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MARÍA MOLINER: DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL. PUNTUACIÓN. USO DE LA COMA

Aviso publicado en octubre de 1998 en El País

Puntuación (fem.). 1 Acción de puntuar un escrito. 2 Conjunto de los signos de puntuación empleados en un escrito y manera de estar empleados. 3 Conjunto de signos y reglas de puntuar. Los signos de puntuación son, en español, los siguientes: coma (,); punto ( . ); punto y coma ( ; ); dos puntos (:); puntos suspensivos (...); interrogación (¿...?); admiración (¡...!); paréntesis ( (...) ); corchetes ( [...] ); comillas ( «...» ); raya o guión (—); punto y raya ( .—); guión pequeño (- ); doble raya ( = ).

coma ( , ).—La coma es el signo de puntuación de uso más arbitrario. Representa una pausa del lenguaje hablado en que no se suspende totalmente la voz, entre partes del discurso relacionadas no sólo ideológica, sino también gramaticalmente. Ahora bien: ni todas las pausas con que se modula el lenguaje hablado se transcriben en el escrito, ni todas las pausas que se representan con comas, obedeciendo a las reglas del uso de este signo, se hacen siempre en el lenguaje hablado. En éste se hacen numerosas pausas cuyo objeto es subrayar o dar un tono especial a la palabra o expresión que precede, o bien dar un reposo a la voz después de una locución larga, en sitios en que la colocación de una coma escrita constituiría falta de ortografía. Se dice, por ejemplo, a mí, todo eso me trae sin cuidado’, y esa coma sobra en buena ortografía; en cambio, se dice t ambién  yo estaba en efecto muy cansado’, suprimiendo al hablar las comas que, en escritura escrupulosa, deben preceder y seguir a «en efecto». Esto quiere decir que, en cuanto al uso de la coma, hay muchas diferencias entre los escritores escrupulosos en ese punto y los más despreocupados; en general, es de recomendar que, antes de sembrar de comas un periodo, se pruebe a leerlo sin alguna de las que primero se le ha ocurrido poner al escritor.

En las notas que siguen se dan en primer lugar las normas negativas y, después, se hace un primer apartado de las comas preceptivas; y se trata en otro de algunos casos de heterodoxia en la práctica en relación con preceptos de la parte anterior, y de casos de comas susceptibles de ser usadas e igualmente susceptibles de ser omitidas.

Reglas negativas.

1.° No se pone coma entre el verbo y cualquier otro elemento de la oración (sujeto, complemento) directamente unido a él, aunque en, lenguaje hablado se haga una pausa; puede, por ejemplo, decirse  ellos, con cualquier cosa se conforman’; pero esa coma no se escribe, a menos que interese marcar la pausa por una razón estilística; y, en este caso, es más expresivo usar puntos suspensivos. Es especialmente frecuente la transgresión de esta regla entre un sujeto constituido por una oración de relativo y el verbo: El que se pica, ajos come. Quien tenga algo que decir, debe decirlo’.

2.° Tampoco se pone coma regularmente delante de una conjunción simple adverbial («como, cuando, donde»...), adversativa («pero»...), causal («porque»), concesiva («aunque»...), condicional o hipotética («si»...), copulativa («y»), disyuntiva («o»), inductiva («porque»), o de la final «para que», aunque no es simple. Aunque se dicen muy frecuentemente frases con pausa de coma tales como dijo «adiós», y se marchó; estaba bien, pero quiso estar mejor; lo sé, porque me lo dijo él mismo’. Y un poco más arriba se ha puesto una coma detrás del paréntesis «(«porque»)» y delante de «o» (caso que es de los que se explican más adelante; véase el caso 1.° del último apartado referente al uso de la coma). La misma «Gramática» de la R. A. da este ejemplo de comas «entre varios miembros de una cláusula independientes entre sí, vayan o no precedidos de conjunción»: Al apuntar el alba cantan las aves, y el campo se alegra, y el ambiente cobra movimiento y frescura’. Claro que este es un caso de comas enfáticas y que, con el mismo carácter, podía cada una de ellas ser un punto y coma.

