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EL PERFUME PARA UNA REINA

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     Su carta tenía ese estilo conciso, inimitable, de los que saben mandar y ser obedecidos: “Sé todo sobre los vinos, los modistos, las joyas, los complementos; he estudiado Filosofía, Arte, Literatura Comparada, Historia de las Religiones, y Economía. Quiero aprender todo lo que hay que saber sobre el perfume. Y deseo que cree un perfume exclusivo para mí. Me han dicho que es usted el mejor “nez” que existe: ponga usted el precio de su tiempo.”
      El laboratorio de creación era un espacio desodorizado y aséptico, en el que sólo teníamos acceso los técnicos perfumistas que no hubiéramos fumado, bebido alcohol, ni comido ajo, cebolla, espárragos, huevo, leche, ni nada que impregnase con su olor nuestro sudor, y media hora antes de entrar, nos duchábamos íntegramente con un jabón sin perfume.  Allí se analizaban las características y la personalidad del cliente, y yo tomaba nota de las escuetas indicaciones de mi padre, “nariz” capaz de saber la composición exacta de cualquier perfume que hubiera olfateado un minuto.
     Ella le dijo:
-Hágame una exposición general y luego le pediré que precise y amplíe lo que me interese profundizar. Hábleme de su profesión y de sus conocimientos. Puede empezar sin más preámbulos.
    Aquel día, mi padre, que no habría sabido hablar dos minutos de otro tema, y consciente del privilegio,  obedeció:
      -No hay diploma para aprender este oficio, es preciso, sobre todo, elegirlo apasionadamente, y tener el don del olfato, pero luego hay que educarlo a lo largo de los años, hasta ser capaz de detectar una gama de miles de aromas en un perfume. Para crearlo es preciso saber, entre cientos de materias primas, cuales combinan para llegar a formular, milagrosamente armónica, una composición diferente de todas.
      La yuxtaposición de fragancias dosifica su evaporación, su permanencia y sus variaciones, pero además el perfume tiene diferente comportamiento aromático con cada persona, e incluso con la misma persona en diferentes momentos de su vida, según su estado general.
      El perfume es un concepto lleno de sensualidad, que evoca lo primigenio, el lujo, la voluptuosidad y en su universo, existen sutiles huellas que contienen un mundo por descubrir; perfumes especiados, florales, dispersos en nuestra memoria como una trama aromática: digo ylang-ylang, bergamota, heliotropo; digo vetiver, neroli, olíbano; digo azahar, espliego, sándalo...
      Guardamos en la memoria el olor básico de cada persona que nos ha importado. Todas están asociadas a un aroma. No hay nada más evocador que un perfume. Una gota, tan sólo una gota en el fondo de un frasco y vuelve nuestra infancia, las tardes eternas del verano, el patio encalado y preñado de flores, la rama rezumante de la sabina con su lágrima ámbar…
      El perfume es un privilegio que jamás sabremos merecer.
     El perfume es sagrado, y es la consagración de lo suntuario desde la antigüedad. En los aromas de madera y resina, en el mar, en las plantas aromáticas, en el heno recién segado, en las flores, en la tierra mojada, en las almendras verdes, en la fruta madura, existe una implacable ofrenda gratuita, exclusiva… A nuestro alrededor se elaboran deliciosas fragancias sin fórmula, que constituyen el secreto de Dios, el Supremo Perfumista.
      Un perfume es una yuxtaposición armoniosa de cientos de aromas. La primera impresión la da la nota alta, con efluvios más volátiles, de cítricos, bergamota, lavanda, enebro, es la nota predominante, y dura aproximadamente una hora hasta que empieza a desvanecerse
      La nota media surge cuando empieza a desaparecer la note alta, y es la que le da carácter: requiere fragancias menos volátiles, menos ligeras, compuestas normalmente de aromas florales y madera, que vayan emanando sin desvirtuar la personalidad general del perfume, para desaparecer paulatinamente al cabo de dos o tres horas.
