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SU HERMANA PEQUEÑA

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Trabajar como periodista no es lo más indicado para reflexionar sobre la literatura y la realidad, eso lo puedo asegurar porque ahora me dedico a escribir novelas de ciencia ficción, pero cuando era un joven freelance en “La Noche” sufría con los tijeretazos que daba a mis artículos Peláez, el redactor-jefe, que me reprochaba:
-Esto no es un concurso de juegos florales.
-Yo creo que se puede hacer un artículo bien escrito y se puede describir la realidad sin ser zafios... -le contestaba yo, irritado y solemne; aunque ¿qué joven no es irritable y solemne?
-Si te encontraras con la realidad no sabrías reconocerla, hijo mío. Te he pedido que cubras la información sobre la visita del delegado de Transportes y me has traído una demostración de lo enamorado que estás del Diccionario de Sinónimos...
Aquel redactor jefe trataba de enseñar el oficio a base de tomarnos el pelo:
- Seréis periodistas el día que comprendáis que el protagonista de un artículo no es el que redacta la noticia ni el personaje que entrevista, sino el anunciante que os paga el sueldo y quiere que su anuncio lo vea mucha gente.
Pero al tachar un párrafo me decía:
-Esto está muy bien escrito.
-¿Y entonces, por qué lo tacha?
-Porque el lector va a leer este artículo en el bar, durante el desayuno, con un ojo puesto en el café y el bollo, oyendo una discusión sobre el portero que se dejó golear, y quiero que piense que es muy listo porque lo ha comprendido. No hay tiempo para hacerle degustar frases.
-La vocación de escritor es un corsé de escayola para el periodista-
era otra de sus ideas.
Al final, como era de esperar, me llegó la oferta de “El Día” para que trabajara como freelance con ellos, mejorando las condiciones de “La Noche” y con ese as en la manga fui a hablar con Peláez:
-Si no me hacen un contrato como redactor, no me interesa seguir vendiendo mis colaboraciones a este periódico. -le dije con gran dignidad.
-¡Vaya, vaya, el pajarillo quiere volar!- dijo riendo- Bueno, déjame un par de días para decidir... y sus ojos brillaban astutos.
-¿Hay algún encargo para hoy?
-pregunté para cambiar de tema.
-Si, mira, me vienes al pelo: tenemos esperando en la antesala a una señora que quiere hablar con un periodista: atiéndela tú... Y trátala bien... es muy importante.
Me resultó una cara familiar, pero no lograba ubicarla, y fue ella quien tuvo que aclarármelo:
-Me llamo Luisa Moreno. Soy la mujer del doctor Carlos Muñiz.
El doctor Muñiz era el famoso psiquiatra que se había hecho popular por considerar el adulterio masculino como eximente en caso de que la mujer cometiera parricidio...
-Claro, usted ha sido su asistente desde hace muchos años: en sus entrevistas siempre sale con usted...
El doctor Muñiz era un fenómeno mediático, casi ubicuo: salía en televisión, tenía un programa de radio, escribía en las revistas, lo entrevistaban para todo... A mí me parecía un fantoche moralista.
-¡Quiero que se sepa quién es realmente ese hipócrita!
-¿Puedo grabar la entrevista?
-¡Por supuesto!
- Mi marido está liado con mi hermana Churri, que es diez años más joven que yo: ha tenido un hijo con ella. El niño se llama Carlos como su padre, igual que mi hijo.
-¿Un hijo al que ha reconocido?
-No, por supuesto... esperará a que yo no sea un estorbo...
-¿Su hermana querrá confirmarlo?
- No. Lo negará. Dice que son figuraciones mías, que estoy loca... Siempre me ha envidiado y estoy segura de que no lo quiere en realidad, sólo lo hace por herirme a mí...
-¿Y su marido?

-Lo negará también. Anoche mismo me dijo que quiere que nos vayamos a Grecia para una segunda luna de miel y me trajo los billetes del crucero con un ramo de rosas, finge maravillosamente que me quiere, pero antes pretende que ingrese en la Clínica Mental de uno de sus amigos... ¡Quiere encerrarme! Y luego, después de haber estado ingresada... ¿quién se extrañaría si muero por una sobredosis de tranquilizantes?
Me indignaba que alguien pudiera planear una atrocidad semejante, pero ante todo actué con profesionalidad y le pregunté:
-¿Y usted cómo puede demostrar lo que me cuenta?
Sacó del bolso dos sobres abultados y desplegó varias páginas manuscritas.
-¡Lea esto!
Para que quedara constancia grabada leí en voz alta: “Mi querido Carlos, amado mío, príncipe de mis sueños: Saber que espero un hijo tuyo es un regalo del cielo, y estoy impaciente hasta que soluciones lo que nos separa.”
- Se refiere a mí, claro... yo soy el obstáculo, pero yo no sospechaba nada... de todas formas no perdía el tiempo en mi compañía; pero no lo supe hasta...