Casos   de   coma   obligada.

Entre los términos de una enumeración no enlazados por conjunción (nombres, adjetivos, complementos del verbo, del nombre o del adjetivo, u oraciones): Mañana, pasado y el otro son fiesta. Es torpe, vago, bruto y descarado. Es aficionado a jugar, bailar, comer, beber y gozar de todas las maneras. Vinieron ayer, estarán hoy aquí todo el día y se marcharán mañana por la mañana’. (En el caso de varios adjetivos aplicados a un nombre, si el primero es especificativo, puede suprimirse la coma detrás de él: Un árbol de sombra muy frondoso’.)

2.° Delante y detrás de una oración intercalada en otra: Desde que se fue, hace ya más de un mes, no he sabido nada de él’.

3.° Delante del pronombre «que» explicativo, particularmente si puede caber duda de si debe interpretarse como tal o como especificativo: El buey o vaca viejos, que se destinan a carne’ (suprimida la coma, resultaría destinado a carne sólo alguno de los bueyes y vacas vicios, en vez de todos). Delante de un «que» de la misma clase, cuando está separado de su antecedente; particularmente, cuando puede caber duda de que lo sea el nombre que está inmediatamente antes de él: Aerolito es un fragmento de bólido, que cae sobre la Tierra’ (sin la coma, el que cae podría ser el bólido).

4.° En todos los casos en que es preciso hacer notar que una oración o un complemento se relaciona, no con la palabra que le precede inmediatamente, sino con otra más lejana o con toda la oración: Sección de una casa comercial, con domicilio propio’ (el domicilio propio de que se trata es el de la sección, no el de la casa comercial). Para que no se desvíe en su elección, de las normas señaladas’ (no elección de las normas señaladas’). Soltar el cable o cadena, del arganeo del ancla’ (no cadena del arganeo del ancla’). Hacer tomar, o inyectar una medicina’ (suprimida la coma, «o» relacionaría a «tomar» e «inyectar», y no a «hacer tomar» e «inyectar»). Obligar a alguien a hablar, con habilidad’ (no hablar con habilidad’). Hacer en algo un papel lucido, o lo contrario’ (no lucido o lo contrario’, sino hacer... o, por el contrario, no hacer...’). No se marchó, por comodidad’ (en esta forma, el significado es que la comodidad fue causa de que no se marchara; sin la coma, sería que la comodidad no fue la causa de que se marchara). En resumen, debe ponerse una como siempre que es preciso marcar la separación entre lo que debe ir separado y, con ello, la unión de lo que forma una unidad.

5.° En el lugar de un elemento que se suprime, por ejemplo por ser repetición de otro nombrado antes: A unos les gusta una cosa; a otros, (les gusta) otra. Nosotros queremos ir al campo; ellos, (quieren ir) a la ciudad’. Está dentro de este caso la coma que se coloca detrás de «también» u otro adverbio, cuando hay una oración sobreentendida: También, cuando va a alguna fiesta’ (detrás de «también» se sobreentiende una oración; por ejemplo, se pone los pendientes de oro’). Siempre, si tiene dinero’.

6.° Delante de «como» cuando esta palabra no expresa igualdad sino que introduce un ejemplo: Me gustan las ciudades grandes, como Madrid y Barcelona’. Puede esa coma substituirse por punto y coma o dos puntos cuando es oportuno hacer la pausa que corresponde a estos signos: Está dispuesto a cualquier cosa: como irse a América o alistarse en el tercio’.

