Facebook Twitter Google +1     Admin


SIEMPRE SE NOTA...

20090912125004-giacomelli2.jpg

Dirigir un hotel de esta categoría requiere decisiones rápidas y prudencia: las virtudes de un carterista profesional y las de un diplomático en Rabat; actuar drásticamente y quedar en una aparente invisibilidad; impedir que se desboquen las situaciones y ofrecer la apariencia de no haber advertido el vuelo de la vajilla al volcar la mesa ni los insultos de quien tiembla de ira.
La cena con la que se cierra una Junta de Accionistas, una reunión de empresa, una convención maratoniana o un congreso político, lleva aparejada tanta tensión que en algún momento salta la chispa, y quien haya mostrado desde el principio esa afabilidad inmediata y cálida, ese entusiasmo comunicativo que suelen esconder un carácter endiablado, exhausto al cabo de los días, acaba por explotar sin miramientos.
Esta vez fue doña Raquel, la mujer del Presidente de la cadena de hoteles para la que trabajo, y el blanco de su ira fue tan indeterminado y genérico como sus trastornos caracteriales, pero el argumento era de índole ideológica y señalaba la culpa de todos los hombres sin excepción. Nunca he visto a nadie perder los papeles irracionalmente sin argumentos cuidadosamente elaborados. Y en el cenit del espectáculo, en un charco de vinos y manjares, con la mesa volcada y unos comensales lívidos por la sorpresa, me acerqué y dije la frase mágica que interrumpió su diatriba y le hizo retirarse en silencio:
- Señora, si quiere, el servicio de la costurera está a su disposición para solucionar su problema con el vestido...
Bajó la vista y percibió el magnífico desgarro en aquel diminuto corpiño que su mente enferma había creído seductor. Se cubrió con la pashmina que sigilosamente le había puesto por los hombros, y abandonó el restaurante. En ese mismo momento la orquesta dio paso al himno de la empresa y presentó al showman,  que consiguió las primeras carcajadas del público con la frase de inicio:
-Ustedes creerán que soy un hombre feliz, puedo parecerlo, pero yo soy un hombre casado...
Mientras, los comensales de aquella mesa fueron invitados a trasladarse a otra, que tenía al sumiller listo para ofrecer un inmejorable champán francés, y un biombo ocultó el trasiego del servicio, que en tres minutos dejó todo en perfecto estado.
Después de la cena, cuando la mayor parte estaba esperando los coches o había subido a sus habitaciones, el Presidente del Consejo de Administración, y sufrido marido de la camorrista, sin mencionar la bronca, me tomó familiarmente del brazo y me dirigió hacia la zona más tranquila del bar. Me agradeció tácitamente mi intervención al preguntarme qué opinaba sobre el nuevo hotel-sala de fiestas, que se empezaría a construir en marzo. No me había dado cuenta de lo mucho que había pensado en los problemas que plantea asegurar el confort a los que desean descansar y las atracciones a los que quieren divertirse; qué zonas había que reservar insonorizadas y cómo inducir a los indecisos mediante muros acristalados que ofrecieran el espectáculo sin que se oyera ni un murmullo... Le planteé alternativas y soluciones que , por lo visto, nadie le había dado.
Con la astuta humildad que identifica a los poderosos, me pidió permiso para sentarnos, alegando que estaba cansado y le interesaba mucho mi punto de vista.
Luego me preguntó por mi familia, mis hijos y su profesión; me recordó cuánto había admirado a mi mujer como anfitriona, la describió como si no hiciera diez años que había muerto. Explicó con humor que doña Raquel no soportaba las reuniones sociales, y añadió risueño que apenas lo soportaba a él. Terminó divagando sobre la hipotética posibilidad de dedicarse un buen día a la encuadernación, que era su válvula de escape, y me preguntó:
-¿Qué haría usted con tiempo y salud para dedicarse a disfrutar de su ocio?
Y no sé qué gesto fue el que lo denunció: de pronto se me quedó la mente en blanco y ni siquiera pude improvisar una de esas respuestas ficticias para salir del paso. Su mirada se fue haciendo cada vez más escrutadora, más íntima. Yo seguí mudo, lucidamente consciente de mi incomodidad...
-No sé... no lo he pensado nunca...
A partir de ese momento me dediqué a observarlo para confirmar mi diagnóstico. Sus manos acompañaban sus frases con un levísimo aleteo. Cuando se le escaparon las carcajadas cubrió su boca .con el pañuelo. La cucharilla del café quedó matemáticamente perpendicular al borde de la mesa. Dejaba la mirada prendida en algún punto cercano al techo al hablar, y su voz, cuidadosamente modulada, tenía un ligero trémolo. Su mano se posaba un poco demasiado tiempo en mi brazo para subrayar su acuerdo con mis puntos de vista,  y alternaba una expresión de fingido candor con otra de auténtica astucia, como si se supiera dueño de un secreto por encima del común de los mortales. Siempre se nota. Es algo que impregna los gestos, la dicción, cierta blandura que, de pronto, rompe la coraza de impasibilidad. Es la demostración afectuosa sobreactuada, la incapacidad para graduar la cercanía física y la intimidad, esa labilidad gestual con la que se subraya una frase anodina y, al mismo tiempo, esa contención un poco acartonada...
Es difícil explicarlo... Hace treinta y dos años que trabajo en hostelería, veinte años que soy director de hoteles de cinco estrellas, sé catalogar a la gente de un vistazo.
Le pregunté sin ambages y fue sincero.
-Hace más de cuarenta años que salí... creí que no se me notaba... Usted también, me di cuenta hace mucho...
-Si... yo también...