-¿Tiene quien le apoye? ¿Tiene quien pueda impedir que su marido le haga esta canallada?
-Mis padres están ciegos con mi hermana, es su ojito derecho... no sé si le parecerá increíble... -
y sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Yo le prometo que esto se publicará y no se atreverá a...

En ese momento me sentí capaz de luchar y defender su causa aun a riesgo de encontrarme solo contra el mundo. Turbado, bajé la vista y seguí leyendo: “Deja todo, amor mío, y ven. Quiero estar contigo día y noche, abrazada a ti, quiero que espíes como crece mi barriguita, que te pertenece con todo lo que hay a su alrededor y que tanto te gusta...”
Me interrumpí por pudor ajeno, y la miré. Su rostro era una máscara de serenidad y de sufrimiento. Y continué leyendo la carta en silencio: era toda por el estilo, le encargaba por un antojo imperioso la compra de unos zapatos morados para “los piececitos más amados que vibran por correr a tu encuentro”, y al final resultaba de una lubricidad repugnante. Y firmaba: “Tu Churri”
Y entonces me enseñó una foto en la que una mujer muy parecida a Luisa, embarazadísima, ponía una sonrisa boba mirando a la cámara. Efectivamente era más joven, pero infinitamente menos atractiva que ella. Y con la misma letra femenina de las cartas: “Para mi Carlos de tu Churri”
-Mi marido la llevaba en la cartera. Ella lleva en esa foto los zapatos morados de los que habla en la carta... se los compró cuando estuvo en Italia, son de Ferragamo, carísimos... Ella se los pidió porque yo siempre quise tener unos...
También me dio la carta de la Clínica Mental, dirigida al Doctor Muñiz, en la que se acordaba el ingreso de su mujer para la siguiente semana.
- Si quiere puede sacar fotocopia de las cartas y se puede quedar la foto, pero me la tendrá que devolver para presentarla como prueba en el Tribunal de la Santa Rota.´
-Necesitaré una fotografía de esta entrevista con usted...
-No me importa, avísele al fotógrafo...

Lucas, otro free-lance como yo, nos hizo seis o siete fotos y salió pitando para revelarlas.
Luisa Moreno sonrió por primera vez, y me dio la mano.
-¡Gracias por ser tan valiente, pero no le extrañe si tratan de impedir que esto se haga público! Mi marido tiene mucho poder...
Escribí el mejor artículo de mi vida, escogí una foto en la que Luisa tenía el brillo de una lágrima en los ojos, y fui a entregárselo a Peláez. Lo leyó con mucha atención, luego miró la foto, y dijo:
-¡Esto está muy bien escrito!- y me lo devolvió- No es publicable.- Y siguió con sus papeles.
Salí dando un portazo y me encaminé a la redacción de “El Día”. Allí todo fue distinto. Me dieron la bienvenida, me felicitaron por mi exclusiva, comentaron mi capacidad para transmitir al lector todo el dramatismo de aquella sórdida historia. Sacaron de la hemeroteca varias entrevistas con Carlos Muñiz y el redactor jefe seleccionó las frases que demostraban su doblez para reproducirlas en el  artículo.
-¡Vamos por todas contra él! -dijo el director, y me dio una palmada- ¡Lo tenemos pillado por los huevos!
Firmamos el contrato y salí pletórico.
Al día siguiente, con el ejemplar de “El Día” donde salía mi artículo a doble página, pasé por la redacción de “La Noche” y lo extendí sobre la mesa abarrotada de papeles de Peláez.
-¡Resulta que si era publicable porque hay quien no se acobarda con los poderosos! -le dije ufano.
-Ya he visto que Churri ha conseguido liaros con sus delirios...
-¿Cómo que Churri...?
-Luisa Moreno, la mujer del doctor Muñiz, Churri en la intimidad, es hija única.

Gatopardo

23/08/2009 14:22. enlace permanente. RELATOS

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gravatar.comAutor: Trini

¡Menudo planchazo!
Creo que ahora aumentará las listas del Paro...

Fecha: 29/08/2009 01:20.


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Gatopardo

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si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
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