7.°   Delante  y  detrás   de   una  expresión   intercalada:

a)    Entre  el  verbo  y  otro   elemento   de   la   oración: Agosto, el mes más caluroso, lo pasamos en el campo’.

b)    Delante  y  detrás   de  una  expresión  en  aposición que   especifica   a   un   nombre:   Don   N.   N.,   alcalde   de la  ciudad, presidió la ceremonia’.

c)    Delante y detrás de un vocativo:   Vosotros, hijos míos, no sabéis nada de esto’.

d)    Delante  y detrás  de una cláusula absoluta:   Por fin,  superadas   estas   dificultades,  empezajron  las  obras’. Igualmente,   delante  y  detrás   de  una  expresión  pronominal absoluta,  como  «lejos de eso  [ello], en lugar de eso» o «con todo y con eso»:  Él, lejos de eso, redobló sus esfuerzos’.

e)   Delante   y   detrás   de   las   conjunciones   o   expresiones conjuntivas cuando, en vez de al principio, están en   el   interior   de   la   oración;   como   ocurre   frecuentemente con las conjunciones consecutivas «pues, así pues, por consiguiente, por tanto», con «empero» y con otras: No   estábamos,   por   tanto,   preparados   para   eso.   No vamos, empero, a discutir por tan poca cosa’.

i) Delante y detrás de las expresiones aclarativas o confirmativas «o bien, es decir, esto es, a saber, o sea»: Tengo cincuenta años, es decir, doble que tú’. En realidad, las pausas a que dan lugar estas expresiones son más complejas que lo que representan las comas delante y detrás de ellas; pues, en unos casos, se hace delante una pausa que podría representarse por punto y coma: Dijo que vendría a las doce; o sea, [es decir,] antes de comer’; y, en otros, se hace delante una pausa de punto y coma y detrás otra que conviene al significado de los dos puntos: Por los cuatro evangelistas; a saber: San Juan, San Mateo...’, Pero, convencionalmente, se escriben entre dos comas, como queda dicho, en todos los casos; excepto en el de «o sea» cuando va seguido de «que», caso en el cual se puede y suele omitir la segunda coma: Está decidido, o sea que ya no hay que pensar más en ello’.

g) Delante y detrás de adverbios o expresiones adverbiales de las que pueden construirse como incisos: «si acaso, además, aparte de eso, así y todo, si bien, en ese caso, en todo caso, por de contado, en efecto, por ejemplo, encima, entonces —equivaliendo a «en ese caso»—, en general, al menos, no obstante, siquiera, también, por tanto» y muchas más, así como todos los adverbios en «mente»: Llegué, en efecto, un poco tarde. Dime, entonces, qué es lo que quieres. Le tratan, en general, con consideración. Tú, al menos, estás de acuerdo. Atravesamos, ciertamente, circunstancias difíciles. Él, posiblemente, no está enterado. No estábamos, realmente, preparados para eso’. (En lenguaje hablado se omiten en general estas comas.)

8.° Detrás de las mismas expresiones del párrafo anterior, o sea, las que pueden emplearse como incisos, cuando encabezan la oración: Además, estaba muy cansado. También, acuérdate del paraguas. Entonces, no rae esperes esta tarde. Por ejemplo, no le gusta viajar’.

Caso semejante es el de oraciones elípticas antepuestas adverbialménte a una oración: Más,’ (Está aún más justificado) si a él no le interesa, menos (Te lo haré menos) si me lo pides así’. (Obsérvese la diferencia de significado de la frase última si se suprime la coma: «menos si me lo pides así» equivale a «sólo si me lo pides así no te lo haré».)

9.° El caso de «etcétera» es especial: atendiendo a su significado, no debería llevar coma ni delante ni detrás, pues su traducción española no la lleva (Antonio, Juan, Pedro y otros’); pero es cierto que, en la dicción, se pone siempre una coma delante y, a veces, otra detrás; la de delante puede ser tan marcada que casi llegue a puntos suspensivos: Antonio, Juan, Pedro, [...] etcétera’; por tanto, ésta es inexcusable; pero la de detrás rio se marca a veces en la dicción y, entonces, puede suprimirse: La cama, la mesa, las sillas, etcétera, eran de su propiedad’; pero: con sombrero, zapatos, guantes, etcétera nuevos...’.