      La nota baja está compuesta por fragancias menos volátiles; son la base que fija el perfume y le da cohesión; suele estar compuesta de maderas, Chipre, fougères, ámbar, y puede permanecer más de veinticuatro horas.
      El rito de macerar las flores y las plantas en óleo purísimo, el arte de esperar el momento exacto, y guardar ese elixir aromático en un frasco de cristal oscuro para que la luz no lo desvirtúe, del que se recogerá una micra de gramo cada vez… para mezclarse en la probeta con cientos de micras perfumadas de acre, picante, dulce, húmedo, especiado… Una nota de sándalo, una fugacísima sospecha de jazmín, y el musgo de mil jaras destiladas, la suavidad del iris, la inocencia del cítrico… y otra vez esperar.
      Hay que desconfiar de quien no sabe esperar, de quien no sabe escuchar sin puntuar con síes, de quien invade nuestro territorio con su perfume,  sea el que sea, de quien lleva más de una joya: la elegancia es sutileza; si no, es una elegancia de cortesanas.
      A las mujeres de la antigua Grecia que elaboraban los perfumes, se las consideraba intermediarias con el poder divino… Los romanos invocaban a sus dioses "per fumum", quemando materias olorosas; honraron a sus dioses y a sus héroes ungiéndolos con aceites perfumados de sándalo, enebro, canela... Los héroes nórdicos adoraban la naturaleza, el bosque era sagrado y creían que el perfume que exhala iba directamente al Walhala, el paraíso que los acogería.
     Para extraer un kilo de su esencia, hace falta destilar diez mil kilos de pétalos de rosas… Pero nada es demasiado para subrayar la belleza, la sensualidad, la sonrisa, el brillo de los ojos, la calidez… Sólo lo suntuario merece todos los sacrificios. La elaboración de un perfume es como la elaboración de un carácter: es un proceso que requiere tiempo y materias primas de calidad.
      El aceite esencial de una planta puede encontrarse en la hoja, como en el caso de la menta; en la corteza, como la canela y el cinamomo; en los pétalos de una flor como la violeta, el jazmín; en la misma madera, como el cedro y el sándalo o en las raíces, como en el lirio. También se encuentra en la cáscara de frutas como el limón, o bajo la forma de una goma resinosa, como el alcanfor.
      Las flores son las reinas del perfume, entre ellas se encuentran el jazmín, la tuberosa, el clavel, el lirio, el ylang-ylang, el narciso, la violeta, el geranio y la rosa. Sin embargo los olores vegetales no se limitan al aroma de las flores: las frutas permiten perfeccionar una "note de tête" añadiendo sus olores especiales. Es el caso de los cítricos, el limón, la cidra, la naranja, la mandarina. Algunos perfumes más dulces se acompañan a menudo de notas de manzana, de melocotón o de albaricoque, sin olvidar tampoco los acentos de canela, de clavo y de nuez moscada, de bergamota, de musgo de roble, de lavanda, de pachulí…
     Hay mil extractos vegetales, mil fragancias peculiares que le dan al perfume su impronta. Se puede creer que el Universo haya sido creado por una explosión azarosa; pero ¿cómo explicar el perfume de una flor sin pensar en Dios?

     Se interrumpió, la miró fijamente unos segundos, y dijo:
     -¡El olfato es un goce y un sufrimiento que me supera en muchas ocasiones!
     Levanté la cabeza de mi cuaderno y lo vi pálido, demudado.
     -Alteza, no necesita este curso, ni un perfume especialmente creado para su uso exclusivo. Vaya a un endocrinólogo y póngase en tratamiento para quitarse ese pesado olor glandular y, mientras tanto, no se perfume, dúchese varias veces al día y no escatime el jabón…
     Y así fue como mi padre no pudo contar entre sus clientes a una futura reina.

Gatopardo


11/07/2010 16:13. Editado por Gatopardo enlace permanente. RELATOS

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