
Lo épico no puede sustentarse con características femeninas. Las mujeres tenemos una especial mala baba para deducir de un síntoma leve una enfermedad de origen medular. El héroe puede demostrarnos que lo es hasta la temeridad, pero un instinto malévolo e innato nos hace encontrar en aquel gesto mezquino de un día, lo realmente veraz, y todo lo demás se convierte a nuestros ojos en un montaje mixtificador, que no nos engaña.
Y lo peor es que solemos llevar razón.
La revolucionaria Emma Goldman puso en causa la revolución bolchevique porque tenía frío, hambre y no había recursos adecuados para paliar las necesidades del pueblo ruso. Y vaticinó que aquella revolución no merecía la pena que produciría.
A las mujeres hay que convencernos con hechos y no con argumentos, con resultados y no con proyectos. Y sólo nos dejamos embaucar por las hormonas.
Gatopardo
Foto: Gorriones de Miesčionio blogas