Casos   de   coma   no   siempre   obligada.

En algunos de los. casos incluidos entre los de coma preceptiva, la profusión de comas próximas puede invitar a prescindir de alguna en la dicción y su supresión en la escritura no constituye falta de ortografía. Son el caso «e» del punto 7.°, o sea, de conjunciones o expresiones conjuntivas intercaladas: Habíamos tenido muchos gastos, estábamos cansados, etcétera, y no estábamos por tanto para eso’ (se han suprimido las comas de delante y detrás de «por tanto»). El caso «g» del mismo punto, esto es, el de adverbios y expresiones adverbiales intercaladas: Atravesamos ciertamente circunstancias difíciles’ (esta misma expresión se ha puesto como ejemplo con comas).

En algunos casos de expresiones intercaladas de otra clase en que la coma no se impone en la dicción: No sólo le aconsejó, sino que hasta en ocasiones le ayudó con dinero’. En puntuación rigurosa, se pondría coma delante y detrás de «en ocasiones».

Merece especial mención el caso de «por ejemplo»; en general, no se hace distinción, al hacer preceptiva la coma delante y detrás de esa expresión; sin embargo, hay que hacerla: nótese que en la frase emparentar, por ejemplo por casamiento, con cierta clase de personas’, el inciso abarca también «por casamiento» y en la dicción no se hace nunca separación entre «por ejemplo» y ese final del inciso; es, pues, no sólo permitido sino correcto, no poner coma detrás de «por ejemplo». En otros casos, «por ejemplo» no es un inciso en el interior de una oración, sino que enlaza dos y pertenece, con valor adverbial asimilable al de «como», a la segunda; he aquí tres maneras posibles de enunciar un ejemplo de esta clase, según la prisa con que acuda a la mente la segunda parte de él: Algunas veces, voy en taxi; por ejemplo, cuando llueve. Algunas veces voy en taxi, por ejemplo cuando llueve. Algunas veces voy en taxi; por ejemplo, cuando llueve’; y en esas tres formas puede escribirse. La primera es la más ortodoxa, pero la menos frecuente en la enunciación.

Algunos casos en que puede usarse coma y puede también, en escritura menos rigurosa, ser omitida.

1.° Puede ponerse coma delante de una «y» o una «o» que ponen fin a una enumeración, cuando el elemento final al que ellas preceden rompe la uniformidad con los otros: Somos amigos, vivimos en la misma casa, nos vemos todos los días, y, con todo eso, no me había dicho nada’. (V. final del n.° 2.° del apartado primero.)

2.° Detrás de un complemento antepuesto al verbo correspondiente: En ese caso, llámame por teléfono para decírmelo. Después, ya no me di cuenta de nada. Así, todos quedaron contentos’.

3.° Detrás de la oración afectada por conjunción o subordinada por cualquier otro medio, que se antepone a la principal enlazada con ella  Porque no le dejamos jugar con nosotros, nos pega. Cuando hayas terminado, avísame. A hacerse simpático cuando quiere, no le gana nadie. Para que no se moleste usted, se lo llevaré yo mismo. Si no vienes pronto, me como tu pastel. Sin que nadie se diese cuenta, desapareció de la reunión. Como no estaba en casa, dejé el recado en la portería. Aunque lo dice, no lo cree. Como tú mismo has dicho otras veces, eso no tiene importancia’. La coma es particularmente superflua si esa oración compuesta forma parte de un periodo más largo y, sobre todo, si va precedida de coma: Si te parece, cuando hayas terminado avísame’ (no hay coma detrás de «terminado»). Eso de que él es el menos inteligente, aunque lo dice no lo cree’ (no hay coma detrás de «dice»).

4,° Puede, también, ponerse coma delante de algunas conjunciones, particularmente de las adversativas y causales, cuando la expresión pide una pausa: Estoy cansado, pero aún puedo andar más. Se lo di, porque no tenía ganas de reñir’.

5.° Delante de «y» cuando precede a otra conjunción: Le he dado sólo veinte duros, y porque no tenía ganas de discutir más’. Igualmente, cuando, en vez de «y», se dice «y eso»: Iré sólo un rato, y eso para que no se enfaden’.

6.°. Delante de «y» u «o», cuando enlazan elementos en los cuales ya existe una de esas conjunciones: Comemos y cenamos en la pensión, y el desayuno lo tomamos en el café. Pueden venir él o su hermano, o mandar a alguien en su lugar’.

7.° Y, por último, en cualquier caso en que el sentido o la expresión lo hacen necesario; aunque sea entre el sujeto y su verbo, caso de regla negativa más fija. Por ejemplo, pocos empleados, son fáciles de dirigir’, frase que tiene sentido completamente distinto del que tendría sin la coma.

Y no quedan con lo anterior agotados todos los casos en que el que habla o escribe puede sentir la necesidad de dar a esta expresión cierto énfasis con una pausa de coma o substituyendo la pausa de coma por otra más completa, representada, por ejemplo, por punto y coma.

María Moliner. Diccionario de uso del español.
Editorial Gredos, edición de 1987
Desaconsejamos el apócrifo que  los gaznápiros incompetentes que campan últimamente en la Editorial Gredos  han llamado "edición actualizada"
.

* Para comprar en internet ediciones anteriores a 1998, en IberLibro.com;

- Edición de 1975
- Edición de 1982
- Edición de 1989


Carta de Olivo Ramón, nieta de María Moliner,
publicada en El País, 11.12 1998


Publicado en La Vanguardia, 11.12 1998

Para más información sobre María Moliner y el Diccionario de uso del español: mariamoliner.com


La mujer que escribió un diccionario


Hace tres semanas, de paso por Madrid, quise visitar a María Moliner. Encontrarla no fue tan fácil como yo suponía: algunas personas que debían saberlo ignoraban quién era, y no faltó quien la confundiera con una célebre estrella de cine. Por fin logré un contacto con su hijo menor, que es ingeniero industrial en Barcelona, y él me hizo saber que no era posible visitar a su madre por sus quebrantos de salud. Pensé que era una crisis momentánea y que tal vez pudiera verla en un viaje futuro a Madrid. Pero la semana pasada, cuando ya me encontraba en Bogotá, me llamaron por teléfono para darme la mala noticia de que María Moliner había muerto. Yo me sentí como si hubiera perdido a alguien que sin saberlo había trabajado para mí durante muchos años. María Moliner —para decirlo del modo más corto— hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Se llama Diccionario de uso del español, tiene dos tomos de casi 3.000 páginas en total, que pesan tres kilos, y viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y —a mi juicio— más de dos veces mejor. María Moliner lo escribió en las horas que le dejaba libre su empleo de bibliotecaria, y el que ella consideraba su verdadero oficio: remendar calcetines. Uno de sus hijos, a quien le preguntaron hace poco cuántos hermanos tenía, contestó: «Dos varones, una hembra y el diccionario». Hay que saber cómo fue escrita la obra para entender cuánta verdad implica esa respuesta.

María Moliner nació en Paniza, un pueblo de Aragón, en 1900. O, como ella decía con mucha propiedad: « En el año cero». De modo que al morir había cumplido los ochenta años. Estudió Filosofía y Letras en Zaragoza y obtuvo, mediante concurso, su ingreso al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios de España. Se casó con don Fernando Ramón y Ferrando, un prestigioso profesor universitario que enseñaba en Salamanca una ciencia rara: base física de la mente humana. María Moliner crió a sus hijos como toda una madre española, con mano firme y dándoles de comer demasiado, aun en los duros años de la guerra civil, en que no había mucho que comer. El mayor se hizo médico investigador, el segundo se hizo arquitecto y la hija se hizo maestra. Sólo cuando el menor empezó la carrera de ingeniero industrial, María Moliner sintió que le sobraba demasiado tiempo después de sus cinco horas de bibliotecaria, y decidió ocuparlo escribiendo un diccionario. La idea le vino del Learner’s Dictionary, con el cual aprendió el inglés. Es un diccionario de uso; es decir, que no sólo dice lo que significan las palabras, sino que indica también cómo se usan, y se incluyen otras con las que pueden reemplazarse. «Es un diccionario para escritores», dijo María Moliner una vez, hablan do del suyo, y lo dijo con mucha razón. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en cambio, las palabras son admitidas cuando ya están a punto de morir, gastadas por el uso, y sus definiciones rígidas parecen colgadas de un clavo. Fue contra ese criterio de embalsamadores que María Moliner se sentó a escribir su diccionario en 1951. Calculó que lo terminaría en dos años, y cuando llevaba diez todavía andaba por la mitad. «Siempre le faltaban dos años para terminar», me dijo su hijo menor. Al principio le dedicaba dos o tres horas diarias, pero a medida que los hijos se casaban y se iban de la casa le quedaba más tiempo disponible, hasta que llegó a trabajar diez horas al día, además de las cinco de la biblioteca. En 1967 —presionada sobre todo por la Editorial Gredos, que la esperaba desde hacía cinco años— dio el diccionario por terminado. Pero siguió haciendo fichas, y en el momento de morir tenía varios metros de palabras nuevas que esperaba ver incluidas en las futuras ediciones. En realidad, lo que esa mujer de fábula había emprendido era una carrera de velocidad y resistencia contra la vida.

Su hijo Pedro me ha contado cómo trabajaba. Dice que un día se levantó a las cinco de la mañana, dividió una cuartilla en cuatro partes iguales y se puso a escribir fichas de palabras sin más preparativos. Sus únicas herramientas de trabajo eran dos atriles y una máquina de escribir portátil, que sobrevivió a la escritura del diccionario. Primero trabajó en la mesita de centro de la sala. Después, cuando se sintió naufragar entre libros y notas, se sirvió de un tablero apoyado sobre el respaldar de dos sillas. Su marido fingía una impavidez de sabio, pero a veces medía a escondidas las gavillas de fichas con una cinta métrica, y les mandaba noticias a sus hijos. En una ocasión les contó que el diccionario iba ya por la última letra, pero tres meses después les contó, con las ilusiones perdidas, que había vuelto a la primera. Era natural, porque María Moliner tenía un método infinito: pretendía agarrar al vuelo todas las palabras de la vida. «Sobre todo las que encuentro en los periódicos», dijo en una entrevista. «Porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad». Sólo hizo una excepción: las mal llamadas malas palabras, que son muchas y tal vez las más usadas en la España de todos los tiempos. Es el defecto mayor de su diccionario, y María Moliner vivió bastante para comprenderlo, pero no lo suficiente para corregirlo.

Pasó sus últimos años en un apartamento del norte de Madrid, con una terraza grande, donde tenía muchos tiestos de flores, que regaba con tanto amor como si fueran palabras cautivas. Le complacían las noticias de que su diccionario había vendido más de 10.000 copias, en dos ediciones, que cumplía el propósito que ella se había impuesto y que algunos académicos de la lengua lo consultaban en público sin ruborizarse. A veces le llegaba un periodista desperdigado. A uno que Ie preguntó por qué no contestaba las numerosas cartas que recibía le contestó con más frescura que la de sus flores: «Porque soy muy perezosa». En 1972 fue la primera mujer cuya candidatura se presentó en la Academia de la Lengua, pero los muy señores académicos no se atrevieron a romper su venerable tradición machista. Sólo se atrevieron hace dos años, y aceptaron entonces la primera mujer, pero no fue María Moliner. Ella se alegró cuando lo supo, porque le aterrorizaba la idea de pronunciar el discurso de admisión. «¿Qué podía decir yo », dijo entonces, «si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?».

