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CULTURA Y PEDAGOGÍA

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      Como decía San Josemaría, “el matrimonio es para la clase de tropa”, y los amantes del buen folgar debemos huir de esa santa institución, como los amantes de la cultura, de la pedagogía.
       La posibilidad de que los educandos capten los conceptos, el fondo y la forma, se extasíen con lo que se dice y lo que se elide es una idea de político o de pedagogo.
      En la pubertad, cuando las hormonas bailan una danza apache, sólo interesa lo que incita a amancebarse con la mano, y quien pretenda llenar lagunas culturales mediante un programa, debería olvidarse de los autores clásicos y de los modernos, de las materias de estudio de ciencias y de letras, y otras pamemas, y dictar de una vez leyes estrictas que impongan el alejamiento forzoso de los púberes de cualquier comunidad adulta que no esté compuesta por tarados y masoquistas.
      Los adolescentes podrían ser el paradigma de lo deseable si no les adornara esa propensión a la risa, a la lágrima, y al berrinche inmotivados, si se ducharan con la frecuencia requerida, si hablaran con el rigor que se espera de quien perturba el silencio, si no tuvieran esa expresión taimada y grotesca que el cerebro reptil imprime en su rostro, si el proceso de humanización no estuviera tan cerca del simio -de donde la mayoría jamás escapará-, si no fueran tan absolutamente antiestéticos e inarmónicos…
      Sólo los pedagogos pueden encontrar lógico dedicar gran parte de su tiempo útil al cultivo de la mente de los adolescentes, desdeñando otras profesiones menos viles, menos penosas, menos peligrosas, y más provechosas para la humanidad, como las de barrendero, conductor de autobús, limpiador de fachadas…
El choque a velocidad media entre una mente hirsuta y el programa de estudios da como resultado esos adultos algo propensos a exhibir su incultura, esos que si se roza de cerca o de lejos el siglo de Oro, hablan de Quevedo e ignoran al resto, y se precian de su buen gusto citando, como todos, aquello de “polvo serán, más polvo enamorado”, o cualquiera de los que haya musicado en gorigori algún cantautor poco inspirado, y dicen la única frase que conocen de El Gatopardo con que aflore en lontananza la palabra “cambiar”; si se habla de música, se ponen el mundo por montera y reivindican a Mahler; si se habla de pintura, les gusta Velázquez, Da Vinci y los impresionistas… Todo en un paquete, sin que falte ni sobre cierta constricción en el gusto que sirve para vilipendiar cuanto se ignora.
      Para disfrutar de las jugosas palabras de los gremios, de la forma de narrar de nuestros mayores, del ripio, del refrán, del romance paladín, de la frase bien hecha, del retruécano, de la paradoja, del enunciado y del concepto, para amar apasionadamente la literatura de cordel, la de kiosco, y la que yace olvidada por culpa de la moda, rehuir de lo rebuscado y lo trillado, y no considerar más meritorio hablar y escribir que escuchar y leer; el amor a todo eso y más, hay que mamarlo desde la cuna, como el odio a muerte a lo pomposo, altisonante, bienintencionado, afectado, grandilocuente, ñoño, profuso, engolado, y enfático. Porque en literatura, como en filosofía,  estas lacras impiden que la verdad y la belleza trasparezcan.
      Los ideales pedagógicos siguen perpetuando la falacia de que el aprendizaje se transmite con profesores frustrados y educandos sin desbastar, a los que se les presupone una bondad y un criterio innatos, de los que los humanos carecemos, y  la prueba es que, en vez de hombres cultos,  sólo han sido capaces de  fabricar  miopes eruditos monotemáticos.

Gatopardo

Más información:

*Leer y escribir

Foto de mi admirado Lewis Hine

16/07/2010 04:53. Editado por Gatopardo enlace permanente. PERSONAL Y ARBITRARIO

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Gatopardo

Es norma de Gatopardo,
si alguien se pone a tiro,
sea plebe, sea duunviro,
que no se escape sin dardo.
Si la víctima en cuestión
es melifluo y sin humor,
y persiste en el error,
va derecho al paredón.
Si es honesto ciudadano,
observador de la ley
y santurrón como buey,
le colgamos un campano.
Si mujer y sufridora,
y nos cuenta su diario,
que alegre su antifonario
y se haga acosadora.
Si tiene cierto interés
por mostrar carné y nombre,
que luego no se asombre
si recibe algún revés.
Bienvenidos los goliardos,
golfos, rebeldes y bordes,
mentes inmisericordes,
por apellido: Bastardos
Y que no nos den la lata
ni meapilas ni legales:
somos los Irregulares,
somos gente de Zapata.

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