Siempre se nota que hemos sido curas.

Gatopardo

Foto de Mario Giacomelli

12/09/2009 05:50. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

Comentarios > Ir a formulario



gravatar.comAutor: Píramo

Ciertamente son inconfundibles. Yo tengo dos amigos que no salieron, acaban de entrar, y responden perfectamente a la descripción que haces. ¿Por qué existen esa dicción y gestos universales entre ellos? Confieso (y el verbo no es ironía) que hay algo atrayente en sus voces y en sus palabras. Magnífico relato, Gatopardo. Resuelves con gran maestría el empuje de la narración.

Fecha: 12/09/2009 10:07.


gravatar.comAutor: Gatopardo

Píramo: confesión por confesión: a mí, sin embargo, los curas y sus amaneramientos me producen la misma dentera y escalofrío que el chirrido de la tiza en la pizarra, o esa escuela de locución con empalago a lo Silvia Tarragona.

Aplaudo su heroica hipocresía al alabar mis dotes como escritora de relatos, y en justa reciprocidad, sostendré ante quien sea que es usted uno de las inteligencias más preclaras del país.

Saludos cordiales

Fecha: 12/09/2009 14:52.


gravatar.comAutor: Píramo

Gatopardo, no fue hipocresía (y mucho menos heroica) la de alabar su relato. Realmente me gustó cómo estaba escrito. Por lo mismo, no tendrá usted que sostener mi preclara inteligencia. Conozco bien los puntos de su manifiesto: "no se dé asilo a los que tienen el superego amiantado y el ego de cristal de Bohemia, y busquen abuela y aprobación, bajo amenaza de hacerse del club de nuestros damnificados". Tampoco sé qué provecho sacaría yo de contar con su aprobación, que no me hace ninguna falta. Ego absolvo a peccatis tuis. Un saludo también cordial.

Fecha: 13/09/2009 13:07.


gravatar.comAutor: Alimaña, redactor-jefe de Alimaña-News, la noticia antes de que ocurra

Agüela, se ha dado mucho trabajo para dar el pego al desdoblarse en Píramo, escribiendo como si se hubiera tragado las obras completas de Elena Fortún adobadas con el guionista repipi de las películas de Joselito para hacernos creer que hay alguien que viene aquí a darle parabienes. Pero se ha pasado usted cuarenta pueblos soltando latines de sacristía.

Los malos actores siempre sobreactúan.

Fecha: 13/09/2009 13:43.


gravatar.comAutor: Píramo

Es curioso comprobar que su primera visita a mi blog se produce justo después de mi comentario en el suyo. No contento con asumir que no es usted la abuela de nadie, decide ser la madrastra mala. No le vi a usted en mis artículos sobre Menéndez Pidal y Diego Catalán, cuya causa del Olivar de Chamartín tan vehementemente defiende. A usted le encanta salir a la palestra sólo para alardear de su supuesto (supuesto, porque sólo usted se lo cree) implacable ojo crítico. Pero no seré yo quien le dé juego. Vuélvase a maullar a su blog, que tantas visitas recibe, y no pierda el tiempo en estos arrabales de gente inculta que jamás estará a la altura de su nunca suficientemente ponderada superioridad. Ay, quizás me esto equivocando. Ahora perderé su aprobación y no sé qué será de mi vida sin el amparo de su luz.

Fecha: 13/09/2009 13:58.


gravatar.comAutor: Gatopardo, l'agüela

Alimaña: ¿Qué te apuestas a que te acierto un cantazo?

Píramo: usted, que es el crítico literario más sagaz que ha dado España, no perderá jamás mi aprobación.

Fecha: 13/09/2009 14:28.


gravatar.comAutor: Alimaña News (redactor-Jefe)

Ah les amoureux !!
Je dis que rien ne m'épouvante

Fecha: 13/09/2009 16:29.


Añadir un comentario



No será mostrado.







Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

Temas

Archivos

Enlaces

Bitacoras.com

TOP Bitacoras.com para México


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris