer que fue este principio de celosa ocultación del gran hombre el obstáculo con el que yo me topé al solicitar, de un modo un tanto ingenuo, una entrevista con el fundador. Una lectura detenida del libro titulado Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer, publicado por la editorial Rialp, hace pensar que no fui yo el único a quien se le negó el acceso al santuario. A pesar del hecho de que la mayor parte de los periodistas que firman las entrevistas contenidas en el libro son miembros de la Obra, o simpatizantes de ella, el tono de casi todas las respuestas hace pensar que se trata dé entrevistas contestadas por escrito. Sé muy bien que éste es un procedimiento que a menudo tienen que utilizar los periodistas cuando entrevistan a personalidades de alguna importancia pública pero, en todos los casos, se suele hacer una descripción o estimación personal del entrevistado. En este libro se transcribe puramente la relación de preguntas y respuestas, sin que los firmantes de las entrevistas se permitan en ningún momento el comentario ilustrativo o la observación oportuna sobre el aspecto físico o la psicología del personaje. La lectura de este libro, he de confesarlo, me quitó las pocas ilusiones que me quedaban de ser recibido por monseñor, antes de que Javier Ayesta, en la entrevista de Vitruvio, me las quitara del todo al anunciarme que yo me encontraba al final de una cola que exigiría tres años de espera. Mi decisión de preparar una semblanza del fundador del Opus Dei, sin embargo, seguía siendo firme y yo me decía para mis adentros: «La misión de monseñor Escrivá de Balaguer es santificar el mundo á través del trabajo. La mía, hacer el trabajo de una semblanza de monseñor Escrivá de Balaguer.» Pero si monseñor no quería recibirme, si la representación oficial de la Obra no estaba dispuesta a darme datos sobre su vida y su personalidad, ¿qué posibilidad me quedaba? * 1º Prólogo de Alfonso C. Comín: Andanzas y desventuras de un biógrafo Comentarios > Ir a formulario
Interesantísimo Luis Carandell, yo encuentro más lleno de vida el legado de los P.Jesuitas y por su puesto el P.Arrupe. Es una opinión con todo el respeto ya que faltan de esta faz del mundo. Fecha: 23/02/2009 19:00.
¡Cómo es la vida! Hablé sólo una vez con Carandell, de casualidad, por la radio. En una tertulia donde estaba Ana Rosa Quintana, en la antigua Antena 3 (ya llovió). El tipo me corrigió, pues creí que la cruz de San Andrés era invertida y no, es en forma de aspa. Yo era un monaguillo que se fijaba poco, casi como ahora. En cuanto a lo de Escrivá: leer sus andanzas es como ir "patrás", curiosamente el lugar en Grecia donde dicen que crucificaron a Andrés. Fecha: 27/02/2009 16:21. |
GatopardoEs norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro, sea plebe, sea duunviro, que no se escape sin dardo. Si la víctima en cuestión es melifluo y sin humor, y persiste en el error, va derecho al paredón. Si es honesto ciudadano, observador de la ley y santurrón como buey, le colgamos un campano. Si mujer y sufridora, y nos cuenta su diario, que alegre su antifonario y se haga acosadora. Si tiene cierto interés por mostrar carné y nombre, que luego no se asombre si recibe algún revés. Bienvenidos los goliardos, golfos, rebeldes y bordes, mentes inmisericordes, por apellido: Bastardos Y que no nos den la lata ni meapilas ni legales: somos los Irregulares, somos gente de Zapata. Temas
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