 
Gabriel García Márquez, publicado en El país  -  Opinión - 10-02-1981

01/08/2009 20:40. Editado por Gatopardo enlace permanente. RECOMENDAMOS

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¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

gravatar.comAutor: Danko

Como esta por aquí el Sr Defensa?

un saludo

Fecha: 03/08/2009 14:06.


gravatar.comAutor: María

Existe manera de encontrar,a día de hoy,una edición antigua del diccionario María Moliner??
Gracas de antemano y un saludo.

Fecha: 05/11/2010 18:27.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Suelo encontrar libros descatalogados, en www.iberlibro.com que es una red de librerías de varios países con venta online, del mismo estilo que Amazone.

¡Suerte!

Ahora mismo anuncian en su web la edición de 1977:
DICCIONARIO DE USO DEL ESPAÑOL.
MOLINER, María
Librería J. Cintas (Bretón de Herreros, 20 Madrid, Spain)
Descripción: Madrid, Edi. Gredos, 1977, 19x27, LII-1446p. y 1585 páginas. A dos columnas. Tela editorial sin sobrecubierta.

Y si ya no lo tienen, en Iberlibro toman nota de lo que se pide, y cuando aparece, te avisan.

Funciona muy bien.

Fecha: 05/11/2010 18:52.


gravatar.comAutor: María

Muchísimas gracias Gatopardo, gracias a ti y a este blog ya he conseguido mi diccionario María Moliner edición del 77. La única pega es que no tiene sobrecubiertas, pero el resto impecable. Estoy muy feliz y sobre todo muy agradecida.

Un saludo y mucha salud amigo.

Fecha: 11/01/2011 05:42.


gravatar.comAutor: Gatopardo a María

Mi enhorabuena. Espero que lo disfrutes tanto como yo.

Ahora mismo esa edición es una pequeña joya de bibliófilos y estudiosos de la lengua.

Saludos cordiales

Fecha: 11/01/2011 06:11.


gravatar.comAutor: roberto

Hola gatopardo gracias por tu blog.
Quería adquirir el diccionario de la primera edición por internet. Me gustaría saber a partir de que año fue la segunda edición y si exiten diferncias entre las diferentes reimpresiones de la primera edición.

Gracias de antemano

Fecha: 25/05/2011 05:48.


gravatar.comAutor: maría

solo existe una primera edición, de esta se hicieron unas cuantas reimpresiones hasta que en 1999 Gredos lanza la "segunda edición" que no tiene nada que ver con el autentico diccionario y realmente es un fraude para quien esté buscando el sello maría moliner. Se distinguen además porque el copyright de la segunda edición en adelante no es el de maría moliner sino el de su nuera annie jarraud

Fecha: 17/01/2012 11:04.


gravatar.comAutor: Soy muy torpe

¿Cómo puede alguien editar una página sobre puntuación, cometiendo errores en las demostraciones?
Esto —se separa— con guión largo o de diálogo, y no con -guión corto- u "ortográfico".
Las comillas ‘simples’ deben respetar las de apertura y cierre o, en su defecto, utilizar las comillas 'genéricas' apostrofadas.
Las comillas dobles, pueden ser las que contienen “apertura y cierre” o en su defecto utilizar el doble "apóstrofo". Pero nunca abrir y cerrar con dos de “apertura“ o dos ”de cierre”.
Creo...

Fecha: 01/10/2013 17:15.


gravatar.comAutor: Gatopardo a Soy muy torpe

Solemos borrar los comentarios con e.mail falso.

Hubo un tiempo en que me empeñé en utilizar el navegador Chrome, que "simplificaba" y modificaba según su propio criterio, y lo dejé tal cual porque no sabía arreglarlo.

Ahora creo que he corregido lo que me ha indicado, pero si hay algún gazapo más, le agradeceré que me lo haga saber.

Saludos codiales

Fecha: 02/10/2013 06:31.


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Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
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somos gente de Zapata.

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